Otro poema prescindible

Sin querer, sin mover los labios, sin estar. De ella conmueve la luz que no se apaga entre sus ingles. Nos cuesta escribirlo, no es propio de nuestra ternura convocar su sed así, lamer su garganta con filos apagados semejantes al niño que camina por la finca envuelto en un sudario beige, no se lo proponen. Tampoco debería estar aquí, ella deambula sin cesar por su memoria, se desdice y a la vez les sella los labios con palabras mínimamente soeces. Sin querer, sin haberla llamado nadie, o bien con el cuerpo exhausto de tanto sinsabor, su orgasmo milímetro a milímetro registrado en las libretas múltiples de notas. Nadie la habrá visto. Es la sombra que perdura en la maleza del saúco, al amparo de los mirlos, o no era allí tampoco sino diciendo adiós a alguien que llegaba, pobre pequeña, pobre pequeña. Nada más abrazarla pedazos de su piel entre la mugre de sus uñas, parodia de un amor sin reflexión ni constancia, nada más quererla sin quererla. Está cansada, se parece a nosotros, o eso dilucidan. Su ira entorpece su gemido.

En “Pessoas, 28 heterónimos esperando a Fernando Pessoa”

Pessoasport.

 

I
La celebración y el temblor
se sumergen en el abrazo
de quien persuade.
A cambio de palabras
soñar con haber sido el de
la prisa, el que conviene
asustar con negaciones.
Mirar su rostro y que el agua
de la lluvia lave la memoria,
o envuelva su entresijo
el que camina a oscuras.

 

II
Amigos que borran
el rastro bajo el puente
de paja, que suelen mentir
por la tarde a esa hora
boba de las promesas
y los besos tan grises.
Con su mano desigual
trazas un signo, secas
el agua de su mejilla
y ya afuera es de noche.

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Es mi aportación para el libro “Pessoas, 28 heterónimos esperando a Fernando Pessoa”, Karima Editora, Sevilla 2016. Ilustraciones de Ricardo Ranz. Prólogo de Manuel Moya. Palabras preliminares de Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas y Santos Domínguez.

Cortesía de Sara Castelar
Cortesía de Sara Castelar

Poema del pastor de flores

NIÑAS, NIÑAS

Estas niñas que rompen a su paso
el sol de las aceras, apenas
despeinadas y grises, que suben
a los coches fatalmente sospechando
el ultraje dulce y frotan
sus pechos minúsculos en manos
amigas de papá, qué digo,
estas niñas que juran palabrotas
a la puerta de los cines
y luego besuquearán la lengua
nada aborrecible de Stephanie,
tan ajenas ellas a pasiones
efímeras, más tarde la noche
fragmentará su rostro, llevará
sus piernas a un pub de cuero
verde y allí el amor
se pactará como un tratado
de no mucha agresión, no me dejes
con Ben Webster, recíproca
ternura, no es mi último beso.

Dos poemas de “Otoño en los Urales”

Otoño en los Urales portada para blogs

TANTAS bocas cerradas junto al cementerio
¿quién no le abre la boca al destino?
¿quién no planta un árbol en el ojo de la muerte?
¿quién tiene agua para los tranquilos?
Hay que hacer un río en el reloj de los desesperados.

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VIII

Aprendí a amar los paisajes blancos
junto a la ventana
en un lejano cumpleaños
Una certeza viene en la carretera
Hay que sepultar en el blanco
las palabras, teñir sus tejados
Sepultarlos en luz y nubes
Nieve para el mundo nuevo
En la blancura se encuentran
los ciegos y los ojos de los niños.

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Pablo Javier Pérez López, “Otoño en los Urales”, Olifante. Ediciones de Poesía, Papeles de Trasmoz, Zaragoza 2016

Este cuento se ha acabado en la revista Leer

portada de LEER

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RABANAL:  RIGOR,  TRAGEDIA  Y  HUMOR / ALBERTO  R.  TORICES

Hace cuarenta años hilaba sus primeros versos un joven que poco después se presentaría con un poemario de título a la vez enigmático y revelador: Variaciones, Total S.E. ú O. Cuatro décadas y muchos libros más tarde, y acaso completando el ciclo de las variaciones ejecutadas en torno a los temas entonces elegidos («Amor, Soledad, Muerte y Asuntos Parejos»), vemos reunida la summa de la poesía de aquel muchacho, Luis Miguel Rabanal, autor nacido en la montaña leonesa en 1957.

Un gran ciclo poético se cierra sin que ello suponga necesariamente un punto final, pero sí es momento de ver reconocida la figura y la obra de uno de los poetas españoles más importantes de nuestro tiempo. Miembro de la dispar generación que llenó de aires nuevos el panorama poético español de los 80 (entre los que también se contaban Luis Martínez de Merlo, Juan Carlos Mestre, Tomás Sánchez Santiago, Blanca Andreu y tantos otros), Rabanal se dio a conocer con poemarios que aunaban temática amorosa e imaginería surrealista, una decidida voluntad de experimentación no reñida con el apego a los orígenes y a su entorno rural. Con los años, esas marcas se fueron sedimentando y dieron paso a una poesía intensa y depurada, tanto como extensa y doliente; poesía rigurosa y trágica de un autor acosado por la enfermedad y la pérdida progresiva de la movilidad, que nunca abandonó sus temas (amor, soledad…) ni renunció a impregnar su poesía de ironía y humor, y que verso a verso nos ha ido dando la medida exacta de ese misterio irresoluble que es vivir.

Hasta Tres inhalaciones (2014), son veintidós los títulos que Rabanal ha publicado y que, llegada la hora de hacer balance y rendir cuentas, ha querido disponer en el orden inverso al de su aparición, un gesto en el que advertimos el itinerario de una relectura personal y quizá también una voluntad de retorno al punto de partida, una vez cumplida la tarea que este poeta echó sobre sus hombros.

Sabemos, con todo, que la poesía reunida (publicada) de este autor no es más que la parte visible de todo su trabajo, y que son muchos más los poemarios que permanecen inéditos en el cajón. Por eso y por la feliz noticia de un volumen de referencia llamado a instalarse y perdurar entre las obras fundamentales de nuestra poesía reciente, esperamos que Este cuento se ha acabado sea, muy al contrario, un cuento que ya no se acabe nunca.

***

«Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)»
Luis Miguel Rabanal
Editorial Renacimiento • Colección Calle del Aire, 134 • Sevilla 2015 • 774 págs  35 €

Este cuento se portada

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LEER, n.º 270, marzo 2016, Madrid.

Un poema espeluznante 2

LAS DIVERSAS CURAS

No es el dolor el hipopótamo que, encaramado a lo alto
de tu estómago, tose y se retuerce y brinca.
Ni tan siquiera es el martillo con herrumbre,
olvidado por alguien, que sin cesar golpea tu sien con método
enérgico y se pasa la noche encantado en el interior de tu cabeza.
Tampoco es el largo trago de alcohol
con que inundas de fuegos artificiales tu garganta,
la hieres de sopetón con vistosos vidrios.
Ni el vendaval que afuera grita de espanto porque acabe
el practicante de ponerte en su lugar el yodo y la morfina.

Nada ya podrá con tu cuerpo de manos amputadas
y cercenadas piernas.
En su vacío sientes el invierno y te apresuras a llamar
para no estar solo y así convocar la destrucción con tu alarido.
Es obvio morir en estas condiciones, sobremanera si alargas
los días y las noches con tu rosario de insultos, so salvaje.
Sobre todo ahora que has descubierto que la vida vale
para otros lo que para ti es basura metafísica,
parsimonia y belleza arrojada a los pollitos.

Deberías admitir que el tiempo corre como la mecha a tu favor,
pues en la calle no hay más que niños llorando
y duras y bellas losas para cubrir los cadáveres.
El dolor es la medida, la estructura gris del vaticinio:
un hombre descompuesto, asomado a la terraza,
que quiere divisar mejor esta ceniza donde se posará su vuelo.

En Hankover

Detrás del espejo,
como una aparición,
la mirada más triste.
A menudo es el tiempo
quien decide con saña
que no debes volver.
Alguien espía desde allí,
tu vida la han hilvanado
con horror y costumbre.
Quieres interrumpirlo,
da igual su desmesura
o su falta de memoria.
Detrás del espejo
aún no hay nadie.

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Gracias, Vicente. http://hankover.blogspot.com.es/2016/02/un-poema-de-luis-miguel-rabanal.html

También aquí. Gracias, Tomás. http://frentealsilencio.blogspot.com.es/2016/02/luis-miguel-rabanal.html

Marta & María

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MARTA Y MARÍA

Una cosa, amor mío, me será imprescindible
para estar reclinada a tu vera en el suelo:
que mis ojos te miren y tu gracia me llene;
que tu mirada colme mi pecho de ternura
y enajenada toda no encuentre otro motivo
de muerte que tu ausencia.

Mas qué será de mí cuando tú te me vayas.
De poco o nada sirven, fuera de tus razones,
la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto.
Eres todo mi ocio:
qué importa que mi hermana o los demás murmuren,
si en mi defensa sales, ya que solo amor cuenta.

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María Victoria Atencia, “Marta & María”, 3ª ed., Ediciones Tigres de Papel, Col. Genialogías, Madrid 2016. Prólogo de Juana Castro.

En Blocdejavier

DESPUÉS qué importa.
Te vestirán de nuevo con el traje
de la risa que se lo llevaba el humo,
habrá rostros contritos
y algún cigarro sin terminar
bajo tus pies helados.
Lo mismo que la vida.
Te derramarán palabras sin sentido
y allí todo habrá acabado.
Nunca más los colores
que uno no se acostumbra a perder
en los ojos de las otras,
lo mismo que la vida.
Si acaso, un niño ya mayor
un poco llorará sobre tu frente
y ya nadie diga nada.
Un avión de juguete, un barco.
Y una bolsa con cenizas.
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Gracias, Francisco Javier. https://blocdejavier.wordpress.com/2016/02/09/poema-del-aparecido/

Un poema espeluznante

APÁRTATE DE MÍ

Maria Callas ha venido a traer sus lilas un momento
y no es cosa de marcharse sin escuchar il canto assoluto
que debe concedernos un poco de pesar en este día,
con restos aún del sol del verano y con los invisibles regalos
que el amor nos confía vaga, pero astutamente.

De tantas fracturas y del amanecer en las tranquilas hogueras
tal vez persista la costumbre de sufrir, como si nada,
como si el daño solo fuera un muchacho cabeza de alcornoque
que blasfema y que oye pasar las nubes
y no un hombre que se acaba de enterar de que está muerto
el deslenguado.

Bien están los aniversarios y las bendiciones áureas al deseo.
Y los leotardos rosa y los chicles de menta,
y como mucho también este amor que envuelve nuestra sangre
con duro papel de estraza, un poco manchado
de aceites y colillas, pero nuestro el pobrecillo para siempre.
Como el amor de los beatos y el de los pistoleros.

Y no quieras perder ahora ese tren en llamas que se estira
en la noche lo mismo que el cuerpo tumefacto de una estrella,
ni más ni menos que la que vislumbra nuestros besos
dados a escondidas de él, el perpetuo e intrigante protagonista
de nuestra historia, ni mires con saña el retorno
de quien llega del frío y se nos parece tanto.
A nuestro amor, querida mía, le debemos
dos copas de menta.

Dos poemas de “Muros marcados con tiza”

portada Felipe blog

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CON LA AYUDA DE DIOS

Esa mujer
dice que está curada
con la ayuda de dios
esa mujer
tomó su quimioterapia
con la ayuda de dios
esa mujer
se sometió a cirugía
con la ayuda de dios
esa mujer contrajo el cáncer
con la ayuda de dios.
A mí me pasó algo
muy parecido
eso sí
sin la ayuda de dios.

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Hacen un altar
con tus fotos
canciones
poemas
cartas,
después lo guardan
junto a la extinta
colección de
botellitas
de
vodka.
En un traslado
pasan a una caja bajo un sofá.
Más tarde a un altillo.
Finalmente
al
contenedor
azul.
Eso queda del altar, del amor.

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Felipe Zapico Alonso, “Muros marcados con tiza”, Amargord Ediciones, Col. Helado de Mamey/Punto Verde, Madrid 2016

Poema del irresoluto

Para que el dolor te resulte
familiar y conciso
como una estratagema de tu cuerpo
que vuelve a hacerse amo,
y tan a tu costa siempre, de la noche.
Para que el deseo eternice esta pugna
y en su umbral más blanco
alguien
asomado a tu boca
se confiese amigo del delito,
antiguo confidente de tu voz
que no se sabe.
Para que obtengas tu lástima.
Recuerda
después
que estás encadenado.

Presentación en Barcelona de Este cuento se ha acabado

Cortesía de Pere Salinas
Cortesía de Pere Salinas

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Mañana, viernes, a las 18 h. y organizado por El Laberinto de Ariadna, tendrá lugar en el Aula de los Escritores de la ACEC. Ateneo Barcelonés, c/ Canuda, 6 – 5ª planta, la presentación, a cargo de Elías Gorostiaga, del libro Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), publicado por la editorial Renacimiento. Queda terminantemente prohibido arrojar tomates.

Veintiún poemas de amor

21 poemas de amor

VIII

Puedo verme a mí misma años atrás en Sunion,
dolorida, con un pie infectado, Filoctetes
con forma de mujer, rengueando por el largo sendero,
recostada en un promontorio sobre el mar oscuro,
mirando las piedras rojas abajo, donde una espiral
de blancura me decía que había golpeado una ola,
imaginando el tirón del agua desde esa altura,
sabiendo que el suicidio no era lo mío,
pero todo el tiempo cuidando y midiendo esa herida.
Bueno, se terminó. La mujer que atesoraba
su sufrimiento está muerta. Yo soy su descendiente.
Amo la cicatriz que me legó,
pero de acá en más quiero seguir con vos
luchando contra la tentación de hacer del dolor una carrera.

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(I can see myself years back at Sunion, / hurting with an infected foot, Philoctetes / in woman’s form, limping the long path, / lying on a headland over the dark sea, / looking down the red rocks to where a soundless curl / of white told me a wave had struck, / imagining the pull of that water from that height, / knowing deliberate suicide wasn’t my métier, / yet all the time nursing, measuring that wound. / Well, that’s finished. The woman who cherished / her suffering is dead. I am her descendant. / I love the scar-tissue she handed on to me, / but I want to go on from here with you / fighting the temptation to make a career of pain).

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Adrienne Rich, “Veintiún poemas de amor”, Postales Japonesas Editora, Córdoba-Argentina 2015. Versiones de Sandra Toro.

Poema tirando a vibrante

PAULA Y MARY, ESTUDIANTES DE FÍSICA

Nadie nos ha visto rogar el amor
a las puertas de los cines.
Hemos pegado en la pared su nombre,
nos hemos desnudado tantas veces
por verle crecer en nuestra boca.
Con el hastío llegan cuerpos desechados,
en fila, con las manos lavadas,
a hurgar en nuestros muslos.
Feliz a quien yo elijo.
Los hay que prefieren en el deseo
banderitas clavadas a madres amorosas.
Todos los goznes suenan a la vez
cuando disfruto: el tiempo se parece
a esa tarifa diplomática.
Fotografiamos el amor
para cuando seamos viejas.