Matar el tiempo en Cuadernos del Sur

 

José Antonio Sáez / CONJURAR AL TIEMPO

El poeta y narrador Luis Miguel Rabanal (Riello, 1957), que recogió toda su poesía publicada hasta el 2014 en el volumen Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977 (Renacimiento, 2015), ha publicado el excelente poemario Los poemas de Horacio E. Cluck (Huerga y Fierro, 2017) y ahora Matar el tiempo, libro en que predomina el uso del poema en prosa, subgénero poético afecto al poeta. En Matar el tiempo las palabras parecen haberse desprendido de la inteligencia por que fueron engendradas y que les dio sentido, y haber tomado forma y significado autónomos. Son voces que navegan y naufragan por la superficie de las aguas de un río que busca afanosamente el mar. No se escuchan porque constituyen un susurro o un balbuceo, más bien se abandonan a la corriente que las transporta convocándolas a su propia seducción. No se hunden en ella, sino que flotan como barquitos de papel o cañas abandonadas a la inercia del desamparo por el que se columpia en la superficie de las olas con los ojos desmesuradamente abiertos. La travesía no es tal, sino la Vía Dolorosa por donde el escarnecido cae por enésima vez, en el límite de la realidad y la verdad que la envuelven. Así pues, el poeta deja ir las palabras como fragmentos desgajados de sí mismo en un estado semejante al de la languidez que sigue al silencio, con la suavidad de un tejido que rozase la piel del recién nacido o del que está a punto de emprender el camino y va desprendiéndose de todo lo que no es esencial: el espacio mental en que se sobrevive o se concentran los recursos de subsistencia. Puede que las palabras floten en la superficie de las olas, que se dejen caer con displicencia o que regresen en la bajamar a posarse como brazos, labios o cuerpos extendidos sobre la arena de una playa que no tiene nombre. Puede, en fin, tratarse de un discurso poético fragmentado y fragmentario que golpea fuertemente al lector, provocando inusitadas y sugerentes experiencias. Se dan también aquí las constantes de su poesía: la infancia y el paisaje del paraíso perdido de Riello, el amor y el erotismo, el dolor y la muerte, el compromiso moral, la memoria y la provocación. Cierto que no matamos el tiempo, sino que es el tiempo el que nos mata en su fluir, pues tiempo finito y medido somos. Por los textos de Matar el tiempo discurre con amplia libertad el flujo de conciencia. No se trata de textos fáciles, pues responden a íntimas y profundas motivaciones para cuyas imágenes el lector no siempre encontrará una interpretación concreta. Sin embargo, lo expresado en este discurso nos golpea brutalmente con su fractura emocional, provocando a nuestra intuición, tornando la lectura viva y vibrante.

‘Matar el tiempo’. Autor: Luis Miguel Rabanal. Editorial: Trea. Gijón, 2018.

DIARIO CÓRDOBA, en el suplemento CUADERNOS DEL SUR, sábado 7 de abril de 2018
También aquí: http://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/conjurar-tiempo_1216961.html

 

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Matar el tiempo y Rafael Saravia

 

En estos días de aguacero, sol ingenuo y nevadas insólitas; en estos días de reposo y resaca espiritual y farandulera; En estos días de soledad, de amor transoceánico, de primavera tardía y con las ganas todavía ateridas por la helada; En estos días, digo, se me hace cuesta arriba comprender un poquito lo importante del mundo.

Se nos acaba el delirio del amor perdurable, como uno de los pocos anclajes que le quedaba a la ilusión, al saber que Socorro y Sinesio ya no están juntos. Que fue la muerte quien cercenó el amor, y no el tiempo. Ella se ha ido con 97 años, acá queda él con 80 años de amor como reducto de lo más y mejor atesorable que el ser humano puede guardarse para sí.

Porque al fin y al cabo poco de lo que construimos en nuestra singladura vital puede cobrar más interés que el hecho de acumular felicidad a tragos cortos y durante toda la vida al lado de quien uno ama. El resto es eso, matar el tiempo, alimentar el ego, jugar a otra cosa que no es realmente la vida.

Hoy, en un alarde muy alejado de este propósito, recuerdo el recién publicado libro de poemas de Luis Miguel Rabanal. Un libro que no suplica pero persuade. Que es camino pero ya con la visión final, con el cansancio y la plenitud que otorga ese estar llegando. Hay tanta verdad en él, hay tanta atroz verdad en su escritura, que recomiendo con verdadera seriedad asumir el dolor y su antídoto en este Matar el tiempo (Trea, 2018). Porque Luis Miguel Rabanal —a quien la vergüenza institucional acudirá cuando sea tarde, pues todavía no se le ha concedido un más que merecido Premio Nacional de Poesía por su aportación vital a este género que suda afanes y pocos destellos mercantiles— sabe del amor y sus llagas. Nos convence, sin necesidad de impostura, del valor de la carne, lo carnal, el deseo y su agostado fermento. Nos santigua con la desesperanza que el tiempo otorga pero con el fulgor de la vida en su instante único, en la chispa viva de la infancia, en el recuerdo que amasamos como único asidero de la emoción.

Matar el tiempo a golpe de «Cuerpos que se tocan y se ignoran», a golpe de «vas a saber quién soy yo», a golpe de «Tienes que ser bastante menos estúpido». Matar el tiempo con el maltrato asumido y la condición de reo vital. Así se puede reconducir la vida cuando la lluvia sólo salva de la visión borrosa los cristales del cuarto de atrás… a veces demasiado atrás.

Dice Luismi: «La luz que no ha vuelto desde el día tristísimo./ La luz que no entiende de los anómalos cuerpos./ No sabría pronunciar las palabras cuyo significado apaciguase la zozobra insustituible de los otros./ Matar el tiempo matar el tiempo matar el tiempo». Y yo en ese momento entiendo cuan profundo es el valor de mi vida, qué construye y con quienes hay posibilidad de restitución. Me doy cuenta qué frágil es casi todo lo importante, incluido el tiempo y sus costumbres depredadoras. Entiendo que matar el tiempo es realmente un insulto a nuestra mortandad. Pero así somos.

Rafael Saravia

 

DIARIO DE LEÓN, en su columna MINORÍAS ABSOLUTAS, 4 de abril de 2018
También aquí: http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/matar-tiempo_1239091.html

 

— Cortesía de Rafael Saravia
— Cortesía de Rafael Saravia

Matar el tiempo en Apología de la luz

 

XXXIX

En el principio era la herida y su máscara horrenda, era la luz que no se acababa de hacer jamás, eras tú quien me miraba con bastante pesadumbre ver pasar a los niños y a sus madres hermosas.

Más tarde llegó la burla de la muerte, quiero decir su malogrado descaro, no estar aquí.

En el principio era el consuelo o era el desconsuelo.

Y otra vez, rebosante, la bolsa de orina.

 

XXVIII

Alguien se refiere a algo que fue a ocurrir en aquel preciso instante.

Alguien conserva detenidamente el gesto de quien tuvo que partir a la mitad su cuerpo, y no obstante ser dócil, y amar sin extrañeza lo que no podría de ningún modo amarse.

Soy yo ese testigo.

 

*

Si te apetece leer más: https://apologadelaluz-jorgeespina.blogspot.com.es/2018/03/luis-miguel-rabanal-matar-el-tiempo.html
Gracias, Jorge.

Matar el tiempo en Filandón

 

José Enrique Martínez / El malestar ha vuelto a cebarse en mi carne

La constancia caracteriza a Luis Miguel Rabanal. Año tras año nos va entregando su poemas en libros que forman ya un corpus considerable. El nuevo se titula Matar el tiempo, setenta y cinco poemas breves y escuetos, en versículos. En contracubierta se nos dice que en el poemario cohabitan gozo y dolor, el cuerpo y su imposibilidad, la redención por la infancia, el deseo, el erotismo y la insumisión existencial. Es algo que se va palpando a medida que avanza la lectura y se nos va imprimiendo una palabra dolorida, apesadumbrada, en un ámbito imaginativo en el que cobran presencia el tiempo, el retorno, el frío, el cuerpo… Pero no es algo explícito. Si hay un relato en el origen de los poemas, se inhibe en favor de la abstracción o de la esencia, con un fraseo cuyos significados huyen de lo concreto, al igual que las figuraciones líricas, que parecen provenir del calor o la fiebre de la imaginación. Al oscurecer sus referencias, el poema cobra un cierto sentido críptico o enigmático. El lector tiene la opción de dejarse arrastrar por el flujo verbal y sus consecuentes intuiciones o, a la vez, indagar en la complejidad del pequeño universo del poema. En el primer poema, por ejemplo, se unen dulzura y dolor y se habla de «alguien te conmueve», de «el ausente» y de «el que regresa», que tal vez sea, en el desvanecimiento de lo palmario o concreto, el propio yo. La pregunta que le surge al lector no se refiere solo al sujeto, sino al espacio y al tiempo de ese regreso. Y lo mismo podríamos decir del poema siguiente, que comienza: «Soy quien no ha llegado aún», que puede suscitar diferentes interrogantes. Por otro lado, conviene advertir que además del yo hay otra presencia, que manifiestan versos como este: «Nada puede ser si tú previamente no lo invocas»; es un tú que tiene que ver con la casa, tan recurrente, el amor, el deseo, los cuidados del «cuerpo gimiente»…

Hace pocas fechas, Rafael Morales publicó, con un buen prólogo de Antonio Gamoneda, una corpulenta antología que tituló Poéticas del malestar; a los veinticinco poetas del volumen los caracteriza el antólogo por la expresión del desasosiego existencial en una escritura antirrealista y fragmentada. En ella podría figurar de modo pertinente Luis Miguel Rabanal, el poeta del inolvidable y salvador Olleir que escribe: «Tanta amargura no ha de ser buena, tanta amargura que apetece escupir» y «El malestar ha vuelto a cebarse en mi carne».

Matar el tiempo, Ediciones Trea, Gijón 2018. 96 págs.

 

DIARIO DE LEÓN, en el suplemento FILANDÓN, domingo 1 de abril de 2018.
También aquí: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/malestar-ha-vuelto-cebarse-carne_1238322.html

— Cortesía de Álvaro Díaz Huici
— Cortesía de Álvaro Díaz Huici

Matar el tiempo en El orden olvidado de las palabras

 

XLIII

Contemplar así el paso de la noche a la última ternura sería ineludible para tener que morir, pero morir con ella.

Ellos, por el contrario, todavía hoy adivinan qué es la lujuria sin nada.

Merece gratitud quien nos enseña a tragar el brebaje que abrasa, esa mezcla incalculable de hastío y enfermedad, de regaliz y de lluvia.

Ni se te ocurra volver.

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/03/contemplar-asi-el-paso-de-la-noche.html

 

Un poema de “Manual para suicidas”, de Salvador Negro

 

Eres el argumento de quien ya te ha olvidado
y te recuerda a su pesar, la borrosa criatura que veneran
los que no saben del suplicio.
Es esta tu mecánica: respirar muy despacio el dolor
hasta que el pensamiento cuaje en una sombra
que puedas atrapar con el silencio,
—luego te sobresalta un nombre y todo está perdido,
crece la escarcha hasta borrar de nuevo de tus ojos
el indicio de la serenidad,
la cima cálida del frío—,
amar sin que note la distancia que corrige los besos,
proferir melodías para que el tiempo adorne
su paso tan absurdo, no poner condiciones al dolor
innecesario que por algún motivo
no se va nunca en demasía.

*

Salvador Negro, “Manual para suicidas”, Monográfico de la revista ABRIL, núm. 54, Luxemburgo 2017. Frontispicio de Antonio Gamoneda.

Matar el tiempo en Hankover

 

I

Tienes que ser tú el que consienta en la dulzura y también en el dolor, algo o alguien te conmueve pero no es en Montecorral sino en la desaparición que ahora mismo no te alude.

Frente al espejo se cumplen momentos que vaticinó el ausente, voces para el que regresa.

Por doquier palabras.

 

II

Soy quien no ha llegado aún.

Soy el que nadie esperaba que llegase, el que confía en el idiota misterio, siquiera el de saberse desahuciado como cualquier huido en el interminable fondo del bosque.

Sé quién es el asesino, te conviene ser mi amor, mi espasticidad y mi íntimo desastre.

Exacta culpa de la infancia.

 

III

Mi carne no es la carne que aguardabas.

Tantos libros abiertos y la música haciéndose, poemas sin terminar y muchachas heridas, todo por confeccionarse un sitio en la historia de este día y de aquel jueves nublado.

Mi lengua no es la lengua que hacía de las suyas al bajar la neblina, entregándose a ti como un travieso y diciéndome a mí mismo las funestas palabras de costumbre:

ten piedad de mí, ten mucha piedad de mí, ten mis brazos y cose mi garganta.

 

*

Gracias, Vicente. https://hankover.blogspot.com.es/2018/03/matar-el-tiempo-3-poemas.html?spref=fb

Un poema de “Metaéxtasis”, de Óscar Ayala

 

/UN PLAN PARA MORIR DE MUERTE AZUL Y AMARGA/

Tendrá por fin un plan para morir de muerte azul y amarga.
Se cerrará sobre su propia esfera.
Destapará una música de pájaros que arpegien el tejado con sus vuelos [heridos.
Y los grávidos cúmulos arrancarán de cuajo los troncos de los árboles.
La única brisa perceptible será la vibración del alarido unánime.
Los escasos remansos de luz quedarán prisioneros entre piedras y muerte.
Los pocos cráteres que el amor practicó se sellarán con barro de ceniza y de [sangre.
El espacio y la noche.
La certeza.
La profundidad de los puntos.
El aire ahogando el aire.
La quietud acumulada durante siglos.
No habrá esta vez paloma ni brote ni grieta ni lejano goteo.
Tendrá tendrá por fin un plan para morir el mundo de muerte azul y amarga.
Se apagará y entonces un suspiro de alivio
desgarrará sus bronquios.
Será entonces.
Será en ese momento.
Será cuando se siente al defecar y descuide los ojos
cuando le clavaré mi canto en el centro de centro de la frente.
No antes.

*

Óscar Ayala, “Metaéxtasis”, Ediciones Baile del Sol, Col. Sitio de fuego, Tenerife 2018

Matar el tiempo en La Ciudad Sinnombre

 

LV

Contando ovejitas negras, desgracias blancas y unicornios tostados.

Las mismas frases,

las más usadas y las más terribles y resecas por lo endebles, las que no quieren desasirse ahora mismo de mi voz que no es

mi voz.

Mirar que no falten nunca,
llevármelas conmigo al último cerco.

 

LXXII

Espera el hijo a que comience la tarde para reunir sus pasos con mis pasos de humo, tampoco opta por enmudecer igual que ha enmudecido la vida de quien con tanta amargura lo ama.

Duele atisbar en su cuerpo dulce y enorme cómo asume que va transcurriendo la hora de estremecerse por nada.

Llega de súbito la noche y nos sorprende apenas su tibia, su bronca sinrazón con palabras no dichas.

*

Gracias, MJ. http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com.es/2018/03/matar-el-tiempo-luis-miguel-rabanal.html

Matar el tiempo en En un bosque extranjero

 

La luz que no ha vuelto desde el día tristísimo.

La luz que no entiende de los anómalos cuerpos.

No sabría pronunciar las palabras cuyo significado apaciguase la zozobra insustituible de los otros.

Matar el tiempo matar el tiempo matar el tiempo.

 

De ese texto toma su título el último libro de Luis Miguel Rabanal, que publica Ediciones Trea, un libro de poemas que parecen escritos desde la otra orilla, con una distancia sentimental que sin embargo no deja de conmover al lector de sus setenta y cinco textos.

Quizá no otra cosa deba ser la poesía: esa rara mezcla de distancia y emoción, de técnica y llanto, como pedía Carlos Edmundo De Ory.

Santos Domínguez Ramos

*

Gracias, Santos. http://santosdominguez.blogspot.com.es/2018/03/luis-miguel-rabanal-matar-el-tiempo.html

 

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 4

portada

 

PECAS

La genuina calamidad era no estar cerca de ti. Muchas veces se atrevió a confesarse a sí mismo el desenfreno, este irse terminando con las manos llenas de arena y en entredicho cualquier semejanza con la piel que no ha dejado de ser vil nunca. La genuina calamidad era estar contigo. Nada es lo que fue, si tus quejas se rompen en la casa como una tarde cruel, si tu boca se ha hecho espuma en el mismo mar que antes ahogaba, nos sobra confusión, se dice. Para abrazarte se urdieron las palabras hermosas, él ya no tiene miembros ni corazón, le asustan los libros en blanco. Él no tiene manos tampoco, ni más corazón que cualquiera. Si quisiesen venir a atropar lo que dejaron de aquella esparcido sobre los cuerpos lisiados, si quisiesen venir a asustar un poco a los niños para que no duerman nunca, serías dichoso. Cada día un nombre que no te corresponde es pronunciado por alguien que no ves, desfigurará tus labios con el mayor sufrimiento. Querrá morir contigo.

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/03/pecas-un-poema-de-luis-miguel-rabanal.html

Ya en librerías “Matar el tiempo”

Si estás interesado podrás conseguirlo en tu librería acostumbrada
o bien pinchando en el enlace de la editorial:

http://www.trea.es/books/matar-el-tiempo

Editorial: Ediciones Trea
Título: Matar el tiempo
Autor: Luis Miguel Rabanal
ISBN: 978-84-17140-36-6
Precio: 14 €
Fecha: febrero 2018
Número de páginas: 96
Colección: Poesía

Distribuidores:

http://www.trea.es/p/distribuidores

 

Dos poemas de “Pan duro”, de Ana María Puigpelat

 

El hombre supo que era el hombre
cuando escuchó su nombre en las aceras.

El horizonte ya se había perdido,
escuadra de cemento y de metal
circuncidando el algodón del cielo.

Comienza la distancia, se mide en estaciones,
espacio confundiéndose con tiempo,
una escenografía de tres lunas
enmarcadas de lluvia.

El hombre había aprendido a caminar,
tuvo zapatos antes que los dientes,
pisar, luego morder,
siempre la carne.

 

 

La soledad es un concepto
que vendrá precedido de amargura.

Quizá llegue después con las ciudades
cuando la vista pierda los colores
y el calor sea una sombra artificial
dormida alrededor de la palabra.

Yo nunca he estado solo:
me rodean inventos e ilusiones
que ahora forman parte de mi mano.

Derrumbo poco a poco la constancia.

*

Ana María Puigpelat, “Pan duro. Antología poética”, Ars Poetica, Col. Beatus Ille, Oviedo 2017. Selección y prólogo de Verónica Aranda.

“Los poemas de Horacio E. Cluck” en Madrid

 

Es el vídeo de la lectura-presentación que el pasado día 13 tuvo lugar en la librería madrileña Enclave de Libros.
Intervinieron Ana Ares, Óscar Ayala, Gsús Bonilla, Javier Gil Martín, Ana Martín Puigpelat, Juan Carlos Mestre, Paco Moral y Rafael Saravia.
Al final del acto se sumaron la poeta Ángeles Fernangómez, la editora Charo Fierro y la también poeta María José Vidal Prado.
La grabación corrió a cargo de Paco Moral.

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 3

 

Casi sin querer, como ocurre la dicha
una vez que encontramos al doble
que desde el mirador nos sonríe con vergüenza
y es nuestra mirada que enloquece,
y es nuestro destino.
Sin predecir siquiera su lenta asimetría
nos insulta a voces y a trechos
desciende canalla a despojarnos de todo.
Es muy fácil llegar
y descubrir el cuarto revuelto por un hada
que nos robó el placer y los libros de Musil,
pero él lo ignora.
Cómo si no viene a nuestro abrazo
precisamente hoy, que es lunes
y llueve y es interminable.

“Los poemas de Horacio E. Cluck”, (El viaje), pag. 72,
Huerga & Fierro, Col. La Rama Dorada, Madrid 2017

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/01/casi-sin-querer-de-luis-miguel-rabanal.html