“La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles”, próximamente

Portada

Muy pronto
“La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles”
en la colección de narrativa, Caldera del Dagda, de Eolas Ediciones.

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( Reunida su amplia obra poética, Luis Miguel Rabanal regresa a la narrativa con la presente colección de relatos en los que lo erótico se erige como hilo conductor de once historias de sexo desmedido, con perdón, pero acaso no tan inverosímiles como podría parecer.

Autor de estilo a la vez pulcro y boscoso, en la cumbre de su capacidad fabuladora y dueño de una libertad expresiva propia de maestros, Rabanal da en La verdadera historia… otra vuelta de tuerca a su trayectoria como virtuoso del lenguaje, esta vez de la mano de un erotismo aquí glosado con todo lujo de pormenores, numeroso y esperpéntico, desatado y carpetovetónico… Un compendio de variaciones sobre el mismo viejo tema, en el que no falta ningún doloroso gozo, ninguna tampoco de las hirientes y deliciosas ternuras que siempre se han procurado los amantes más intensos, que son también los más espléndidos

En los relatos aquí reunidos, el lector hallará ecos de la verbosidad y el atrevimiento joyceano, pero también resabios de nuestra mejor tradición erótica-literaria, de La Celestina de Rojas, a los «cachondeos» de Cela, una tradición a la que Luis Miguel Rabanal ya se suma en calidad de grande de nuestras letras.

en la contraportada )

Depósito de objetos perdidos

[A SOLAS CON LA CASA Y EL INVIERNO]

(Álbum blanco)

A solas con la casa y el invierno
fui guardando mi vida
en unas viejas cajas de cartón.
Me tuve que llevar
mi ropa, mi paraguas, mis discos de los Beatles,
mi colección de miedos,
mis libros y carpetas, mis recuerdos, el mundo
que mi padre me había regalado
y en el que tantas veces han viajado mis dedos
una vuelta tras otra.

Allí dejé mis llaves, mi ausencia y un vacío
de mediana estatura,
las cartas que jamás encontrarán mi nombre,
el olor del café que no me tomo,
las vistas sobre el río, los abrazos a medias,
mi colección de sueños,
tantas fotografías que no supe
partir por la mitad…,
y el paso de los días a través de mis hijas,
y a Celia con tres años pidiéndome de pronto,
aquella misma noche al despedirme,
que jugara con ella una vez más.

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Juan Carlos de Lara, “Depósito de objetos perdidos”, Diputación Provincial, Soria. Premio Leonor 2015.

Lácteos para la fiebre oscura

1
El haber pasado por allí, el haber permanecido más días de la cuenta, traen ahora bobos recuerdos, frases entrecortadas y conductas que uno no sabe ya si tomar en serio a estas trasnochadas crestas del relato o qué hacer con ellas. La enfermera mayor, a punto de jubilarse, tan amable el primer día, negando el saludo al enfermo al enterarse de informaciones, de buena tinta perniciosas. Qué decir del sordo, el que más oye, el inevitable iniciador. Y un sinfín de personajes tétricos y vivos que estaban allí esperando a que los viera con los ojos cerrados y sucios del casi sueño, del casi odio. Pues bien, ha pasado el tiempo y permanece aún el susto y el temor, ahí es donde más le ha dolido su discapacidad, su no poder levantarse y comprobar por sí mismo lo verosímil, poder partir la cara a alguien en mil trocitos desiguales. Pues bien, digo, ha pasado el tiempo y todavía dura la sensación de pérdida, de todo haber estado mal, de la mucha soledad, del mucho silencio.
Por estas fechas, hace tantos meses ya, por las tardes, a sus espaldas olía a cigarrillo rubio y se sucedían ruidos raros como pequeños golpes en la ventana de la terraza. Solo eran olores y ruidos, bien es verdad, pero unos pocos días más tarde llegarían las sorpresas. El tabaco y el ruido provenían de la misma persona al parecer, el duro oficio de colocar micrófonos, escuchas. Espías atareados, divertidos y bellos… Ahora que lo piensa, cuánta angustia entonces, mientras hoy sonríe, porque todavía no sabe.
Si fue o no fue, si hubo o no hubo, si era o no era.

2
Rostros que se han ido dispersando sin perder su exacta significación de desvelo o ensueño, rostros que aún hoy alguien enumera sin fortuna, habiéndose marchado, podrido en ceniza e inmensamente cojo. A la hora de la verdad, cuando todo termina y se hace preciso recoger los bártulos que la escritura ha dispuesto día a día, cada tarde más bien, el que se equivoca por costumbre ahora cierra los labios. Se esconde en las palabras de los otros, mide su miedo porque si no no sabría. Rostros que aún se le confunden en el recuerdo.
No quiero seguir más, me aturde este silencio de la casa contrastado con el bullicio, afuera, previo a las fiestas: por las noches las verbenas y el barullo en tus oídos. Menuda suerte: hoy toca Bustamante…
El ángel de la muerte que no atina a visitarlo. Si todo va a terminar, lo mismo que terminan las cosas nauseabundas y los oficios tenebrosos, sin nada más que decir sino que el recuento es terrible y es terrible decirlo una y otra vez como poseído por extraños demonios crápulas. Todavía hoy hablaban después de la siesta del origen, de la primera persona que pensaba que era la culpable para al poco tiempo deducir que no, que era otra, y a la tercera la vencida. A partir de entonces, enhebrar frases, escuchar y ser escuchado sin saberlo. Cuánta delicia.

3
Detrás de los montes, en algún lugar que necesita como el aire para respirar y no es exageración precisamente, la caja o el contenido, ese polvo para esparcir en Montecorral. Poco más. En algún lugar que ya no existe para él.

4
El sábado transcurrió pacífico, alguien se preguntaba en silencio por el día-espejo de hace mucho, de no hace tanto.
El domingo, igual, uno miraba para atrás, se decía los síntomas y recordaba cómo por última vez movía sus manos sobre el teclado del ordenador. El lunes ya no, el movimiento no quiso volver jamás.

Dos poemas de “Hablo contigo”

hablo contigo portada(acuérdate)

Mira por la ventana, y aprende
de la lluvia: tantas gotas
iguales, cayendo
en la misma dirección,
no pueden estar equivocadas.

Observa este aire limpio,
el sendero del agua
que dura
entre los charcos; mira
este suelo brillante donde pisas.

Como si la calle
se asomara a tus ojos, apenas
por primera vez.

Acuérdate de esto; ese mar
de tu infancia,
los ríos de juventud,
tienen el mismo origen:

el más tormentoso
de los días.

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Luna vaso de leche
para las voces puras sin paraguas:

bebed aquí,
bebed del seno oscuro,
esta noche os cobija el animal sagrado.

En el vaho soñoliento en vuestras bocas
toda la luz que exhale cada labio:

sean los ríos que engendren cada noche,
oraciones sin huella, mientras dure caliente,

sea camisa abierta, luciérnaga, pecado.

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Antonio Cubelos Marqués, “Hablo contigo”, Ediciones Tigres de Papel, Madrid 2016

En el blog El orden olvidado de las palabras

EL DESEO DE ANDAR

Fragmentos de médula arrojados al azar por un búho.
Porque escuecen los brazos y el pequeño espera
que tu amor se levante con él y camine tranquilo por la casa.
Nada es como parece, se crea la luz como se crea un sollozo
y llegan secuaces a sufrir la exagerada luz contigo.
Pobre diablo que tose y gesticula para que le dejen reír
los ruines ñuberos, para que el vodka abrase la garganta
con sumo gusto
y no sobrevenga más la noche.
Sueñas tu parálisis desde tantos años atrás y acuden
de improviso a tu memoria las sombras,
sombras que proporcionan curiosa compañía
si no buscas su desnudez entregada
a otra persona, y me cuentas
que todo te va bien y que el sudor es objeto
de intercambio para que al alba huya el niño rubio del disfraz.
Merece la pena perder hoy un poquitín el tiempo.
Además de la lluvia se te suben al rostro tapires y algún vestigio
de cuanto se extravió en tus cajas de atesorar
recuerdos con urgencia.
Todo está aquí, en tu corazón destartalado que no interpreta bien
el signo de su enojo y escribe en el papel letras de colores
para seducir a la destrucción en lo posible.
Para abrir de par en par esa diminuta pupila que explica
el deterioro de los cuerpos hurtados al olvido,
o casi a la decrepitud.
Fragmentos de médula, sí,
pero esta vez arrojados por un mago al fuego de la noche.
«Clávame tus uñas, maldito envenenador, y dime que me quieres».
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Gracias, Ángela. http://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2016/02/el-deseo-de-andar-poema-inedito-de-luis.html

Este cuento se ha acabado en Trianarts 5

Este cuento se portada

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DONDE TODO TERMINA

Abrir las manos y tropezarse con los gatos de caolín
que atrapan la noche. Dejarse
llevar por la marea que puede destruirte
al lado de los prados, en los embalses sucios que poseen
su peor turbulencia, arrasando la niñez y los robles.
O morir, pero contigo.
En ese interludio que respiran nuestros besos: la muerte
carece de mirada cuando desnudo tu saliva,
cuando tu cuerpo deja extendido
su trecho en las alfombras, al norte de los labios.

Donde todo termina, el amor, los goznes
de las nubes, el amor vuelto al revés
por muchachas intemporales y grises y otoño.

Donde permaneceremos nosotros
sedientos de estuarios, afincados en la tarde
más rota que
pudo ofrecernos la ternura, el pasar los arroyos, los barcos
malheridos por un vértigo cualquiera.

Y yo nunca sabré escribir en otro cuerpo.

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De: “La memoria buscando sus disfraces” – 1986
Recogido en: “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014–1977)”
Ed. Renacimiento 2015 ©
ISBN: 978-848472-544-2
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Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-donde-todo-termina/#sthash.UlBnlnP7.ssCiuVZ1.dpbs

Otro poema prescindible

Sin querer, sin mover los labios, sin estar. De ella conmueve la luz que no se apaga entre sus ingles. Nos cuesta escribirlo, no es propio de nuestra ternura convocar su sed así, lamer su garganta con filos apagados semejantes al niño que camina por la finca envuelto en un sudario beige, no se lo proponen. Tampoco debería estar aquí, ella deambula sin cesar por su memoria, se desdice y a la vez les sella los labios con palabras mínimamente soeces. Sin querer, sin haberla llamado nadie, o bien con el cuerpo exhausto de tanto sinsabor, su orgasmo milímetro a milímetro registrado en las libretas múltiples de notas. Nadie la habrá visto. Es la sombra que perdura en la maleza del saúco, al amparo de los mirlos, o no era allí tampoco sino diciendo adiós a alguien que llegaba, pobre pequeña, pobre pequeña. Nada más abrazarla pedazos de su piel entre la mugre de sus uñas, parodia de un amor sin reflexión ni constancia, nada más quererla sin quererla. Está cansada, se parece a nosotros, o eso dilucidan. Su ira entorpece su gemido.

En “Pessoas, 28 heterónimos esperando a Fernando Pessoa”

Pessoasport.

 

I
La celebración y el temblor
se sumergen en el abrazo
de quien persuade.
A cambio de palabras
soñar con haber sido el de
la prisa, el que conviene
asustar con negaciones.
Mirar su rostro y que el agua
de la lluvia lave la memoria,
o envuelva su entresijo
el que camina a oscuras.

 

II
Amigos que borran
el rastro bajo el puente
de paja, que suelen mentir
por la tarde a esa hora
boba de las promesas
y los besos tan grises.
Con su mano desigual
trazas un signo, secas
el agua de su mejilla
y ya afuera es de noche.

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Es mi aportación para el libro “Pessoas, 28 heterónimos esperando a Fernando Pessoa”, Karima Editora, Sevilla 2016. Ilustraciones de Ricardo Ranz. Prólogo de Manuel Moya. Palabras preliminares de Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas y Santos Domínguez.

Cortesía de Sara Castelar
Cortesía de Sara Castelar

Poema del pastor de flores

NIÑAS, NIÑAS

Estas niñas que rompen a su paso
el sol de las aceras, apenas
despeinadas y grises, que suben
a los coches fatalmente sospechando
el ultraje dulce y frotan
sus pechos minúsculos en manos
amigas de papá, qué digo,
estas niñas que juran palabrotas
a la puerta de los cines
y luego besuquearán la lengua
nada aborrecible de Stephanie,
tan ajenas ellas a pasiones
efímeras, más tarde la noche
fragmentará su rostro, llevará
sus piernas a un pub de cuero
verde y allí el amor
se pactará como un tratado
de no mucha agresión, no me dejes
con Ben Webster, recíproca
ternura, no es mi último beso.

Dos poemas de “Otoño en los Urales”

Otoño en los Urales portada para blogs

TANTAS bocas cerradas junto al cementerio
¿quién no le abre la boca al destino?
¿quién no planta un árbol en el ojo de la muerte?
¿quién tiene agua para los tranquilos?
Hay que hacer un río en el reloj de los desesperados.

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VIII

Aprendí a amar los paisajes blancos
junto a la ventana
en un lejano cumpleaños
Una certeza viene en la carretera
Hay que sepultar en el blanco
las palabras, teñir sus tejados
Sepultarlos en luz y nubes
Nieve para el mundo nuevo
En la blancura se encuentran
los ciegos y los ojos de los niños.

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Pablo Javier Pérez López, “Otoño en los Urales”, Olifante. Ediciones de Poesía, Papeles de Trasmoz, Zaragoza 2016

Este cuento se ha acabado en la revista Leer

portada de LEER

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RABANAL:  RIGOR,  TRAGEDIA  Y  HUMOR / ALBERTO  R.  TORICES

Hace cuarenta años hilaba sus primeros versos un joven que poco después se presentaría con un poemario de título a la vez enigmático y revelador: Variaciones, Total S.E. ú O. Cuatro décadas y muchos libros más tarde, y acaso completando el ciclo de las variaciones ejecutadas en torno a los temas entonces elegidos («Amor, Soledad, Muerte y Asuntos Parejos»), vemos reunida la summa de la poesía de aquel muchacho, Luis Miguel Rabanal, autor nacido en la montaña leonesa en 1957.

Un gran ciclo poético se cierra sin que ello suponga necesariamente un punto final, pero sí es momento de ver reconocida la figura y la obra de uno de los poetas españoles más importantes de nuestro tiempo. Miembro de la dispar generación que llenó de aires nuevos el panorama poético español de los 80 (entre los que también se contaban Luis Martínez de Merlo, Juan Carlos Mestre, Tomás Sánchez Santiago, Blanca Andreu y tantos otros), Rabanal se dio a conocer con poemarios que aunaban temática amorosa e imaginería surrealista, una decidida voluntad de experimentación no reñida con el apego a los orígenes y a su entorno rural. Con los años, esas marcas se fueron sedimentando y dieron paso a una poesía intensa y depurada, tanto como extensa y doliente; poesía rigurosa y trágica de un autor acosado por la enfermedad y la pérdida progresiva de la movilidad, que nunca abandonó sus temas (amor, soledad…) ni renunció a impregnar su poesía de ironía y humor, y que verso a verso nos ha ido dando la medida exacta de ese misterio irresoluble que es vivir.

Hasta Tres inhalaciones (2014), son veintidós los títulos que Rabanal ha publicado y que, llegada la hora de hacer balance y rendir cuentas, ha querido disponer en el orden inverso al de su aparición, un gesto en el que advertimos el itinerario de una relectura personal y quizá también una voluntad de retorno al punto de partida, una vez cumplida la tarea que este poeta echó sobre sus hombros.

Sabemos, con todo, que la poesía reunida (publicada) de este autor no es más que la parte visible de todo su trabajo, y que son muchos más los poemarios que permanecen inéditos en el cajón. Por eso y por la feliz noticia de un volumen de referencia llamado a instalarse y perdurar entre las obras fundamentales de nuestra poesía reciente, esperamos que Este cuento se ha acabado sea, muy al contrario, un cuento que ya no se acabe nunca.

***

«Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)»
Luis Miguel Rabanal
Editorial Renacimiento • Colección Calle del Aire, 134 • Sevilla 2015 • 774 págs  35 €

Este cuento se portada

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LEER, n.º 270, marzo 2016, Madrid.

Un poema espeluznante 2

LAS DIVERSAS CURAS

No es el dolor el hipopótamo que, encaramado a lo alto
de tu estómago, tose y se retuerce y brinca.
Ni tan siquiera es el martillo con herrumbre,
olvidado por alguien, que sin cesar golpea tu sien con método
enérgico y se pasa la noche encantado en el interior de tu cabeza.
Tampoco es el largo trago de alcohol
con que inundas de fuegos artificiales tu garganta,
la hieres de sopetón con vistosos vidrios.
Ni el vendaval que afuera grita de espanto porque acabe
el practicante de ponerte en su lugar el yodo y la morfina.

Nada ya podrá con tu cuerpo de manos amputadas
y cercenadas piernas.
En su vacío sientes el invierno y te apresuras a llamar
para no estar solo y así convocar la destrucción con tu alarido.
Es obvio morir en estas condiciones, sobremanera si alargas
los días y las noches con tu rosario de insultos, so salvaje.
Sobre todo ahora que has descubierto que la vida vale
para otros lo que para ti es basura metafísica,
parsimonia y belleza arrojada a los pollitos.

Deberías admitir que el tiempo corre como la mecha a tu favor,
pues en la calle no hay más que niños llorando
y duras y bellas losas para cubrir los cadáveres.
El dolor es la medida, la estructura gris del vaticinio:
un hombre descompuesto, asomado a la terraza,
que quiere divisar mejor esta ceniza donde se posará su vuelo.

En Hankover

Detrás del espejo,
como una aparición,
la mirada más triste.
A menudo es el tiempo
quien decide con saña
que no debes volver.
Alguien espía desde allí,
tu vida la han hilvanado
con horror y costumbre.
Quieres interrumpirlo,
da igual su desmesura
o su falta de memoria.
Detrás del espejo
aún no hay nadie.

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Gracias, Vicente. http://hankover.blogspot.com.es/2016/02/un-poema-de-luis-miguel-rabanal.html

También aquí. Gracias, Tomás. http://frentealsilencio.blogspot.com.es/2016/02/luis-miguel-rabanal.html

Marta & María

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MARTA Y MARÍA

Una cosa, amor mío, me será imprescindible
para estar reclinada a tu vera en el suelo:
que mis ojos te miren y tu gracia me llene;
que tu mirada colme mi pecho de ternura
y enajenada toda no encuentre otro motivo
de muerte que tu ausencia.

Mas qué será de mí cuando tú te me vayas.
De poco o nada sirven, fuera de tus razones,
la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto.
Eres todo mi ocio:
qué importa que mi hermana o los demás murmuren,
si en mi defensa sales, ya que solo amor cuenta.

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María Victoria Atencia, “Marta & María”, 3ª ed., Ediciones Tigres de Papel, Col. Genialogías, Madrid 2016. Prólogo de Juana Castro.

En Blocdejavier

DESPUÉS qué importa.
Te vestirán de nuevo con el traje
de la risa que se lo llevaba el humo,
habrá rostros contritos
y algún cigarro sin terminar
bajo tus pies helados.
Lo mismo que la vida.
Te derramarán palabras sin sentido
y allí todo habrá acabado.
Nunca más los colores
que uno no se acostumbra a perder
en los ojos de las otras,
lo mismo que la vida.
Si acaso, un niño ya mayor
un poco llorará sobre tu frente
y ya nadie diga nada.
Un avión de juguete, un barco.
Y una bolsa con cenizas.
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Gracias, Francisco Javier. https://blocdejavier.wordpress.com/2016/02/09/poema-del-aparecido/