Este cuento se ha acabado en El orden olvidado de las palabras 2

Este cuento se portada
.

LV

Acércate hasta tocarme, dice él.
La ventana entreabierta y el fantasma rubio
a estas horas ya no suele acudir.
Solamente el amor a los cuerpos inermes,
a los objetos penosos,
podría dar con tu boca en mi boca.

Acércate hasta escarnecerme un poco, cerca
de aquí vive el hombre inconsolable, su manía
consiste en gritar su congoja a los que pasan.
Cuéntame tu enredo desde que fuimos niños
que tiemblan.

Acércate hasta soñar entre caricia
y caricia que todo ha terminado.
Las palabras y el dolor, el asco y el frío
que hace cuando no enjugas mi frente.
Déjame, le dice, volver y decirlo.

 

de “Fantasía del cuerpo postrado” (Libros de Camparredonda, 2010)
en “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977” (Renacimiento, 2015)
.

Gracias, Ángela. http://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2017/02/lv-fantasia-del-cuerpo-postrado.html

Poema incomprensible 2

ALGUNAS FORMAS DE PEREZA

cómo ir muriendo
hacia adelante como hacen los diluvios
y los cabellos de las muchachas
que se ansían
o por qué retroceder
y dilucidar de lo ya escrito
acariciado y adentrarse
en el patio carente de árboles ruinosos
y allí prestar el oído a la incidencia
o cuándo
en qué momento apresurar el paso
y dar pie a la repetición o al recuerdo
que se añade a nosotros
como un grito

En “Palabra Luz Materia”

amando-casado

Ahora vas a saber quién soy yo.
No sé si desnudarme
o empezar por lo que me conmueve, el alcohol
que no puedo digerir o la sonrisa
de aquel niño o la palma de la mano sudorosa
de alguien sollozando
entre mis manos.
Vas a saber con quién has vivido hasta hoy
sin haberte dado cuenta, sin notarlo siquiera
y sin una sola arruga en los destrozos
que quedan por ahí.

Si lo sabremos tú y yo que todo lo sabemos.
Vas a saber en este preciso instante
quién te dio la oportunidad para desvanecerte
y no volver nunca y ya ves que no.
Si por lo menos yo fuera yo y no ese muñeco vil
que ronda por la casa como un energúmeno,
con daga y caldero para el vómito.
Con sangre en las comisuras de la boca
y el corazón como si quisiera
ser destartalado.

Ese fantasma que tose.

*

Es mi autorretrato en el libro “Palabra Luz Materia”, de Amando Casado. Eolas ediciones-Universidad de León, León 2017. Prólogo de Roberto Castrillo Soto. Estudio crítico de José Enrique Martínez.

El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el libro.
— El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el volumen.

Dos poemas de “Lengua del duelo”, de César Iglesias

lengua_del_duelo

GENEALOGÍAS

Bebe Caín la vieja leche negra *
del hijo por dos veces sepultado
para domesticar ira que alumbra
las brumas de la culpa y la derrota.
La madre escoge las lentejas podres,
cuenta dolores de reuma y cocina;
el padre manosea ubres de reses
con toses, sabañones y blasfemias.
Son formas de calmar las pulsaciones,
enterrar las estirpes sin consuelo
y legar huesos, tumbas y carroña.
El hijo bebe ya la leche negra
y se pregunta: «¿Quien soy?, ¿dónde estoy?».
Sabe Caín que no quedan hermanos.

.
LLUVECES **

Sin letras y sin cifras esta estela
se levanta en las islas de diciembre.
Números y palabras son escritas
sobre las aguas verdes del olvido,
dirían Keats y Marisa Madieri.
No desfallecen hojas en las tumbas
de los hombres tachados, las lápidas
exigen desnudez para mostrar
los sustantivos todos, siempreausentes.
Las piedras y los árboles preparan
su venganza: la grava y la corteza
para levantar túmulos sin nombres.
¿Dónde tiene la llaga el porvenir,
su lamento y su rezo? En la oquedad.

* «Leche negra» (Schwarze milch) pertenece al primer verso de «Fuga de muerte» (Todesfuge), uno de los poemas emblemáticos, a la vez que opacos, de Paul Celan, traducido por José Luis Reina Palazón. (Poesías completas. Editorial Trotta. Madrid, 1999).

** Postal de Lluveces. Lluveces es el topónimo que recibe una pequeña isla frente a la playa de Barru, en el concejo de Llanes. aprovechando las mareas bajas cantábricas, los lugareños llevaban allí sus rebaños de cabras a pastar.

César Iglesias, “Lengua del duelo”, Ediciones Trea, Gijón 2106. Ilustraciones de Federico Granell.

Este cuento se ha acabado en Trianarts 7

Este cuento se portada
.

LOS QUE NO VOLVIERON

Se les vio llorar solo una vez desconsoladamente, lo mismo que chiquillas que temen ser decapitadas por el Hombre del saco y acaso de noche. De lejos nos traerían pájaros exóticos, jarrones con un levísimo mar encerrado, nombres sin rímel de mujer y terroríficas brújulas. Él recuerda el color de sus cabellos y la mugre de sus manos, la piedad de sus palabras al decirles adiós y alguna que otra breve extrañeza. Advertíamos cerca de sus cuerpos las botellas de orujo, pero también la renuncia, esa fiel abubilla que anida en la memoria de los ahogados y los tristes, y fingimos retenerlos allí sin rubor. No fue posible. Hoy, tal como se cuenta, descansan muy lejos de mí.

*

De: “La casa vieja”, 1999-2002
Recogido en: “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida, 2014–1977”
Ed. Renacimiento 2015 ©
ISBN: 978-848472-544-2

*

Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-los-no-volvieron/#sthash.864ebsJg.dpbs

Poema incomprensible

PALABRAS PARA OBDULIA

nada
como sucede en los interminables infiernos
de la herida
disuadiendo a pájaros hermosos que te saben y aman
en una síntesis de médulas y cálidos acoples
donde germinar la indiferencia o el sosiego

de sexos y enebros que suscitan
ternura o siestas o llegadas
y sabes quién está al fondo siempre de mis ojos

El afilador

El afilador picaba
a las ventanas del buen tiempo
y se cubría el rostro con saúcos.
Pasó la edad de despertar sin ropa
y sin nadie al lado a quien querer.
Hoy el quejumbroso, el inservible,
abraza a la deriva a quien lo abraza,
se sumerge en su mundo imperfecto
y vive de su paciencia
que es ventajosa y amargamente aturde.
Todo lo demás se llama de otra forma
cruel.

Dos de “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”, de Jorge M. Molinero

portada-molinero

La caída es confortable, en ningún momento me veo
como una silueta de tiza en la acera.
Según desciendo, una amplia tonalidad de grises
cobra fuerza en el escenario. Los magentas del Prado
y los vivos chillones de la tierra Oz no encuentran sitio
en este nuevo comienzo.
No soy los magentas que me arrastraron al odio
ni los vivos chillones que infectaron de muerte mis manos.
Una nueva acuarela desolla las manos del opresor, las llena
de amor. Desnortado, el impacto sobre mullido me aturde.
Un paisaje gris, gris cotidiano, gris cola de autoservicio,
gris de ni un sitio donde aparcar en toda la manzana.
Gris de facturas e hipotecas. Un gris anhelado solo roto
por el arcoíris cuando las lágrimas.
El amor es un abanico de grises.

.
La primera mujer en pisar la luna
se llamaba Rosalía Guijarro,
nadie la recibió con honores, no tiene su nombre en el Hall of Fame.
Tampoco es una heroína ni trabajaba para pagarse la universidad,
sus padres vinieron de México a Florida, eran espaldas mojadas.
Hablaba mal el inglés, no era guapa,
no consiguió el sueño americano.

La primera mujer en pisar la luna se llamaba Rosalía Guijarro,
cuando en los estudios de la Fox dijeron corten
entró a limpiar el decorado de polvo y piedras de cartón piedra.
Le vino la regla, fantaseó con besar a Collins, soñó
que le traía la luna envuelta en papel de celofán.

.

Jorge M. Molinero, “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”, La Penúltima Editorial, Valladolid 2016. Prólogo de Manuela Paso Rodríguez.

Un poema de MJ Romero

1
Diagnosticada la enfermedad, comienza la enfermedad de padecer la enfermedad: la carcoma sin termitas, los besos de la fiebre, el runrún de la noche, la gravedad absoluta del tiempo. Cualquier cama de hospital equivale a todas las palabras que puedas imaginarte elevadas a cero, la unidad reducida a un cuerpo.
Al final entiendo que la vida va rimada con dolor, un dolor inconcluso lentamente.

2
Más allá del desanclaje que desestabiliza el cuerpo apenas sucede nada. El punto de apoyo se desliza levemente, el cuerpo tiembla por saberse en el aire, los huesos se creen a buen resguardo, pero el punto de apoyo levita en la cabeza con desdén de peligro.

Juan José Saer

EL ARTE DE NARRAR

Llamamos libros
al sedimento oscuro de una explosión
que cegó, en la mañana del mundo,
los ojos y la mente y encaminó la mano
rápida, pura, a almacenar
recuerdos falsos
para memorias verdaderas.
Construcción
irrisoria, que horadan los ojos del que lee
buscando, ávidos, en el revés del tejido férreo,
lo que ya han visto y que no está.
Porque estas horas
de decepción, que alimenta la rosa
del porvenir donde la vieja rosa marchita
persevera, no quedarán
tampoco entre sus pétalos,
flor de niebla, olvido hecho de recuerdos retrógrados,
rosa real de lo narrado
que a la rosa gentil de los jardines del tiempo
disemina
y devora.

.
EL ARTE DE NARRAR

Cada uno crea
de las pastillas que recibe
la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
—y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.

.
en “El arte de narrar. Poemas (1960-1987)”, Visor libros, Madrid 2008

Dos poemas de “Bajo la sombra del árbol en llamas”, de Ana Martínez Castillo

portada-ana-martinez-castillo

LA MUERTE QUE NOS TRAES

La muerte que nos traes
es diminuta y cálida,
sutil y triste
como ciudad antigua,
gris como los tejados de Edimburgo,
como una calle de Coímbra.
La muerte que nos traes
la tengo yo en un puño
y es terciopelo,
y es alabastro,
la muerte que nos traes
es solo un tercio de tu aliento.

.
DESVÁN

Es un hueco de arañas, un vacío, un silencio mustio que tiñe las paredes, apenas voces yermas de cal seca y cenizas. Arañando el fondo de los baúles, nada sabe. Desconoce el hastío con que amarillea y desaparece, envuelto en humedad añeja, recorriendo pasillos en ruinas, palpando las piedras. Es el frío que lapida los armarios, el hielo que ocupa el espacio entre los huesos. Antaño, solo un rumor de pies descalzos.

.

Ana Martínez Castillo,” Bajo la sombra del árbol en llamas”, Ediciones de la Isla de Siltolá, Col. Tierra, Sevilla 2016

Poema desconcertante

Y QUÉ si en soledad me digo
estar ya condenado
al vértigo y a la carne podrida.
Afuera no llueve aún,
e ignoro hasta cuándo ha de durar
este antifaz del dolor insoslayable,
este dolor que desmerece
con su despaciosa prosodia.
Alguna vez fui el encargado
de lanzar la piedra blanca a la terraza
de alguien que huía de mí.
Ahora no me impaciento
cuando cuentan que todo termina.

Dos poemas de “Gas”, de Vicente Muñoz Alvarez

gas-vicente-munoz

VECINOS

Oigo a la vecina del cuarto llorar
dios mío grita dios mío
y los tabiques de esta casa son tan finos

puedes escuchar a la gente
roncar discutir hacer el amor
días terribles en los que darías la vida
por disfrutar sólo el silencio

como si se hundiera el mundo encima
así de lenta cae la lluvia
gota a gota
la puerta del patio el ascensor el tocadiscos

todo tan cansino
y lánguido a mi alrededor.

.
POESÍA

El único refugio
la única salida

el único lugar
donde acudir

cuando en tu interior
todo está ardiendo.

.

Vicente Muñoz Alvarez, “Gas. Antología poética personal 1999-2016”, Lupercalia Ediciones, Alicante 2016. Prólogo de Gsús Bonilla.