Corregir el mundo

Los vencejos se han marchado otro año.
Como siempre sucede, lejos de aquí, la vida
es una niña con el paraguas roto,
con la falda de flores entreabierta y una pregunta
despuntando en los labios muy fríos.
Vendrá después la noche a encubrir con su manto
huertos y ventanas, hombres que sollozan
y viejos que casi sin querer se extinguen.
Como siempre sucede, tú ya no estás
para pensar el tiempo
y sin embargo imaginas la fugacidad opaca
de ese instante y desearías volver,
una sola vez más, y adormecerte en la tierra,
yerta o lóbrega algún día, para no decirlo.
Es arrogante tu enfado para rechazar el mundo,
al menos el mundo imbécil que esperabas
ver interrumpido en Valdeluna una tarde.
Como siempre sucede, haber vivido mucho trae
a nuestra boca un amargo sabor de incumplidos
deseos, una muchacha que nos niega sus muslos
y una casa de brasas que deberíamos arrancar
para siempre, hoy, de tal hoguera ofendida.
Qué importa el desvelo del canto del mirlo.

Luis Miguel Rabanal, el espejo sonoro

Rafael Saravia, Juan Carlos Mestre y Alberto R. Torices. Cortesía de José Luís Suárez de Dios.

Rafael Saravia, Juan Carlos Mestre y Alberto R. Torices.
Cortesía de José Luís Suárez de Dios.

*

A continuación se reproduce el texto Luis Miguel Rabanal, el espejo sonoro escrito y leído por el poeta Juan Carlos Mestre el pasado 19 de mayo con motivo de la presentación en Madrid, en la librería La Central de Callao, de “Este cuento se ha acabado”:

Los deseos en modo alguno garantizan que los cuerpos sean reales, se es el que se desea no ser, así enuncia la alta paradoja que vincula las iluminaciones del pensamiento con los vértigos del cuerpo el sofista Vicente Núñez, otro poeta para quien no existió otra verdad que la conducta inestable del erotismo de las palabras, la exageración pasional de los sentimientos afectivos que, con inverosímil delicadeza, llamamos voces del amor. Queridas amigas y amigos, esta reunión en torno a la vida de nuestro poeta Luis Miguel Rabanal no es la presentación de un libro, sino el acontecimiento siempre literalmente irrepetible de un acto de amor.

Desconozco qué tipo de discurso pudiera dar cuenta fuera de ese ámbito de una tarea tal de intensidad como ha sido la del propio deseo que impulsa la súbita redención que contra todo mal supone la obsesiva salud del bien de estas más de setecientas páginas de anhelante luz, de averiguación expandida hacia la radical alteridad de lo otro, del lenguaje como forma material del deseo, del desequilibrio como naturaleza propia de las posesiones del habla. Este cuento se ha acabado es el inicio de una leyenda, el conocimiento ya irreversible de un poeta en la singularidad de aquellas voces que se constituyen por sí mismas en un acontecimiento, la presencia irradiante de sus radicales simbólicos que sobre los turbios horizontes de la sociología literaria son el instante intenso y la iluminación sustancial del relámpago. Ese relámpago del que Gonzalo Rojas, otro renegado en las cumbres del bello error de la locura, exigía como condición de reconocimiento del poeta en el espacio que hay entre los ojos, allí donde solo cabe el pez del conocimiento y la reyerta de luz de lo quemante.

No soy neutral ante Luis Miguel Rabanal, amo su poesía desde hace cuarenta años, lo admiro y quiero, y ni un solo verso suyo me ha dejado nunca indiferente. Su presencia en la ausencia, su desbordamiento en la carencia, han hecho que su vida y su obra conformen un todo indisoluble, una voluntad unívoca de resistencia ante lo que para la mayoría hubiera sido la adversidad y la derrota, y que él, en un sistema de correspondencias solo vinculante con la vibración misteriosa ha reconvertido en resistencia, en un conjuro contra el daño persuasivo, en una obstinada fortaleza vital contra la conspiración de los augurios de la negatividad y la muerte.

Rabanal solo ha sucumbido a la vitalidad, frente a lo real lacerante ha elevado con los balizamientos admirables de su poética un territorio de salvación e identidad, sin duelos, sin lamentos, con la capacidad negativa de un John Keats, con la causticidad de un Nicanor Parra, con la densificación existencial de un Antoniuo Gamoneda. Hay que decirlo, sin eufemismos ni rodeos, Luis Miguel Rabanal es uno de los grandes e imprescindibles poetas de la poesía contemporánea, así sin matizaciones de ningún tipo, no de la poesía leonesa, no de la poesía española, no de la poesía en lengua castellana, no: de la poesía contemporánea. De la gran poesía que traza destino en la sincronía de lo coétaneo y en los desafios del porvenir, de la poesía que nos adelanta los significados de lo venidero y desde la experiencia de la interioridad del lenguaje proyecta su presencia como discurso de la necesidad hacia el territorio de los encantamientos y la eventualidad utópica.

Páginas del coraje, páginas de la decisión y la osadía de la esperanza enfrentada a los arquetipos semiológicos de la enfermedad y del miedo. Páginas “…de quien / cose en su carne frutos / desesperados y crías / de unicornio…”, páginas donde la indagación de la verdad hace de la herida del propio cuerpo ámbito único de revelaciones, país de lo adverso y de lo favorable, frontera entre la búsqueda de la conciencia del dolor y la averiguación material de la condición espiritual de la naturaleza humana. Y digo espiritual porque el tremendo, por intenso y sin dimensión, acto de amor ante el que nos emplaza su palabra, solo puede ser entendido desde la experiencia profunda de una interiorización sin límites de la realidad, aquella que dota de sentido a la existencia, aquella que dota a la conciencia de una intencionalidad transgresora ante el sufrimiento y unifica en la poética una misma manera de sentir, de pensar y de estar en el mundo.

Nada en Rabanal está subordinado a las circunstancias, nada tampoco añadido a lo conforme de la resignación; la suya es una poética insurrecta, inapelable en su potencia creativa, en su capacidad de desafío y relación de autonomía con los interdictos sociales de la globalidad. Ausente de lo distraído, alejado por completo de la comedia de la abundante publicidad vergonzosa, su obra, es decir su vida, ha transcurrido en la soledad sonora del vulnerado, en el margen extremo de lo otro, lejos de la oportunidad, negado a la ocasión, enfrentado a la cuantía del beneficio. Algo iluminante, serenamente tajante, una actitud que maravilla y emociona como últimas desinencias de una ética de la conducta, algo no ajeno a otros asombrosos poetas de su mismo paso generacional en las tierras del frío como son los admirables Tomás Sánchez Santiago e Ildefonso Rodríguez.

Nada añade a la identidad de lo poético los materiales ajenos al carácter de su propio destino: la reinstauración en el sueño de lo pendiente de ser soñado, la voluntad adictiva al desasosiego del nombrar, las inquietudes del habla por hacerse presentes en la zona inaudita de las significaciones. Rabanal es un poeta inmenso como el silencio del que procede la raíz lúcida de su comportamiento verbal, el estrago de los grandes relatos simbólicos de la dificultad humana, de la prolongación de las fundaciones ilusionantes derribadas como la torre por el rayo. Rabanal es un poeta en la extranjería del acuerdo, en las afueras de esa capital corrupta donde desembocan todos los afluentes del autoenorgullecimiento. Su diálogo es el del meditante que cautela una fuente poseído por la gran sed de infinito. Luis Miguel vive de memoria, no de la memoria, pervive en la memoria de esa ancestralidad súbita que se hace presente sobre las erosiones del olvido para dignificar la condición humana, para ennoblecerla, para intensificar con sus interrogaciones las grandes construcciones imaginarias del tiempo de los dioses huidos y la felicidad de regreso a los espejismos de su noche.

Quién sabe cuál de las especies del deseo anima estas páginas y la perpetuación de su enigma. Esta extensa partitura lo es, paradojicamente, de una improvisación. Boca muda de la que brota el habla más locuente. Un lenguaje que se adelanta al fracaso irremediable de toda duración y aspira con una delicada desobediencia a ser el espejo sonoro de lo otro. No de la voz como compensación de las prudentes palabras que conducen al hombre, no la estabilidad frente a las tensiones de las desemejanzas entre lo imaginado y lo presente como Paraíso de la fracturada belleza, el lugar en el que no hay centro, la noche en la que no hay obscuridad, el amor sin corporeidad, el lugar sin lugar donde resuelven su mutua alianza el siempre y el nunca.

Viven en asamblea los poetas amigos en esta inmóvil casa de huéspedes que abre de par en par sus puertas a los ángulos del enigma. “No sé si Lacan o Confucio, pero venía / a decir que menuda papeleta la ecuanimidad / del moderado y la ponderación del intrigante”. Tsvetáieva y Cernuda, Carlos Edmundo de Ory y Cesare Pavese, sombras bajo un mismo disfraz, lo ineludible de lo audible en el coro sin concertar de las cenizas vivas, de los centinelas, de los nuevos hermanos que se derraman sobre los nevados paisajes de Riello como la leche del hervidor.

Son los ojos cerrados los que ven todo esto, quienes han visto la vida hasta desnudar su última verdad invisible. Son los ojos que sexualizan la visión estética de los límites y subvierten la gramática de los comportamientos lingüísticos. Son los rostros modificados por la percepción poética y el imaginario de la narración de la vida: el placer que no es de nadie que no sea pensamiento de su propio y contrario placer, una experiencia interior que deviene en lo que era para Bataille ese “desequilibrio en el cual el ser se replantea a sí mismo y de un modo consciente… el Ser que se pierde objetivamente… el Ser que se identifica con el objeto que se pierde”. Esta es la gran seducción de Luis Miguel Rabanal, lo que seduce como posibilidad de acceder a lo secreto, a la oculta desnudez de lo fascinante, a la visión de las zonas vedadas a la nostalgia de infinito, sin otra razón de la de ser espacio de las revelaciones.

Escribir en Rabanal es desear, retornar más allá de los límites físicos al primer extravío de la razón del niño, allí donde ningún placer estorba y el descubrir carece de temor, el niño emboscado en las palabras hermosas. El niño extraviado en sí mismo, el niño frágil distraído en los cálculos de la música para torpes. Luis Miguel reúne su poesía completa, y su vida queda liberada en estas páginas, la misma conciencia de juego y la misma certeza de pérdida, siempre juntas, siempre al unísono de un mismo énfasis moral regido por las insubordinaciones de la imaginación.

Hablamos de un poeta cuya intimidad vertebra y da sentido a la inestable cordura de su propio silencio, la soledad de la salvación, ser tu solo él conmigo, ser tu otro yo contigo, en las múltiples semejanzas con lo otro. Una poética de la vida que le ha arrancado sus máscaras a los discursos dominantes y a la farsa de las autoridades estéticas, una poética ante la que el conformismo de los límites y los géneros no le cabe sino capitular, ceder ante la evidencia del verdadero rostro de la poesía: un deseo sin parcelas de propiedad, un deseo sin territorios de dominio, una espontánea insumisión a las limitaciones, a lo normativo, a la imprevisible contrariedad de cuanto tiene de perturbador el destino y las fugitivas promesas de la felicidad.

“El enamorado sabe – escribe Tomás Sánchez Santiago – que deja algo en cada cuerpo rozado. Uno sale de un cuerpo con un déficit que nunca sabe concretar. No existe en el amor la palabra luego. Cuando llega este adverbio a pedir cuentas, nos encuentra siempre inermes e inexactos, fuera de los horarios y de las filas sociales de los hombres”. Luis Miguel Rabanal es ese enamorado celeste, ese hombre único y poeta irrepetible, ese amigo para el que no hay ni habrá mayor elogio que el de abrir y leer este cuento que, tengan la certeza, nunca ya se habrá acabado.

Juan Carlos Mestre

Este cuento se portada

Un poema de “Gran Sur”

QUIERO LEERTE POR DENTRO

Quiero leer lo que escribas
cuando eches las cuentas a oscuras,
cuando se descuelguen tus muros, cuando caigas.
Cuando te aniden serpientes en el hígado y la memoria,
cuando ladren mutilados los perros de tu infancia.
Quiero leerte por dentro
cuando bebas en el charco de tus ojos,
cuando rieguen tus zapatos descosidos
los fatigados camiones del alba.
Cuando te abracen tus hermanos
en el humo de la ruina, cuando duermas
borracho de quimeras, vacío de esperanzas.
Cuando vayas dando tumbos, coronado
por los golpes del combate con tu sombra.
Cuando vuelvas a tu casa
flanqueado de silencios, escoltado por extraños
y sirenas de ambulancia.

.

Toño Benavides, “Gran Sur”, Reino de Cordelia, Madrid 2014.

Propósitos oscuros

Después de ruborizarse se escuchaba mejor la tibia voz de Dulce Pontes. Transcurren las horas como si el pasado hubiera sido cosa de cobardes, chiquillos que se suben a las ramas sólo para romperse sin ton ni son los ojos. En cambio tú ignoras el pesar, como mínimo el pesar que sucumbe cuando todo ya ha sido olvidado o dicho por alguien que disfruta especialmente mirándote sangrar uno a uno los dedos. A ti te gustaría recordar otro poco más, entretener tus noches con otro frío menos reposado. Sin apenas quererlo nos atravesó el tiempo la garganta sin ninguna cordura, pero con suma exactitud. La muerte fue sencilla, mucho más sencilla de lo que pensábamos allí. Se los llevaban en silencio Cornellana abajo y el mundo seguía y seguía y seguía. Se iban a pudrir dios sabe adónde y tú no estabas para verlos padecer como dementes.

Presentación en Avilés de Este cuento se ha acabado

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Mañana, miércoles, a las 20 h., organizado por el Aula de Cultura de la Voz de Avilés, tendrá lugar en el Edificio de Servicios Universitarios, en la calle La Ferrería, la presentación del volumen Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977) recientemente publicado por Renacimiento.

En el acto intervendrán Alberto R. Torices, Antonio Merayo, José Luis García Martín y Rafael Saravia.

Y que no llueva.

Elvira Daudet y Este cuento se ha acabado

Este cuento se portada

Este cuento de Luis Miguel Rabanal acaba de empezar

Este cuento se ha acabado es un auténtico exceso, no sólo por el voluminoso contenedor de su obra reunida, múltiple y variada, en la que el más exigente sólo encontrará alguna astilla menor sobrante, sino por su derroche de talento, de originalidad rompedora, de sufrimiento intolerable y de belleza sublime. Un libro físico de materia humana, es decir, carnal, que no se queda fuera a instancias del lector, como un objeto inerte, sino que con artimañas prácticamente diabólicas abre profundas grietas en el cuerpo de quien se le aproxima, se le introduce dentro y le jode a conciencia, sin que este pueda escapar a su sugestión.

El poeta Luis Miguel Rabanal no habla del amor, el dolor, la vida, la muerte como los demás, él crea la esencia de las palabras que sustentan los conceptos en cuerpo y alma, y se abre en canal para descubrirnos su auténtico significado hasta el tuétano. Y, partero, nos las pone, todavía calientes y manchadas de sangre, sobre el pecho, como un recién nacido sobre la madre, para que nos inunden con su verdad, y las amemos, irremediablemente, para siempre. Palabras limpias de toda ganga, que deslumbran y hieren los ojos como diamantes, o carbones encendidos que arden hacia dentro y tiznan las cavidades del alma. Palabras que acarician y te muerden los ojos clavados al texto, hasta que el llanto obliga a dejar la lectura.

Este colgado, sin tierra en la que apoyarse, pero con un talento desmesurado, ha hallado, en su difícil posición corporal, la cuadratura del círculo para seguir viviendo: escribir como Dios, haciendo una transferencia de su dolor a los lectores. Y ahí está, como el propio Dios, mitad crueldad mitad ternura, creando día a día la vida.

Elvira Daudet

Tres poemas de “Grito”

U
n
o

a veces quisiera
que el aire fuera un grito
o lluvia
sobre estas hojas sin tierra
escritas con ceniza

con hambre y con raíces.

.

N
o

importa lo que digan.
Un niño llora

y duele el frío
sobre el mundo.

.

N
o

me rindo.
Después de todo
hay que abrazarse al día
y colocar las manos
bajo el agua
para soñar el puente
que no está.

.
Domingo Acosta Felipe, “Grito”, NACE, Las Palmas de Gran Canaria 2015. Prólogo de Cecilia Domínguez Luis.

Este cuento se ha acabado en La Ciudad Sinnombre 2

Este cuento se portada
.

ojalá estuvieras aquí, nos adueñaríamos del rencor de las paredes, del regocijo que se celebra con estruendos y con labios, cómo será tu cuerpo ahora, con qué cintas sujetarás el cadmio de tu infancia, el amianto perdurable de tu seno, da igual entonces, queda el corazón arrasado de palomas, y llega el silencio del adiós, mi pequeña Rená, como un desagravio de los días, llega el sobrecogimiento de estar inútilmente solo para siempre como una condena de estaciones, impávido el invierno ante ti, pero tu nombre era Rená, tan solo, y me descubro oyéndote, amor mío.

De Rená, a solas con nosotros (1983-1984)


En “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”, Editorial Renacimiento, Col. Calle del Aire, Sevilla 2015. Frontispicio de Antonio Gamoneda. Prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Epílogo de MJ Romero.

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Gracias, MJ. http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com.es/2015/04/este-cuento-se-ha-acabado-poesia.html?spref=fb

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Rená 1984

Un poema casi enrevesado

HAY MÁS SABIDURÍA en el oficio
de embalsamador, sumido en sus jugos
y en los hilos oxidados de la muerte,
que en tu voracidad por lo inmóvil
y lo adverso.

Acaso nos invade una vez el exantema
del orgullo, besos clavados al dorso
de la furia, se postra
ante nosotros y es cómitre sin ti.
Sucede en el precario objeto
que nos alcanza la belleza,
nuestro corazón tuvo la culpa.

Yo soy el espectador que se levanta
después de haberme visto morir
a manos de Dolly Haze, la breve,
un día sin prisas, sin rencores.

Un poema de Enrique Lihn

GALLO

Este gallo que viene de tan lejos en su canto,
iluminado por el primero de los rayos del sol;
este rey que se plasma en mi ventana
con su corona viva, odiosamente,
no pregunta ni responde, grita en la Sala del Banquete
como si no existieran sus invitados, las gárgolas
y estuviera más solo que su grito.

Grita de piedra, de antigüedad, de nada,
lucha contra mi sueño pero ignora que lucha;
sus esposas no cuentan para él ni el maíz que en la tarde
lo hará besar el polvo.
Se limita a aullar como un hereje en la hoguera
de sus plumas.
Y es el cuerno gigante
que sopla la negrura al caer al infierno.

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Enrique Lihn, en “Poesía, situación irregular”, Visor, Madrid 2015. Prólogo de Óscar Hahn.

Este cuento se ha acabado en Rick’s Café

Este cuento se portada
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ROSA CHACEL SE DESPIDE DE A. EN CAMPO GRANDE

«La culpa se levanta al caer de la tarde»,
R. C.

Inquieta acordarse de cómo han surgido
de la escritura tantas facciones infrecuentes
como se amontonan en el fragor de estar
tergiversadas sin el corazón del otro,
excepto en las manos repletas de vitolas.

A la sombra del árbol del amor alguien
se interesa por el nombre del muchacho
que escupía de una forma tan rara la saliva
y las palabras.
Ella, que cree ser el fuego
o su luz apacible, frunce el vestido,
recomienza la seda a contrariarse.

Aún conmueve reparar en las partículas
de ceniza que fracturan y fracturan
el rostro sin visos de recato.
Es casual, la niña atesoró en su medalla
de plata certidumbres
y restaura el mimetismo de la noria
que da cuenta del tiempo con injurias
brutales o se remienda la boca
con abundante agua de borrajas.

No hemos acabado de decidir
nuestra propia incredulidad, le dice.

.

Es inútil reconocer
el cielo extraño y las
nubes que no cubren.
Se sucede el silencio
como un aparecido
muy lúcido. No será
el amor con sus uñas
inciertas. La vacilación
alivia su aliento para
después fantasear por
quien tarda en venir.
.

Gracias, Manuel.
http://www.rick-cafe.com/?sc=5&ida=109
http://www.rick-cafe.com/?sc=5&ida=110

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Rabanal_tres_Inhalaciones_alta

Este cuento se ha acabado en La Nueva Crónica

Este cuento se portada

«Es un mundo que se hace y deshace, una obra no conclusa» / Fulgencio Fernández

Luis Miguel Rabanal es ese clásico de la poesía leonesa que se nos asoma con frecuencia a través de la ventana de Internet y nos cuenta desde allí ‘sus cosas de Avilés’, “la ciudad en la que está la habitación en la que vivo”, como él mismo decía. Y desde esa ventana enseña los poemas —y las prosas— que va escribiendo y que después desembarcan en las páginas de alguno de los libros que va publicando, en todos los géneros, pero sin abandonar jamás su fidelidad a la poesía.

Poesía es también que las limitaciones físicas que sufre, esas manos que le faltan, la palien sus amigos, le presten sus manos y su voz. Unas manos amigas —las de Rafa Saravia, Alberto R. Torices y MJ Romero— reunieron todos los poemas escritos desde 1977 hasta hace unos meses y compusieron esa obra completa que bautizaron como ‘Este cuento se ha acabado’, al que Luis Miguel Rabanal llama “el gordito azul”, porque es las dos cosas, gordo (casi 800 páginas) y azul.

En ese volumen colaboran con textos otras dos manos amigas, Antonio Gamoneda y Tomás Sánchez Santiago. Y ellos serán precisamente los que este martes presentan (a las 20 horas en la Sala Región del Instituto Leonés de Cultura) este volumen. No faltarán al acto Saravia y Torices, mientras LM Rabanal y MJ Romero esperan noticias en Avilés.

Este poemario de Luis Miguel Rabanal es una obra que atraviesa y llena de palabras en libertad toda una vida. Tomás Sánchez Santiago negará, una vez más, la mayor del título, ‘Este cuento se ha acabado’, al recordar un viejo adagio de Manuel Alcántara que se le apareció en su infancia y se quedó para siempre: “Nadie sabe la edad que tiene porque nadie sabe cuándo va a morir”. De él deduce que “lo incompleto, lo que nos falta, ese es el territorio natural de la creación. Porque la plenitud no es la totalidad”. Y más leyendo esta poesía completa, una obra “que atraviesa y llena de palabras en libertad toda una vida; los cambios de registro, el bascular verbal entre unas referencias y otras (los muertos de oídas, aún vivos como fantasmas; imágenes de infancia; trazados muy personales de un mundo que se hace y deshace de continuo…), todo ello deja esta obra alzada que nos resistimos a creer que ya esté conclusa”.

Acierta, seguro, en muchos correos electrónicos vive hoy otro nuevo poema.

Poesía hirviente

Es Luis Miguel Rabanal un militante de la ironía y la provocación, desde el título de sus libros a las palabras con las que los recibe o anuncia. Cuando Saravia y Torices le acercaron ‘Este cuento se ha acabado’, el gordito azul, escribió: “Muchas gracias, amigos. El gordito, estupendamente bien. Lo tiene todo en su sitio, es precioso. Y tampoco son tantas páginas, solo 776″.

Tomás Sánchez Santiago avala esa sensación de que el gordito está estupendo al escribir que “De ese territorio del quehacer, de lo que aún queda, ha ido manando la poesía hirviente y llena de imágenes musculosas del gran poeta que es, que sigue siendo, Luis Miguel Rabanal”.

Y para quien le parecieran pocos alicientes, LM Rabanal anuncia en la invitación al acto: “Al final del acto el público asistente bailará, es muy posible, jotas, chanos y demás jovialidades”.

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http://www.lanuevacronica.com/es-un-mundo-que-se-hace-y-deshace-una-obra-no-conclusa
presentación en León la nueva crónica

Las alondras

Vienen a menudo a picotear tus ojos.
Han sabido alguna vez que caminabas Valdaldón
a solas con tu efigie de niño que despierta
y reconoce allí que hubo algo misterioso un día
que daba tanta lástima mirar.
Distinguen tu sombra de memoria
y en los tejados destruidos de las casas
aún se parapetan de los eternos inviernos.
Un niño aguarda impaciente a que lo llamen,
y debes de ser tú que atisbas
el desvanecerse de las cosas desde un rincón
desproporcionado y vil del tiempo.
Hay ocasiones en que de veras aprecian tu soledad,
se comportan igual que tú e indagan en las tenadas
juguetes viejos, camiones que han volcado
o pistolas recubiertas con almagre.
Vienen a menudo a picotear tus ojos.
No ignoran dónde duele más la infancia endeble
y quebrantada que tercamente anhelas,
como se busca a alguien que se fue sin otra señal
que la menos oportuna: un abrigo roto,
la carta a los padres que decía olvidadme ahora
con mucho amor y con certeza, el libro
de aventuras de Singleton y el compás nuevo,
el de las configuraciones imposibles.
Qué importa ahora si accedes a que te hablen
de aquellas lluvias frías y del tesoro gris
y lánguido de A.

Epílogo de MJ Romero

Este cuento se portada

Palabras con él

La casa tiene un ritmo diario muy especial de horarios puntuales adaptados a su vida. A las doce de la mañana no aparece por arte de magia sentado en la silla de ruedas delante del ordenador, antes hemos pasado por unas horas previas y laboriosas que omitiré. Pero una vez que aparece, la parte de la casa que él habita se convierte en un reducto dedicado a la palabra.

Hace seis meses que no compartimos mesa de escritura. Él frente al mundo de su ordenador y yo frente al mío. Él en paralelo a la ventana y yo de frente. Así puedo verlo como una figura de perfil recortada por la luz que entra. Quisiera ver trazadas las líneas imaginarias que van de su cerebro al ordenador, y regresan y vuelven en un vaivén de palabras interminable. Si hablo un poco alto, se estropea el programa que recoge su voz. Si hago algún ruido extraño, protesta el micrófono. Si suena el teléfono, se colapsa todo. Si él tose, dragón recoge el sonido traducido en palabras extrañas. Me acerco, se lo arreglo y solucionado. Pero lo que para mí es solo una anécdota sin importancia, para él es un gran contratiempo, una pérdida de minutos que lamenta porque no dispone de todo el tiempo del día para escribir, corregir, leer y responder los emails que le llegan. Por lo demás, se entienden de maravilla el programa de voz y él.

Hace seis meses que no compartimos las dudas: Necesito un sinónimo, busco adjetivos que rompan esta rima interna, ese verbo lo repito demasiado… Estos pequeños detalles forman parte del trabajo del poeta y él lo es, lo sé desde siempre, desde el momento en que leí “Variaciones” recién editado, cuando sus pies aún lo sostenían y paseábamos por el camino de Ceide, cuando escribía sin problemas, un poeta niño, el poeta niño que nunca ha dejado de ser y al que la enfermedad le ha ido paralizando el cuerpo. Fue duro ir adaptando el brazo derecho al enorme esfuerzo que le suponía escribir según iba perdiendo movimiento, elegir el bolígrafo o la pluma adecuados, ni demasiado gruesos ni demasiado finos, para que la mano pudiera manejarlos; luego, cuando ya no respondía el brazo y apenas si quedaba el movimiento de la mano, adaptarse al ordenador recién comprado; después ya solo había un mínimo movimiento de un dedo para el ratón del ordenador; hasta que al final entró en casa el dragón, un poderoso programa de voz, y Luis Miguel con mucha paciencia se puso a estudiar lo que había que decirle: Pasar a modo comandos, arriba, abrir, tres a la derecha, a trabajar, a dormir…

Ahora en una especie de simbiosis perfecta navegan juntos durante dos horas por la mañana y dos horas por la tarde. Entonces él está en el mundo y el mundo, un mundo de amigos, está con él. En ese tiempo puedo irme, salir de casa, dejarlo en la más absoluta soledad que tanto necesita para escribir. Con un poco de suerte nada fallará durante mi ausencia y si no es así, a mi regreso lo encontraré en silencio delante de la pantalla mirando la fotografía aérea de Riello que cuelga de la pared.

Ahora somos dos mundos un poco aislados el uno del otro. Le oigo toser y voy hacia él, seguro que el dragón ha desaparecido con el sonido de la tos. Clic aquí, clic ahí y dragón listo para seguir con su dictado.

MJ Romero
Avilés, 1 de julio de 2014

Este cuento se ha acabado en Diario de León

Este cuento se portada

«Sin darse cuenta, uno se va quedando sin palabras y sin recuerdos» / Cristina Fanjul

Antonio Gamoneda y Tomás Sánchez Santiago presentan hoy en el Instituto Leonés de Cultura Este cuento se ha acabado, la recopilación de la obra poética de Luis Miguel Rabanal. Renacimiento se hace cargo de cuarenta años de producción literaria de uno de los autores leoneses más desconocidos. Dice el premio Cervantes que el poeta puede volver al sufrimiento, pero siempre que lo convierta — ya sí mismo— en sílabas transparentes. Y es que, a pesar de todo, el carrusel no se detiene.

¿Se acaban alguna vez los cuentos?
-Los cuentos no sé si se terminan o terminan los cuentos con nosotros. Fíjate en los de nuestro muy amado presidente Mariano Rajoy y los cuentos que siguen esgrimiendo sus amigos. No obstante el título del libro se acoge a distintas acepciones de la frase, una de las cuales, la que me interesaba a mí en 2012, que fue cuando dio comienzo el dulce tormento preparatorio, es el punto y final de un ciclo, pero hay otras, acepciones y épocas, o eso espero. Casi sin darse cuenta uno se va quedando sin palabras, sin recuerdos también.
¿Qué se siente al reunir toda la obra poética? ¿Sientes que tienes poco que ver con los versos de juventud?
-Pues diré que sentí una inmensa alegría, y una inmensa congoja, a la hora de enfrentarme y ponerme a trabajar con un material tan numeroso y diverso. Ahora bien, una vez empezado, todo vino, más o menos, por añadidura tres años más tarde. Por supuesto que hay poemarios y poemas a los que aún sigo teniéndoles cierto apego y cariño y a otros, incluso doliéndome, ya no. Pero pretendía, ante un posible lector interesado, recoger la totalidad de los libros y cuadernos publicados, sin excepciones, sin excluir poemas, sin mutilar lo más mínimo el conjunto.
¿Te da la impresión de que hay más de una voz en el libro? ¿Te reconoces en todos los poemas?
-Supongo que habrá otras voces, como ha habido otros poetas escribiendo los poemas de esos libros a lo largo de estos 37 años. Es decir, varios hombres, y algún que otro muchacho medio adolescente, varias personas que se me parecían atravesando vicisitudes felices y no tan felices con las cuales sentarse ante un folio o un cuaderno o ante la fría pantalla del ordenador un día. Claro que recuerdo los poemas y su escritura, como recuerdo la conformación definitiva de los libros y me reconozco en su temblor, y en su reproche. Pero de reproches ya hablaremos en otro momento.
¿Cómo comenzó esta aventura?
-Antonio Gamoneda tuvo la ocurrencia. Me sugirió en algunos e-mails que reuniese mi poesía y en 2012, finalmente, le tomé la palabra y me preparé para lo que iba a venir a continuación. Lo que sucedió en los meses siguientes, en los años siguientes, toda una maravillosa “odisea” que no podré olvidar jamás por su intensidad, como tampoco podré olvidar jamás la perseverancia de Alberto R. Torices, y, cómo no, las dudas que me asaltaban, nos asaltaban, aquí y allá.
¿Cómo fue el trabajo con Alberto R. Torices y Rafael Saravia?
-Alberto fue la primera persona a quien le comenté la posibilidad del proyecto surgido después de los correos cruzados con Antonio. No en vano, él, Alberto, en el epílogo a Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza (Leteo, 2010) ya apuntaba la necesidad, no de esa poesía reunida, no, sino de la obra completa, ahí es nada. Luego vino Rafael Saravia, llegó el Club Leteo, y enseguida se encargó de movilizar nuestro engendro y darle el aire suficiente. Y sin olvidar el trabajo en nuestra casa, más callado pero no menos laborioso, de María Jesús.
¿Has recreado algún poema?
-He introducido cambios, en mayor o menor medida, en todos y cada uno de los libros recopilados . No le veía ningún sentido a la preparación de una poesía reunida con la copia exacta, erratas también incluidas, de aquellas ediciones originales. No obstante, los cambios en ocasiones ni siquiera son notorios. Pecata minuta.
¿Para qué te sirve escribir?
-La poesía, en ocasiones, no sirve para mucho más que para caldearnos un poquitín el corazón. Parafraseando a Montale, he escrito siempre como un pobre diablo, no como un profesional de las letras. Siempre convenientemente apartado, casi siempre al margen. Lo que venga a partir de ahora, pues ya lo iremos viendo.
¿Para qué la vida?
-Escribir es una manera de vivir, decía Flaubert. Yo no llego a tanto, ni siquiera llego a saber para qué sirve, me sirve, hoy por hoy, la vida. Aunque bien pensado, todo lo anteriormente escrito tampoco es que signifique gran cosa. ¿Vivir? Mera anécdota de los usurpadores.
¿Te identificas con las palabras de Gamoneda?
-Las palabras que conforman el texto de Gamoneda no creo que hayan sido colocadas al frente del libro azul y gordo para que yo me identifique o me deje de identificar con ellas. Él, pienso yo, pretendió avanzar una pequeña indagación, con cierta rechifla final incluida, y el resultado se encuentra entre las páginas 9 y 12 del volumen, ambas inclusive.
¿La gran literatura llega del frío?
-Bien pudiera ser que el frío conserve convenientemente ciertas actitudes mejor que ningún otro elemento, pero estoy seguro de que en Badajoz, y en Almería, por poner al tuntún dos ejemplos, también se escribe una excelente literatura. Lo que sí parece ya una verdad bastante consolidada es que la tierra de León genera una muy rica variedad de productos. También esa tierra nuestra es tierra de magníficos poetas, coño, qué casualidad.

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http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/sin-darse-cuenta-uno-va-quedando-sin-palabras-sin-recuerdos_976322.html

Entrevista diario de León presentación

22 de mayo

eulogio escaneado

Qué decirle cuando, en la calle, me interpele por mi retrospectiva de rufián. Qué ofrecerle cuando me siga hasta el tugurio de Andrés el Temerario y allí mismo me confiese soy tuya, amor. Presumo que ya no valgo para tejer y destejer el tiempo con empeño casi casi bárbaro. Este sopor me postra como una idiota marioneta. Dondequiera vaginas a buen precio, bocas más rojas aún que el hastío, cuerpos tan bien desalentados que se asemejan a resbaladizas papeleras caídas en la noche de los sábados. Todo deseo es, en irrefutables pegajosidades, literatura…

Los actos más puros son los que acaecen desde la lejanía, cuando miramos con circunspección las piezas del puzzle y no reconocemos en ellas nuestro signo, las huellas de ese crimen que fue nuestra juventud, el episodio en que por mediación de un botarate no perdimos la vida de milagro. O lo que es lo mismo, nos fiaremos de quienes nos recuerdan sentados a la sombra de una acacia, en junio, y éramos nosotros. Pero lo verosímil es dejar hacer y deshacer al tiempo. Aunque desde aquí, desde la mesa sucia en la que escribo, la existencia se ve peor de lo que pensaba, por las calles, o eran coles, de Bruselas, con A. de mi brazo y los cigarros fétidos y el amor hecho brutalmente de pie, porque ella no quería acostarse en ningún lado y yo la amaba con locura. Ahora estoy solo y de nada me sirve el consuelo de haber vivido mucho. Son consideraciones aberrantes con las que podremos sobrevivir un día más, y el asco a veces de tal supervivencia me perjudica más que las mezclas de alcohol y mala leche y el Lioresal para tantos calambritos. Menudo apaño la casa que un día le adquirí a Carles B. para que se cobijasen las chicas. Pienso en él y me apesadumbra su muerte, dos años atrás, como si con un error todo hubiera terminado. Los amigos, qué tontería los amigos: los tienes y son titiriteros de su propia necesidad para contigo. Y si no los tienes, que se jodan.

Vino con su ropa la muchacha nueva y fui blando, por su carita hermosa y su entrepierna mansa. Una más en la familia. Se llamará a partir de ahora Betty, que es un nombre etéreo, o por lo menos de puta muy etérea. Está de acuerdo en líneas generales y me alegró un tanto la velada. Con dos de azúcar… Yo conocí Cambados de niño, le dije, y se echó a llorar.

Presentación en Madrid de Este cuento se ha acabado

Mañana, martes, a las 19:30 h., tendrá lugar en la librería La Central de Callao (C/ Postigo de San Martín, 8), la presentación de Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), recientemente aparecido en la colección Calle del Aire de la editorial Renacimiento.

Intervendrán en el acto el escritor Alberto R. Torices y los poetas Juan Carlos Mestre y Rafael Saravia, venido este último expresamente desde México.

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Hace cuarenta años, al tiempo que se consumía un dictador de larga sombra cenicienta, hilaba sus primeros versos un joven que poco después se presentaría con un poemario de título a la vez enigmático y revelador: Variaciones, Total S.E. ú O. Cuatro décadas y muchos libros más tarde, y acaso completando el ciclo de las variaciones ejecutadas en torno a los temas entonces elegidos («Amor, Soledad, Muerte y Asuntos Parejos»), vemos reunida la summa de la poesía de aquel muchacho, Luis Miguel Rabanal, autor nacido en la montaña leonesa en 1957.

Un gran ciclo poético se cierra sin que ello suponga necesariamente un punto final, pero sí es momento de ver reconocida la figura y la obra de uno de los poetas españoles más importantes de nuestro tiempo. Miembro de la generación que llenó de aires nuevos el panorama poético español de los 80 (Juan Carlos Mestre, Luis Martínez de Merlo, Blanca Andreu y tantos otros), Rabanal se dio a conocer con poemarios que aunaban temática amorosa e imaginería surrealista, una decidida voluntad de experimentación no reñida con el apego a los orígenes y a su entorno rural. Con los años, esas marcas se fueron sedimentando y dieron paso a una poesía intensa y depurada, tanto como extensa y doliente; poesía rigurosa y trágica de un autor acosado por la enfermedad y la pérdida progresiva de la movilidad, que nunca abandonó sus temas (amor, soledad…) ni renunció a impregnar su poesía de ironía y humor, y que verso a verso nos ha ido dando la medida exacta de ese misterio irresoluble que es vivir.

Hasta Tres inhalaciones (2014), son veintidós los títulos que Rabanal ha publicado y que, llegada la hora de hacer balance y rendir cuentas, ha querido disponer en el orden inverso al de su aparición, un gesto en el que advertimos el itinerario de una relectura personal y quizá también una voluntad de retorno al punto de partida, una vez cumplida la tarea que este poeta echó sobre sus hombros. Incluso podríamos ver el desenlace de este viaje de regreso en el reencuentro con aquel chaval de escasos veinte años que escribió:

De soslayo miré un momento al hombre
inciso en el oscuro salón
desgranábanse las cuentas del rosario crucifijo
era él quien dijo «estad seguros
de mi vuelta».

Sabemos, con todo, que la poesía reunida (publicada) de este autor no es más que la parte visible de todo su trabajo, y que son muchos más los poemarios que permanecen inéditos en ‘el cajón’. Por eso y por la feliz noticia de un volumen de referencia llamado a instalarse y perdurar entre las obras fundamentales de nuestra poesía reciente, esperamos que Este cuento se ha acabado sea, muy al contrario, un cuento que ya no se acabe nunca.

© Alberto R. Torices 2015

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http://www.lacentral.com/agenda/madrid/evento/este-cuento-se-ha-acabado-poesia-reunida-20141977-de-luis-miguel-rabanal-112041

Este cuento se ha acabado en Filandón

Este cuento se portada
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EL FRIO EMPAPADO DE LA NOCHE / José Enrique Martínez

Este cuento se ha acabado, Luis Miguel Rabanal, Renacimiento, Sevilla, 2015. 776 páginas.

Decir Luis Miguel Rabanal es columbrar una oleada de palabras movidas al ritmo del amor y del dolor. Toda su vida se ha visto amarrada a la pluma y al deterioro corporal. Con una voluntad inflexible sigue dictándole al ordenador las esquirlas de su mundo, que es ya propiedad de los lectores. Cuando el fuego amigo (Leteo) ha promovido la reunión de su poesía nos encontramos con un volumen de más de 700 páginas que el poeta ha titulado Este cuento se ha acabado. Pero no, Luis Miguel, mientras haya aliento, habrá poesía. El volumen se subtitula Poesía reunida (2014-1977). El poeta ha querido que el lector progrese en sentido inverso al tiempo, del presente hacia el pasado, recorriendo el camino que va de Tres inhalaciones (2014) a Variaciones (1977), aquel sorprendente libro juvenil. En esa ruta inversa son 22 los mojones con los que va gozosamente tropezando el lector. Casi a libro por año. Y lo que venga, porque, pese a título tan conminatorio, Este cuento se ha acabado, al poeta de Olleir no se le ha terminado el resuello lírico.

Repaso el índice y de algún modo me veo reflejado en él, pues la mayoría de los libros hallaron acomodo en Filandón. Evoco textos que dejaron en mí profunda huella: Cáncer de invierno (1998), por ejemplo, que nos sumerge en abismos de dolor y muerte, Mortajas (2009) y Fantasía del cuerpo postrado (2010), impregnados de tristeza, soledad y muerte, al igual que A la que falta (2013), sobre la ausencia definitiva de la madre.

Mi lectura actual tiene algo de paradójica, pues a la lectura inversa se sobrepone la primera, realizada a medida que los libros iban apareciendo, de modo que si antes caminaba del amor al dolor ahora voy de este al amor que tematizaban Palabras para Obdulia (1985) o Libro de citas (1993).

Este cuento se ha acabado se rodea del calor y el entendimiento de otras plumas. En el prólogo, Gamoneda traza una carta cordial, con «verdades» poéticas y aserciones como la que propone que el poeta vuelva, si quiere, a su sufrimiento, pero «para convertir tu sufrimiento y convertirte a ti mismo en sílabas transparentes». Por su parte, Sánchez Santiago traza «Cinco maneras de convocar la intensidad», indagaciones de su entendimiento de la poesía de Rabanal. En el epílogo, la fiel compañera del poeta, MJ Romero, también poeta, nos regala trémulas palabras de amor y cuidados de cada día. El conjunto es una fiesta a la que todos quedamos invitados.

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http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/frio-empapado-noche_972401.html

Dos poemas de “La orilla detenida”

Viene de lejos la esperanza
Es una bala perdida
en busca de un alma perdida.
Hay quien huye de ella.
Hay quien la busca.
Hay quien la encuentra
absurdamente
como una miga de pan
o un diente de leche
en la orilla de un río
que no existe.

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Creo en la orilla detenida
en los pájaros del amanecer
en las ramas secas del olvido.
Creo en el barro mojado de la linde
donde la corriente sabe del mundo
y lo gana con melodía y paciencia.
Creo en el espejo traspasado del mar futuro
y en el clamor de las barcas rotas
creo en las bocinas de los barcos
y en mis manos grandes en tu rostro:
Otra mañana flota espesa ya
junto a la quieta orilla que habitamos.

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Pablo Javier Pérez López, “La orilla detenida”, Editorial Manuscritos, Madrid 2015

Entrevista capotiana en Alma en las palabras

Este cuento se portada

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Miguel Rabanal.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
-Olleir, entre otras cosas porque es el paraíso.
¿Prefiere los animales a la gente?
-No, no, para nada.
¿Es usted cruel?
-Pienso que no, al menos no conscientemente en la vida, digamos, real. Sí, en cambio, en la escritura, acostumbro a ser cruel con un personaje poemático que se me parece bastante los fines de semana.
¿Tiene muchos amigos?
-No, solo los justos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
-La amistad, a secas, con lo que ella conlleva de alejarse más allá de lo perverso.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
-Siempre hay alguno que destaca por su reincidencia, pero nada grave.
¿Es usted una persona sincera?
-Lo intento, lo intento.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
-Ser tetrapléjico profesional las 24 larguísimas horas del día genera un tiempo libre más que maravilloso.
¿Qué le da más miedo?
-La enfermedad de las dos personas que adoro.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
-¿Don Mariano y sus secuaces, tal vez?
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
-Farero de noche, escenógrafo y soplagaitas mayormente.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
-Bachata, y de forma menos constante algo de lambada.
¿Sabe cocinar?
-Claro, faltaría más. Mi especialidad podría ser la siguiente: caracoles con mucho mojo picón y un poquito de leche frita salteada.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
-A mi abuela Rolindes.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
-Ama.
¿Y la más peligrosa?
-Arma.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
-No, no, no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
-Izquierda republicana.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
-Arqueólogo, sin dudarlo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
-Creo que los acumulo todos.
¿Y sus virtudes?
-Creo que ya no me queda ninguna por explorar.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
-Hay varios momentos al cabo del día en los que me ahogo y jamás me imagino algo que no sea: quiero respirar quiero respirar quiero respirar quiero respirar quiero respirar.

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Gracias, Toni. http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/2015/03/luis-miguel-rabanal.html

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