Un poema de Juan Antonio González Iglesias

SIESTA EN CANNAREGIO

Dos que se duermen abrazados, borran
los problemas del mundo, no tan sólo
los suyos. En su abrazo se contiene
mucho más que ellos dos, en ese sueño
-cuando el amante está junto a su amado-
descansa el cosmos. Esa confianza
de cada uno en el otro está fundada
en la respiración del universo.
Dos que se duermen abrazados, quedan
sin saberlo investidos de una nueva
única gentileza. Serán luego
-cuando despierten y se desesperen-
como un unicornio que brincara
fuera de su tapiz, invulnerable.

.
De su libro “Confiado” (Visor, 2015)

Un poema de Lola Andrés

El vínculo se da, la noche expande
su permanencia extraña.

En su cerviz se incuba
la determinación de los sonidos.

Lejanos los países que olvidaron sus nombres.

Duérmeme, vaga
por mi rumor de hoz.

El hueco dilatado es un cantar
que da luz a la tierra.

¿Desde qué condición
se abre el ruido oscuro de un momento?

Hallo el hálito en todo
si reduzco la vida
al transitar vacío.

.

Lola Andrés
de Cielo líquido, próximamente en Amargord.

Dos poemas de Luis Llorente

portada Luis Llorente
Esa hora de la noche en que engendramos
la oscura luz de lo dormido.
La muerte un sortilegio,
implacable teatro que trasciende,
testimonio que ya habita
la ardida plenitud de la frontera.

Rebelión al viento,
ascendencia
sorda de los pájaros.

Desnuda posesión
para quien sabe amar, y comprender su bosque.
¿Quién puede entre los labios
darle al viento su caricia,
su pequeña muerte que permite
la labranza naciendo de la luz?

Golpead la aldaba,
decidme que las calles
ante esta puerta no son mías,
y queda el residuo en lo sagrado
sobre tanta piedra en la ciudad que canta.

.

Es la flor a la deriva,
su pensamiento entre las cosas.
La desnudez eterna que se extiende
hacia el sonido de lo muerto.
Y el prodigio. Y el tesón en lo que nace.

Nube de juventud para estos labios
que en soledad se muestran y comprenden.
Rumor del ojo, rasgo hacia otra edad,
alzar la suerte y ver el mundo.
Como tiemblan, cuando comen, los gorriones.
El cuerpo del misterio, buche que ha quebrado
su alimento. ¿Estas sílabas de luz
resumen la apariencia?
¿Este canto en cada tarde
de surcos y de mieles?

Has visto
los arados brillar. No te sorprenda
esta alegría, trigo en tu memoria
y en la guarida limpia del verano que se incendia.

Eres la luz de lo aprendido,
la savia que ha regado
la inocencia de la noche.

Luis Llorente
de su libro, de próxima aparición en La Isla de Siltolá, “El vuelo y la mirada”.

Pedro Montealegre

RECUERDO

En la definición de tu memoria, me viene una ciruela,
ese limón en cruz que dejamos sobre la llama
como si no hubieran palabras para decir: “hermano,
ándate de aquí, que te late un cobre adentro”.
Y la memoria te afila el metal, desquitándose:
el metapío te cura las heridas del viento, más grandes
que el viento que sana entre mis párpados.
Nunca me curé del resfrío sureño: por más leche con miel
que bebí, el sonámbulo. Aún veo las cenizas de mi abuela
enterradas, con los tesoros de hojalata, en el patio.
Nuestro hermano nonato nos verá cerrar los ojos
por mucho que le diga que no quiero soñar más.
Por mucho que tu memoria se nos haga una ciruela
que espera la lluvia para verse apetitosa.
O una historia que contenga ralladura de naranja.
Pero, ¿a qué juzgar con alga una memoria de maleza?
Sólo quieres regresar a la concepción de nuestro hermano
para que ese día sepas que no debes ver mi nombre.

.

Pedro Montealegre, “El hijo de todos”, Ediciones 4 de agosto, Col. Planeta clandestino, Logroño 2006

Un poema de Enrique Winter

SOLTAR LA CUERDA

Nunca aprendimos a saltar la cuerda.
Mis padres la olvidaron
en el bazar de Presidente Errázuriz
dos nueve cero uno.

Al techo del lugar sigue amarrada,
balanceando a mi abuelo.

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Enrique Winter, en la antología “Doce en punto. Poesía chilena reciente (1971-1982)”, UNAM 2012. Estudio de Daniel Saldaña París.

Un poema de Enrique Lihn

GALLO

Este gallo que viene de tan lejos en su canto,
iluminado por el primero de los rayos del sol;
este rey que se plasma en mi ventana
con su corona viva, odiosamente,
no pregunta ni responde, grita en la Sala del Banquete
como si no existieran sus invitados, las gárgolas
y estuviera más solo que su grito.

Grita de piedra, de antigüedad, de nada,
lucha contra mi sueño pero ignora que lucha;
sus esposas no cuentan para él ni el maíz que en la tarde
lo hará besar el polvo.
Se limita a aullar como un hereje en la hoguera
de sus plumas.
Y es el cuerno gigante
que sopla la negrura al caer al infierno.

.

Enrique Lihn, en “Poesía, situación irregular”, Visor, Madrid 2015. Prólogo de Óscar Hahn.

Un poema de Esperanza López Parada

llámalo resto leño despojo
llámalo náufrago residuo
llámalo padre y madre
niño deshonesto dile traidor
pirata forma en cavidad
-algo has robado algo carnal
algo que no era íntimo-
calco clavo calma calima
dile humo y vapor y gota
titilando encima del cristal
de la caja dile esto ha
quedado hilachas de una
sábana y en la almohada
el trazo donde su cabeza
fue imagen en bajo relieve
de hacia dentro la ausencia

.
Esperanza López Parada, “Las veces”, Pre-Textos, Valencia 2014

Un poema de Álvaro Valverde

38

Nada más natural
que un judío de Tánger.

Según Abraham Bengio,
si en este mundo estableciéramos
tan sólo dos categorías,
una la comprenderían los hebreos de aquí;
la otra, los del resto del mundo.

Vinieron de un destierro
para exiliarse en otro.

Comparten con nosotros,
los que allí denominan europeos,
la misma identidad,
igual desgarro.

.

Álvaro Valverde, “Más allá, Tánger”, Tusquets, Barcelona 2014

Un poema de Elvira Daudet

LA ÚLTIMA PASIÓN

No recuerdo el peso de su cuerpo,
he olvidado el tacto de sus ardientes manos
propagando el incendio en mi carne olvidada,
después del tiempo de otra.
No recuerdo el sabor de sus besos,
su sanadora lengua desclavando los labios
del sexo anestesiado por la ausencia;
los ríos de saliva preparando
el cauce fértil para sembrar hijos,
antes de irse de nuevo.
Ya no me acuerdo de él ni cuando sueño.
Ahora sólo es ella la dueña de mi cuerpo
y viene con frecuencia a recordarlo.
Mi amante es concienzuda en su ritual:
aparece de noche, con la luna de leche,
siempre sin avisar,
vestida con ramas de cilantro, su perfume
se expande por la alcoba del invierno
–mi dama es invernal con preferencia–,
me desnuda y con su lengua bífida traza
un preciso y oscuro itinerario
que divide mi cuerpo en parcelas exactas,
doliente mapa de la cruel batalla, a muerte.
Una noche es el páncreas el que extrae con pericia
y su boca glotona engulle lentamente,
mientras gimo; otra es la golosina de un riñón.
Siente predilección por mi garganta
y desde ella, sus solícitas garras
descienden al pulmón –hay margen, tengo dos–,
y el indefenso corazón late asustado.
Me estoy acostumbrando a este amor caníbal
que me devora viva y acabará conmigo:
a mi edad es difícil
vivir una pasión, si no es con ella.

.
Elvira Daudet, “Antología poética (2012-2014). Poemas inéditos”, Lastura, Toledo 2014. Al cuidado de Isabel Miguel.

Un poema de Carlos Alcorta

[Imán]

El centro de la expectativa es un cuerpo en llamas, abrasándose entre mis manos. Lumbre temblorosa, en suspenso, que viene a mí desde su elevación, reflejada en la piel oscura como si fuera un cielo de tormenta, levantando arbitrarias fumarolas evanescentes sobre un horizonte mancillado por el pensamiento. Alzo la vista hacia el mar que me contempla, ondulado y perezoso, solidificando el instante en mis ojos desacostumbrados a tanta plenitud.

A esta hora el sol es un centro que se absorbe ensimismado hasta el origen, se succiona. Desde su altura infinita, desde su puro calor hiriente licúa la inicial consistencia de la carne, y la falta de luz que reina entre sus replegadas formas confunde espacio y volumen con las sombras que provoca su incendio. Cruje la blanca sal espolvoreada en torso y muslos cuando cambia de postura de descanso sobre la toalla, como cuando pasas las páginas de un periódico atrasado; revolotea igual que un insecto entre su curvilínea figura el aire satinado, como el que flota en un espejo antiguo.

La vida parece una burbuja ingrávida, un tiempo sin historia en el que un único deseo trata de encauzarla: sentir más allá de la razón, sentir sin comprender, sin buscar la verdad, sólo gracias al instinto.

Brotan, entre nubes, dentados perfiles luminosos que anuncian un cambio de estación, el ingreso en la realidad, en otro comienzo, pero de qué.

.
Carlos Alcorta, “Vistas y panoramas”, Eclipsados, Zaragoza 2013

Un poema de John Berger

PALABRAS EMIGRANTES

En un puñado de tierra
he enterrado todos los acentos
de mi lengua materna
allí yacen
como agujas de pino
reunidas por las hormigas
Puede que algún día el llanto balbuciente
de otro vagabundo
las incendie
entonces caliente y consolado
oirá toda la noche
la verdad como una nana

.

De “Poesía”, Círculo de Bellas Artes, Madrid 2014

Un poema de Ada Salas

LA LÍNEA

La línea
o cicatriz. Una frontera. Una distancia
entre
lo que un ojo ve
y otro imagina
(aquello lo que está
del otro lado
siempre
del otro lado).
Y ahora una grieta
entre tú misma y tú
un pensamiento un corazón
estrábicos
como aquel doble azul que atormentó a tu hermana.

.

Ada Salas, “Limbo y otros poemas”, Pre-Textos, Valencia 2013

Un poema de Paloma Corrales

TU RISA

en el principio fue tu risa
cristalina y madura,
después, lo inverosímil de tu tacto,
mi piel te codiciaba,
no para vincularse contigo,
sino para nacer en ti,

en el principio fue tu muda calma
de poderoso amante,
la vocación sumisa de tus ojos,
todo lo inexplicable de la luz
que desprenden dos cuerpos
cuando se anhelan para recordarse
y esquivar la tragedia
de mirarse al espejo en soledad,

fue también la promesa
de no esperar la muerte ni la escarcha
y eclipsar el invierno
con la sangre y la sal de la utopía,

en el principio fue la risa.

.

Paloma Corrales, Hazversidades Poéticas, Ed. Cuadernos del laberinto, Madrid 2013