22 de mayo

eulogio escaneado

Qué decirle cuando, en la calle, me interpele por mi retrospectiva de rufián. Qué ofrecerle cuando me siga hasta el tugurio de Andrés el Temerario y allí mismo me confiese soy tuya, amor. Presumo que ya no valgo para tejer y destejer el tiempo con empeño casi casi bárbaro. Este sopor me postra como una idiota marioneta. Dondequiera vaginas a buen precio, bocas más rojas aún que el hastío, cuerpos tan bien desalentados que se asemejan a resbaladizas papeleras caídas en la noche de los sábados. Todo deseo es, en irrefutables pegajosidades, literatura…

Los actos más puros son los que acaecen desde la lejanía, cuando miramos con circunspección las piezas del puzzle y no reconocemos en ellas nuestro signo, las huellas de ese crimen que fue nuestra juventud, el episodio en que por mediación de un botarate no perdimos la vida de milagro. O lo que es lo mismo, nos fiaremos de quienes nos recuerdan sentados a la sombra de una acacia, en junio, y éramos nosotros. Pero lo verosímil es dejar hacer y deshacer al tiempo. Aunque desde aquí, desde la mesa sucia en la que escribo, la existencia se ve peor de lo que pensaba, por las calles, o eran coles, de Bruselas, con A. de mi brazo y los cigarros fétidos y el amor hecho brutalmente de pie, porque ella no quería acostarse en ningún lado y yo la amaba con locura. Ahora estoy solo y de nada me sirve el consuelo de haber vivido mucho. Son consideraciones aberrantes con las que podremos sobrevivir un día más, y el asco a veces de tal supervivencia me perjudica más que las mezclas de alcohol y mala leche y el Lioresal para tantos calambritos. Menudo apaño la casa que un día le adquirí a Carles B. para que se cobijasen las chicas. Pienso en él y me apesadumbra su muerte, dos años atrás, como si con un error todo hubiera terminado. Los amigos, qué tontería los amigos: los tienes y son titiriteros de su propia necesidad para contigo. Y si no los tienes, que se jodan.

Vino con su ropa la muchacha nueva y fui blando, por su carita hermosa y su entrepierna mansa. Una más en la familia. Se llamará a partir de ahora Betty, que es un nombre etéreo, o por lo menos de puta muy etérea. Está de acuerdo en líneas generales y me alegró un tanto la velada. Con dos de azúcar… Yo conocí Cambados de niño, le dije, y se echó a llorar.

Presentación en Madrid de Este cuento se ha acabado

Mañana, martes, a las 19:30 h., tendrá lugar en la librería La Central de Callao (C/ Postigo de San Martín, 8), la presentación de Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), recientemente aparecido en la colección Calle del Aire de la editorial Renacimiento.

Intervendrán en el acto el escritor Alberto R. Torices y los poetas Juan Carlos Mestre y Rafael Saravia, venido este último expresamente desde México.

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Hace cuarenta años, al tiempo que se consumía un dictador de larga sombra cenicienta, hilaba sus primeros versos un joven que poco después se presentaría con un poemario de título a la vez enigmático y revelador: Variaciones, Total S.E. ú O. Cuatro décadas y muchos libros más tarde, y acaso completando el ciclo de las variaciones ejecutadas en torno a los temas entonces elegidos («Amor, Soledad, Muerte y Asuntos Parejos»), vemos reunida la summa de la poesía de aquel muchacho, Luis Miguel Rabanal, autor nacido en la montaña leonesa en 1957.

Un gran ciclo poético se cierra sin que ello suponga necesariamente un punto final, pero sí es momento de ver reconocida la figura y la obra de uno de los poetas españoles más importantes de nuestro tiempo. Miembro de la generación que llenó de aires nuevos el panorama poético español de los 80 (Juan Carlos Mestre, Luis Martínez de Merlo, Blanca Andreu y tantos otros), Rabanal se dio a conocer con poemarios que aunaban temática amorosa e imaginería surrealista, una decidida voluntad de experimentación no reñida con el apego a los orígenes y a su entorno rural. Con los años, esas marcas se fueron sedimentando y dieron paso a una poesía intensa y depurada, tanto como extensa y doliente; poesía rigurosa y trágica de un autor acosado por la enfermedad y la pérdida progresiva de la movilidad, que nunca abandonó sus temas (amor, soledad…) ni renunció a impregnar su poesía de ironía y humor, y que verso a verso nos ha ido dando la medida exacta de ese misterio irresoluble que es vivir.

Hasta Tres inhalaciones (2014), son veintidós los títulos que Rabanal ha publicado y que, llegada la hora de hacer balance y rendir cuentas, ha querido disponer en el orden inverso al de su aparición, un gesto en el que advertimos el itinerario de una relectura personal y quizá también una voluntad de retorno al punto de partida, una vez cumplida la tarea que este poeta echó sobre sus hombros. Incluso podríamos ver el desenlace de este viaje de regreso en el reencuentro con aquel chaval de escasos veinte años que escribió:

De soslayo miré un momento al hombre
inciso en el oscuro salón
desgranábanse las cuentas del rosario crucifijo
era él quien dijo «estad seguros
de mi vuelta».

Sabemos, con todo, que la poesía reunida (publicada) de este autor no es más que la parte visible de todo su trabajo, y que son muchos más los poemarios que permanecen inéditos en ‘el cajón’. Por eso y por la feliz noticia de un volumen de referencia llamado a instalarse y perdurar entre las obras fundamentales de nuestra poesía reciente, esperamos que Este cuento se ha acabado sea, muy al contrario, un cuento que ya no se acabe nunca.

© Alberto R. Torices 2015

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http://www.lacentral.com/agenda/madrid/evento/este-cuento-se-ha-acabado-poesia-reunida-20141977-de-luis-miguel-rabanal-112041

Este cuento se ha acabado en Filandón

Este cuento se portada
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EL FRIO EMPAPADO DE LA NOCHE / José Enrique Martínez

Este cuento se ha acabado, Luis Miguel Rabanal, Renacimiento, Sevilla, 2015. 776 páginas.

Decir Luis Miguel Rabanal es columbrar una oleada de palabras movidas al ritmo del amor y del dolor. Toda su vida se ha visto amarrada a la pluma y al deterioro corporal. Con una voluntad inflexible sigue dictándole al ordenador las esquirlas de su mundo, que es ya propiedad de los lectores. Cuando el fuego amigo (Leteo) ha promovido la reunión de su poesía nos encontramos con un volumen de más de 700 páginas que el poeta ha titulado Este cuento se ha acabado. Pero no, Luis Miguel, mientras haya aliento, habrá poesía. El volumen se subtitula Poesía reunida (2014-1977). El poeta ha querido que el lector progrese en sentido inverso al tiempo, del presente hacia el pasado, recorriendo el camino que va de Tres inhalaciones (2014) a Variaciones (1977), aquel sorprendente libro juvenil. En esa ruta inversa son 22 los mojones con los que va gozosamente tropezando el lector. Casi a libro por año. Y lo que venga, porque, pese a título tan conminatorio, Este cuento se ha acabado, al poeta de Olleir no se le ha terminado el resuello lírico.

Repaso el índice y de algún modo me veo reflejado en él, pues la mayoría de los libros hallaron acomodo en Filandón. Evoco textos que dejaron en mí profunda huella: Cáncer de invierno (1998), por ejemplo, que nos sumerge en abismos de dolor y muerte, Mortajas (2009) y Fantasía del cuerpo postrado (2010), impregnados de tristeza, soledad y muerte, al igual que A la que falta (2013), sobre la ausencia definitiva de la madre.

Mi lectura actual tiene algo de paradójica, pues a la lectura inversa se sobrepone la primera, realizada a medida que los libros iban apareciendo, de modo que si antes caminaba del amor al dolor ahora voy de este al amor que tematizaban Palabras para Obdulia (1985) o Libro de citas (1993).

Este cuento se ha acabado se rodea del calor y el entendimiento de otras plumas. En el prólogo, Gamoneda traza una carta cordial, con «verdades» poéticas y aserciones como la que propone que el poeta vuelva, si quiere, a su sufrimiento, pero «para convertir tu sufrimiento y convertirte a ti mismo en sílabas transparentes». Por su parte, Sánchez Santiago traza «Cinco maneras de convocar la intensidad», indagaciones de su entendimiento de la poesía de Rabanal. En el epílogo, la fiel compañera del poeta, MJ Romero, también poeta, nos regala trémulas palabras de amor y cuidados de cada día. El conjunto es una fiesta a la que todos quedamos invitados.

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http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/frio-empapado-noche_972401.html

Dos poemas de “La orilla detenida”

Viene de lejos la esperanza
Es una bala perdida
en busca de un alma perdida.
Hay quien huye de ella.
Hay quien la busca.
Hay quien la encuentra
absurdamente
como una miga de pan
o un diente de leche
en la orilla de un río
que no existe.

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Creo en la orilla detenida
en los pájaros del amanecer
en las ramas secas del olvido.
Creo en el barro mojado de la linde
donde la corriente sabe del mundo
y lo gana con melodía y paciencia.
Creo en el espejo traspasado del mar futuro
y en el clamor de las barcas rotas
creo en las bocinas de los barcos
y en mis manos grandes en tu rostro:
Otra mañana flota espesa ya
junto a la quieta orilla que habitamos.

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Pablo Javier Pérez López, “La orilla detenida”, Editorial Manuscritos, Madrid 2015

Entrevista capotiana en Alma en las palabras

Este cuento se portada

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Luis Miguel Rabanal.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
-Olleir, entre otras cosas porque es el paraíso.
¿Prefiere los animales a la gente?
-No, no, para nada.
¿Es usted cruel?
-Pienso que no, al menos no conscientemente en la vida, digamos, real. Sí, en cambio, en la escritura, acostumbro a ser cruel con un personaje poemático que se me parece bastante los fines de semana.
¿Tiene muchos amigos?
-No, solo los justos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
-La amistad, a secas, con lo que ella conlleva de alejarse más allá de lo perverso.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
-Siempre hay alguno que destaca por su reincidencia, pero nada grave.
¿Es usted una persona sincera?
-Lo intento, lo intento.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
-Ser tetrapléjico profesional las 24 larguísimas horas del día genera un tiempo libre más que maravilloso.
¿Qué le da más miedo?
-La enfermedad de las dos personas que adoro.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
-¿Don Mariano y sus secuaces, tal vez?
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
-Farero de noche, escenógrafo y soplagaitas mayormente.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
-Bachata, y de forma menos constante algo de lambada.
¿Sabe cocinar?
-Claro, faltaría más. Mi especialidad podría ser la siguiente: caracoles con mucho mojo picón y un poquito de leche frita salteada.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
-A mi abuela Rolindes.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
-Ama.
¿Y la más peligrosa?
-Arma.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
-No, no, no.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
-Izquierda republicana.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
-Arqueólogo, sin dudarlo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
-Creo que los acumulo todos.
¿Y sus virtudes?
-Creo que ya no me queda ninguna por explorar.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
-Hay varios momentos al cabo del día en los que me ahogo y jamás me imagino algo que no sea: quiero respirar quiero respirar quiero respirar quiero respirar quiero respirar.

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Gracias, Toni. http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/2015/03/luis-miguel-rabanal.html

Palabras al oído del poeta Luis Miguel Rabanal

Antonio Gamoneda, Tomás Sánchez Santiago, Rafael Saravia y Alberto R. Torices. Cortesía de Vicente García.

Antonio Gamoneda, Tomás Sánchez Santiago, Rafael Saravia y Alberto R. Torices.
Cortesía de Vicente García.

El escritor Tomás Sánchez Santiago leyó este texto el pasado martes 5 de abril durante la presentación en León del libro que recoge toda la trayectoria poética de Luis Miguel Rabanal, “Este cuento se ha acabado (Poesía reunida 2014-1977)” (Editorial Renacimiento). El acto se celebró en la sala Región del Instituto Leonés de Cultura (ILC), que se llenó de público, y a la mesa se sentaron también Antonio Gamoneda, Rafael Saravia y Alberto R. Torices.

Enfrentarse a toda la escritura de un poeta tiene algo de tumba y abismo, algo así como la exigencia de un atragantamiento que hay que saber salvar. Se mira el volumen con prevención, no tanto por la densidad efervescente que ahí dentro espera —lo sé, sé que hay fósforo en este libro azul de más de 700 páginas que voy llevando conmigo hace tiempo de un sitio a otro de la casa— como por la dificultad de convertir en lectura pura todo ese espesor que en él se encierra: años, inviernos, cuerpos, apariciones… Toda obra completa —y más en poesía— es una extraña catástrofe inevitable a la que el poeta convida. Siempre es así.

Aún más intensidad provoca la poesía reunida de Luis Miguel Rabanal. El título, lapidario, ya estremece: ESTE CUENTO SE HA ACABADO. ¿A qué se refiere el poeta con esa palabra —“cuento”— que recuerda a aquel poema memorable de León Felipe? ¿A la propia vida? ¿A la poesía? ¿O ambas son lo mismo? ¿Qué se nos entrega en el libro, entonces? ¿Una obra o una vida? Como quien elige hacer un álbum desde lo reciente a lo encallado, Rabanal va excavando estratos —o sea, libros— en una tarea geológica hasta llegar al magma del origen. Así se desafía ese proceso que se llama ‘evolución poética’. Más bien parece que el poeta empujase el presente hacia el pasado y lo hundiera en una escritura lejana casi 40 años después. Antonio Gamoneda lo acierta a decir así en sus palabras preliminares: “el presente está siempre cesando”. Y así es en esta escritura de escarbamiento, de remonte. El poeta señala con la memoria espacios, lugares, actos. Y antes de nada se señala a sí mismo en una autoinspección donde hay descarnamiento, corrosión, humor, cautela… Yo mismo traté de decirlo así en el propio libro:

“Te tratas de cerca a ti mismo, como quien pide hacer un zoom en una fotografía para que la carne despotricada ya en las imágenes ingrese en otra dimensión. La dimensión que sabe captar el naturalista. Como en los autorretratos de Bacon, como en los animales despellejados de Soutine o en aquel buey de Rembrandt, que debería tener bajo el marco del museo una palangana donde goteara sangre con constancia irregular, tú nos ofreces el sacrificio de un cuerpo que macera, en su extraña sabiduría, al tiempo de otra manera. Nos desvelas de noche a todos hasta una agitación nocturna con las imágenes que nos plantas ahí, en plena cara, para procurar el ejercicio del mandoble. Por ejemplo, un niño interrogado por un afilador (“IN ICTU OCULI”, sin duda). La muerte y sus ruedas —como las de los santos mártires— que echan chispas. Queda el verso flotando y nos vamos alejando deprisa y a propósito de esa conversación de trallazos que no pueden traer más que la disipación de la benevolencia. Nadie quiere aguantar el peso de la verdad. Quien sabe la verdad es, siempre, el poeta. Nos revela dónde se halla pero se apiada y no lo repite. El verbo del poeta es, también, el verbo señalar. Señalar por una vez. Y basta”.

El otro eje que podría sostener buena parte de la poesía de Luis Miguel Rabanal es ‘la carencia’. Toda la poesía en general va hacia ella; persigue, como es sabido, un adelgazamiento en busca de las últimas láminas justas del abecedario: la verdad suficiente. Pero también el comportamiento de este libro retroactivo se aparta de esa costumbre. La progresión, aquí, es ir hacia atrás. ¿Hacia dónde? Hacia los estambres finales de un tiempo seminal. Así podría lograrse salir del tiempo histórico y detenerse por fin en ese otro tiempo sin norma, tiempo primordial —porque fue el primero— en que se plantearon sin saberlo las palabras decisivas sobre las que crecieron todas las otras, que vendrían luego. No en vano algunos títulos de poemas escritos —¡atención!, a finales de los años 70 del siglo XX y que de repente han sido destinados a ocupar las páginas finales de esta poesía reunida— son “Silencio”, “Son los silencios”, “El furgón del recuerdo dijo adiós” o, el último de todos en el libro, “Final de las palabras”. En uno de ellos se lee este verso con voluntad terminal:

“No se hable más que los dioses nos oyen”

Tomemos por el tallo ese verso. Han llovido sobre él casi 40 años y el poeta ha seguido escribiendo encima de él en esa escritura que hemos llamado estratificada. No desplegar la secuencia horizontal del tiempo sino poner un libro encima de otro, una baraja completa —eso dice él— llena de registros y timbres bien distintos pero que nunca se han alejado lo suficiente de aquellas propuestas iniciales, como si frente a la duración el poeta prefiriese la intensidad; a eso me quise referir en las últimas palabras que dejaban el libro servido:

“Dinos a nosotros en qué almacén de intensidad encontraste esa manera de negociar con los nombres como si fueran moluscos que viven arrastrándose hacia el origen y saben descifrar el forro oscuro de los abecedarios. Nombres como Olleir, como Ecrem, con el esfuerzo de sus sílabas a contracorriente, tal como si no quisieran entrar con los demás nombres en los desgastes que el tiempo y el uso desmedido deja en la piel amostazada de todo cuanto sirve para creer en las designaciones.

El habitante inestable de tus poemas nos ha ido hablando de todo eso. Tú lo proclamaste en el lenguaje de las noticias que expiran en sí mismas y no admiten acudir a la prueba del nueve para mostrarlas en el espejo glacial de lo que puede comprobarse:

Existió en las ventanas
un muchacho
que dibujaba la melancolía subido a los árboles en julio

De ese muchacho sin suelo —desolado— aprendí que el gesto súbito de los relámpagos y la maquinaria del cuerpo en el amor tienen que ver también, como la aparición de los recuerdos, con la ley furiosa de la improvisación. Leerte, desde entonces, es salirse del cauce de los actos y tomar el lenguaje por la sílaba que más arde. Y a ver qué pasa. Para volver a saber que hay alguien que vigila las palabras y las cepilla a contracorriente, como se cepillan los trajes de las ceremonias infantiles y el cabello azulado de las mujeres que aún viven contigo en las primeras baldas de la alacena de tu corazón, jamás domesticado”.

© Tomás Sánchez Santiago 2015

Gracias, Eloísa, por el préstamo. http://tamtampress.es/2015/05/07/palabras-al-oido-del-poeta-luis-miguel-rabanal/

Este cuento se portada

Ingles azules por la niebla

El derviche trenzaba la soledad, construía con su gesto otro gesto invariable, serenaba el contagio y colocaba esponjas impregnadas de colonia con dulzura en tu vientre. Prefieres, no obstante, el regocijo que sobreviene cuando ya no hay remedio: la garganta muy atribulada, magnolios podados en el Parque, nada de color rojo a pesar tuyo en los sueños. Cualquiera podría ser el comprador privilegiado de tu culpa, bajarte la nube y de un solo esbozo imaginar desvaríos. Alguien mima su teclado, se oye desde aquí el leve lenguaje que no acierta jamás, te amaré eternamente, le escribe en el papel invisible. Se apartan por fin como dos enamorados que sufren al unísono el celo asustado del infierno, se arrancan la blusa y suben cada uno sin cesar a su hastío, que es vendaval o que ya no es la usura. Ya no debes al derviche la risa, ahora tu oración es puntual y tristísima, enredas los dedos alrededor de un ínfimo espacio que no obtienes al rendir su tributo. Seguro que sufre, recordará sus montañas más tarde o temprano, si no se lo impides morirá junto a ti. A tu cuerpo le falta la sombra.

Presentación en León de Este cuento se ha acabado

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Mañana, martes, a las 20 h., tendrá lugar la puesta de largo de Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977) en la sala Región del Instituto Leonés de Cultura, calle Santa Nonia, 3 de la capital leonesa.

Alberto R. Torices, Antonio Gamoneda, Rafael Saravia y Tomás Sánchez Santiago pronunciarán palabras más que interesantes al respecto.

Al final del acto el público asistente bailará, es muy posible, jotas, chanos y demás jovialidades.

Este cuento se ha acabado en El Norte de Castilla

Este cuento se portada
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Por Pablo Javier Pérez López

BUSCAR EN LA SOLEDAD LA VIDA

Luis Miguel Rabanal (Riello, 1957), poeta leonés, residente en Asturias, con una larga trayectoria poética que comienza con la aparición de Variaciones en 1977 y abarca tras casi dos decenas de libros (entre los que destacan especialmente Obdulia Azul, 1980, Labios de la locura, 1983, (Técnicas) para abrazar un oscuro nombre, 1985, Libro de citas, 1993, Cáncer de Invierno, 1998 o Música para torpes, 2012) hasta la publicación, el año pasado, de su libro Tres inhalaciones, ve estos días y como una especie de poesía reunida, de colofón provisional, su poesía completa reunida en un amplio libro editado por Renacimiento que comprende cerca de una veintena de libros de poemas. El título de la recopilación es Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977) y cuenta con frontispicio de Antonio Gamoneda, prólogo de Tomás Sánchez Santiago y epílogo de MJ Romero.

Luis Miguel Rabanal es además autor de dos libros de narrativa, Elogio del proxeneta, 2009 y Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza, 2010 y de una antología bilingüe del poeta catalán Miquel Martí i Pol realizada junto con su compañera MJ Romero.

Su tetraplejia derivada de un accidente doméstico en 1997 ha condicionado fuertemente su poesía pero también la ha fortalecido y encaminado hacia temáticas necesarias a su circunstancia y que sin embargo son las temáticas esenciales de un hacer poético verdadero. Quiero destacar aquí un verso de su último poemario, Tres inhalaciones, que dice: buscar en la soledad la vida, y esa, circunstancia del poeta, es si cabe más penetrante en la vida y la obra del poeta de Olleir, como gusta él de escribir Riello o mejor, de reinventarlo y revivirlo. Su hacer poético, hoy posible gracias a las maravillas tecnológicas y de un poderoso programa de voz que irónica y cariñosamente en su casa llaman dragón, nos acerca a su realidad al tiempo que nos muestra la nuestra, recordándonos lo que queremos olvidar. Y es en ese diálogo con su memoria y con nuestra memoria donde se construye la poesía.

Interesante y significativo resulta no apenas el título de su poesía reunida sino que los libros y poemas se ofrezcan en el orden inverso al habitual, al cronológico, pero está claro que tal como el envés del nombre de Riello, la vida y con ella la poesía de Rabanal se nutren de un deseo de regreso al origen, a la infancia, la juventud y la carne primera que se enraízan en esa presencia de lo ausente de la que suele estar construida la trama de la poesía verdaderamente tejida como esencial y no como mero ornamento estético. Hay en esa nostalgia de la vida inocente una profundidad difícilmente igualable y una verdad maciza tan presente como la misma ausencia, como el mismo abismo que parece habitar su autor.

En su poesía se abrazan híbridas y certeras, la libertad radical, la narración de un continuo autorretrato, el dolor, la erotización y la evocación de un habitar poético que regresa al origen, el de los buenos tiempos que es sólo una de las poderosas imágenes habitadas que pueblan sus poemarios. En su poesía reluce también, entretejida de imágenes poderosas que tienen origen en lo interior pero quieren anclarse al mundo, un profundo diálogo con su compañera también poeta y una constante afirmación de los otros como razón de existir.

Que la poesía es algo que sirve para limpiar el sufrimiento y transformarlo en belleza, que es una narración y una memoria de un solitario que recuerda el pasado y el futuro, que es fraternidad y diálogo, amor brotado, reniñez, habitación obstinada del mundo, es algo que ya sospechábamos e incluso sabíamos pero que nos queda mucho más claro después de leer a Luis Miguel Rabanal. Si hay algo, por otra parte que se asume como certeza ineludible con la lectura de sus versos y aún más de esta su obra reunida, es que la palabra puede salvar la vida y convocarnos a lo más sagrado que hay en la vida incluso aún detrás del sufrimiento. La palabra aún invisible y mentirosa, aún a lomos de su dragón, es tan valiosa como la presencia y la ausencia futura. En la soledad de un cuerpo está el mundo y con él, nosotros.

reseña Norte de Castilla
(En el suplemento La sombra del ciprés. Valladolid, 11 de abril de 2015)

Vienen y se van…

VIENEN y se van
y escuchas sus lamentos,
te enardece su ternura y quieres
lo mismo que ellos quieren.
Dormir entre sus prisas
no es fácil, ni tampoco caminar
hacia su larga distancia: aparentas
un hombre sin fortuna.
Te rindes ante este fenómeno
desproporcionado de la vida,
la muerte forzosa.
Ves en sus rostros el tiempo
que les llevará encontrarte.
Si hasta parece que te aman.

Dos poemas de “Primavera en noviembre”

36

Quisiera
que aquel primer
día
del mes de los muertos
se repitiera siempre
en mi biografía.
Siempre
para volver a la misma mesa.

 

38

Me he dado cuenta
que paseo
sobre la planta de una mano boca arriba.
Los surcos de tiempo
me acercan
serios
al umbral de la eterna mirada.
Encerrado en su corazón
me alimento
de páginas blancas
de pan
y de palabras.

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Fernando Vallejo Ágreda, “Primavera en noviembre”, Zaragoza 2014. Prólogo de Domingo Buesa Conde. Ilustraciones de Rubén del Pino.

Este cuento se ha acabado en Alcoba paralela

Este cuento se portada

Yo no suelo recomendar libros de poesía, creo que uno llega a ellos porque previamente hay una búsqueda, una necesidad que nos vincula a determinado poeta, a su obra, en resumen, una causalidad: así me sucedió a mí con Luis Miguel Rabanal.

Su manera de decir, de indagar, su mirada que convoca y sugiere, su percepción, su extrema sensibilidad y su extensa obra poética han dado lugar a un libro que hoy sí quiero recomendar con vehemencia y admiración: “Este cuento se ha acabado” (una joya), que lleva un frontispicio de Antonio Gamoneda, un prólogo de Tomás Sánchez Santiago y un epílogo de MJ Romero, ¿se puede pedir más?

Anótenlo y no se lo pierdan, el profundo conocimiento de este hombre-poeta es un auténtico regalo para cualquier lector de poesía.

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(mon amour firestone)

Lo mejorcito de la autopista
es viajar contigo, claro,
y después los parkings no vigilados
donde poder acariciarte más a gusto.
Es este nuestro trato: tú conduces
y yo toco tus rodillas metálicas,
humildemente tuyo. En ocasiones
tus nervios no me permiten jugar
como quisiera y me llamas suicida,
pero son las menos.
Mejor que todo eso es volver
a nuestra casa, y ducharnos, y contar
los accidentes que tuvimos con fortuna,
y engrasar nuestra complejísima
ortopedia.

De O podríamos amarnos sin que nadie se entere (1988-1989)

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Gracias, Paloma. http://alcobaparalela.blogspot.com.es/2015/03/este-cuento-se-acabo.html

Este cuento se ha acabado en Tarántula revista cultural

Este cuento se portada

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Por Alberto R. Torices / MÁNDAME LIBROS (III)

Querido A…, me preguntaba si detrás de esa desazón que os mueve a emborronar folios y más folios, hasta acabar llenando cuadernos y carpetas y cajones, e incluso armarios literalmente llenos de papeles sobre los que una vez volaron en filigrana vuestros dedos, me preguntaba, digo, si detrás de tantas palabras y más palabras como amontonáis los letraheridos no habrá una necesidad última de S I L E N C I O, una voluntad inconfesable —entiéndeme— de callar de una vez… Mejor no respondas, sólo es que hoy se me ha puesto la pregunta delante, como ese amigo tan encontradizo y un poquitín pesado, ya sabes. ¿También a ti te pasa? A lo mejor es cosa mía, mi chica dice que soy un misántropo y no sé qué otra cosa…

«El poeta no sabe qué hacer con los versos escritos
y hay bolas de papel atrancando las puertas, no está en sus cabales.»

Ni falta que le hace, y dejémonos de silencios, por ahora.

Te mando el tercer volumen de Nuestra Nueva Biblioteca, que llegará hasta doce, ni uno más, y estará completa. Te podrá parecer que doce son pocos libros, y ya ves, sólo con este que te envío hoy sería suficiente para que quedara todo dicho y, por añadidura, ordenado. Pero hay que decir las cosas otra vez, o sea, una y otra vez; hay que seguir diciéndolo todo sin hartazgo ni fatiga, hasta que nos cubra el gran manto blanco y callemos al fin…

Te cuento. Ya sabemos que las cosas pasan cuando pasan, pero algunas veces, es verdad, se diría que pasan cuando tienen que pasar, ni un minuto antes ni uno después. Casi dan ganas de volver a creer en Alguien que de vez en cuando se molesta en poner un poco de orden en medio de tanto desmadre y tanto lío. Resulta que hace cuarenta años comenzaba a probarse en la esgrima de los versos un chaval nacido en la España verde y profunda, sobre la que aún se cernía la sombra podrida de aquel generalillo desalmado y canijo, el del tipo esmirriado y la calva y el bigotín. «Nunca la luz se puso intensa como ahora» empezó diciendo ese muchacho, y poco después: «Verso tras verso goteaba el poema ardiente». Así era, así siguió siendo hasta hoy. Gota a gota cayeron los versos y los libros, y también sin querer los años hasta completar la cifra bíblica y formidable de C U A R E N T A, y justo ahora vemos reunida la obra de Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957), que después de todo no ha dejado por completo de ser aquel joven, el que en su carta de presentación se proponía hablar de «Amor, Soledad, Muerte y Asuntos Parejos». Aquel joven pero dado la vuelta, quiero decir, un poeta que retorna al encuentro de sí mismo y de sus lectores —que son fieles y son legión— una vez completado el vasto ciclo de variaciones sobre los temas señalados: más de setecientas páginas de poesía, envueltas de regalo y con un lazo encantador y tristísimo que pone Este cuento se ha acabado (Poesía reunida 2014-1977). Toda una vida de poesía, nos tienta mucho decirlo y dicho está, pero en realidad no es así, entre otras cosas porque el gigante azul que es este libro no recoge toda la obra de su autor, sólo la elegida por el azar o los jurados para hacerla pública. Da igual, sigue siendo mucho. «Espero que el tiempo me devuelva la ilusión multiplicada», decía asimismo el poeta en ciernes, y lo espero yo también, en vilo. El tiempo devuelve a nuestra orilla ilusiones multiplicadas en añicos y otros restos del naufragio: un jirón de tela, un cacho de tabla, un vidrio roto. No son recuerdos, no son vestigios. Es uno mismo, glorioso y hecho polvo y completo al fin, llegando a su destino después de haberse partido duramente la cara con la vida.

El casi kilo y medio de poemas que es Este cuento se ha acabado tiene algo de recuento de cicatrices y batallas, se parece bastante a un cofre de tesoros: copas doradas, negras gemas, brillantes doblones de cantos machacados. Pero si lo miras bien, amigo mío, verás que se trata del propio corsario en carne y hueso, el que un día partió lejos y se ausentó largamente, y lo dio todo y todo lo perdió, y desconocido pero inconfundible regresa al fin y se nos sienta al lado, presencia lenta y luminosa, y extiende las manos hacia el fuego común, y empieza a contar:

«Hubo alguna vez un cuerpo joven que contaba las estrellas
abrazado a alguien que a su vez lo amaba […]»

Dice el azucarillo de hoy, punto y aparte, que Al andar se hace el camino, claro que sí, pero añade que al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. Pues me da a mí que sí, don Antonio, y que no hay más remedio. La mitad del viaje es el camino de vuelta y lo que vemos entonces es el mismo paisaje pero de otra manera y con otros ojos, a la luz de la experiencia y de la tardecina. El descubrimiento no estaba en el destino, sino en el regreso al punto de partida. Volvemos, desandamos y así terminamos de comprender, así reciben su respuesta las preguntas acuciantes, se nos revelan los misterios y las fuentes donde aplacar al fin la Gran Sed, el regazo donde recostarnos y calmar el Gran Dolor. El buen Luismi a lo mejor hasta está un poco de acuerdo con algo de todo esto, y por eso ha reunido su poesía justo al revés, poniendo por delante lo último («Al final de la curva / el frío empapado de / la noche») y terminando con lo primero que escribió, visionario e imberbe («El final no pudo acabar más lentamente / las aberturas / cerradas de pronto ruido / se sucedieron en ínclita alegoría de lechos»). Y yo no sé, no estoy muy seguro de lo que digo, pero amo esta poesía y quiero a este hombre y espero que después de este tomazo vengan más versos y años, más libros y encuentros. Aun así, me parece que con este título se cierra un ciclo poético fecundo y monumental, cumbre de nuestra poesía reciente y española, y escribirlo me pone dichoso y me colma de pena.

«En el camino de vuelta a casa
se protegen los viejos del sol
y se airean las historias de novias
que solían llorar al saberse
desnudas.»

Dime si cosas así no te ponen a ti también inmenso e inclinado, lloroso y azul…

Algo que se parece mucho a una ley natural, valga el oxímoron, hace que todo poeta y todo hombre recorran una trayectoria equivalente, que es la que nos arroja desde la lanzadera del amor a la diana de la muerte. Se trata, creo, del mismo fenómeno por el cual la boca fragante cuyo aliento nos extasía, etcétera, acaba albergando una fea caries, y más tarde un nido de gusanos. Somos el fruto híbrido de un extraño y fértil enlace entre el blanco amor y la negra muerte, o al revés, hijos muy pródigos y díscolos, eso también, que precisan rebelarse y gozar un poco, jolines, y blasfemar y meterse en líos, y así el amor y la muerte se nos tiznan de ensueños,

«Diane Keaton se ofrecía
puntual, me conminaba a beber
Coca-Cola de sus pechos,
y no sé qué mas pifias
hicimos juntos en Manhattan.»

de erotismo,

«Pienso en ti cada noche, cuando todo es silencio
o ruina, y gimen los ángeles en sus cajitas
de humo, y las muchachas, como tú, os vestís
para un príncipe de enorme glande azul que aprieta
en vuestros muslos.»

de ironía,

«¿No serán los poetas los causantes de la crisis
que nos hunde en el fango, los autores
directos del calentamiento global, los culpables
incluso de la caída en picado de las vocaciones
agustinianas tan pías y elegantes?»

de negro sarcasmo,

«Desde tu tumba ves pasar mucho mejor los trenes.»

y mucho más, todo lo indecible. El copioso caudal de una poesía hecha de luz negra, que gira y gira en torno al sumidero,

«y sin embargo todavía miramos con sorna el perfecto amanecer
de quien nos quiere, a pesar de la existencia que nos quita la sábana
de cuadros y azul y franela por la noche y en ella nos arropa.
Menudo estrambótico sudario.»

Y ya. Igual que el Riello natal tornó en Olleir, el poeta y el hombre desandan su camino hasta el punto de partida, al reencuentro de «El niño que se acostumbra a ponerlo todo en orden», de «aquella chiquilla y su merienda de membrillo», de «la madre que regresa con los calderos del agua», de «la leyenda de un mundo hermoso».

El poeta recoge las miguitas del camino y se recuenta, va terminando y yo, por más que releo y zumbo a su alrededor, sigo sin penetrar el misterio que albergan las palabras, y está bien así. Por más que digo y redigo, sigo sin atreverme a mencionar lo impronunciable, y es mejor así.

No te extrañes, querido amigo, si a la lectura de cualquiera de estos poemas le sigue un silencio P E R F E C T O, ese que decíamos más arriba. Sería lo más natural. Ámalo y recibe otro abrazo de tu íntimo

Alberto

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Gracias, Alberto. http://revistatarantula.com/este-cuento-se-ha-acabado-luis-miguel-rabanal/

Círculos

(B-a)

Alígera,
inhóspita al tesón de los perfiles,
espuma de alas, noche.
Intacta, desdeñosa
de los ecos que, siendo sino sombras,
se proclaman rotundos.
Alfa y omega, síntesis,
cero que pone
médula y rostro a cuanto vive o toma
del pensamiento vida.
Palabra:
absoluto inasible.

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Pablo Jiménez, “Círculos”, Diputación Provincial, Col. Leonor, Soria 2015. Premio Leonor 2014.

Tres inhalaciones en Reseñados

Rabanal_tres_Inhalaciones_alta
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Por Luis Vea

(Tres inhalaciones, Luis Miguel Rabanal, Amargord, 2014, 105 pp., 12 euros.)

A los que somos asmáticos el concepto inhalación siempre nos lleva al mismo lugar. Esa sensación de falta de aire que se cura con la inhalación de algún medicamento. No sé si Luis Miguel Rabanal (1957) es asmático -quizá debería habérselo preguntado- pero aquí creo entender su significado. Creo ver ese alzar la cabeza para respirar aire fresco cuanto todo alrededor está viciado hasta el ahogo.

Tres inhalaciones contiene tres poemas largos de temática diferenciada cuya característica esencial sea quizá la necesidad de respirar para abandonar el aire viciado. De respirar aire fresco, de libertad, de ahogo que necesita calmarse.

El primer poema, Las luces largas, parte de una cita que corresponde a una noticia aparecida en un periódico. En ella se habla de un accidente de tráfico. Habla también de otras hipótesis: suicidio, atropello, un conductor a la fuga. Luis Miguel Rabanal parece describirnos la escena, las sensaciones que pasan por el accidentado, lo que allí se ve y se siente y en una posible historia y su devenir posterior (p. 9):

“Se acerca la luz
como el mal se acerca.
Nada ya se oye”

Y también en (p.17):

“Morir no tiene por qué
ser diferente a pasar
las aguas con cautela”

La segunda parte contiene un conjunto de poemas bajo el título genérico de Pequeña galería de poetas sin reloj. En dichos poemas, cada uno de ellos titulado, aparece nombrado un poeta. Cada poema viene precedido de una cita de dicho poeta y da la impresión de que el contenido del poema parece recrear o estirar de la historia de la cita. Al final los poetas se interrogan sobre sí mismos o sobre el oficio poético y sus alrededores. Hay un poco de ironía, algo de absurdo y de chanza, de reírse de uno mismo (p.31):

“¿Por qué enmudecen los poetas
a las seis de la tarde? ¿Por qué se desabotonan
la camisa como si nadie estuviera?
Que alguien nos saque de dudas,
por dios.”

Por estas páginas pasan: Efraín Huerta, Rosa Chacel, Jaime Gil, Anna Ajmatova, Philippe Soupault, Neftalí Reyes, Unica Zürn, Victoriano Crémer, Wystan H. Auden, Luis Cernuda, Marina Tsvetáieva, Panayoti Seretide, Carlos Edmundo de Ory, Álvaro Mutis, Césare Pavese, Gottfried Benn y Marguerite Duras.

Otros ejemplos (p. 33):

“Los poetas benditos, los poetas malditos,
esos sí que experimentan unas ganas de morirse
locas”

“¿Habrán sido los poetas alguna vez
verdaderamente felices?” (p.35)

“Las poetas permanecen ensimismadas alrededor
de la encina, han salido un ratito a mirar
el estertor de la noche” (p. 42)

“Los poetas orinan en sus manos en sueños” (p.46)

La tercera parte contiene un largo poema de amor, es un decir. Su título: Un poema de amor. En él fundamentalmente se habla de un caso de malos tratos, de vejaciones, de violencia contra la mujer (p.50):

“no me des en la cara por favor he sido buena
acataré lo que tú digas”

El poema parece ser un diálogo entre el maltratador y la maltratada.

“no me veas con odio
no soy ruin como insinúan afuera
me mortifican tus ojos si miras a alguien” (p.56)

Tres inhalaciones, tres instantes en que uno necesita respirar aire fresco, de Luis Miguel Rabanal.

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Gracias, Luis. http://luisveagarcia.blogspot.com.es/2015/03/tres-inhalaciones-de-luis-miguel-rabanal.html

Poema atolondrado

ADIVINA QUIÉN se acordará de ti
en el estruendo, le dice tenuemente.
Quién se enojará contigo
cuando sufres y el sudor
es muy breve y es pasto de tapires.
También es útil recrear
aquello que bastaba en tu ternura,
sus caderas apuntando
al norte despoblado de la vida,
labios estirándose hasta un lugar
inconcebible, maravilloso, verde.
Quién se acordará de ti
en la desposesión, dice, como un rito
que tropieza en tu cuerpo
y lo mutila.

Este cuento se ha acabado en Tam-Tam Press

Este cuento se portada
.

“El gordito azul”, la poesía reunida de Luis Miguel Rabanal, ve la luz en Renacimiento

Por Eloísa Otero

“Muchas gracias, amigos. El gordito, estupendamente bien. Lo tiene todo en su sitio, es precioso. Y tampoco son tantas páginas, solo 776”. El poeta Luis Miguel Rabanal observa los primeros ejemplares físicos de su “Poesía reunida” y habla de sus sensaciones (por el Facebook). Se lo acaban de llevar a su casa de Avilés, desde León, los poetas Rafael Saravia y Alberto R. Torices. Para Luis Miguel, este libro es su “gordito azul” y mucho más. Para sus amigos y amigas, lectores y lectoras, esta edición supone un acontecimiento esperado y feliz. “Este cuento se ha acabado” es el título de un libro que reúne toda la poesía que Rabanal ha escrito entre 1977 y 2014.

Editado por el sello sevillano Renacimiento en la colección Calle del Aire, el volumen es un tesoro fabricado con amor, el de Luis Miguel Rabanal y el de sus amigos, los poetas Alberto R. Torices y Rafael Saravia, quienes, con la ayuda de MJ Romero, poeta también y compañera de Rabanal, han llevado a cabo el gran trabajo de recopilar y transcribir toda la obra poética dispersa del poeta rojo de Olleir.

Porque Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) reúne aquí todos sus libros y cuadernos publicados hasta la fecha, incluidos tres poemarios que salieron por primera vez en la red. El volumen cuenta además con varios textos cómplices: un frontispicio de Antonio Gamoneda, un prólogo de Tomás Sánchez Santiago y un epílogo de MJ Romero.

Perteneciente a la generación de los 80, Rabanal ha contado alguna vez que comenzó en la literatura por el deseo “de emular a un compañero de clase de COU, durante el curso 1974-75, en el instituto Padre Isla de León”. Sus primeros versos se publicaron en ‘La revista ‘Hydra’, en Avilés. Fue después de 1977 cuando a partir de la edición de su primer libro, Variaciones, el poeta trabó amistad con una de las creadoras de aquella revista, la poeta MJ Romero, con quien se casó.

A su primer libro se irían sumando un buen puñado de títulos, como Obdulia azul, Labios de la locura, La memoria buscando sus disfraces, O podríamos amarnos sin que nadie se entere, Cáncer de invierno, Mortajas o Música para torpes, entre otros poemarios, a los que habría que sumar una novela, Elogio del proxeneta, y un libro de relatos, Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza, para completar su bibliografía

“Mi escritura, al menos la de los últimos 20 años, se nutría de ese pasado al que me aferro como a clavo ardiendo”, aseguró Rabanal recientemente, al hilo de la publicación de su último título antes de éste, Tres inhalaciones (Amargord, 2014). Así que esperemos que, contradiciendo al título de esta poesía reunida ahora por Renacimiento, este cuento continúe…

Un poema de “Este cuento se ha acabado”

EL MENOSCABO

Tendría que haber dado por supuesto el amor,
siquiera su dentellada más triste cuando el tiempo es un cárabo
amarillo que tose amargamente subido en una silla,
como cualquiera de nosotros.

A lo lejos se vislumbra una luz que nos hiere, una forma
del dolor semejante a la piedra arrojada por un chiquillo muy serio,
el niño que se estremece por haber sido zarandeado por el hada rubia
que alienta en los lunes odiosos de la vida.

Los adivinos han vuelto a enjugar tu sudor, pareces imbécil
mirando la suma delgadez de sus manos, la sombra asesina
que coexiste en aquella película insufrible y en esta farsa boba.

Ya no sabes quién fue, tu tiempo se ha borrado de pronto
y sus pechos los cortó el invierno, las heladas, la nieve derretida
en los tejados de Olleir, ya no sabes nada.
Si eres o no capaz y hace frío en tu frente de anciano,
y quisieras morirte entre sus muslos y su desmemoria perfecta.

Ya no recuerdas tampoco los quinqués que ardían
lo mismo que una aparición, ni la pésima suerte de quienes arrasan
el pasado con sus carros de heno repletos de cadáveres.
O era de azucenas, vete tú a saber.

Próxima a tu cuerpo una mujer vigila con descaro el aire que te ahoga.
Te peina los cabellos con rabia y desmesura, limpia
tu carne y nada es lo que parece, nada es lo que la noche trae
hasta tu sueño, ese precipicio que es insaciable y enorme como tú.
También la vida esconde su adivinanza cuando nos quiere gustar.

Se quita la blusa, nos muestra las caderas, bebe con nosotros
y entonces nos hacemos, casi con serenidad, a un lado.
Quién te iba a decir que la negra luz del espejo roto
podría abofetearte ahora mismo con solo quererlo.

De La última vez (1998-2000)

.

Gracias, Eloísa. http://tamtampress.es/2015/03/08/el-gordito-azul-la-poesia-reunida-de-luis-miguel-rabanal-ve-la-luz-en-renacimiento/

El poema también aquí:
http://www.elbluesdeluzazul.blogspot.com.es/2015/02/elmenoscabo-tendriaque-haber-dado-por.html
https://felipejpg.wordpress.com/2015/03/02/luis-miguel-rabanal-este-cuento-se-ha-acabado/

Este cuento se ha acabado en Asperezas

Este cuento se portada
.

(mon amour firestone)

Lo mejorcito de la autopista
es viajar contigo, claro,
y después los parkings no vigilados
donde poder acariciarte más a gusto.
Es este nuestro trato: tú conduces
y yo toco tus rodillas metálicas,
humildemente tuyo. En ocasiones
tus nervios no me permiten jugar
como quisiera y me llamas suicida,
pero son las menos.
Mejor que todo eso es volver
a nuestra casa, y ducharnos, y contar
los accidentes que tuvimos con fortuna,
y engrasar nuestra complejísima
ortopedia.

De O podríamos amarnos sin que nadie se entere (1988-1989)

En “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”, Editorial Renacimiento, Col. Calle del Aire, Sevilla 2015. Frontispicio de Antonio Gamoneda. Prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Epílogo de MJ Romero.

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Gracias, Pepe. http://pepepereza.blogspot.com.es/2015/02/este-cuento-se-ha-acabado-poesia.html
También aquí:http://sopadepoetes.blogspot.com.es/2015/02/muy-pronto-alegria.html?spref=fb

.
o podríamos amarnos

En Trianarts

LOS ÑUBEROS

Cada noche un encontronazo con la suerte
de haber vivido tanto, como el embalsamador
contempla de cerca su cadáver y ya es casi bello
el pobrecín, y se sonríe.

La tormenta ha arrasado los pinos de Ovidio
y en la tierra se posan los grajos para despertarte
por última vez.
Sueñas aquello que destruye: granizos y guerrillas,
mujeres con un viejo mantón oxidado y niños de pie
entonando ignominiosamente el himno.
Cara al sol, les enseñaba con furia don Honesto.

Y mañana los duendes volverán a soplar las nubes.
Se dicen de ti barbaridades.

Los muchachos ya tienen bigote y alguien les espera
con la falda subida y sin bragas en el caserón de A.
Si quisieras ir tras ellos aún habría sitio para ti
entre sus piernas felices como el saúco
y la copla muy gozosa de los mirlos.
Mas eres pequeño todavía y está bien que así sea.

Deja de mirar el mundo como si fuese la playa
donde encontraron hace muchos años ahogado
y sin cabeza, una tarde de junio, al tío Florentino.
Lo tuyo es el tango y las piedras ligeramente
redondas.

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Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-los-nuberos/

Dolores de poesía en los bares 6

doleres2015

Seis años de ronda poética por los bares y calles del León antiguo. Seis años de poesía, amistad y cariño por parte de los auténticos artífices de la celebración; todos aquellos amigos que nos acompañan en las distintas paradas, etapas, estaciones.
Seis años y lo que ha cambiado todo en León, y lo que ha cambiado el ambiente poético, y lo que nos alegramos, sin duda.
Algunos de los bares donde hemos procesionado no existen como tales, la buhardilla del CCAN fue clausurada de malas formas y peores modos por las peperas autoridades municipales, el Bardalla ha cerrado por su propia mano recientemente. Este año incorporamos un lugar con solera entre la mayoría de los actuantes El Cardo.. El Benito contempla nuestros seis años de vida desde su centenario que celebra en este 2015, el Belmondo sigue sin parar en sus acciones y movidas y El Gran Café celebra sus conciertos, presentaciones y la inigualable jam sesión de los martes.
Y ahí estamos nosotros, esos que dicen versos en la noche, entre el vaho producido por el frío (no en vano ha sido un años de nevadonas) y el vapor del alcohol, la nómina de esta año está compuesta por los siguientes versificadores:

Luis Miguel Rabanal
Patricia Furlong
Ildefonso Rodríguez
Abel Aparicio
Silvia Diaz Chica
Jorge Blanco
Toño Morala
Silvia Abad Montoliu
Vicente Muñoz Álvarez
Xen Rabanal
Charo Acera Rojo
Víctor M. Diez
Eloisa Otero
Felipe Zapico Alonso

Programa:

El Benito, 21,30 horas
El Cardo, 22,15 horas
Belmondo, 23,00 horas
El Gran Café, 23, 45 horas

Se recomienda ingerir alimentos sólidos en algún momento de la ronda.

Seis años contando con los maravillosos carteles de Julia D. Velázquez, gracias amiga.

Nos vemos en los bares.

Zapi

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