Los poemas de Horacio E. Cluck y José Luis Morante

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ÓSMOSIS

Para que la oscuridad del dolor no se convierta en patetismo declamatorio, su expresión literaria exige una perspectiva. Lo sabía muy bien el poeta catalán Joan Margarit al emplear como clave argumental de su poemario Joana la enfermedad y muerte de su hija; y lo sabe Luis Miguel Rabanal al indagar sobre circunstancias existenciales complejas y compartir la lucidez de su fiebre en Los poemas de Horacio E. Cluck.

En las líneas introductorias de “Humo”, la caligrafía barroca de Andrés González emplea esta expresión: “un poemario místico, bendito, sacrílego también, como debe ser el agua fuera de mayo”; el prologuista también sondea la identidad del protagonista lírico, Horacio Estanislao Cluck, como imagen especular del yo biográfico y su memoria encendida. En suma, una advertencia al lector de que, como en libros anteriores, en su amplia trayectoria poética Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) cultiva una heterodoxia de sombra alargada que transita por las diferentes secciones de esta propuesta lírica.

Desde la voz de un yo desdoblado arranca el apartado inicial en el que encuentra sitio una dicción limpia que desvela intimismo y transparencia. En ella fluye la conciencia de lo transitorio, el hilo débil que nos va acercando a un tiempo cumplido y que requiere hacerse perdurable en el quehacer de “Los constructores de palabras”. Desde su empeño, nace el poema cuyos rasgos muestran fragilidad y añoranza, un discurso emotivo de quien se siente náufrago a la deriva y conoce “el desastre de no pertenecer / a lugar alguno, / como los vencejos de agosto”.

La segunda sección emplea como única forma el poema en prosa. La reflexión difunde una estela de voces en la que escuchamos la transpiración de varias identidades, aunque prevalece una voz femenina asociada al recuerdo y al deseo, un deseo declinante que poco a poco se convierte en soledad vencida, como si el ahora solo dejase sitio a los recuerdos de otra cronología más propicia. La forma se emplea de nuevo en las composiciones del cuarto apartado en el que prosigue “Desnudos” su variada caligrafía reflexiva.

La verdad aseverativa de la derrota requiere un comienzo, la reformulación de una esperanza. Así parece anunciarse en el aserto que aglutina el tercer apartado “Imploró llamas y adivinos”. Porque el amor no basta y el presente despliega su grisura con su magra cosecha de sueños por cumplir, es necesario desplegar. La muestra final “El viaje” establece un claro paralelismo entre el viaje y el itinerario vivencial, en la línea de tantos autores clásicos; los poemas recuerdan el discontinuo gotear de la memoria para dejar estampas adormecidas de otro tiempo, con una geografía cómplice y cercana. Si el cuerpo de la amada es el primer plano del laberinto en el tiempo que permite sobrevivir a la incertidumbre, también se hace presencia la contemplación del propio destino con la mirada del observador que descubre los claroscuros y asimetrías de la identidad. El pasado ha perdido su luz onírica y ahora aparece como expresión de una mentira a la que no se puede regresar; lo mismo sucede con la casa que añade moho y derrumbe a sus cimientos o con las vivencias del discurrir siempre confrontadas con la grisura de la soledad.

En Los poemas de Horacio E. Cluck asistimos a un largo proceso de análisis interior. La derrota invita a reacomodar lo cotidiano y salir al día para buscar al yo trasterrado. Fiel a sus constantes poéticas, Luis Miguel Rabanal despliega intimismo y nos revela esas sombras de arena que duermen en la biografía del yo escindido. En ella se guarda un calor de vida ya gastada, la sensación compleja de haber sido.

José Luis Morante

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“Los poemas de Horacio E. Cluck”
Luis Miguel Rabanal
Huerga & Fierro / La rama dorada
Madrid 2017

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Gracias, José Luis. https://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2017/06/luis-miguel-rabanal-los-poemas-de.html

Los poemas de Horacio E. Cluck en el blog Fuego con nieve

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OTRA DEFINICIÓN DE LA POESÍA

Poco después de entregar su producción poetica de muchos años en un grueso volumen, Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), el leonés de Riello Luis Miguel Rabanal publica ahora Los poemas de Horacio E. Cluck (Huerga & Fierro). Me ha recordado a Rafael Adolfo Téllez y sus Los cantos de Joseph Uber (2011), donde el andaluz creaba también un heterónimo que se desenvolvía en el mundo rural tan bien conocido por el autor. Una selección de los poemas de Téllez, incluidos los cantos, ha visto la luz hace pocos meses en la antología La soledad del aguacero (Renacimiento, como la poesía reunida de Rabanal) con prólogo -volvemos al simétrico reparto geográfico- de Andrés Trapiello y epílogo de José Julio Cabanillas.

Rabanal, que ya había usado a Cluck hacía tiempo, lo recupera en este valioso libro mediante composiciones en verso que no adormece en el previsible ritmo y poemas en prosa que tienen no poco de narrativo, de episodios de una historia. Hay en él una labor de recuperación del lenguaje, también con el uso de palabras aldeanas -cilleros, tenadas, piérgulas, trébede, ganzas, aguzos- que no rescata la arqueología sino que se basta para ello el trapo limpio de la lengua, un tejido, un hilado que crea -y aquí viene esa posible definición, tan sugestiva- la poesía, “araña de efusión esplendorosa”.

Antonio Rivero Taravillo

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Gracias, Antonio. http://fuegoconnieve.blogspot.com.es/2017/06/otra-definicion-de-la-poesia.html

La ría

Agua sucia para manifestar nostalgia.
A las horas precisas el barco
maniobra a nuestro lado con el vientre
repleto de basura.
Al atardecer muchachos estrenan sus condones
y el goce da lugar a un grito
de socorro o de tedio.
Está bien que así suceda,
que nos oculte sus fauces lo invisible,
incluso que el calor mucho nos sofoque.
El que todo lo mira
descubre en su corazón conflictos
y ve al Pedro Menéndez II
perderse en lontananza
cargado de cenizas, como se va su sangre.
La noche cae a golpes en su cuerpo,
y frente a él sucumbe la derrota
vestida de palabras e imponente.

Los poemas de Horacio E. Cluck en La Ciudad Sinnombre

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POSOS

El derviche trenzaba la soledad, construía con su gesto otro gesto invariable, serenaba el contagio y colocaba esponjas impregnadas de colonia con dulzura en tu vientre. Prefieres el regocijo que sobreviene cuando ya no hay remedio: la garganta muy atribulada, magnolios podados en el Parque, nada de color rojo a pesar tuyo en los sueños. Cualquiera podría ser el comprador privilegiado de tu culpa, bajarte la nube y de un solo esbozo imaginar desvaríos. Alguien mima su teclado, se oye desde aquí el leve lenguaje que no acierta jamás, te amaré eternamente, le escribe en el papel invisible. Se apartan por fin como dos enamorados que sufren al unísono el celo asustado del infierno, se arrancan la ropa y suben cada uno sin cesar a su hastío, que es vendaval o que ya no es la usura. Ya no debes al derviche la risa, ahora tu oración es puntual y tristísima, enredas los dedos alrededor de un ínfimo espacio que no obtienes al rendir su tributo. Seguro que sufre, recordará sus montañas más tarde o temprano, si no se lo impides morirá junto a ti. A tu cuerpo le falta la sombra.

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De todas las ciudades que creí ver
como un lamento que nadie imaginaba,
solo en tu cuerpo encontré las calles perdidas
y el licor necesario.
Después vendrían otros cuerpos a soñarme
y a ofrecerme su costumbre por monedas.
Nada ya sería igual.
Hoy las estaciones
han cerrado sus puertas sin remedio.
El viaje hacia uno mismo no termina nunca,
idéntico a la muerte, idéntico a nosotros.
De todas las ciudades, te dije,
me quedo con tu boca,
un largo túnel para esperar la lluvia.
Recuerda entonces que soy débil.

 

“Los poemas de Horacio E. Cluck”, Huerga & Fierro Editores, Col. La rama dorada (Poesía), Madrid 2017. Prólogo de Andrés González.

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Gracias, MJ. http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com.es/2017/06/los-poemas-de-horacio-e-cluck-luis.html

Los poemas de Horacio E. Cluck y José Antonio Sáez Fernández

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“Los poemas de Horacio E. Cluck” es el título del último libro de Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957), publicado por la editorial madrileña Huerga y Fierro. Horacio E. Cluck no parece sino un alter ego del propio poeta; es por tanto un heterónimo, a la manera que el vate portugués Fernando Pessoa utilizaba otros como los de Ricardo Reis o Álvaro de Campos. Quizás los heterónimos abran posibilidades a la escritura de un autor y permitan decir, con otras técnicas, voces y formas, lo que no parece propio del autor “primigenio”, cuando en realidad, detrás de todos ellos no se encuentra sino la misma persona, desdoblada en distintas voces. El concepto de heterónimo abarca mucho más que el de seudónimo, pues en realidad supone un desdoblamiento de la conciencia del autor, el otro yo. Otras veces, sólo consiste en una técnica más de escritura, como la del “manuscrito hallado”, por ejemplo.

Luis Miguel Rabanal ha escrito un excelente libro de poemas en los que mezcla el verso con los poemas en prosa y, comúnmente, en muchos casos utiliza técnicas más propias de la narrativa que de la lírica; por ejemplo, en lo que se refiere al flujo de conciencia o al monólogo interior; el cual fue llevado magistralmente al verso por Luis Rosales en “La casa encendida”. En sus textos se produce un cambio continuo en la alteridad en el uso de las personas gramaticales, desde la 1ª a la 2ª, pasando por la 3ª, y ello en el mismo poema. No podemos decir con exactitud que los textos de este libro sean poemas narratológicos en sentido estricto, pues lo que se dice contar historias no se suelen contar en ellos, stricto sensu. Más bien son impresiones, llamaradas líricas, punzadas y aguijonazos líricos lo que suele ofrecernos en una escritura más bien fragmentaria, quebrada, significativa y formalmente rota, pero que transmite eficazmente las emociones que interesa transmitir al poeta. Cierto vuelo surrealista hay pues aquí, aunque quizás sea cierto barniz no determinante, porque la palabra y la imagen se han depurado con una eficacia y una precisión poco frecuentes.

“Los poemas de Horacio E. Cluck” utilizan con cierta asiduidad técnicas literarias que han pasado de la narrativa a la poesía, especialmente desde que fueran introducidas en la década de los 60 en la novela española por escritores como Luis Martín Santos en “Tiempo de silencio” o por Miguel Delibes en “Cinco horas con Mario”. El monólogo interior o el flujo de conciencia son recursos arriesgados pero que dotan de modernidad, actualidad e idoneidad al poema. Siendo textos reflexivos y memorialísticos, en cuanto que se nutren de ideas y pensamientos a veces obsesivos, en ellos el discurso del poeta va siendo liberado, se deja fluir en un ejercicio voluntarioso y hasta cierto punto psicoanalítico, que puede resultar extenuante para el poeta. La condición de la estructura fragmentaria de los textos mucho tiene que ver con el estado emocional y hasta físico del autor. En este sentido cabe apuntar la fuerza abrumadora con que el sentimiento erótico apunta en el texto, dotándolos de imágenes de una energía irreprimible y cautivadora, constructiva y destructiva a la par. Una especie de lucha entre eros y tánatos, entre el amor y la autodestrucción. En esa ambivalencia se debate el autor de estos poemas, casi siempre desgarradores, pero en los que también hay lugar para la ternura, la delicadeza, los recuerdos de la infancia o el amor.

Depuración de elementos lingüísticos, por un lado, y construcción personal de imágenes audaces, junto con la brutal carga emotiva que el poemario conlleva, hacen de este libro una obra realmente especial en el panorama de la actual poesía española. Un poemario que no rinde cortesía a otras corrientes en boga, sino que transita por caminos personalísimos de exigencia y rigor. Excelente el prólogo de Andrés González, muy atinado y certero. No siempre un prólogo contribuye a la brillantez de una obra pero, en este caso, lo es.

José Antonio Sáez Fernández

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Gracias, José Antonio http://lamiradaausente.blogspot.com.es/2017/06/los-poemas-de-horacio-e-cluck-de-luis.html

Dos de “A mi indebido tiempo”, de Luis Malo Macaya

No transijas al beso en verso último
de intimidad absorta y absoluta,
sino antes bien de labio a labio deja
un resto de temor y lejanía…

Un resto de palabra y contingencia
hacia un entorno frío que nos duele
ya desde la innegable pena donde
un verso sufre sed o da en silencio.

No duermas a renglón seguido al último
verso puro y aséptico en que asume
el sueño del poeta tu inminencia,

sino que hacia adelante y por encima
de su intimismo cúmplete con él
en toda la agonía de la Tierra.

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NOCHE CON FIEBRE

Inútilmente escritos, ventanales
herméticos en mí se obstinan, tratan
de imponerme a su modo parpadeos…
y yo no puedo más, dormirme apenas
en las cornisas de mis balbuceos
donde fingen estatuas asomarse
a los falsos fantasmas que visitan
los términos que sufren en mi fiebre:
delirios de horas altas muy de noche
no saben distinguir si me distinguen.

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Luis Malo Macaya, “A mi indebido tiempo”, Col. A la sombra de los días, Santander 2017.

Ya a la venta “Los poemas de Horacio E. Cluck”

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Si estás interesado podrás conseguirlo en tu librería acostumbrada. En el siguiente enlace van los distribuidores a quienes han de dirigirse los libreros.
http://huergayfierro.com/distribucion/

Título: Los poemas de Horacio E. Cluck
Autor: Luis Miguel Rabanal
Editorial: Huerga & Fierro
Colección: La rama dorada (Poesía)
ISBN: 978-84-947182-6-7
Precio: 12 €
Medidas: 13,5 × 21,5 cm
Número de páginas: 90
Fecha: junio 2017

O bien pidiéndolo aquí:
http://huergayfierro.com/pedidos/

Dos de “De Ciudad Blonde”, de MJ Romero

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A VECES se apodera de mí el espíritu más chamánico de la tribu
y me convierto en una seta dadá de un bosque dadá

hongo paraguas para el temporal que arrecia
hongo paraguas de colores para un temporal gris

están buscando el secreto del poema
totalmente perdidos
como niños

blablá blablá

el mejor poema está en el silencio
el mejor poema es raíz
el mejor poema es rama
el mejor poema es
sin más

veo su luz
la oscuridad que ciega
desde mi posición de seta dadá.

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BUSCO LA profundidad del pozo dijo ella
y él se dispuso a recoger lluvia

los aviones planean sobre la ciudad
sobre las cabezas de las bestias
sobre el silencio.

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MJ Romero, “De Ciudad Blonde”, Los libros de Noctiluca, Sevilla 2017. Prólogo de Lola Crespo.

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Información y pedidos: librosdenoctiluca@gmail.com

Poema infeliz

Frente a la linterna se ha negado la palabra que apetecía borrar cuanto antes de los labios de ella, no seas tan fiero.

Además se te ven los ojos más vacíos que ayer, se han caído de tus manos el aspaviento y la inclinación de las cosas y la fuerza motriz que alteraba a los niños.

Yo no voy a seguir hablando de ello, no quiero mentir.

En “Cultura y trabajo. Artistas en Castilla y León”

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Ese cuerpo extraño que crece entre tus piernas y conoce el enojo y no conoce el temblor.

A menudo es suficiente con mirar la calle apagada y resignarse a haber sido el que fracturaba el deseo con las uñas insignificantes de firmeza de Simbad.

Ese cuerpo extraño que abulta en su desesperación y conforta al que llega con su vaso de fiebre.

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Es el poema inédito para mi aportación al volumen “Cultura y trabajo. Artistas en Castilla y León”, editado por la Fundación Ateneo Cultural CC OO de Castilla y León, Valladolid 2017

Poema intermitente

La tarde es agria.
Me viene a la boca un sabor despreciable
análogo a aquello que siempre da pena recordar,
la falta de destreza que el deterioro produce
al pasar las horas, como un error
acostumbrado.
No suena más Ben Webster.

La tarde es hoy distinta.
Y es infundio mi nombre, lo mismo se suceden
los instrumentos de coser la médula,
lo mismo se aventuran a apostar contra mí
y me maldicen al llegar a la puerta, ven
y nos morimos.
Nada ya en mis manos.
Si adivinas mi cara, soy el deforme que aborreces,
como el lienzo de C. que no es posible mostrar
a las visitas.
La tarde trae a cuestas su dolor y su peligro.
Aparta de aquí, villano, hijo de puta.

Un poema de “Última alambrada”, de José Manuel Martín Portales

XII

la casa del ser es hermosa sin duda
el aire leve que mece sus cortinajes
el aroma de la floresta del jardincito eternamente heleno
la brisa del viejo mar empaña aún
los jarrones de cristal que abrazan a las rosas

para qué construir más habitáculos
¿no basta la pregunta?

pero la pregunta no puede ser habitada
si eres la pregunta, qué pretendes saber

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José Manuel Martín Portales, “Última alambrada”, Diputación Provincial, Soria, 2017. Premio Leonor 2016.

En “El territorio del nómada”

El rebelde postrado / ERNESTO ESCAPA

POR RAZONES DE VECINDAD, HE SEGUIDO LA POESÍA DE LUIS MIGUEL RABANAL (RIELLO, 1957), QUE MAÑANA ALCANZA LOS 60, DESDE SU ESTRENO, CUANDO ERA UN ALIPENDE RUBIO ASIDUO DE LAS VERBENAS VERANIEGAS, QUE RONDABA RISUEÑO LOS DOMINGOS POR EL BAILE EN LA MAGDALENA.

Luego, conocidos los graves y sucesivos quebrantos de salud del poeta, he mantenido mi fidelidad al caudal de versos de sus libros, que con frecuencia desnudan, en el tumulto de su prosodia desbocada, referencias evocadoras de los tiempos juveniles compartidos, en que ambos pelábamos la pava por las eras festivas del contorno. Imposible no incurrir en nostalgia cuando el poeta rescata la liturgia gangosa y machacona de «la tómbola de Juan Pijón», en Camineros, jícaras, verdugos (2008). Antes de las sucesivas catástrofes, pero cuando ya el alipende Rabanal mostraba los primeros síntomas de dolencias, me acerqué a Riello con el recado contractual para la edición de su libro La memoria buscando sus disfraces (1986), un poemario poseído por la inminencia del anegamiento de Omaña: «En el fondo gigante de las lluvias / permanece la edad, el canto quejumbre de los carros / … en la espuma agonizan los niños como un sueño / que comienza a mancar los tejados, / los senderos, las eras».

PRIMEROS PREMIOS

Aquella Navidad yo bajaba de buscar sin fortuna a Luis Federico Martínez en La Robla, para que firmara el contrato de Tixtos de Melibea (1986), otro libro de la entonces incipiente colección Barrio de Maravillas, y la cuchipanda nebulosa del roblano, de cuyas derivas me informó resignada su madre, no me permitieron atisbar los presagios que acechaban a Luismi, entonces muy torturado por el embalse de aguas grises atestadas de lucios venenosos que amenazaba sus paisajes omañeses. Luis Miguel Rabanal ya había publicado seis libros, el más reciente de los cuales (Palabras para Obdulia) reiteraba su condición de finalista del premio Provincia de León, como ya fuera Cuaderno de junio dos años antes. Sin embargo, este primer grupo de poemarios cosecha por el tercero (Labios de la locura, 1983) el premio Ana de Valle (1900-1984), la poeta avilesina exiliada del 27, que después de la muerte de Franco volvió a su ciudad para ocultarse detrás del mostrador de un negocio de encuadernación. A Barrio de Maravillas lo acerca Gamoneda, que supo apreciar desde el principio la libre circulación de sus versos caudalosos. Después de estos primeros libros, tejidos en torno al amor y los paisajes olleirenses (Olleir / Riello) de su Omaña, amplía el abanico temático hasta alcanzar la profundidad resuelta, rabiosa y recalcitrante de Cáncer de invierno (Premio Provincia de León 1998). Entre medias, obtuvo el machadiano premio Leonor de Soria en 1989, y el gijonés Cálamo de poesía erótica en 1993, donde se muestra como «el navegante hermoso y rubio de la infancia» que tiene bajo su cuerpo «una estación distinta a aquel verano definitivamente roto por la lluvia». Cáncer de invierno es un libro sembrado de presagios de las peores vicisitudes. «Fui de súbito alguien que responde a las preguntas más brutales / con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen / lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca». También: «Me debo a aquel que se me parece mucho / y escribe sin pausas el maleficio inocuo, / detrás de mí, dictándome su exasperación / de condenado».

SECUENCIA DE PRECIPICIOS

Pero el proceso no sólo no se alivia, sino que recrudece su lima hasta límites difícilmente imaginables. El dolor, la memoria inclemente de las pérdidas y la vecindad de la muerte agitan la cadencia de los versos reunidos en La última vez (2000) y La casa vieja (2002), que suceden al accidente doméstico de 1997 que lo dejó tetrapléjico y postrado en silla de ruedas. Mas como la fatalidad nos enseña que siempre todo puede empeorar, en 2003, una salmonelosis paralizó su cuerpo, recluyendo al poeta en su casa de Avilés, donde escribe con un programa de reconocimiento de voz en cuyo manejo le asiste su mujer María Jesús Romero, compañera juvenil de verbenas y paseos por el camino de Ceide.

Los libros sucesivos (Bocados de rosa, 2004; Camineros, jícaras, verdugos, 2008; Mortajas, 2009; Fantasía del cuerpo postrado, 2010; Lugares, 2011; Música para torpes, 2012; A la que falta, 2013; y Tres inhalaciones, 2014) prosiguen la sustanciosa «cantinela del insomne» que agrupa un libro canónico: Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977, impulsado por sus fieles Gamoneda, Alberto Torices y Rafael Saravia, en edición de Renacimiento con frontispicio de Gamoneda, prólogo de Tomás Sánchez Santiago y epílogo de María Jesús Romero. Más de setecientas páginas de versos irreemplazables para celebrar los cuarenta años con la poesía de Luis Miguel Rabanal, que mañana alcanza postrado pero vivaz la sesentena de su edad. Una collada desde la que concluye con melancolía que «nada es como tendría que haber sido», antes de reconocer los daños del regreso recurrente e inesquivable, porque «en Olleir la memoria se agría».

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DIARIO DE LEÓN, en el suplemento FILANDÓN, domingo 19 de marzo de 2017.
También aquí: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/rebelde-postrado_1146347.html

Este cuento se ha acabado en el blog Tecla a tecla / verso a verso

XXXI

Nadie nos lo contó.
El mar no estaba allí y nunca era nuestro,
a lo mejor nos haría llorar el humo del aguzo.

La felicidad llegaba cerca de las ocho,
una mujer vestida de negro narra los trances
sin apenas hablar y sabe de tu biografía
fuliginosos temores.

Los desnevios, las niñas añiles.
La vaca de goma y el abuelo Miguel: al azar
abrazos de quien no podría verte.
Nadie nos explicó que fuera una farsa.

Pasó la tormenta como tren encantado,
me hice más niño, me sobró
la ceniza.

de «Fantasía del cuerpo postrado» (2006-2010)
en «Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977» (Renacimiento 2015)

 

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Gracias, Mar. http://teclaateclaplacard.blogspot.com.es/2017/03/poema-xxxi-de-fantasia-del-cuerpo.html

Dos de “Precioso rastro de destrucción”, de Víctor Pérez

libro-de-victor

GRASA PARA CARRETAS

Toda mi juventud la dediqué a romper con mi
[sonrisa la magia de los momentos
Mi padre me escupía para que estuviese fresquito
Ahora soy una máquina del vodka sin hielo
Y mis silbidos más chungos van siempre a las parejas
Mi sed es el escenario de la nada
Soy un experimento del gobierno que ha acabado muy mal
Si me paso una mano por el corazón se acaba la fiesta
Ardo en los suburbios
Y mi nombre es
Impronunciable.

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BOWIE

Hola a todos
Vuelvo de Afganistán
Traigo fotos de mis quistes
Me vienen a la mente los pequeños detalles
El dolor acaba desapareciendo y se convierte en otra cosa
He bebido mucha cerveza y me he metido esteroides
No me esperaba volver
Le planté cara a aquellos chavales
Saludaba al sol mientras me zurcía las heridas
Ahora estoy preparado para el amor eterno
Ahora oigo ruidos en mi cabeza
Preñé a muchas
Me gusta la idea de dejar niños clavados a mí por el entorno
Eso es arte de verdad
Es difícil de describir en una sola frase potente
Soy como un tipo del espacio
Que fue allí a poner las cosas claras
Y vuelve como la imagen de un prometido
En un bar de carretera
Podrido de pasta y meando
Sangre.


Víctor Pérez, “Precioso rastro de destrucción”, Versátiles Editorial, Col. Tribal, Huelva 2016. Prólogo de Iván Rojo.