Dos poemas de “Primavera en noviembre”

36

Quisiera
que aquel primer
día
del mes de los muertos
se repitiera siempre
en mi biografía.
Siempre
para volver a la misma mesa.

 

38

Me he dado cuenta
que paseo
sobre la planta de una mano boca arriba.
Los surcos de tiempo
me acercan
serios
al umbral de la eterna mirada.
Encerrado en su corazón
me alimento
de páginas blancas
de pan
y de palabras.

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Fernando Vallejo Ágreda, “Primavera en noviembre”, Zaragoza 2014. Prólogo de Domingo Buesa Conde. Ilustraciones de Rubén del Pino.

Este cuento se ha acabado en Alcoba paralela

Este cuento se portada

Yo no suelo recomendar libros de poesía, creo que uno llega a ellos porque previamente hay una búsqueda, una necesidad que nos vincula a determinado poeta, a su obra, en resumen, una causalidad: así me sucedió a mí con Luis Miguel Rabanal.

Su manera de decir, de indagar, su mirada que convoca y sugiere, su percepción, su extrema sensibilidad y su extensa obra poética han dado lugar a un libro que hoy sí quiero recomendar con vehemencia y admiración: “Este cuento se ha acabado” (una joya), que lleva un frontispicio de Antonio Gamoneda, un prólogo de Tomás Sánchez Santiago y un epílogo de MJ Romero, ¿se puede pedir más?

Anótenlo y no se lo pierdan, el profundo conocimiento de este hombre-poeta es un auténtico regalo para cualquier lector de poesía.

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(mon amour firestone)

Lo mejorcito de la autopista
es viajar contigo, claro,
y después los parkings no vigilados
donde poder acariciarte más a gusto.
Es este nuestro trato: tú conduces
y yo toco tus rodillas metálicas,
humildemente tuyo. En ocasiones
tus nervios no me permiten jugar
como quisiera y me llamas suicida,
pero son las menos.
Mejor que todo eso es volver
a nuestra casa, y ducharnos, y contar
los accidentes que tuvimos con fortuna,
y engrasar nuestra complejísima
ortopedia.

De O podríamos amarnos sin que nadie se entere (1988-1989)

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Gracias, Paloma. http://alcobaparalela.blogspot.com.es/2015/03/este-cuento-se-acabo.html

Este cuento se ha acabado en Tarántula revista cultural

Este cuento se portada

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Por Alberto R. Torices / MÁNDAME LIBROS (III)

Querido A…, me preguntaba si detrás de esa desazón que os mueve a emborronar folios y más folios, hasta acabar llenando cuadernos y carpetas y cajones, e incluso armarios literalmente llenos de papeles sobre los que una vez volaron en filigrana vuestros dedos, me preguntaba, digo, si detrás de tantas palabras y más palabras como amontonáis los letraheridos no habrá una necesidad última de S I L E N C I O, una voluntad inconfesable —entiéndeme— de callar de una vez… Mejor no respondas, sólo es que hoy se me ha puesto la pregunta delante, como ese amigo tan encontradizo y un poquitín pesado, ya sabes. ¿También a ti te pasa? A lo mejor es cosa mía, mi chica dice que soy un misántropo y no sé qué otra cosa…

«El poeta no sabe qué hacer con los versos escritos
y hay bolas de papel atrancando las puertas, no está en sus cabales.»

Ni falta que le hace, y dejémonos de silencios, por ahora.

Te mando el tercer volumen de Nuestra Nueva Biblioteca, que llegará hasta doce, ni uno más, y estará completa. Te podrá parecer que doce son pocos libros, y ya ves, sólo con este que te envío hoy sería suficiente para que quedara todo dicho y, por añadidura, ordenado. Pero hay que decir las cosas otra vez, o sea, una y otra vez; hay que seguir diciéndolo todo sin hartazgo ni fatiga, hasta que nos cubra el gran manto blanco y callemos al fin…

Te cuento. Ya sabemos que las cosas pasan cuando pasan, pero algunas veces, es verdad, se diría que pasan cuando tienen que pasar, ni un minuto antes ni uno después. Casi dan ganas de volver a creer en Alguien que de vez en cuando se molesta en poner un poco de orden en medio de tanto desmadre y tanto lío. Resulta que hace cuarenta años comenzaba a probarse en la esgrima de los versos un chaval nacido en la España verde y profunda, sobre la que aún se cernía la sombra podrida de aquel generalillo desalmado y canijo, el del tipo esmirriado y la calva y el bigotín. «Nunca la luz se puso intensa como ahora» empezó diciendo ese muchacho, y poco después: «Verso tras verso goteaba el poema ardiente». Así era, así siguió siendo hasta hoy. Gota a gota cayeron los versos y los libros, y también sin querer los años hasta completar la cifra bíblica y formidable de C U A R E N T A, y justo ahora vemos reunida la obra de Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957), que después de todo no ha dejado por completo de ser aquel joven, el que en su carta de presentación se proponía hablar de «Amor, Soledad, Muerte y Asuntos Parejos». Aquel joven pero dado la vuelta, quiero decir, un poeta que retorna al encuentro de sí mismo y de sus lectores —que son fieles y son legión— una vez completado el vasto ciclo de variaciones sobre los temas señalados: más de setecientas páginas de poesía, envueltas de regalo y con un lazo encantador y tristísimo que pone Este cuento se ha acabado (Poesía reunida 2014-1977). Toda una vida de poesía, nos tienta mucho decirlo y dicho está, pero en realidad no es así, entre otras cosas porque el gigante azul que es este libro no recoge toda la obra de su autor, sólo la elegida por el azar o los jurados para hacerla pública. Da igual, sigue siendo mucho. «Espero que el tiempo me devuelva la ilusión multiplicada», decía asimismo el poeta en ciernes, y lo espero yo también, en vilo. El tiempo devuelve a nuestra orilla ilusiones multiplicadas en añicos y otros restos del naufragio: un jirón de tela, un cacho de tabla, un vidrio roto. No son recuerdos, no son vestigios. Es uno mismo, glorioso y hecho polvo y completo al fin, llegando a su destino después de haberse partido duramente la cara con la vida.

El casi kilo y medio de poemas que es Este cuento se ha acabado tiene algo de recuento de cicatrices y batallas, se parece bastante a un cofre de tesoros: copas doradas, negras gemas, brillantes doblones de cantos machacados. Pero si lo miras bien, amigo mío, verás que se trata del propio corsario en carne y hueso, el que un día partió lejos y se ausentó largamente, y lo dio todo y todo lo perdió, y desconocido pero inconfundible regresa al fin y se nos sienta al lado, presencia lenta y luminosa, y extiende las manos hacia el fuego común, y empieza a contar:

«Hubo alguna vez un cuerpo joven que contaba las estrellas
abrazado a alguien que a su vez lo amaba […]»

Dice el azucarillo de hoy, punto y aparte, que Al andar se hace el camino, claro que sí, pero añade que al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. Pues me da a mí que sí, don Antonio, y que no hay más remedio. La mitad del viaje es el camino de vuelta y lo que vemos entonces es el mismo paisaje pero de otra manera y con otros ojos, a la luz de la experiencia y de la tardecina. El descubrimiento no estaba en el destino, sino en el regreso al punto de partida. Volvemos, desandamos y así terminamos de comprender, así reciben su respuesta las preguntas acuciantes, se nos revelan los misterios y las fuentes donde aplacar al fin la Gran Sed, el regazo donde recostarnos y calmar el Gran Dolor. El buen Luismi a lo mejor hasta está un poco de acuerdo con algo de todo esto, y por eso ha reunido su poesía justo al revés, poniendo por delante lo último («Al final de la curva / el frío empapado de / la noche») y terminando con lo primero que escribió, visionario e imberbe («El final no pudo acabar más lentamente / las aberturas / cerradas de pronto ruido / se sucedieron en ínclita alegoría de lechos»). Y yo no sé, no estoy muy seguro de lo que digo, pero amo esta poesía y quiero a este hombre y espero que después de este tomazo vengan más versos y años, más libros y encuentros. Aun así, me parece que con este título se cierra un ciclo poético fecundo y monumental, cumbre de nuestra poesía reciente y española, y escribirlo me pone dichoso y me colma de pena.

«En el camino de vuelta a casa
se protegen los viejos del sol
y se airean las historias de novias
que solían llorar al saberse
desnudas.»

Dime si cosas así no te ponen a ti también inmenso e inclinado, lloroso y azul…

Algo que se parece mucho a una ley natural, valga el oxímoron, hace que todo poeta y todo hombre recorran una trayectoria equivalente, que es la que nos arroja desde la lanzadera del amor a la diana de la muerte. Se trata, creo, del mismo fenómeno por el cual la boca fragante cuyo aliento nos extasía, etcétera, acaba albergando una fea caries, y más tarde un nido de gusanos. Somos el fruto híbrido de un extraño y fértil enlace entre el blanco amor y la negra muerte, o al revés, hijos muy pródigos y díscolos, eso también, que precisan rebelarse y gozar un poco, jolines, y blasfemar y meterse en líos, y así el amor y la muerte se nos tiznan de ensueños,

«Diane Keaton se ofrecía
puntual, me conminaba a beber
Coca-Cola de sus pechos,
y no sé qué mas pifias
hicimos juntos en Manhattan.»

de erotismo,

«Pienso en ti cada noche, cuando todo es silencio
o ruina, y gimen los ángeles en sus cajitas
de humo, y las muchachas, como tú, os vestís
para un príncipe de enorme glande azul que aprieta
en vuestros muslos.»

de ironía,

«¿No serán los poetas los causantes de la crisis
que nos hunde en el fango, los autores
directos del calentamiento global, los culpables
incluso de la caída en picado de las vocaciones
agustinianas tan pías y elegantes?»

de negro sarcasmo,

«Desde tu tumba ves pasar mucho mejor los trenes.»

y mucho más, todo lo indecible. El copioso caudal de una poesía hecha de luz negra, que gira y gira en torno al sumidero,

«y sin embargo todavía miramos con sorna el perfecto amanecer
de quien nos quiere, a pesar de la existencia que nos quita la sábana
de cuadros y azul y franela por la noche y en ella nos arropa.
Menudo estrambótico sudario.»

Y ya. Igual que el Riello natal tornó en Olleir, el poeta y el hombre desandan su camino hasta el punto de partida, al reencuentro de «El niño que se acostumbra a ponerlo todo en orden», de «aquella chiquilla y su merienda de membrillo», de «la madre que regresa con los calderos del agua», de «la leyenda de un mundo hermoso».

El poeta recoge las miguitas del camino y se recuenta, va terminando y yo, por más que releo y zumbo a su alrededor, sigo sin penetrar el misterio que albergan las palabras, y está bien así. Por más que digo y redigo, sigo sin atreverme a mencionar lo impronunciable, y es mejor así.

No te extrañes, querido amigo, si a la lectura de cualquiera de estos poemas le sigue un silencio P E R F E C T O, ese que decíamos más arriba. Sería lo más natural. Ámalo y recibe otro abrazo de tu íntimo

Alberto

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Gracias, Alberto. http://revistatarantula.com/este-cuento-se-ha-acabado-luis-miguel-rabanal/

Círculos

(B-a)

Alígera,
inhóspita al tesón de los perfiles,
espuma de alas, noche.
Intacta, desdeñosa
de los ecos que, siendo sino sombras,
se proclaman rotundos.
Alfa y omega, síntesis,
cero que pone
médula y rostro a cuanto vive o toma
del pensamiento vida.
Palabra:
absoluto inasible.

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Pablo Jiménez, “Círculos”, Diputación Provincial, Col. Leonor, Soria 2015. Premio Leonor 2014.

Tres inhalaciones en Reseñados

Rabanal_tres_Inhalaciones_alta
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Por Luis Vea

(Tres inhalaciones, Luis Miguel Rabanal, Amargord, 2014, 105 pp., 12 euros.)

A los que somos asmáticos el concepto inhalación siempre nos lleva al mismo lugar. Esa sensación de falta de aire que se cura con la inhalación de algún medicamento. No sé si Luis Miguel Rabanal (1957) es asmático -quizá debería habérselo preguntado- pero aquí creo entender su significado. Creo ver ese alzar la cabeza para respirar aire fresco cuanto todo alrededor está viciado hasta el ahogo.

Tres inhalaciones contiene tres poemas largos de temática diferenciada cuya característica esencial sea quizá la necesidad de respirar para abandonar el aire viciado. De respirar aire fresco, de libertad, de ahogo que necesita calmarse.

El primer poema, Las luces largas, parte de una cita que corresponde a una noticia aparecida en un periódico. En ella se habla de un accidente de tráfico. Habla también de otras hipótesis: suicidio, atropello, un conductor a la fuga. Luis Miguel Rabanal parece describirnos la escena, las sensaciones que pasan por el accidentado, lo que allí se ve y se siente y en una posible historia y su devenir posterior (p. 9):

“Se acerca la luz
como el mal se acerca.
Nada ya se oye”

Y también en (p.17):

“Morir no tiene por qué
ser diferente a pasar
las aguas con cautela”

La segunda parte contiene un conjunto de poemas bajo el título genérico de Pequeña galería de poetas sin reloj. En dichos poemas, cada uno de ellos titulado, aparece nombrado un poeta. Cada poema viene precedido de una cita de dicho poeta y da la impresión de que el contenido del poema parece recrear o estirar de la historia de la cita. Al final los poetas se interrogan sobre sí mismos o sobre el oficio poético y sus alrededores. Hay un poco de ironía, algo de absurdo y de chanza, de reírse de uno mismo (p.31):

“¿Por qué enmudecen los poetas
a las seis de la tarde? ¿Por qué se desabotonan
la camisa como si nadie estuviera?
Que alguien nos saque de dudas,
por dios.”

Por estas páginas pasan: Efraín Huerta, Rosa Chacel, Jaime Gil, Anna Ajmatova, Philippe Soupault, Neftalí Reyes, Unica Zürn, Victoriano Crémer, Wystan H. Auden, Luis Cernuda, Marina Tsvetáieva, Panayoti Seretide, Carlos Edmundo de Ory, Álvaro Mutis, Césare Pavese, Gottfried Benn y Marguerite Duras.

Otros ejemplos (p. 33):

“Los poetas benditos, los poetas malditos,
esos sí que experimentan unas ganas de morirse
locas”

“¿Habrán sido los poetas alguna vez
verdaderamente felices?” (p.35)

“Las poetas permanecen ensimismadas alrededor
de la encina, han salido un ratito a mirar
el estertor de la noche” (p. 42)

“Los poetas orinan en sus manos en sueños” (p.46)

La tercera parte contiene un largo poema de amor, es un decir. Su título: Un poema de amor. En él fundamentalmente se habla de un caso de malos tratos, de vejaciones, de violencia contra la mujer (p.50):

“no me des en la cara por favor he sido buena
acataré lo que tú digas”

El poema parece ser un diálogo entre el maltratador y la maltratada.

“no me veas con odio
no soy ruin como insinúan afuera
me mortifican tus ojos si miras a alguien” (p.56)

Tres inhalaciones, tres instantes en que uno necesita respirar aire fresco, de Luis Miguel Rabanal.

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Gracias, Luis. http://luisveagarcia.blogspot.com.es/2015/03/tres-inhalaciones-de-luis-miguel-rabanal.html

Poema atolondrado

ADIVINA QUIÉN se acordará de ti
en el estruendo, le dice tenuemente.
Quién se enojará contigo
cuando sufres y el sudor
es muy breve y es pasto de tapires.
También es útil recrear
aquello que bastaba en tu ternura,
sus caderas apuntando
al norte despoblado de la vida,
labios estirándose hasta un lugar
inconcebible, maravilloso, verde.
Quién se acordará de ti
en la desposesión, dice, como un rito
que tropieza en tu cuerpo
y lo mutila.

Este cuento se ha acabado en Tam-Tam Press

Este cuento se portada
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“El gordito azul”, la poesía reunida de Luis Miguel Rabanal, ve la luz en Renacimiento

Por Eloísa Otero

“Muchas gracias, amigos. El gordito, estupendamente bien. Lo tiene todo en su sitio, es precioso. Y tampoco son tantas páginas, solo 776”. El poeta Luis Miguel Rabanal observa los primeros ejemplares físicos de su “Poesía reunida” y habla de sus sensaciones (por el Facebook). Se lo acaban de llevar a su casa de Avilés, desde León, los poetas Rafael Saravia y Alberto R. Torices. Para Luis Miguel, este libro es su “gordito azul” y mucho más. Para sus amigos y amigas, lectores y lectoras, esta edición supone un acontecimiento esperado y feliz. “Este cuento se ha acabado” es el título de un libro que reúne toda la poesía que Rabanal ha escrito entre 1977 y 2014.

Editado por el sello sevillano Renacimiento en la colección Calle del Aire, el volumen es un tesoro fabricado con amor, el de Luis Miguel Rabanal y el de sus amigos, los poetas Alberto R. Torices y Rafael Saravia, quienes, con la ayuda de MJ Romero, poeta también y compañera de Rabanal, han llevado a cabo el gran trabajo de recopilar y transcribir toda la obra poética dispersa del poeta rojo de Olleir.

Porque Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) reúne aquí todos sus libros y cuadernos publicados hasta la fecha, incluidos tres poemarios que salieron por primera vez en la red. El volumen cuenta además con varios textos cómplices: un frontispicio de Antonio Gamoneda, un prólogo de Tomás Sánchez Santiago y un epílogo de MJ Romero.

Perteneciente a la generación de los 80, Rabanal ha contado alguna vez que comenzó en la literatura por el deseo “de emular a un compañero de clase de COU, durante el curso 1974-75, en el instituto Padre Isla de León”. Sus primeros versos se publicaron en ‘La revista ‘Hydra’, en Avilés. Fue después de 1977 cuando a partir de la edición de su primer libro, Variaciones, el poeta trabó amistad con una de las creadoras de aquella revista, la poeta MJ Romero, con quien se casó.

A su primer libro se irían sumando un buen puñado de títulos, como Obdulia azul, Labios de la locura, La memoria buscando sus disfraces, O podríamos amarnos sin que nadie se entere, Cáncer de invierno, Mortajas o Música para torpes, entre otros poemarios, a los que habría que sumar una novela, Elogio del proxeneta, y un libro de relatos, Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza, para completar su bibliografía

“Mi escritura, al menos la de los últimos 20 años, se nutría de ese pasado al que me aferro como a clavo ardiendo”, aseguró Rabanal recientemente, al hilo de la publicación de su último título antes de éste, Tres inhalaciones (Amargord, 2014). Así que esperemos que, contradiciendo al título de esta poesía reunida ahora por Renacimiento, este cuento continúe…

Un poema de “Este cuento se ha acabado”

EL MENOSCABO

Tendría que haber dado por supuesto el amor,
siquiera su dentellada más triste cuando el tiempo es un cárabo
amarillo que tose amargamente subido en una silla,
como cualquiera de nosotros.

A lo lejos se vislumbra una luz que nos hiere, una forma
del dolor semejante a la piedra arrojada por un chiquillo muy serio,
el niño que se estremece por haber sido zarandeado por el hada rubia
que alienta en los lunes odiosos de la vida.

Los adivinos han vuelto a enjugar tu sudor, pareces imbécil
mirando la suma delgadez de sus manos, la sombra asesina
que coexiste en aquella película insufrible y en esta farsa boba.

Ya no sabes quién fue, tu tiempo se ha borrado de pronto
y sus pechos los cortó el invierno, las heladas, la nieve derretida
en los tejados de Olleir, ya no sabes nada.
Si eres o no capaz y hace frío en tu frente de anciano,
y quisieras morirte entre sus muslos y su desmemoria perfecta.

Ya no recuerdas tampoco los quinqués que ardían
lo mismo que una aparición, ni la pésima suerte de quienes arrasan
el pasado con sus carros de heno repletos de cadáveres.
O era de azucenas, vete tú a saber.

Próxima a tu cuerpo una mujer vigila con descaro el aire que te ahoga.
Te peina los cabellos con rabia y desmesura, limpia
tu carne y nada es lo que parece, nada es lo que la noche trae
hasta tu sueño, ese precipicio que es insaciable y enorme como tú.
También la vida esconde su adivinanza cuando nos quiere gustar.

Se quita la blusa, nos muestra las caderas, bebe con nosotros
y entonces nos hacemos, casi con serenidad, a un lado.
Quién te iba a decir que la negra luz del espejo roto
podría abofetearte ahora mismo con solo quererlo.

De La última vez (1998-2000)

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Gracias, Eloísa. http://tamtampress.es/2015/03/08/el-gordito-azul-la-poesia-reunida-de-luis-miguel-rabanal-ve-la-luz-en-renacimiento/

El poema también aquí:
http://www.elbluesdeluzazul.blogspot.com.es/2015/02/elmenoscabo-tendriaque-haber-dado-por.html
https://felipejpg.wordpress.com/2015/03/02/luis-miguel-rabanal-este-cuento-se-ha-acabado/

Este cuento se ha acabado en Asperezas

Este cuento se portada
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(mon amour firestone)

Lo mejorcito de la autopista
es viajar contigo, claro,
y después los parkings no vigilados
donde poder acariciarte más a gusto.
Es este nuestro trato: tú conduces
y yo toco tus rodillas metálicas,
humildemente tuyo. En ocasiones
tus nervios no me permiten jugar
como quisiera y me llamas suicida,
pero son las menos.
Mejor que todo eso es volver
a nuestra casa, y ducharnos, y contar
los accidentes que tuvimos con fortuna,
y engrasar nuestra complejísima
ortopedia.

De O podríamos amarnos sin que nadie se entere (1988-1989)

En “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”, Editorial Renacimiento, Col. Calle del Aire, Sevilla 2015. Frontispicio de Antonio Gamoneda. Prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Epílogo de MJ Romero.

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Gracias, Pepe. http://pepepereza.blogspot.com.es/2015/02/este-cuento-se-ha-acabado-poesia.html
También aquí:http://sopadepoetes.blogspot.com.es/2015/02/muy-pronto-alegria.html?spref=fb

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o podríamos amarnos

En Trianarts

LOS ÑUBEROS

Cada noche un encontronazo con la suerte
de haber vivido tanto, como el embalsamador
contempla de cerca su cadáver y ya es casi bello
el pobrecín, y se sonríe.

La tormenta ha arrasado los pinos de Ovidio
y en la tierra se posan los grajos para despertarte
por última vez.
Sueñas aquello que destruye: granizos y guerrillas,
mujeres con un viejo mantón oxidado y niños de pie
entonando ignominiosamente el himno.
Cara al sol, les enseñaba con furia don Honesto.

Y mañana los duendes volverán a soplar las nubes.
Se dicen de ti barbaridades.

Los muchachos ya tienen bigote y alguien les espera
con la falda subida y sin bragas en el caserón de A.
Si quisieras ir tras ellos aún habría sitio para ti
entre sus piernas felices como el saúco
y la copla muy gozosa de los mirlos.
Mas eres pequeño todavía y está bien que así sea.

Deja de mirar el mundo como si fuese la playa
donde encontraron hace muchos años ahogado
y sin cabeza, una tarde de junio, al tío Florentino.
Lo tuyo es el tango y las piedras ligeramente
redondas.

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Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-los-nuberos/

Dolores de poesía en los bares 6

doleres2015

Seis años de ronda poética por los bares y calles del León antiguo. Seis años de poesía, amistad y cariño por parte de los auténticos artífices de la celebración; todos aquellos amigos que nos acompañan en las distintas paradas, etapas, estaciones.
Seis años y lo que ha cambiado todo en León, y lo que ha cambiado el ambiente poético, y lo que nos alegramos, sin duda.
Algunos de los bares donde hemos procesionado no existen como tales, la buhardilla del CCAN fue clausurada de malas formas y peores modos por las peperas autoridades municipales, el Bardalla ha cerrado por su propia mano recientemente. Este año incorporamos un lugar con solera entre la mayoría de los actuantes El Cardo.. El Benito contempla nuestros seis años de vida desde su centenario que celebra en este 2015, el Belmondo sigue sin parar en sus acciones y movidas y El Gran Café celebra sus conciertos, presentaciones y la inigualable jam sesión de los martes.
Y ahí estamos nosotros, esos que dicen versos en la noche, entre el vaho producido por el frío (no en vano ha sido un años de nevadonas) y el vapor del alcohol, la nómina de esta año está compuesta por los siguientes versificadores:

Luis Miguel Rabanal
Patricia Furlong
Ildefonso Rodríguez
Abel Aparicio
Silvia Diaz Chica
Jorge Blanco
Toño Morala
Silvia Abad Montoliu
Vicente Muñoz Álvarez
Xen Rabanal
Charo Acera Rojo
Víctor M. Diez
Eloisa Otero
Felipe Zapico Alonso

Programa:

El Benito, 21,30 horas
El Cardo, 22,15 horas
Belmondo, 23,00 horas
El Gran Café, 23, 45 horas

Se recomienda ingerir alimentos sólidos en algún momento de la ronda.

Seis años contando con los maravillosos carteles de Julia D. Velázquez, gracias amiga.

Nos vemos en los bares.

Zapi

Ahora es la noche

TRATADO DE NAVEGACIÓN

No salgas al jardín, es una putrescente
selva. En esta pequeña habitación
con paredes forradas de libros y algún cuadro
de interior que decora los ángulos perdidos
estarás más seguro. Nada puede ocurrirte
en este amurallado lugar donde alimentas
tus sueños y al alcance de tus manos
se ofrece un universo de batallas
de papel, duelos de honor, travesías
y naufragios, disturbios religiosos,
epidemias, lujuria, privaciones
y enloquecidos enamoramientos.
Ilion y Macbeth, Conrad, Jenofonte,
Charles Wright caminando pensativo
por los alrededores enfangados
de San Zeno Maggiore vestido de uniforme.

El silencio es tu patria. Una forma de ser y estar,
un pronombre, un adverbio, un adjetivo.
El silencio es una isla, es el cielo en que algunos
ven la revelación del paraíso.
El silencio es un viaje, una ambición.
Ya estaba fulminado en el silencio
cuando llegué a París, escribe Claude Roy.
En el silencio escribes, creas el mundo
desde tu puesto de vigía, con las palabras
de siempre, repitiéndote para que se vacíe
en ti y se haga carne, fraterna carne tuya.

¿No es esta luz que salva las cortinas
y se posa en los libros de las estanterías
la misma luz con la que se salpican
los dioses en sus juegos inocentes?

Aquí eres todo un rey, a ti solo te ofrendas.
Aquí la vida es credo y gratitud,
no duración, es una lista de aniversarios
por cumplir en cada una de las páginas.
Más tarde, cuando intentes fijar en tu memoria
la tersura de un cuerpo, una ciudad con niebla
o el ruido condensado de una sombra
al caer y no logres que las imágenes
suplanten las presencias invocadas,
no te juzgues con la severidad
con la que juzgas al traidor o al siervo.
Inventa la memoria lo que evoca
y tú has sido capaz de reconstruir
a tu manera, real aunque doliente,
una parte de ti, de tu alegría
con la frágil sutura de la imaginación.

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Carlos Alcorta, “Ahora es la noche”, Valparaíso Ediciones, Granada 2015

La poesía te rodea las manos…

La poesía es el muro donde vive
el objeto no casual, no ardido aún,
esa araña de efusión esplendorosa.
Ríe el inválido
su pausa y le crecen yedras, verbos
de limpia arquitectura para presagiar
despojos de cosas,
treguas del dolor o lámparas vacías.
Quien ahí escuche el placer
diluirse entre sus ingles,
e ignore el riesgo de la amnesia,
será feliz, será feliz.
La poesía te rodea las manos,
la amiga que sangra.

“Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”, ya a la venta

Este cuento se portada
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Podrás conseguirlo en tu librería habitual, o bien pinchando en el enlace a la librería de Editorial Renacimiento: http://www.libreriarenacimiento.com/cgi-bin/shop?texto=Luis+Miguel+Rabanal&texto1=&opc1=campo7&xx=Buscar&max=100&and=and&com=busca

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Título: Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)
Autor: Rabanal, Luis Miguel.-
Fecha: Marzo de 2015
Colección: Calle del Aire, nº 134
Páginas: 776 págs.
Medidas: 17×24 cm.
Cubierta: Rústica con solapas, cartulina mate
isbn: 978-84-8472-544-2
pvp: 35 €

Este cuento se ha acabado en La Ciudad Sinnombre

Este cuento se portada

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LAS NIÑAS AZULES (DOLLY HAZE)

Parecería que el mar no es suficiente
para ella, que los nombres que la saben terminan
por amarla con sus brazos.
Ella misma se asemeja cruelmente a un naufragio, o a un abismo.
Cuando habla en voz baja de nosotros querríamos besarla
pues su dulzura es breve
y solo entonces reconoce nuestro aliento, recuerda nuestra boca.
Quizá sea ella la niña más azul de la distancia
y sin embargo la hemos atravesado tantas veces con el pudor
sucinto del deseo, con la verdadera pausa,
que es como un corazón que nos desviste poco a poco.
Pero después se calla, guarda su cabeza en la cajita mágica y extensa
de la noche y querría llorar como un ciempiés gigante
y nos miente con anémonas y vodka.

A veces ella dice que nunca más prestará atención
a nuestras manos,
que ya nunca volverá a gemir en nuestro pelo.
Pero nosotros seguimos sin creerla, su azul solamente es un arroyo
que nos tiembla cada día y la amamos y por ello es que se la puede ver
en días de septiembre con sus pequeñas caderas
repletas de nostalgia, con sus manos algo grises, con su pecho unánime.
Y al fin nos mira nuevamente y parece nuestro cuerpo
pues tal es su amargura, pues tantas veces en él hemos sido habitadores
de lo oscuro y de lo plácido como necios transeúntes, como estanques
apenas de su sueño.

De Labios de la locura (1983)

En “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”, Editorial Renacimiento, Col. Calle del Aire, Sevilla 2015. Frontispicio de Antonio Gamoneda. Prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Epílogo de MJ Romero.

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Gracias, MJ. http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com.es/2015/02/este-cuento-se-ha-acabado-poesia.html?spref=fb
También aquí: http://hankover.blogspot.com.es/2015/03/este-cuento-se-ha-acabado-luis-miguel.html

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labios de la locura

Dos de “Chica Chispa”

Portada chica chispa rudimentaria

8

Una vez dentro de la caja de ascensores, hombre G analiza todas las cláusulas resolutorias concernientes a la ubicación de la estatua que todavía no han comprado.

Mantienen estrechas relaciones unos con otros, pero ante la ausencia del príncipe de Baviera se deshacen los vínculos como si el luto los monopolizase como individuos aislados. Así el hombre chispa y hombre G dejan a un lado su hermandad y se tratan igual que dos extraños.

De coincidir en algo, será en un punto geográfico lejano, de coincidir será de pasada, quizá en Zambia o más allá, piensa el hombre chispa.

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37

Ella es inteligente. Deja el servicio de cajería y se va a los eventos que considera importantes. Chismorrea. Sí. Es una cotilla. Cotillea y hasta espía los pasos olvidados sobre las maderas de los salones. Otra ella intenta averiguar qué hace con tanta información.

Seis minutos, ocho minutos… y descubre que es la cabaña del poblador.

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MJ Romero, “Chica Chispa”, Eolas Ediciones, Col. Eria, León 2015. Prólogo de Isabel Mercadé.

Un poema de Esperanza López Parada

llámalo resto leño despojo
llámalo náufrago residuo
llámalo padre y madre
niño deshonesto dile traidor
pirata forma en cavidad
-algo has robado algo carnal
algo que no era íntimo-
calco clavo calma calima
dile humo y vapor y gota
titilando encima del cristal
de la caja dile esto ha
quedado hilachas de una
sábana y en la almohada
el trazo donde su cabeza
fue imagen en bajo relieve
de hacia dentro la ausencia

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Esperanza López Parada, “Las veces”, Pre-Textos, Valencia 2014

Uvas pasas

1
Mañana a mediodía se va a ir, y a la pretendida paz de su ausencia le va a quedar la cara asustada, grande. Unas horas más tarde, casi de noche, pensar en él y si habrá cenado ya, con cuántas palabras casi pronunciadas con vergüenza, se habrá dormido bien en su nueva cama y qué habrá leído antes de dormirse. Esas bobadas que no lo son.

Al día siguiente, en correo electrónico, dos fotos de ellos, cambiados ya, frente a la televisión, ya asentados…

2
Uno se va quedando sin palabras, como si se hubiera acatarrado y no le saliese nada de dentro. O tal vez, y es lo más terrible, ha terminado ya con ellas, en singular y brutal apaleamiento de focas sobre la superficie helada y sanguinolenta. Uno se queja de vicios a los que no puede echarles mano, y así transcurre el tiempo, el calor se apodera algunos días de quien no tiene que apoderarse y los ojos, esos ojos y ese orzuelo incombustible, se desesperan porque no otra cosa les es permitida. Uno se va quedando, después de todo, sin palabras: sin recuerdos también.

En tantas ocasiones se repitió aquí mismo la semblanza estúpida o no del que escuchaba con ahínco, tantas líneas sirvieron para confundir su memoria o la mía, que ahora el pasado representa una historia opaca cuyo autor y protagonista se han esfumado, han tenido que ausentarse. Quiere el azar estas diversiones, que no yo.

3
Algunas gotas de lluvia que se cuentan con los dedos de varias manos reunidas para el acontecimiento breve. El calor asfixia cualquier forma de pensar, por mucho que se resarza de esa humedad asesina que va a acabar con todos nosotros. Cada día se contempla más lejana la posibilidad de volver a escribir un poema que rompa la monotonía de la presente escritura: se ha acostumbrado a tanta contención en el discurso, es decir, a tamaña falta de contención, y sin embargo aún cree posible la maduración y el proyecto intrascendente e incesante de un nuevo libro. Algo que lo supera por ahora.

Pronto hará un año.

“Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”, muy pronto

Este cuento se portada
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EL MENOSCABO

Tendría que haber dado por supuesto el amor,
siquiera su dentellada más triste cuando el tiempo es un cárabo
amarillo que tose amargamente subido en una silla,
como cualquiera de nosotros.

A lo lejos se vislumbra una luz que nos hiere, una forma
del dolor semejante a la piedra arrojada por un chiquillo muy serio,
el niño que se estremece por haber sido zarandeado por el hada rubia
que alienta en los lunes odiosos de la vida.

Los adivinos han vuelto a enjugar tu sudor, pareces imbécil
mirando la suma delgadez de sus manos, la sombra asesina
que coexiste en aquella película insufrible y en esta farsa boba.

Ya no sabes quién fue, tu tiempo se ha borrado de pronto
y sus pechos los cortó el invierno, las heladas, la nieve derretida
en los tejados de Olleir, ya no sabes nada.
Si eres o no capaz y hace frío en tu frente de anciano,
y quisieras morirte entre sus muslos y su desmemoria perfecta.

Ya no recuerdas tampoco los quinqués que ardían
lo mismo que una aparición, ni la pésima suerte de quienes arrasan
el pasado con sus carros de heno repletos de cadáveres.
O era de azucenas, vete tú a saber.

Próxima a tu cuerpo una mujer vigila con descaro el aire que te ahoga.
Te peina los cabellos con rabia y desmesura, limpia
tu carne y nada es lo que parece, nada es lo que la noche trae
hasta tu sueño, ese precipicio que es insaciable y enorme como tú.
También la vida esconde su adivinanza cuando nos quiere gustar.

Se quita la blusa, nos muestra las caderas, bebe con nosotros
y entonces nos hacemos, casi con serenidad, a un lado.
Quién te iba a decir que la negra luz del espejo roto
podría abofetearte ahora mismo con solo quererlo.

De La última vez (1998-2000)

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En “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)”. Editorial Renacimiento, Col. Calle del Aire, Sevilla 2015. Frontispicio de Antonio Gamoneda. Prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Epílogo de MJ Romero.

En Álora, la bien cercada

revista la bien cercada número 31
DESPUÉS DE CONTARLO se desprecia
por haber incumplido, con serenidad
y desparramadas flores sin aroma,
la grafía de su deseo,
mar de olas aterradas que sobre él
camina a ciegas y lo empuja a su fondo.

En los labios se despliega
un atardecer de febrero y su boca
ha chupado el cabello y la sangre
que el amor pronuncia impunemente,
así la maravilla
del cuerpo entregado por azar
a los vilanos.
Ha preferido romper la imagen inaudita
del cautivo que manosea los muslos
de ese niño sin ojos.

Ya no duerme más, pregona su culpa
en los jardines con su glande
exagerado, y teme a los guardias.

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Mi contribución para la revista ÁLORA, LA BIEN CERCADA, n.º 31, diciembre de 2014

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