Ya a la venta “Los poemas de Horacio E. Cluck”

.

Si estás interesado podrás conseguirlo en tu librería acostumbrada. En el siguiente enlace van los distribuidores a quienes han de dirigirse los libreros.
http://huergayfierro.com/distribucion/

Título: Los poemas de Horacio E. Cluck
Autor: Luis Miguel Rabanal
Editorial: Huerga & Fierro
Colección: La rama dorada (Poesía)
ISBN: 978-84-947182-6-7
Precio: 12 €
Medidas: 13,5 × 21,5 cm
Número de páginas: 90
Fecha: junio 2017

O bien pidiéndolo aquí:
http://huergayfierro.com/pedidos/

Anuncios

Dos de “De Ciudad Blonde”, de MJ Romero

.

A VECES se apodera de mí el espíritu más chamánico de la tribu
y me convierto en una seta dadá de un bosque dadá

hongo paraguas para el temporal que arrecia
hongo paraguas de colores para un temporal gris

están buscando el secreto del poema
totalmente perdidos
como niños

blablá blablá

el mejor poema está en el silencio
el mejor poema es raíz
el mejor poema es rama
el mejor poema es
sin más

veo su luz
la oscuridad que ciega
desde mi posición de seta dadá.

.
BUSCO LA profundidad del pozo dijo ella
y él se dispuso a recoger lluvia

los aviones planean sobre la ciudad
sobre las cabezas de las bestias
sobre el silencio.

*

MJ Romero, “De Ciudad Blonde”, Los libros de Noctiluca, Sevilla 2017. Prólogo de Lola Crespo.

*

Información y pedidos: librosdenoctiluca@gmail.com

Poema infeliz

Frente a la linterna se ha negado la palabra que apetecía borrar cuanto antes de los labios de ella, no seas tan fiero.

Además se te ven los ojos más vacíos que ayer, se han caído de tus manos el aspaviento y la inclinación de las cosas y la fuerza motriz que alteraba a los niños.

Yo no voy a seguir hablando de ello, no quiero mentir.

En “Cultura y trabajo. Artistas en Castilla y León”

1-portada-cultura-y-trabajo

Ese cuerpo extraño que crece entre tus piernas y conoce el enojo y no conoce el temblor.

A menudo es suficiente con mirar la calle apagada y resignarse a haber sido el que fracturaba el deseo con las uñas insignificantes de firmeza de Simbad.

Ese cuerpo extraño que abulta en su desesperación y conforta al que llega con su vaso de fiebre.

*

Es el poema inédito para mi aportación al volumen “Cultura y trabajo. Artistas en Castilla y León”, editado por la Fundación Ateneo Cultural CC OO de Castilla y León, Valladolid 2017

Poema intermitente

La tarde es agria.
Me viene a la boca un sabor despreciable
análogo a aquello que siempre da pena recordar,
la falta de destreza que el deterioro produce
al pasar las horas, como un error
acostumbrado.
No suena más Ben Webster.

La tarde es hoy distinta.
Y es infundio mi nombre, lo mismo se suceden
los instrumentos de coser la médula,
lo mismo se aventuran a apostar contra mí
y me maldicen al llegar a la puerta, ven
y nos morimos.
Nada ya en mis manos.
Si adivinas mi cara, soy el deforme que aborreces,
como el lienzo de C. que no es posible mostrar
a las visitas.
La tarde trae a cuestas su dolor y su peligro.
Aparta de aquí, villano, hijo de puta.

Un poema de “Última alambrada”, de José Manuel Martín Portales

XII

la casa del ser es hermosa sin duda
el aire leve que mece sus cortinajes
el aroma de la floresta del jardincito eternamente heleno
la brisa del viejo mar empaña aún
los jarrones de cristal que abrazan a las rosas

para qué construir más habitáculos
¿no basta la pregunta?

pero la pregunta no puede ser habitada
si eres la pregunta, qué pretendes saber

.

José Manuel Martín Portales, “Última alambrada”, Diputación Provincial, Soria, 2017. Premio Leonor 2016.

En “El territorio del nómada”

El rebelde postrado / ERNESTO ESCAPA

POR RAZONES DE VECINDAD, HE SEGUIDO LA POESÍA DE LUIS MIGUEL RABANAL (RIELLO, 1957), QUE MAÑANA ALCANZA LOS 60, DESDE SU ESTRENO, CUANDO ERA UN ALIPENDE RUBIO ASIDUO DE LAS VERBENAS VERANIEGAS, QUE RONDABA RISUEÑO LOS DOMINGOS POR EL BAILE EN LA MAGDALENA.

Luego, conocidos los graves y sucesivos quebrantos de salud del poeta, he mantenido mi fidelidad al caudal de versos de sus libros, que con frecuencia desnudan, en el tumulto de su prosodia desbocada, referencias evocadoras de los tiempos juveniles compartidos, en que ambos pelábamos la pava por las eras festivas del contorno. Imposible no incurrir en nostalgia cuando el poeta rescata la liturgia gangosa y machacona de «la tómbola de Juan Pijón», en Camineros, jícaras, verdugos (2008). Antes de las sucesivas catástrofes, pero cuando ya el alipende Rabanal mostraba los primeros síntomas de dolencias, me acerqué a Riello con el recado contractual para la edición de su libro La memoria buscando sus disfraces (1986), un poemario poseído por la inminencia del anegamiento de Omaña: «En el fondo gigante de las lluvias / permanece la edad, el canto quejumbre de los carros / … en la espuma agonizan los niños como un sueño / que comienza a mancar los tejados, / los senderos, las eras».

PRIMEROS PREMIOS

Aquella Navidad yo bajaba de buscar sin fortuna a Luis Federico Martínez en La Robla, para que firmara el contrato de Tixtos de Melibea (1986), otro libro de la entonces incipiente colección Barrio de Maravillas, y la cuchipanda nebulosa del roblano, de cuyas derivas me informó resignada su madre, no me permitieron atisbar los presagios que acechaban a Luismi, entonces muy torturado por el embalse de aguas grises atestadas de lucios venenosos que amenazaba sus paisajes omañeses. Luis Miguel Rabanal ya había publicado seis libros, el más reciente de los cuales (Palabras para Obdulia) reiteraba su condición de finalista del premio Provincia de León, como ya fuera Cuaderno de junio dos años antes. Sin embargo, este primer grupo de poemarios cosecha por el tercero (Labios de la locura, 1983) el premio Ana de Valle (1900-1984), la poeta avilesina exiliada del 27, que después de la muerte de Franco volvió a su ciudad para ocultarse detrás del mostrador de un negocio de encuadernación. A Barrio de Maravillas lo acerca Gamoneda, que supo apreciar desde el principio la libre circulación de sus versos caudalosos. Después de estos primeros libros, tejidos en torno al amor y los paisajes olleirenses (Olleir / Riello) de su Omaña, amplía el abanico temático hasta alcanzar la profundidad resuelta, rabiosa y recalcitrante de Cáncer de invierno (Premio Provincia de León 1998). Entre medias, obtuvo el machadiano premio Leonor de Soria en 1989, y el gijonés Cálamo de poesía erótica en 1993, donde se muestra como «el navegante hermoso y rubio de la infancia» que tiene bajo su cuerpo «una estación distinta a aquel verano definitivamente roto por la lluvia». Cáncer de invierno es un libro sembrado de presagios de las peores vicisitudes. «Fui de súbito alguien que responde a las preguntas más brutales / con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen / lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca». También: «Me debo a aquel que se me parece mucho / y escribe sin pausas el maleficio inocuo, / detrás de mí, dictándome su exasperación / de condenado».

SECUENCIA DE PRECIPICIOS

Pero el proceso no sólo no se alivia, sino que recrudece su lima hasta límites difícilmente imaginables. El dolor, la memoria inclemente de las pérdidas y la vecindad de la muerte agitan la cadencia de los versos reunidos en La última vez (2000) y La casa vieja (2002), que suceden al accidente doméstico de 1997 que lo dejó tetrapléjico y postrado en silla de ruedas. Mas como la fatalidad nos enseña que siempre todo puede empeorar, en 2003, una salmonelosis paralizó su cuerpo, recluyendo al poeta en su casa de Avilés, donde escribe con un programa de reconocimiento de voz en cuyo manejo le asiste su mujer María Jesús Romero, compañera juvenil de verbenas y paseos por el camino de Ceide.

Los libros sucesivos (Bocados de rosa, 2004; Camineros, jícaras, verdugos, 2008; Mortajas, 2009; Fantasía del cuerpo postrado, 2010; Lugares, 2011; Música para torpes, 2012; A la que falta, 2013; y Tres inhalaciones, 2014) prosiguen la sustanciosa «cantinela del insomne» que agrupa un libro canónico: Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977, impulsado por sus fieles Gamoneda, Alberto Torices y Rafael Saravia, en edición de Renacimiento con frontispicio de Gamoneda, prólogo de Tomás Sánchez Santiago y epílogo de María Jesús Romero. Más de setecientas páginas de versos irreemplazables para celebrar los cuarenta años con la poesía de Luis Miguel Rabanal, que mañana alcanza postrado pero vivaz la sesentena de su edad. Una collada desde la que concluye con melancolía que «nada es como tendría que haber sido», antes de reconocer los daños del regreso recurrente e inesquivable, porque «en Olleir la memoria se agría».

*

DIARIO DE LEÓN, en el suplemento FILANDÓN, domingo 19 de marzo de 2017.
También aquí: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/rebelde-postrado_1146347.html

Este cuento se ha acabado en el blog Tecla a tecla / verso a verso

XXXI

Nadie nos lo contó.
El mar no estaba allí y nunca era nuestro,
a lo mejor nos haría llorar el humo del aguzo.

La felicidad llegaba cerca de las ocho,
una mujer vestida de negro narra los trances
sin apenas hablar y sabe de tu biografía
fuliginosos temores.

Los desnevios, las niñas añiles.
La vaca de goma y el abuelo Miguel: al azar
abrazos de quien no podría verte.
Nadie nos explicó que fuera una farsa.

Pasó la tormenta como tren encantado,
me hice más niño, me sobró
la ceniza.

de «Fantasía del cuerpo postrado» (2006-2010)
en «Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977» (Renacimiento 2015)

 

*

Gracias, Mar. http://teclaateclaplacard.blogspot.com.es/2017/03/poema-xxxi-de-fantasia-del-cuerpo.html

Dos de “Precioso rastro de destrucción”, de Víctor Pérez

libro-de-victor

GRASA PARA CARRETAS

Toda mi juventud la dediqué a romper con mi
[sonrisa la magia de los momentos
Mi padre me escupía para que estuviese fresquito
Ahora soy una máquina del vodka sin hielo
Y mis silbidos más chungos van siempre a las parejas
Mi sed es el escenario de la nada
Soy un experimento del gobierno que ha acabado muy mal
Si me paso una mano por el corazón se acaba la fiesta
Ardo en los suburbios
Y mi nombre es
Impronunciable.

.
BOWIE

Hola a todos
Vuelvo de Afganistán
Traigo fotos de mis quistes
Me vienen a la mente los pequeños detalles
El dolor acaba desapareciendo y se convierte en otra cosa
He bebido mucha cerveza y me he metido esteroides
No me esperaba volver
Le planté cara a aquellos chavales
Saludaba al sol mientras me zurcía las heridas
Ahora estoy preparado para el amor eterno
Ahora oigo ruidos en mi cabeza
Preñé a muchas
Me gusta la idea de dejar niños clavados a mí por el entorno
Eso es arte de verdad
Es difícil de describir en una sola frase potente
Soy como un tipo del espacio
Que fue allí a poner las cosas claras
Y vuelve como la imagen de un prometido
En un bar de carretera
Podrido de pasta y meando
Sangre.


Víctor Pérez, “Precioso rastro de destrucción”, Versátiles Editorial, Col. Tribal, Huelva 2016. Prólogo de Iván Rojo.

Poema de la ingravidez

Ese niño que a veces nos visita
y nos regala su rubor recién atribulado
aparece en nosotros sin más,
llora en tu cara
como un hombre hecho a la medida de tus cosas.

Él reconoce tu traje inoportuno
para las brumas reuniones,
Andrea.

Y consiente buscar en tu anhelo
flores silvestres, tímidos embustes y una pizca
de amor que todo lo engrandece.

No debes contradecir a ese niño
que se llama
como tú y como yo, y que para colmo de males
es nuestro doble inmerso en brujas, nuestro amor
insoluble a las gotitas de azar.

Este cuento se ha acabado en El orden olvidado de las palabras 2

Este cuento se portada
.

LV

Acércate hasta tocarme, dice él.
La ventana entreabierta y el fantasma rubio
a estas horas ya no suele acudir.
Solamente el amor a los cuerpos inermes,
a los objetos penosos,
podría dar con tu boca en mi boca.

Acércate hasta escarnecerme un poco, cerca
de aquí vive el hombre inconsolable, su manía
consiste en gritar su congoja a los que pasan.
Cuéntame tu enredo desde que fuimos niños
que tiemblan.

Acércate hasta soñar entre caricia
y caricia que todo ha terminado.
Las palabras y el dolor, el asco y el frío
que hace cuando no enjugas mi frente.
Déjame, le dice, volver y decirlo.

 

de “Fantasía del cuerpo postrado” (Libros de Camparredonda, 2010)
en “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977” (Renacimiento, 2015)
.

Gracias, Ángela. http://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2017/02/lv-fantasia-del-cuerpo-postrado.html

Poema incomprensible 2

ALGUNAS FORMAS DE PEREZA

cómo ir muriendo
hacia adelante como hacen los diluvios
y los cabellos de las muchachas
que se ansían
o por qué retroceder
y dilucidar de lo ya escrito
acariciado y adentrarse
en el patio carente de árboles ruinosos
y allí prestar el oído a la incidencia
o cuándo
en qué momento apresurar el paso
y dar pie a la repetición o al recuerdo
que se añade a nosotros
como un grito

En “Palabra Luz Materia”

amando-casado

Ahora vas a saber quién soy yo.
No sé si desnudarme
o empezar por lo que me conmueve, el alcohol
que no puedo digerir o la sonrisa
de aquel niño o la palma de la mano sudorosa
de alguien sollozando
entre mis manos.
Vas a saber con quién has vivido hasta hoy
sin haberte dado cuenta, sin notarlo siquiera
y sin una sola arruga en los destrozos
que quedan por ahí.

Si lo sabremos tú y yo que todo lo sabemos.
Vas a saber en este preciso instante
quién te dio la oportunidad para desvanecerte
y no volver nunca y ya ves que no.
Si por lo menos yo fuera yo y no ese muñeco vil
que ronda por la casa como un energúmeno,
con daga y caldero para el vómito.
Con sangre en las comisuras de la boca
y el corazón como si quisiera
ser destartalado.

Ese fantasma que tose.

*

Es mi autorretrato en el libro “Palabra Luz Materia”, de Amando Casado. Eolas ediciones-Universidad de León, León 2017. Prólogo de Roberto Castrillo Soto. Estudio crítico de José Enrique Martínez.

El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el libro.
— El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el volumen.

Dos poemas de “Lengua del duelo”, de César Iglesias

lengua_del_duelo

GENEALOGÍAS

Bebe Caín la vieja leche negra *
del hijo por dos veces sepultado
para domesticar ira que alumbra
las brumas de la culpa y la derrota.
La madre escoge las lentejas podres,
cuenta dolores de reuma y cocina;
el padre manosea ubres de reses
con toses, sabañones y blasfemias.
Son formas de calmar las pulsaciones,
enterrar las estirpes sin consuelo
y legar huesos, tumbas y carroña.
El hijo bebe ya la leche negra
y se pregunta: «¿Quien soy?, ¿dónde estoy?».
Sabe Caín que no quedan hermanos.

.
LLUVECES **

Sin letras y sin cifras esta estela
se levanta en las islas de diciembre.
Números y palabras son escritas
sobre las aguas verdes del olvido,
dirían Keats y Marisa Madieri.
No desfallecen hojas en las tumbas
de los hombres tachados, las lápidas
exigen desnudez para mostrar
los sustantivos todos, siempreausentes.
Las piedras y los árboles preparan
su venganza: la grava y la corteza
para levantar túmulos sin nombres.
¿Dónde tiene la llaga el porvenir,
su lamento y su rezo? En la oquedad.

* «Leche negra» (Schwarze milch) pertenece al primer verso de «Fuga de muerte» (Todesfuge), uno de los poemas emblemáticos, a la vez que opacos, de Paul Celan, traducido por José Luis Reina Palazón. (Poesías completas. Editorial Trotta. Madrid, 1999).

** Postal de Lluveces. Lluveces es el topónimo que recibe una pequeña isla frente a la playa de Barru, en el concejo de Llanes. aprovechando las mareas bajas cantábricas, los lugareños llevaban allí sus rebaños de cabras a pastar.

César Iglesias, “Lengua del duelo”, Ediciones Trea, Gijón 2106. Ilustraciones de Federico Granell.

Este cuento se ha acabado en Trianarts 7

Este cuento se portada
.

LOS QUE NO VOLVIERON

Se les vio llorar solo una vez desconsoladamente, lo mismo que chiquillas que temen ser decapitadas por el Hombre del saco y acaso de noche. De lejos nos traerían pájaros exóticos, jarrones con un levísimo mar encerrado, nombres sin rímel de mujer y terroríficas brújulas. Él recuerda el color de sus cabellos y la mugre de sus manos, la piedad de sus palabras al decirles adiós y alguna que otra breve extrañeza. Advertíamos cerca de sus cuerpos las botellas de orujo, pero también la renuncia, esa fiel abubilla que anida en la memoria de los ahogados y los tristes, y fingimos retenerlos allí sin rubor. No fue posible. Hoy, tal como se cuenta, descansan muy lejos de mí.

*

De: “La casa vieja”, 1999-2002
Recogido en: “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida, 2014–1977”
Ed. Renacimiento 2015 ©
ISBN: 978-848472-544-2

*

Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-los-no-volvieron/#sthash.864ebsJg.dpbs