En “El territorio del nómada”

El rebelde postrado / ERNESTO ESCAPA

POR RAZONES DE VECINDAD, HE SEGUIDO LA POESÍA DE LUIS MIGUEL RABANAL (RIELLO, 1957), QUE MAÑANA ALCANZA LOS 60, DESDE SU ESTRENO, CUANDO ERA UN ALIPENDE RUBIO ASIDUO DE LAS VERBENAS VERANIEGAS, QUE RONDABA RISUEÑO LOS DOMINGOS POR EL BAILE EN LA MAGDALENA.

Luego, conocidos los graves y sucesivos quebrantos de salud del poeta, he mantenido mi fidelidad al caudal de versos de sus libros, que con frecuencia desnudan, en el tumulto de su prosodia desbocada, referencias evocadoras de los tiempos juveniles compartidos, en que ambos pelábamos la pava por las eras festivas del contorno. Imposible no incurrir en nostalgia cuando el poeta rescata la liturgia gangosa y machacona de «la tómbola de Juan Pijón», en Camineros, jícaras, verdugos (2008). Antes de las sucesivas catástrofes, pero cuando ya el alipende Rabanal mostraba los primeros síntomas de dolencias, me acerqué a Riello con el recado contractual para la edición de su libro La memoria buscando sus disfraces (1986), un poemario poseído por la inminencia del anegamiento de Omaña: «En el fondo gigante de las lluvias / permanece la edad, el canto quejumbre de los carros / … en la espuma agonizan los niños como un sueño / que comienza a mancar los tejados, / los senderos, las eras».

PRIMEROS PREMIOS

Aquella Navidad yo bajaba de buscar sin fortuna a Luis Federico Martínez en La Robla, para que firmara el contrato de Tixtos de Melibea (1986), otro libro de la entonces incipiente colección Barrio de Maravillas, y la cuchipanda nebulosa del roblano, de cuyas derivas me informó resignada su madre, no me permitieron atisbar los presagios que acechaban a Luismi, entonces muy torturado por el embalse de aguas grises atestadas de lucios venenosos que amenazaba sus paisajes omañeses. Luis Miguel Rabanal ya había publicado seis libros, el más reciente de los cuales (Palabras para Obdulia) reiteraba su condición de finalista del premio Provincia de León, como ya fuera Cuaderno de junio dos años antes. Sin embargo, este primer grupo de poemarios cosecha por el tercero (Labios de la locura, 1983) el premio Ana de Valle (1900-1984), la poeta avilesina exiliada del 27, que después de la muerte de Franco volvió a su ciudad para ocultarse detrás del mostrador de un negocio de encuadernación. A Barrio de Maravillas lo acerca Gamoneda, que supo apreciar desde el principio la libre circulación de sus versos caudalosos. Después de estos primeros libros, tejidos en torno al amor y los paisajes olleirenses (Olleir / Riello) de su Omaña, amplía el abanico temático hasta alcanzar la profundidad resuelta, rabiosa y recalcitrante de Cáncer de invierno (Premio Provincia de León 1998). Entre medias, obtuvo el machadiano premio Leonor de Soria en 1989, y el gijonés Cálamo de poesía erótica en 1993, donde se muestra como «el navegante hermoso y rubio de la infancia» que tiene bajo su cuerpo «una estación distinta a aquel verano definitivamente roto por la lluvia». Cáncer de invierno es un libro sembrado de presagios de las peores vicisitudes. «Fui de súbito alguien que responde a las preguntas más brutales / con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen / lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca». También: «Me debo a aquel que se me parece mucho / y escribe sin pausas el maleficio inocuo, / detrás de mí, dictándome su exasperación / de condenado».

SECUENCIA DE PRECIPICIOS

Pero el proceso no sólo no se alivia, sino que recrudece su lima hasta límites difícilmente imaginables. El dolor, la memoria inclemente de las pérdidas y la vecindad de la muerte agitan la cadencia de los versos reunidos en La última vez (2000) y La casa vieja (2002), que suceden al accidente doméstico de 1997 que lo dejó tetrapléjico y postrado en silla de ruedas. Mas como la fatalidad nos enseña que siempre todo puede empeorar, en 2003, una salmonelosis paralizó su cuerpo, recluyendo al poeta en su casa de Avilés, donde escribe con un programa de reconocimiento de voz en cuyo manejo le asiste su mujer María Jesús Romero, compañera juvenil de verbenas y paseos por el camino de Ceide.

Los libros sucesivos (Bocados de rosa, 2004; Camineros, jícaras, verdugos, 2008; Mortajas, 2009; Fantasía del cuerpo postrado, 2010; Lugares, 2011; Música para torpes, 2012; A la que falta, 2013; y Tres inhalaciones, 2014) prosiguen la sustanciosa «cantinela del insomne» que agrupa un libro canónico: Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977, impulsado por sus fieles Gamoneda, Alberto Torices y Rafael Saravia, en edición de Renacimiento con frontispicio de Gamoneda, prólogo de Tomás Sánchez Santiago y epílogo de María Jesús Romero. Más de setecientas páginas de versos irreemplazables para celebrar los cuarenta años con la poesía de Luis Miguel Rabanal, que mañana alcanza postrado pero vivaz la sesentena de su edad. Una collada desde la que concluye con melancolía que «nada es como tendría que haber sido», antes de reconocer los daños del regreso recurrente e inesquivable, porque «en Olleir la memoria se agría».

*

DIARIO DE LEÓN, en el suplemento FILANDÓN, domingo 19 de marzo de 2017.
También aquí: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/rebelde-postrado_1146347.html

Este cuento se ha acabado en el blog Tecla a tecla / verso a verso

XXXI

Nadie nos lo contó.
El mar no estaba allí y nunca era nuestro,
a lo mejor nos haría llorar el humo del aguzo.

La felicidad llegaba cerca de las ocho,
una mujer vestida de negro narra los trances
sin apenas hablar y sabe de tu biografía
fuliginosos temores.

Los desnevios, las niñas añiles.
La vaca de goma y el abuelo Miguel: al azar
abrazos de quien no podría verte.
Nadie nos explicó que fuera una farsa.

Pasó la tormenta como tren encantado,
me hice más niño, me sobró
la ceniza.

de «Fantasía del cuerpo postrado» (2006-2010)
en «Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977» (Renacimiento 2015)

 

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Gracias, Mar. http://teclaateclaplacard.blogspot.com.es/2017/03/poema-xxxi-de-fantasia-del-cuerpo.html

Dos de “Precioso rastro de destrucción”

libro-de-victor

GRASA PARA CARRETAS

Toda mi juventud la dediqué a romper con mi
[sonrisa la magia de los momentos
Mi padre me escupía para que estuviese fresquito
Ahora soy una máquina del vodka sin hielo
Y mis silbidos más chungos van siempre a las parejas
Mi sed es el escenario de la nada
Soy un experimento del gobierno que ha acabado muy mal
Si me paso una mano por el corazón se acaba la fiesta
Ardo en los suburbios
Y mi nombre es
Impronunciable.

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BOWIE

Hola a todos
Vuelvo de Afganistán
Traigo fotos de mis quistes
Me vienen a la mente los pequeños detalles
El dolor acaba desapareciendo y se convierte en otra cosa
He bebido mucha cerveza y me he metido esteroides
No me esperaba volver
Le planté cara a aquellos chavales
Saludaba al sol mientras me zurcía las heridas
Ahora estoy preparado para el amor eterno
Ahora oigo ruidos en mi cabeza
Preñé a muchas
Me gusta la idea de dejar niños clavados a mí por el entorno
Eso es arte de verdad
Es difícil de describir en una sola frase potente
Soy como un tipo del espacio
Que fue allí a poner las cosas claras
Y vuelve como la imagen de un prometido
En un bar de carretera
Podrido de pasta y meando
Sangre.


Víctor Pérez, “Precioso rastro de destrucción”, Versátiles Editorial, Col. Tribal, Huelva 2016. Prólogo de Iván Rojo.

Poema de la ingravidez

Ese niño que a veces nos visita
y nos regala su rubor recién atribulado
aparece en nosotros sin más,
llora en tu cara
como un hombre hecho a la medida de tus cosas.

Él reconoce tu traje inoportuno
para las brumas reuniones,
Andrea.

Y consiente buscar en tu anhelo
flores silvestres, tímidos embustes y una pizca
de amor que todo lo engrandece.

No debes contradecir a ese niño
que se llama
como tú y como yo, y que para colmo de males
es nuestro doble inmerso en brujas, nuestro amor
insoluble a las gotitas de azar.

Este cuento se ha acabado en El orden olvidado de las palabras 2

Este cuento se portada
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LV

Acércate hasta tocarme, dice él.
La ventana entreabierta y el fantasma rubio
a estas horas ya no suele acudir.
Solamente el amor a los cuerpos inermes,
a los objetos penosos,
podría dar con tu boca en mi boca.

Acércate hasta escarnecerme un poco, cerca
de aquí vive el hombre inconsolable, su manía
consiste en gritar su congoja a los que pasan.
Cuéntame tu enredo desde que fuimos niños
que tiemblan.

Acércate hasta soñar entre caricia
y caricia que todo ha terminado.
Las palabras y el dolor, el asco y el frío
que hace cuando no enjugas mi frente.
Déjame, le dice, volver y decirlo.

 

de “Fantasía del cuerpo postrado” (Libros de Camparredonda, 2010)
en “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977” (Renacimiento, 2015)
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Gracias, Ángela. http://elordenolvidadodelaspalabras.blogspot.com.es/2017/02/lv-fantasia-del-cuerpo-postrado.html

Poema incomprensible 2

ALGUNAS FORMAS DE PEREZA

cómo ir muriendo
hacia adelante como hacen los diluvios
y los cabellos de las muchachas
que se ansían
o por qué retroceder
y dilucidar de lo ya escrito
acariciado y adentrarse
en el patio carente de árboles ruinosos
y allí prestar el oído a la incidencia
o cuándo
en qué momento apresurar el paso
y dar pie a la repetición o al recuerdo
que se añade a nosotros
como un grito

En “Palabra Luz Materia”

amando-casado

Ahora vas a saber quién soy yo.
No sé si desnudarme
o empezar por lo que me conmueve, el alcohol
que no puedo digerir o la sonrisa
de aquel niño o la palma de la mano sudorosa
de alguien sollozando
entre mis manos.
Vas a saber con quién has vivido hasta hoy
sin haberte dado cuenta, sin notarlo siquiera
y sin una sola arruga en los destrozos
que quedan por ahí.

Si lo sabremos tú y yo que todo lo sabemos.
Vas a saber en este preciso instante
quién te dio la oportunidad para desvanecerte
y no volver nunca y ya ves que no.
Si por lo menos yo fuera yo y no ese muñeco vil
que ronda por la casa como un energúmeno,
con daga y caldero para el vómito.
Con sangre en las comisuras de la boca
y el corazón como si quisiera
ser destartalado.

Ese fantasma que tose.

*

Es mi autorretrato en el libro “Palabra Luz Materia”, de Amando Casado. Eolas ediciones-Universidad de León, León 2017. Prólogo de Roberto Castrillo Soto. Estudio crítico de José Enrique Martínez.

El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el libro.
— El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el volumen.

Dos poemas de “Lengua del duelo”

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GENEALOGÍAS

Bebe Caín la vieja leche negra *
del hijo por dos veces sepultado
para domesticar ira que alumbra
las brumas de la culpa y la derrota.
La madre escoge las lentejas podres,
cuenta dolores de reuma y cocina;
el padre manosea ubres de reses
con toses, sabañones y blasfemias.
Son formas de calmar las pulsaciones,
enterrar las estirpes sin consuelo
y legar huesos, tumbas y carroña.
El hijo bebe ya la leche negra
y se pregunta: «¿Quien soy?, ¿dónde estoy?».
Sabe Caín que no quedan hermanos.

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LLUVECES **

Sin letras y sin cifras esta estela
se levanta en las islas de diciembre.
Números y palabras son escritas
sobre las aguas verdes del olvido,
dirían Keats y Marisa Madieri.
No desfallecen hojas en las tumbas
de los hombres tachados, las lápidas
exigen desnudez para mostrar
los sustantivos todos, siempreausentes.
Las piedras y los árboles preparan
su venganza: la grava y la corteza
para levantar túmulos sin nombres.
¿Dónde tiene la llaga el porvenir,
su lamento y su rezo? En la oquedad.

* «Leche negra» (Schwarze milch) pertenece al primer verso de «Fuga de muerte» (Todesfuge), uno de los poemas emblemáticos, a la vez que opacos, de Paul Celan, traducido por José Luis Reina Palazón. (Poesías completas. Editorial Trotta. Madrid, 1999).

** Postal de Lluveces. Lluveces es el topónimo que recibe una pequeña isla frente a la playa de Barru, en el concejo de Llanes. aprovechando las mareas bajas cantábricas, los lugareños llevaban allí sus rebaños de cabras a pastar.

César Iglesias, “Lengua del duelo”, Ediciones Trea, Gijón 2106. Ilustraciones de Federico Granell.

Este cuento se ha acabado en Trianarts 7

Este cuento se portada
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LOS QUE NO VOLVIERON

Se les vio llorar solo una vez desconsoladamente, lo mismo que chiquillas que temen ser decapitadas por el Hombre del saco y acaso de noche. De lejos nos traerían pájaros exóticos, jarrones con un levísimo mar encerrado, nombres sin rímel de mujer y terroríficas brújulas. Él recuerda el color de sus cabellos y la mugre de sus manos, la piedad de sus palabras al decirles adiós y alguna que otra breve extrañeza. Advertíamos cerca de sus cuerpos las botellas de orujo, pero también la renuncia, esa fiel abubilla que anida en la memoria de los ahogados y los tristes, y fingimos retenerlos allí sin rubor. No fue posible. Hoy, tal como se cuenta, descansan muy lejos de mí.

*

De: “La casa vieja”, 1999-2002
Recogido en: “Este cuento se ha acabado. Poesía reunida, 2014–1977”
Ed. Renacimiento 2015 ©
ISBN: 978-848472-544-2

*

Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-los-no-volvieron/#sthash.864ebsJg.dpbs

Poema incomprensible

PALABRAS PARA OBDULIA

nada
como sucede en los interminables infiernos
de la herida
disuadiendo a pájaros hermosos que te saben y aman
en una síntesis de médulas y cálidos acoples
donde germinar la indiferencia o el sosiego

de sexos y enebros que suscitan
ternura o siestas o llegadas
y sabes quién está al fondo siempre de mis ojos

El afilador

El afilador picaba
a las ventanas del buen tiempo
y se cubría el rostro con saúcos.
Pasó la edad de despertar sin ropa
y sin nadie al lado a quien querer.
Hoy el quejumbroso, el inservible,
abraza a la deriva a quien lo abraza,
se sumerge en su mundo imperfecto
y vive de su paciencia
que es ventajosa y amargamente aturde.
Todo lo demás se llama de otra forma
cruel.

Dos de “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”

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La caída es confortable, en ningún momento me veo
como una silueta de tiza en la acera.
Según desciendo, una amplia tonalidad de grises
cobra fuerza en el escenario. Los magentas del Prado
y los vivos chillones de la tierra Oz no encuentran sitio
en este nuevo comienzo.
No soy los magentas que me arrastraron al odio
ni los vivos chillones que infectaron de muerte mis manos.
Una nueva acuarela desolla las manos del opresor, las llena
de amor. Desnortado, el impacto sobre mullido me aturde.
Un paisaje gris, gris cotidiano, gris cola de autoservicio,
gris de ni un sitio donde aparcar en toda la manzana.
Gris de facturas e hipotecas. Un gris anhelado solo roto
por el arcoíris cuando las lágrimas.
El amor es un abanico de grises.

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La primera mujer en pisar la luna
se llamaba Rosalía Guijarro,
nadie la recibió con honores, no tiene su nombre en el Hall of Fame.
Tampoco es una heroína ni trabajaba para pagarse la universidad,
sus padres vinieron de México a Florida, eran espaldas mojadas.
Hablaba mal el inglés, no era guapa,
no consiguió el sueño americano.

La primera mujer en pisar la luna se llamaba Rosalía Guijarro,
cuando en los estudios de la Fox dijeron corten
entró a limpiar el decorado de polvo y piedras de cartón piedra.
Le vino la regla, fantaseó con besar a Collins, soñó
que le traía la luna envuelta en papel de celofán.

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Jorge M. Molinero, “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”, La Penúltima Editorial, Valladolid 2016. Prólogo de Manuela Paso Rodríguez.

Un poema de MJ Romero

1
Diagnosticada la enfermedad, comienza la enfermedad de padecer la enfermedad: la carcoma sin termitas, los besos de la fiebre, el runrún de la noche, la gravedad absoluta del tiempo. Cualquier cama de hospital equivale a todas las palabras que puedas imaginarte elevadas a cero, la unidad reducida a un cuerpo.
Al final entiendo que la vida va rimada con dolor, un dolor inconcluso lentamente.

2
Más allá del desanclaje que desestabiliza el cuerpo apenas sucede nada. El punto de apoyo se desliza levemente, el cuerpo tiembla por saberse en el aire, los huesos se creen a buen resguardo, pero el punto de apoyo levita en la cabeza con desdén de peligro.