Un poema de “Metaéxtasis”, de Óscar Ayala

 

/UN PLAN PARA MORIR DE MUERTE AZUL Y AMARGA/

Tendrá por fin un plan para morir de muerte azul y amarga.
Se cerrará sobre su propia esfera.
Destapará una música de pájaros que arpegien el tejado con sus vuelos [heridos.
Y los grávidos cúmulos arrancarán de cuajo los troncos de los árboles.
La única brisa perceptible será la vibración del alarido unánime.
Los escasos remansos de luz quedarán prisioneros entre piedras y muerte.
Los pocos cráteres que el amor practicó se sellarán con barro de ceniza y de [sangre.
El espacio y la noche.
La certeza.
La profundidad de los puntos.
El aire ahogando el aire.
La quietud acumulada durante siglos.
No habrá esta vez paloma ni brote ni grieta ni lejano goteo.
Tendrá tendrá por fin un plan para morir el mundo de muerte azul y amarga.
Se apagará y entonces un suspiro de alivio
desgarrará sus bronquios.
Será entonces.
Será en ese momento.
Será cuando se siente al defecar y descuide los ojos
cuando le clavaré mi canto en el centro de centro de la frente.
No antes.

*

Óscar Ayala, “Metaéxtasis”, Ediciones Baile del Sol, Col. Sitio de fuego, Tenerife 2018

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Matar el tiempo en La Ciudad Sinnombre

 

LV

Contando ovejitas negras, desgracias blancas y unicornios tostados.

Las mismas frases,

las más usadas y las más terribles y resecas por lo endebles, las que no quieren desasirse ahora mismo de mi voz que no es

mi voz.

Mirar que no falten nunca,
llevármelas conmigo al último cerco.

 

LXXII

Espera el hijo a que comience la tarde para reunir sus pasos con mis pasos de humo, tampoco opta por enmudecer igual que ha enmudecido la vida de quien con tanta amargura lo ama.

Duele atisbar en su cuerpo dulce y enorme cómo asume que va transcurriendo la hora de estremecerse por nada.

Llega de súbito la noche y nos sorprende apenas su tibia, su bronca sinrazón con palabras no dichas.

*

Gracias, MJ. http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com.es/2018/03/matar-el-tiempo-luis-miguel-rabanal.html

Matar el tiempo en En un bosque extranjero

 

La luz que no ha vuelto desde el día tristísimo.

La luz que no entiende de los anómalos cuerpos.

No sabría pronunciar las palabras cuyo significado apaciguase la zozobra insustituible de los otros.

Matar el tiempo matar el tiempo matar el tiempo.

 

De ese texto toma su título el último libro de Luis Miguel Rabanal, que publica Ediciones Trea, un libro de poemas que parecen escritos desde la otra orilla, con una distancia sentimental que sin embargo no deja de conmover al lector de sus setenta y cinco textos.

Quizá no otra cosa deba ser la poesía: esa rara mezcla de distancia y emoción, de técnica y llanto, como pedía Carlos Edmundo De Ory.

Santos Domínguez Ramos

*

Gracias, Santos. http://santosdominguez.blogspot.com.es/2018/03/luis-miguel-rabanal-matar-el-tiempo.html

 

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 4

portada

 

PECAS

La genuina calamidad era no estar cerca de ti. Muchas veces se atrevió a confesarse a sí mismo el desenfreno, este irse terminando con las manos llenas de arena y en entredicho cualquier semejanza con la piel que no ha dejado de ser vil nunca. La genuina calamidad era estar contigo. Nada es lo que fue, si tus quejas se rompen en la casa como una tarde cruel, si tu boca se ha hecho espuma en el mismo mar que antes ahogaba, nos sobra confusión, se dice. Para abrazarte se urdieron las palabras hermosas, él ya no tiene miembros ni corazón, le asustan los libros en blanco. Él no tiene manos tampoco, ni más corazón que cualquiera. Si quisiesen venir a atropar lo que dejaron de aquella esparcido sobre los cuerpos lisiados, si quisiesen venir a asustar un poco a los niños para que no duerman nunca, serías dichoso. Cada día un nombre que no te corresponde es pronunciado por alguien que no ves, desfigurará tus labios con el mayor sufrimiento. Querrá morir contigo.

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/03/pecas-un-poema-de-luis-miguel-rabanal.html

Ya en librerías “Matar el tiempo”

Si estás interesado podrás conseguirlo en tu librería acostumbrada
o bien pinchando en el enlace de la editorial:

http://www.trea.es/books/matar-el-tiempo

Editorial: Ediciones Trea
Título: Matar el tiempo
Autor: Luis Miguel Rabanal
ISBN: 978-84-17140-36-6
Precio: 14 €
Fecha: febrero 2018
Número de páginas: 96
Colección: Poesía

Distribuidores:

http://www.trea.es/p/distribuidores

 

Dos poemas de “Pan duro”, de Ana María Puigpelat

 

El hombre supo que era el hombre
cuando escuchó su nombre en las aceras.

El horizonte ya se había perdido,
escuadra de cemento y de metal
circuncidando el algodón del cielo.

Comienza la distancia, se mide en estaciones,
espacio confundiéndose con tiempo,
una escenografía de tres lunas
enmarcadas de lluvia.

El hombre había aprendido a caminar,
tuvo zapatos antes que los dientes,
pisar, luego morder,
siempre la carne.

 

 

La soledad es un concepto
que vendrá precedido de amargura.

Quizá llegue después con las ciudades
cuando la vista pierda los colores
y el calor sea una sombra artificial
dormida alrededor de la palabra.

Yo nunca he estado solo:
me rodean inventos e ilusiones
que ahora forman parte de mi mano.

Derrumbo poco a poco la constancia.

*

Ana María Puigpelat, “Pan duro. Antología poética”, Ars Poetica, Col. Beatus Ille, Oviedo 2017. Selección y prólogo de Verónica Aranda.

“Los poemas de Horacio E. Cluck” en Madrid

 

Es el vídeo de la lectura-presentación que el pasado día 13 tuvo lugar en la librería madrileña Enclave de Libros.
Intervinieron Ana Ares, Óscar Ayala, Gsús Bonilla, Javier Gil Martín, Ana Martín Puigpelat, Juan Carlos Mestre, Paco Moral y Rafael Saravia.
Al final del acto se sumaron la poeta Ángeles Fernangómez, la editora Charo Fierro y la también poeta María José Vidal Prado.
La grabación corrió a cargo de Paco Moral.

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 3

 

Casi sin querer, como ocurre la dicha
una vez que encontramos al doble
que desde el mirador nos sonríe con vergüenza
y es nuestra mirada que enloquece,
y es nuestro destino.
Sin predecir siquiera su lenta asimetría
nos insulta a voces y a trechos
desciende canalla a despojarnos de todo.
Es muy fácil llegar
y descubrir el cuarto revuelto por un hada
que nos robó el placer y los libros de Musil,
pero él lo ignora.
Cómo si no viene a nuestro abrazo
precisamente hoy, que es lunes
y llueve y es interminable.

“Los poemas de Horacio E. Cluck”, (El viaje), pag. 72,
Huerga & Fierro, Col. La Rama Dorada, Madrid 2017

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/01/casi-sin-querer-de-luis-miguel-rabanal.html

Lectura-presentación en Madrid de “Los poemas de Horacio E. Cluck”

Mañana, sábado 13, a las 19 h., tendrá lugar en la librería Enclave de Libros (C/ Relatores 16, 28012 Madrid) la lectura-presentación del libro “Los poemas de Horacio E. Cluck”, editado por Huerga & Fierro editores en su colección La Rama Dorada. El acto lo coordina Javier Gil Martín e intervendrán los poetas Ana Ares, Óscar Ayala, Gsús Bonilla, Viktor Gómez, Ana Martín Puigpelat, Juan Carlos Mestre, Paco Moral y Rafael Saravia. Ni que decir tiene que será bienvenido todo aquel que se anime a leer algún poema de LMR, que esto va de celebrar su poesía.

Dos poemas de “El abrazo contrario”, de Rafael Saravia

 

EÓN

No tenerte y celebrar hogueras.
Omitir las ganas del negro en tu lencería
e imprimir la palabra desorden
lentamente en el calor de tu apertura.

Irrumpir en tu vida.
Abrazar la castidad sin más distancia
que la apariencia de un tatuaje retocado,
uno a través de mis dedos y tus ganas,
ejemplo de aventuras y lágrimas de secano.

Reírnos… cultivar secretos
entre estos labios que se hacen verdura,
relámpago en monodosis,
trillo en época de pesca,
ese fatalismo que tanto nos gusta
en mitad de mi grito y tu cosecha.

Sentir tus ojos.
Mover mis poros a su ritmo,
inclinar lo solvente hasta aguantar el tiempo y su imparcialidad.

Verdad será lo reconocible e imperfecto.
Entonces serenos nos concederemos el baile,
radar de la emoción no perdida,
descuidados del deber y su cima,
anochados cada final de jornada en nuestro abrazo,
dejados en la posibilidad de ser felices.

.
XXIII

El poder de los que suponen el bien.
La noción de los cantos antes del desayuno.
Una mirada embebida del caldo azul de las maderas nórdicas.

Toda la fe puesta en cuarentena.
Todas las ganas puestas al servicio de una rueda
y un abismo asomado a los catálogos de enredaderas.

Luego la voluntad,
las notas prendidas a la estulticia
y las manos atropando el calor del aburrimiento.

Luego el baile de sexos.
La mansedumbre del ocio en favor de un sudor denostado.

El calambre acaparando torsiones,
dialectos de lo ajeno,
tesauros corvos y medianamente apetecibles.

Cualquier presagio que nos haga llorar
antes de cada abrazo contrario.

*

Rafael Saravia, “El abrazo contrario”, Bartleby Editores, Madrid 2017. Frontispicio de Antonio Gamoneda.

Un poema inédito de Margarita Merino

CASITA DE LA ENFERMA

Ha llegado ligera de equipaje,
se ha instalado en el espacio
de un poema,
escondida primero
para sentirse protegida
hasta saberse segura
y mostrarse descubierta,
ocupando tan pequeño lugar
ambulante,
casi inmediatamente
privilegiado,
escogiendo el rincón
del cariño más crujiente.
Se tumba en el sofá tapada
con un pañito de hilo
de cocina
y me mira, me mira, tan atenta.
No es ruidosa, es muy limpia,
pide las cosas con dulzura,
me llama muy bajito,
de doña si hace falta
y hasta por favor,
nunca a gritos,
pues es su elegancia natural
el ser así de fina.
Y se acicala, se acicala.
Sólo se sienta en mi silla
de trabajo
cuando no escribo
y espera el espacio favorito
con paciencia:
al volver y verla tan contenta
explorando mi ausencia
lo encuentro todo más humano
alrededor, como dándome
la bienvenida al folio,
(y al viejo ordenador
que ha enloquecido y utiliza
al imprimir dos tipos de letras
sin que se lo autoricen
los perfeccionistas).
Qué bella criatura,
qué habilidad de ser
y de evaporarse como el humo
a sus misterios y nostalgias.
Se deja torturar con medicinas,
acepta sin rechistar su régimen,
luego se frota contra mis piernas
y extendida en el suelo
me ofrece la barriga.
Al mirar el agradecimiento
suavemente sonoro al afecto
de la gata enferma que cuido
en estos días,
la tranquilidad que me inspira
la recuperación de su alegría,
comprendo
la sencillez de algunos secretos
de la casa de la vida:
compasión, compañía.
Abrir la puerta del corazón
a la delicadeza de los seres
que lo pisan de puntillas
para que lo recorran
sin reservas y se queden
a vivir.

Margarita Merino

Poema indecente

Mira tus labios y dime
quién fue el culpable.
En este atardecer que se derrama
en ascuas sobre ti,
dime dónde está tu pereza
de hombre solitario.
Como en los días tristes
toda la vida verás a tu alrededor
fantasmas del recuerdo
frágiles como el niño que ahora
se sonríe y adustos, a veces,
como la muerte
que hace suyo cuanto toca.
Dime quién te enumeró
la dicha y la desgana.

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 2

 

Las ambulancias tendrían
que haber vuelto a medianoche,
como la ferocidad y el instinto de no
irse, mas nada sabemos de quienes allí
cumplen su propósito.
No se soportaban el calor, la ducha indigna
de los martes, o el cieno de los amigos
que se marchan en coches azules
a merodear senderos de la muerte.
Y aún no han regresado
a por sus cosas sucias e inservibles,
vendrán borrachos como ayer.
Qué deberíamos esperar
de quienes no nos aman,
tanto como nosotros los aborrecemos.
Son las sirenas de la desesperación
como cuchillas,
sobre la página que tan bien recuerda
la voluntad sin ganas de abarcarla.

“Los poemas de Horacio E. Cluck”, pág. 51
Huerga & Fierro, 2017, Col. La rama dorada.

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2017/08/las-ambulancias.html

 

Los poemas de Horacio E. Cluck y Carlos Alcorta

 

Después de la publicación de su poesía reunida en Este cuento se ha acabado (Renacimiento, 2017) y de la publicación del libro de relatos La verdadera historia de Montserrat C., Rabanal vuelve a la carga con los poemas de un alter ego, Horacio Estanislao Cluck, en un libro denso y cargado de contrastes como es Los poemas de Horacio E. Cluck, un libro dividido en cinco secciones de las que hablaremos a continuación. La primera de ellas, la titulada «Los constructores de palabras», tiene un alto componente metapoético: «cuenta las palabras que te quedan por decir», escribe en el primer poema del libro, pero qué significa eso para alguien que escribe «desde otro mundo ajeno,/ el de las figuraciones imposibles», acaso porque lo que llamamos mundo real se le presenta al autor, Horacio E. Cluck, inabordable, porque lo que llamamos realidad es un constructo que determina una identidad en precario, subvertida, aniquilada por la fuerza de los hechos. El autor necesita reinventarse, ser otro distinto al que es, pero la inmediatez de las palabras no consigue reconstruir esas formas físicas cambiantes: «Ese soy yo, el que ya no es yo/ y sin embargo se mutila ferozmente/ porque trata de asirte con su cuerpo ajado./ Afuera se oye el trepidor confuso/ de la tarde y él bosteza,/ y tiene miedo». La segunda parte, como la cuarta, se titula «Desnudos». Ambas están integradas por poemas en prosa, un género que es, en teoría, menos contenido que el poema en verso, sujeto a unas reglas rítmicas menos estrictas (aunque, en este aspecto, cada vez más las convenciones tradicionales gocen de menos seguidores) y que tiene vinculaciones evidentes con el poema escrito en verso libre. Estos poemas de carácter narrativo no se limitan, sin embargo, a seguir una línea discursiva lógica. Hay alteraciones rítmicas que nos hacen suponer que lo irracional, la simultaneidad temporal que provoca la ensoñación o cierto sonanbulismo premeditado forman una parte esencial en la búsqueda de un lenguaje abarcador de la experiencia al completo, una experiencia en la que intervienen las evocaciones, las presunciones, las complicidades, los silencios, las imágenes (óleos, fotografías, grabados, fotogramas) y las palabras, palabras que reclaman una forma de mirar, de apropiarse de lo visto: «El poema recurre a tu vestido, te lo quita de golpe como si un leve temblor cerrase tus párpados y azotara tus nalgas con avivado deleite». Me pregunto, sin embargo, si otorgar tanto dominio no será cargar a las palabras de excesivas responsabilidades, aunque acaso esta forma de despojamiento nos conduzca a una realidad más real que la propia realidad. Existen, a pesar de mostrar un título similar, diferencias entre los «Desnudos» de la segunda parte y los de la cuarta. En estos últimos, el amor es interpretado más como un acto físico —aunque esa fisicidad provenga del inconsciente— que como un sentimiento, el amor no se identifica con la belleza sino con un cuerpo al que se fustiga desde unos ojos que no pueden tocar lo inalcanzable: «Algo le ocurre hoy a esta muchacha, velada e irremediable, que no alcanzas a mirar, que se vierte y se vierte y se vierte y se sale, que huye sin ti». Los poemas están compuestos a base de instantáneas que provienen de estratos diferentes de la mente, de ahí que atesoren cierto hermetismo o, por el contrario, ofrezcan una multiplicidad de sentidos que puede desorientar al lector. El torrente imaginativo de Luis Miguel Rabanal es caudaloso y, ya se sabe, no es fácil navegar en aguas bravas. Las dos secciones restantes del libro, «Imploró llamas y adivinos» y «El viaje», están compuestas en verso. Hay en la primera un alegato a favor de las máscaras del yo con las que se presenta ante los demás, en este caso a través de la escritura. El hombre miente, se traviste, es un extraño incluso para sí mismo: «Mientras dura el engaño se viste como ellas/ porque no importa mentirle a la vida,/ ni robarle al olvido muslos ignorados/ sin amor y con furia». El hombre habita en un cuerpo en el que no se reconoce, un cuerpo que se rebela y al que se intenta domeñar en la página: «Hallarán los calcinados restos/ del hombre que ansiaba ser distinto,/ reciente aún su efigie/ en las monedas, y es el odio/ que llega a remedar su desaliño grande».

El viaje que se realiza en la última sección del libro tiene más que ver con lo intangible que con lo tangible. No es un viaje físico, sino mental, producto de esa ensoñación permanente a la que el poeta parece aspirar. «El viajero eres tú/ y la desolación escucha tus latidos./ No, no debes volver». El viajero inmóvil recorre los caminos con el poder de su imaginación. El viajero inmóvil viaja por el cuerpo como quien se interna por las calles de una ciudad desconocida, el viajero inmóvil sabe que el verdadero viaje es el que tiene como destino el conocimiento de sí mismo, porque «El viaje hacia uno mismo no termina nunca».

La poesía de Luis Miguel Rabanal es sensorial y arrolladora, indómita como un caballo desbocado, con una mezcla no siempre proporcionada de intensidad y desesperación. Ese estado de efervescencia poética en que parece vivir el poeta produce poemas que no se sabe muy bien si proceden del inconsciente o de sueños astutamente dirigidos, por eso quizá, una de las mayores virtudes de su poesía, la elocuencia expresiva, colinde en muchas ocasiones con cierta incoherencia discursiva.

Carlos Alcorta

 

“Los poemas de Horacio E. Cluck”. Col. La rama dorada. Huerga y Fierro. Madrid 2017. Prólogo de Andrés González.

*

Gracias, Carlos. https://carlosalcorta.wordpress.com/2017/07/19/luis-miguel-rabanal-los-poemas-de-horacio-e-cluck/

Niñas, niñas

Estas niñas que rompen a su paso
el sol de las aceras, apenas
despeinadas y grises, suben
a los coches fatalmente sospechando
el ultraje dulce y frotan
sus pechos minúsculos en manos
amigas de papá, qué digo,
estas niñas que juran palabrotas
a la puerta de los cines
y luego besuquearán la lengua
nada aborrecible de Stephanie,
tan ajenas ellas a pasiones
efímeras, más tarde la noche
fragmentará su rostro, llevará
sus piernas a un pub de cuero
verde y allí el amor
se pactará como un tratado
de no mucha agresión, no me dejes
con Ben Webster, recíproca
ternura, no es mi último beso.