Un poema de MJ Romero

1
Diagnosticada la enfermedad, comienza la enfermedad de padecer la enfermedad: la carcoma sin termitas, los besos de la fiebre, el runrún de la noche, la gravedad absoluta del tiempo. Cualquier cama de hospital equivale a todas las palabras que puedas imaginarte elevadas a cero, la unidad reducida a un cuerpo.
Al final entiendo que la vida va rimada con dolor, un dolor inconcluso lentamente.

2
Más allá del desanclaje que desestabiliza el cuerpo apenas sucede nada. El punto de apoyo se desliza levemente, el cuerpo tiembla por saberse en el aire, los huesos se creen a buen resguardo, pero el punto de apoyo levita en la cabeza con desdén de peligro.

Tres poemas de Víctor Pérez

1

En el paraíso no se va de la mano
pero hay técnicas fulminantes
para purgar toda una vida y oscuras pantallas atravesadas por vagabundos
que entonan cantos venenosos para salir de la ciudad bajo
la lentitud de los cielos hasta la colina 19
donde los santos, los profetas y los pobres
van a los oráculos de los poetas para pudrirse mejor
y allí los recibe el espíritu de Peckinpah
con una pierna de ternera, hablando solo
delante de viajeros de otro tiempo y lugar.

2

Una negra comunión
con el machete en el folio
donde los chicos eyaculan
sin parpadear.
Sus camastros
vidriosos de esperma
en la llanura.
El escrúpulo venenoso de
azotarte
con su poesía misteriosa hasta salarte.
La vagancia se resuelve en venenos delicados
y en criminal amistad. Es el lirismo
en el pantano.
Si anochece bailan
desencajados en la terraza y
se enamoran en los baños
en construcción.
-Hacen reverencias
en las carnicerías-.
En paseos improbables
tus lágrimas caen por mi bastón
y ellos las esnifan
y graznan al diesel
en una apelación al espejismo.

3

Mi abuelo cantaba mis poemas
era un juego adictivo
era un bochorno que merecía la pena
así que empecé a fumar caballo con él
le invitaba
con su dinero
y lo vestía de novia temible
era fácil entusiasmarle y besarle
en la boca, meterle la lengua,
como siempre me dejaba hacer
lo que quisiera
yo lo que quería era una buena pelea con él
hacernos justicia en el monte
conseguir una buena historia
él me dijo: sálvate con los poemas
el resultado fue que me pegó su bronquitis
crónica y nuestro amor se hizo
más rápido y bueno,
desde entonces
nos sentábamos en el porche
pensando en nuestra vida y
era yo quien le limpiaba el culo
para que se viera mi talento
ante la familia
y el que lo bañaba por las tardes
con una sospechosa
lentitud alucinante.

Víctor Pérez 2015

Un poema inédito de MJ Romero

No podía preguntar por el final de los plásticos
hundiéndose en tus sienes ni por el dolor fuego en mis ojos
el final palabra giratoria ascendente
final escalera de caracol descendente a la vuelta de las puertas
de puerta a puerta
sin rastros de las hendiduras sobre tu piel
sin rastros de las llamas dentro de mi ojos ardiendo en agua
no quieras saber la intensidad que hunde
la intensidad que arremolina el aire y te engulle
ya no podrás respirar del aire que te rodea
miras y no ves
no hay aire fuera del torbellino
no hay máquinas de aire
ninguna fruta al alcance donde sumergir la acidez
de los labios.

Un poema inédito de Alicia Millán

UN DÍA NACÍ INVOLUNTARIAMENTE…

un día nací involuntariamente
durante un tiempo
no recuerdo
hay sonrisas en las fotos
y un niño gritó
¿quieres salir conmigo?
y salí
corriendo

mi abuelo tenía una bandurria
y música y pájaros en las lágrimas
y lloraba yo
si se marchaba mi madre

un tío lejano de repente me dijo
que ya me había caído de la cama
reía, yo no sabía
pero me gustaba sonreír
y sonreía
todos reían
-después pregunté-
(qué importancia tan grande dan
a que los pechos crezcan)

y ya adulta
leo camino me quedo pensando
y aún a veces vivo
involuntariamente
-no hoy-
aunque el sol se haya ido
a otro poema

Alicia Millán

Un poema inédito de MJ Romero

Cada vez que ella cruzaba el sendero saltaba un corzo mágico
que encajaba sus alas en sus pulmones (de ella) y volaba
era un corzo alado un corzo terrenal de bosque
amamantado por los ojos del bosque
era en días de invierno o en días de verano indistintamente
cuando grabábamos los garabatos corazones de amor sobre las cortezas
y las iniciales de los nombres sobre flechas imaginarias
que luego tendrían el sabor amargo del dolor
era la imaginación del futuro
a imagen y semejanza de lo que deseábamos.

Dos poemas inéditos de Salvador Negro

1

Me rechinan los dientes
en este mundo de vísperas de nada, horas calientes como el musgo
con que cubríamos las fosas de los que no tenían derecho a la oración,
horas terribles como las nubes pasajeras que llenaban de sueños el hambre de los niños
arracimados en las escombreras, cerrojos y postigos que nadie podía ver pero se olían
como las bubas que les crecían a los viejos aunque disimularan. A qué otra cosa se asemeja
este azul pútrido que me tuerce los huesos desde que llamo a Dios
porque solo él queda por salir de la casa en que molieron mis reservas
de odio y de esperanza, de suavidad y frío. Hay una calma que no es más
que un reflejo abismal de la fatiga, un asco que se bebe hacia dentro,
la encarnación de lo que ya se ha ido. Sí, creías que el intérprete
de esta pasión era el misterio, pero la ingenuidad se corrige tan pronto
como lavan tu carne con esputos y vergüenzas ajenas. En ese refectorio
donde soñaste ser un santo, comenzaron las obras del demonio, el mismo pan migado
te lo darían después para dejarte insanamente vivo. Ríete tú de la fealdad ahora
y de los ejercicios espirituales que acababan a golpes. La mano ha perfilado su lascivia
para dejar sin una huella las heridas peores y el cosquilleo del aire
puede rasgar tu médula.
Después de tanta noche llevando en las alforjas solamente preguntas,
la soledad fulgura cuando llegan los otros, y adivino en mis manos la intermitencia horrible
del placer y del duelo, siento como si fuera de otro
el corazón muy triste, y alguna compasión por los que quedan.

2

Tus días son demasiados largos para que no haya una palabra que te mutile un poco
y una palabra más que te camufle entre los sanos. La absolución de las monsergas y la paz
como de ratas que te carcomen los tobillos sin que tú te des cuenta hasta que abres la cama
y lo que encuentras es una tempestad sin escollera y las palabras de tu madre caen a plomo,
hijo, hijo mío, pero no puedes evitar no perdonarte.
Ahora te duele más esa esperanza que te acosa en las pupilas de los hijos de otros,
a pesar de que intentas disimular con tu cojera que ya tienes el corazón perdido.
Te agotas pero sabes que no queda ya más último esfuerzo, y que seguir es bello y es humano, y miserable.
La risa tan pesada que te parte los dientes al almuerzo, o una amabilidad que narcotiza tu cansancio,
la ingenuidad de quienes te señalan y algo mucho peor:
la inmaculada alevosía de los que te desean una felicidad que no te puedes permitir.
No es la nostalgia ya, es lo desnudo que uno queda
cuando no existe una mentira que haga un poco de bálsamo. La oyes,
es la voz de tu madre en el teléfono, en el hastío de las conversaciones facilonas,
en la indefensa voz con que resuelves la sucesión interminable de las horas absurdas,
la inservible exigencia de ser alguien.
A carcajadas ya no podrías lamentarlo. No hay un interrogante que admirar, aunque recuerdes
las largas horas meditando las gárgolas del viejo seminario.
En la ventana abierta el gris está llamándote.

.

Salvador Negro
De su poemario inédito “Manual para suicidas”.

Un poema inédito de Pedro Montealegre

EL LOCO

Soy Lukas. No estoy loco. Soy un santo. Cruzo el precipicio levitando. Enciendo y apago las luces del claustro con solo pensar. Me escondo en los rincones y asusto a los monjes y me río. Produzco mariposas como malo de la cabeza. Juego con los niños y los hago desaparecer, y aparecen luego dormidos sobre un cisne. Me como a cucharadas la leche condensada ordeñada del sol. Vienen los proxenetas equivocados de dirección y regresan a sus lupanares más viejos y más sabios. El laurel me dice verdades mezcladas con mentiras. Es mentira. No soy un cero a la izquierda. Soy un ala izquierda. Soy un cero vengativo. No tengo ni una mácula venida de la muerte. Pero la mentira me valida ante mis seguidores. Vengo de la mentira y la confusión. El estigma del mal me enaltece ante las putas, los chaperos celestes, los traficantes de blancas, los zombies del krokodile, las mujeres golpeadas con la roca del esposo, los muchachos de nieve que se cuelgan del balcón con un cartel vacío. Simulo una diablura por hacer un bien. A quien me odia le contagio el engaño del vacío. Esa mácula es real. Es real que coma vergas como pago por mi sacrificio. Chupo a Retrocometa y me escupe un embrión y ese embrión escupe un pequeño pez del que salgo yo. Yo no estoy loco. Soy Lukas. El mago. Me escondo en la penumbra de los pasillos. Pasan los monjes. Y los asusto.

.
Pedro Montealegre, vecino de Ñuñoa, Santiago de Chile.

Un poema de Ernesto Frattarola

CLAVOS

En tu frente, el sello de la casa.
Tu séptimo día, tu traje de hijo.
Tu sí.

El que obedece nunca se equivoca,
nunca acierta.

Si te rindes es mejor.
Si te niegas.
Es hermosa la espera, la caída.
El regreso.

Yo seré tu voluntad.

Te enseñaré que nada es importante,
que hay suficiente arena para el miedo,
que están muertas las lenguas de los muertos.

Una mueca de renuncia,
una prótesis para tus huesos huecos.
Desconfía de tus hembras manos,
sé dócil y tendrás tu galleta.

Es urgente que sepas lo que vales:
nada.
Es urgente que te abandones,
que te disuelvas:
serás feliz como estos muebles santos.

Y no vuelvas a quitarte el cabestrillo.
La perseverancia es hija de los clavos.

Tus alas de corral, tus letras de humo:
soberbia y tierra, saliva y soberbia.
¿No sabes que lo que escribes ya está escrito?
¿No acabo de decirte lo que vales?

Flagélate con canciones tristes,
fractúrate los hombros y la voz.
Incendia tu piel de hambre y cigarrillos.
Llora en soledad, como los hombres.

Víctima o víbora,
elige tu cojera.

Te vas.
Te crees que esas muletas te hacen libre.

Pero te llevas el polvo de la casa.

.
Ernesto Frattarola,
de su libro “Herido mármol”, próximamente en Suburbia Ediciones.

Un poema inédito de Luis Llorente

Y SON CASAS VACÍAS…

Y son casas vacías y vencejos
que inalterables vuelan
y azules como este canto que se extiende
y vuelve a posarse en los labios de la luz.
El verano llega, el infinito
con la forma de una mano
como nieve derretida

y su pálpito
y el vértigo de nacer en cada instante. Los ojos
aquí alerta están del tiempo. Nada
ahora, el agua; nada ni nadie
pesa más que esta alegría: hay una muerte
en todo esto, un líquido reflejo, un pulso
que se abre como voz del cauce,
del dormido río donde los pájaros dejan caer
la sombra de su cuerpo, y los labios
hacia el mar, el temblor del agua,
la dormida luna al fondo de la tarde.

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De su libro inédito “La semilla iluminada”.

Un poema inédito de Gsús Bonilla

 

domesticados, reconocerán el olor a hueso.
porque a pocos molesta, hemos considerado taparnos los oídos con un corcho viejo,
pero bello como una palabra recién estrenada.

no tendremos miedo, sin embargo el aire antes del amanecer será como el de un
sanatorio maldito y nos obligarán a masticarlo. está escrito en los anaqueles del
tiempo excelente, antes de los primeros escribas,

mucho antes de los cadáveres más adelantados de la fosa.

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GSÚS BONILLA, de su libro “Comida para perros” de próxima aparición.

 

Dos poemas inéditos de Beatriz Calvo

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Es un calor blanco de resina de abedul y
cataratas en tus ojos.
Tus ojos, que han sustituido el genio por un brillo de molusco
fuera de temporada.
Examino el calor de esta enfermedad
con temor a contagiar de sudor de ciprés
tus manos alzadas en un manojo de voluntades.
Todavía,
antes de girar el volante
y dirigirnos juntas al parque de cipreses.
Decorada la muerte a tu gusto con material mármol.

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No despiertes la conciencia al tedio.
No despiertes la conciencia a la quietud en estos pagos;
Abre, si acaso, la boca;
deja entrar el aire y sobrevive
a la persuasión de la actividad reina.
En el mundo de los bueyes las conciencias de violación
ingresan el mandamiento de pago en cuentas corrientes.
Los lagos magníficos de Ginebra se bordean sin ganas;
preguntas en cada arcada la motivación que infunde
una buena intención.
Abona tu conciencia a la inactividad.
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Un poema inédito de Silvia Zappia

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El pasado 20 de agosto ocurrieron muchas cosas estupendas en la calle del poeta, en Riello. La argentina Silvia Zappia tuvo el valor de mandar el siguiente texto para ser leído en aquel atardecer. Por descontado que se lo agradecí en su día, pero lo vuelvo a hacer gustoso, aquí y ahora, colgando definitivamente su poema en el blogín:

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en lo más profundo
de la noche oscura
las mariposas rompieron el espejo
y volaron
hacia la luz de la nostalgia
y se desnudó
con júbilo la melancolía
para vestirse de palabras transparentes
para ser verso
tatuado en mi ventana

soñé que caminaba una calle cercana de lejanía*

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Un poema inédito de Emilio Amor

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Fue Samuel Stauwton quien en pleno arranque de desolación dejó escrito en una pared medio derruida del Muelle: ‘El jazz y el juego, el sol y los laberintos’. Emilio Amor, casi sin querer, pasó una noche por allí, de regreso de diversas tristezas, y tomó nota. Pero da igual la anécdota. Pronto, muy pronto, Libros del Innombrable va a editar su “El mar y los laberintos”, de donde procede el poema que sigue.

 

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JOVEN POETA MALDITO

Me crié en una casa con vistas
al cementerio.
De adolescente, cuando salía,
cruzaba por el medio
y hurtaba de alguna tumba
un clavel o una rosa,
ligeramente marchita,
para lucirla en la solapa.

Usaba guantes negros,
fulares blancos y azules;
y uno, color quisquilla,
que, con el negro del abrigo,
resaltaba especialmente.

Utilizaba perfumes,
pachuli, aceite de rosas y tabaco,
y bálsamo de tigre de Bengala.
Además recitaba a mis amantes
largas estrofas en francés,
de Lautréamont y Rimbaud, principalmente.

Ejercía un dandismo fúnebre y fin de siècle
y recitaba versos, ligeramente ebrio,
igual que si un vampiro me anidara en la boca
y su voz no cesara ni con balas de plata.
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