Matar el tiempo en El orden olvidado de las palabras

 

XLIII

Contemplar así el paso de la noche a la última ternura sería ineludible para tener que morir, pero morir con ella.

Ellos, por el contrario, todavía hoy adivinan qué es la lujuria sin nada.

Merece gratitud quien nos enseña a tragar el brebaje que abrasa, esa mezcla incalculable de hastío y enfermedad, de regaliz y de lluvia.

Ni se te ocurra volver.

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/03/contemplar-asi-el-paso-de-la-noche.html

 

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Un poema de “Manual para suicidas”, de Salvador Negro

 

Eres el argumento de quien ya te ha olvidado
y te recuerda a su pesar, la borrosa criatura que veneran
los que no saben del suplicio.
Es esta tu mecánica: respirar muy despacio el dolor
hasta que el pensamiento cuaje en una sombra
que puedas atrapar con el silencio,
—luego te sobresalta un nombre y todo está perdido,
crece la escarcha hasta borrar de nuevo de tus ojos
el indicio de la serenidad,
la cima cálida del frío—,
amar sin que note la distancia que corrige los besos,
proferir melodías para que el tiempo adorne
su paso tan absurdo, no poner condiciones al dolor
innecesario que por algún motivo
no se va nunca en demasía.

*

Salvador Negro, “Manual para suicidas”, Monográfico de la revista ABRIL, núm. 54, Luxemburgo 2017. Frontispicio de Antonio Gamoneda.

Matar el tiempo en Hankover

 

I

Tienes que ser tú el que consienta en la dulzura y también en el dolor, algo o alguien te conmueve pero no es en Montecorral sino en la desaparición que ahora mismo no te alude.

Frente al espejo se cumplen momentos que vaticinó el ausente, voces para el que regresa.

Por doquier palabras.

 

II

Soy quien no ha llegado aún.

Soy el que nadie esperaba que llegase, el que confía en el idiota misterio, siquiera el de saberse desahuciado como cualquier huido en el interminable fondo del bosque.

Sé quién es el asesino, te conviene ser mi amor, mi espasticidad y mi íntimo desastre.

Exacta culpa de la infancia.

 

III

Mi carne no es la carne que aguardabas.

Tantos libros abiertos y la música haciéndose, poemas sin terminar y muchachas heridas, todo por confeccionarse un sitio en la historia de este día y de aquel jueves nublado.

Mi lengua no es la lengua que hacía de las suyas al bajar la neblina, entregándose a ti como un travieso y diciéndome a mí mismo las funestas palabras de costumbre:

ten piedad de mí, ten mucha piedad de mí, ten mis brazos y cose mi garganta.

 

*

Gracias, Vicente. https://hankover.blogspot.com.es/2018/03/matar-el-tiempo-3-poemas.html?spref=fb

Un poema de “Metaéxtasis”, de Óscar Ayala

 

/UN PLAN PARA MORIR DE MUERTE AZUL Y AMARGA/

Tendrá por fin un plan para morir de muerte azul y amarga.
Se cerrará sobre su propia esfera.
Destapará una música de pájaros que arpegien el tejado con sus vuelos [heridos.
Y los grávidos cúmulos arrancarán de cuajo los troncos de los árboles.
La única brisa perceptible será la vibración del alarido unánime.
Los escasos remansos de luz quedarán prisioneros entre piedras y muerte.
Los pocos cráteres que el amor practicó se sellarán con barro de ceniza y de [sangre.
El espacio y la noche.
La certeza.
La profundidad de los puntos.
El aire ahogando el aire.
La quietud acumulada durante siglos.
No habrá esta vez paloma ni brote ni grieta ni lejano goteo.
Tendrá tendrá por fin un plan para morir el mundo de muerte azul y amarga.
Se apagará y entonces un suspiro de alivio
desgarrará sus bronquios.
Será entonces.
Será en ese momento.
Será cuando se siente al defecar y descuide los ojos
cuando le clavaré mi canto en el centro de centro de la frente.
No antes.

*

Óscar Ayala, “Metaéxtasis”, Ediciones Baile del Sol, Col. Sitio de fuego, Tenerife 2018

Matar el tiempo en La Ciudad Sinnombre

 

LV

Contando ovejitas negras, desgracias blancas y unicornios tostados.

Las mismas frases,

las más usadas y las más terribles y resecas por lo endebles, las que no quieren desasirse ahora mismo de mi voz que no es

mi voz.

Mirar que no falten nunca,
llevármelas conmigo al último cerco.

 

LXXII

Espera el hijo a que comience la tarde para reunir sus pasos con mis pasos de humo, tampoco opta por enmudecer igual que ha enmudecido la vida de quien con tanta amargura lo ama.

Duele atisbar en su cuerpo dulce y enorme cómo asume que va transcurriendo la hora de estremecerse por nada.

Llega de súbito la noche y nos sorprende apenas su tibia, su bronca sinrazón con palabras no dichas.

*

Gracias, MJ. http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com.es/2018/03/matar-el-tiempo-luis-miguel-rabanal.html

Matar el tiempo en En un bosque extranjero

 

La luz que no ha vuelto desde el día tristísimo.

La luz que no entiende de los anómalos cuerpos.

No sabría pronunciar las palabras cuyo significado apaciguase la zozobra insustituible de los otros.

Matar el tiempo matar el tiempo matar el tiempo.

 

De ese texto toma su título el último libro de Luis Miguel Rabanal, que publica Ediciones Trea, un libro de poemas que parecen escritos desde la otra orilla, con una distancia sentimental que sin embargo no deja de conmover al lector de sus setenta y cinco textos.

Quizá no otra cosa deba ser la poesía: esa rara mezcla de distancia y emoción, de técnica y llanto, como pedía Carlos Edmundo De Ory.

Santos Domínguez Ramos

*

Gracias, Santos. http://santosdominguez.blogspot.com.es/2018/03/luis-miguel-rabanal-matar-el-tiempo.html

 

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 4

portada

 

PECAS

La genuina calamidad era no estar cerca de ti. Muchas veces se atrevió a confesarse a sí mismo el desenfreno, este irse terminando con las manos llenas de arena y en entredicho cualquier semejanza con la piel que no ha dejado de ser vil nunca. La genuina calamidad era estar contigo. Nada es lo que fue, si tus quejas se rompen en la casa como una tarde cruel, si tu boca se ha hecho espuma en el mismo mar que antes ahogaba, nos sobra confusión, se dice. Para abrazarte se urdieron las palabras hermosas, él ya no tiene miembros ni corazón, le asustan los libros en blanco. Él no tiene manos tampoco, ni más corazón que cualquiera. Si quisiesen venir a atropar lo que dejaron de aquella esparcido sobre los cuerpos lisiados, si quisiesen venir a asustar un poco a los niños para que no duerman nunca, serías dichoso. Cada día un nombre que no te corresponde es pronunciado por alguien que no ves, desfigurará tus labios con el mayor sufrimiento. Querrá morir contigo.

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/03/pecas-un-poema-de-luis-miguel-rabanal.html

Ya en librerías “Matar el tiempo”

Si estás interesado podrás conseguirlo en tu librería acostumbrada
o bien pinchando en el enlace de la editorial:

http://www.trea.es/books/matar-el-tiempo

Editorial: Ediciones Trea
Título: Matar el tiempo
Autor: Luis Miguel Rabanal
ISBN: 978-84-17140-36-6
Precio: 14 €
Fecha: febrero 2018
Número de páginas: 96
Colección: Poesía

Distribuidores:

http://www.trea.es/p/distribuidores

 

Dos poemas de “Pan duro”, de Ana María Puigpelat

 

El hombre supo que era el hombre
cuando escuchó su nombre en las aceras.

El horizonte ya se había perdido,
escuadra de cemento y de metal
circuncidando el algodón del cielo.

Comienza la distancia, se mide en estaciones,
espacio confundiéndose con tiempo,
una escenografía de tres lunas
enmarcadas de lluvia.

El hombre había aprendido a caminar,
tuvo zapatos antes que los dientes,
pisar, luego morder,
siempre la carne.

 

 

La soledad es un concepto
que vendrá precedido de amargura.

Quizá llegue después con las ciudades
cuando la vista pierda los colores
y el calor sea una sombra artificial
dormida alrededor de la palabra.

Yo nunca he estado solo:
me rodean inventos e ilusiones
que ahora forman parte de mi mano.

Derrumbo poco a poco la constancia.

*

Ana María Puigpelat, “Pan duro. Antología poética”, Ars Poetica, Col. Beatus Ille, Oviedo 2017. Selección y prólogo de Verónica Aranda.

“Los poemas de Horacio E. Cluck” en Madrid

 

Es el vídeo de la lectura-presentación que el pasado día 13 tuvo lugar en la librería madrileña Enclave de Libros.
Intervinieron Ana Ares, Óscar Ayala, Gsús Bonilla, Javier Gil Martín, Ana Martín Puigpelat, Juan Carlos Mestre, Paco Moral y Rafael Saravia.
Al final del acto se sumaron la poeta Ángeles Fernangómez, la editora Charo Fierro y la también poeta María José Vidal Prado.
La grabación corrió a cargo de Paco Moral.

Los poemas de Horacio E. Cluck en El orden olvidado de las palabras 3

 

Casi sin querer, como ocurre la dicha
una vez que encontramos al doble
que desde el mirador nos sonríe con vergüenza
y es nuestra mirada que enloquece,
y es nuestro destino.
Sin predecir siquiera su lenta asimetría
nos insulta a voces y a trechos
desciende canalla a despojarnos de todo.
Es muy fácil llegar
y descubrir el cuarto revuelto por un hada
que nos robó el placer y los libros de Musil,
pero él lo ignora.
Cómo si no viene a nuestro abrazo
precisamente hoy, que es lunes
y llueve y es interminable.

“Los poemas de Horacio E. Cluck”, (El viaje), pag. 72,
Huerga & Fierro, Col. La Rama Dorada, Madrid 2017

*

Gracias, Angelina. https://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2018/01/casi-sin-querer-de-luis-miguel-rabanal.html

Lectura-presentación en Madrid de “Los poemas de Horacio E. Cluck”

Mañana, sábado 13, a las 19 h., tendrá lugar en la librería Enclave de Libros (C/ Relatores 16, 28012 Madrid) la lectura-presentación del libro “Los poemas de Horacio E. Cluck”, editado por Huerga & Fierro editores en su colección La Rama Dorada. El acto lo coordina Javier Gil Martín e intervendrán los poetas Ana Ares, Óscar Ayala, Gsús Bonilla, Viktor Gómez, Ana Martín Puigpelat, Juan Carlos Mestre, Paco Moral y Rafael Saravia. Ni que decir tiene que será bienvenido todo aquel que se anime a leer algún poema de LMR, que esto va de celebrar su poesía.

Dos poemas de “El abrazo contrario”, de Rafael Saravia

 

EÓN

No tenerte y celebrar hogueras.
Omitir las ganas del negro en tu lencería
e imprimir la palabra desorden
lentamente en el calor de tu apertura.

Irrumpir en tu vida.
Abrazar la castidad sin más distancia
que la apariencia de un tatuaje retocado,
uno a través de mis dedos y tus ganas,
ejemplo de aventuras y lágrimas de secano.

Reírnos… cultivar secretos
entre estos labios que se hacen verdura,
relámpago en monodosis,
trillo en época de pesca,
ese fatalismo que tanto nos gusta
en mitad de mi grito y tu cosecha.

Sentir tus ojos.
Mover mis poros a su ritmo,
inclinar lo solvente hasta aguantar el tiempo y su imparcialidad.

Verdad será lo reconocible e imperfecto.
Entonces serenos nos concederemos el baile,
radar de la emoción no perdida,
descuidados del deber y su cima,
anochados cada final de jornada en nuestro abrazo,
dejados en la posibilidad de ser felices.

.
XXIII

El poder de los que suponen el bien.
La noción de los cantos antes del desayuno.
Una mirada embebida del caldo azul de las maderas nórdicas.

Toda la fe puesta en cuarentena.
Todas las ganas puestas al servicio de una rueda
y un abismo asomado a los catálogos de enredaderas.

Luego la voluntad,
las notas prendidas a la estulticia
y las manos atropando el calor del aburrimiento.

Luego el baile de sexos.
La mansedumbre del ocio en favor de un sudor denostado.

El calambre acaparando torsiones,
dialectos de lo ajeno,
tesauros corvos y medianamente apetecibles.

Cualquier presagio que nos haga llorar
antes de cada abrazo contrario.

*

Rafael Saravia, “El abrazo contrario”, Bartleby Editores, Madrid 2017. Frontispicio de Antonio Gamoneda.

Un poema inédito de Margarita Merino

CASITA DE LA ENFERMA

Ha llegado ligera de equipaje,
se ha instalado en el espacio
de un poema,
escondida primero
para sentirse protegida
hasta saberse segura
y mostrarse descubierta,
ocupando tan pequeño lugar
ambulante,
casi inmediatamente
privilegiado,
escogiendo el rincón
del cariño más crujiente.
Se tumba en el sofá tapada
con un pañito de hilo
de cocina
y me mira, me mira, tan atenta.
No es ruidosa, es muy limpia,
pide las cosas con dulzura,
me llama muy bajito,
de doña si hace falta
y hasta por favor,
nunca a gritos,
pues es su elegancia natural
el ser así de fina.
Y se acicala, se acicala.
Sólo se sienta en mi silla
de trabajo
cuando no escribo
y espera el espacio favorito
con paciencia:
al volver y verla tan contenta
explorando mi ausencia
lo encuentro todo más humano
alrededor, como dándome
la bienvenida al folio,
(y al viejo ordenador
que ha enloquecido y utiliza
al imprimir dos tipos de letras
sin que se lo autoricen
los perfeccionistas).
Qué bella criatura,
qué habilidad de ser
y de evaporarse como el humo
a sus misterios y nostalgias.
Se deja torturar con medicinas,
acepta sin rechistar su régimen,
luego se frota contra mis piernas
y extendida en el suelo
me ofrece la barriga.
Al mirar el agradecimiento
suavemente sonoro al afecto
de la gata enferma que cuido
en estos días,
la tranquilidad que me inspira
la recuperación de su alegría,
comprendo
la sencillez de algunos secretos
de la casa de la vida:
compasión, compañía.
Abrir la puerta del corazón
a la delicadeza de los seres
que lo pisan de puntillas
para que lo recorran
sin reservas y se queden
a vivir.

Margarita Merino

Poema indecente

Mira tus labios y dime
quién fue el culpable.
En este atardecer que se derrama
en ascuas sobre ti,
dime dónde está tu pereza
de hombre solitario.
Como en los días tristes
toda la vida verás a tu alrededor
fantasmas del recuerdo
frágiles como el niño que ahora
se sonríe y adustos, a veces,
como la muerte
que hace suyo cuanto toca.
Dime quién te enumeró
la dicha y la desgana.