Juan José Saer

EL ARTE DE NARRAR

Llamamos libros
al sedimento oscuro de una explosión
que cegó, en la mañana del mundo,
los ojos y la mente y encaminó la mano
rápida, pura, a almacenar
recuerdos falsos
para memorias verdaderas.
Construcción
irrisoria, que horadan los ojos del que lee
buscando, ávidos, en el revés del tejido férreo,
lo que ya han visto y que no está.
Porque estas horas
de decepción, que alimenta la rosa
del porvenir donde la vieja rosa marchita
persevera, no quedarán
tampoco entre sus pétalos,
flor de niebla, olvido hecho de recuerdos retrógrados,
rosa real de lo narrado
que a la rosa gentil de los jardines del tiempo
disemina
y devora.

.
EL ARTE DE NARRAR

Cada uno crea
de las pastillas que recibe
la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
—y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.

.
en “El arte de narrar. Poemas (1960-1987)”, Visor libros, Madrid 2008

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Un poema de “Hombres que son como lugares mal situados”, de Daniel Faria

Hombres que trabajan bajo la lámpara
De la muerte
Que excavan en esa luz para ver quién ilumina
La fuente de sus días

Hombres muy doblados por el pensamiento
Que vienen despacio como quien corre
Las persianas
Para ver en lo oscuro el primer manantial

Hombres que excavan día tras día el pensamiento
Que trabajan a la sombra de la copa cerebral
Que podan la piedra de la locura cuando aplastan las pupilas
Hombres todo blancos que abren la cabeza
En busca de esa piedra definida

Hombres de cabeza abierta expuesta al pensamiento
Libre. Que vienen despacio a abrir
Un lugar donde amanezca.
Hombres que se sientan para ver una mañana
Que excavan un lugar
Para la salida.

.

Daniel Faria, “Hombres que son como lugares mal situados”, Ediciones Sígueme, Salamanca 2015. Traducción de Luis María Marina.

Dos poemas de Carlos Sahagún

2

Pero tarde o temprano, el niño acaba, el día, los ojos claros
también acaban. Termina el oro de la infancia,
¿y qué queda? Lo opaco, el niño estulto,
la soledad frente a los otros, las palabras perdidas,
el arrepentimiento en las iglesias.
Se ve llorar al niño sin objeto, lacerarse, pensar
que su familia nunca le ha enseñado
una sola verdad, que todo ha sido
un sueño triste entre murallas.
La soledad termina en desamparo
ante todas las puertas, en todos los caminos.
El niño sufre inútilmente y su alma
se llena de preguntas.
Las mejores familias también nos traen a veces
estos lodos.

de “Estar contigo”, Provincia, León 1973

 

PARA ESTE OTOÑO SÚBITO

Ha muerto, está la losa confirmando
su descenso al infierno, un largo epílogo
de ávidos bisturíes y transfusiones.
Mas no bajan con él los días aciagos
y un espejo prolonga su adversa simetría
sobre el país inerme.

No ha acabado el eclipse. El dolor sigue,
la noche sigue proponiendo al aire
proyectos infinitos que ya apenas perturban
porque se abandonaron: hoy devienen
derrotada memoria de una herida
que no defiende nadie.

Ahora, en la incertidumbre de esta muerte,
contemplo a solas una luz difusa,
cada vez más lejana. Hay en las playas
pura lluvia sin fin, y en los caminos
igual desesperanza, más árboles sin vida
para este otoño súbito.

de “Primer y último oficio”, Provincia, León 1979

Carlos Sahagún
(1938-2015)

Pedro Montealegre

RECUERDO

En la definición de tu memoria, me viene una ciruela,
ese limón en cruz que dejamos sobre la llama
como si no hubieran palabras para decir: “hermano,
ándate de aquí, que te late un cobre adentro”.
Y la memoria te afila el metal, desquitándose:
el metapío te cura las heridas del viento, más grandes
que el viento que sana entre mis párpados.
Nunca me curé del resfrío sureño: por más leche con miel
que bebí, el sonámbulo. Aún veo las cenizas de mi abuela
enterradas, con los tesoros de hojalata, en el patio.
Nuestro hermano nonato nos verá cerrar los ojos
por mucho que le diga que no quiero soñar más.
Por mucho que tu memoria se nos haga una ciruela
que espera la lluvia para verse apetitosa.
O una historia que contenga ralladura de naranja.
Pero, ¿a qué juzgar con alga una memoria de maleza?
Sólo quieres regresar a la concepción de nuestro hermano
para que ese día sepas que no debes ver mi nombre.

.

Pedro Montealegre, “El hijo de todos”, Ediciones 4 de agosto, Col. Planeta clandestino, Logroño 2006

Olga Orozco

Estos son mis dos pies, mi error de nacimiento,
mi condena visible a volver a caer una vez más bajo las implacables ruedas del [zodíaco,
si no logran volar.
No son bases del templo ni piedras del hogar.
Apenas si dos pies, anfibios, enigmáticos,
remotos como dos serafines mutilados por la desgarradura del camino.
Son mi pies para el paso,
paso a paso sobre todos los muertos,
remontando la muerte con punta y con talón,
cautivos en la jaula de esta noche que debo atravesar y corre junto a mí.
Pies sobre brasas, pies sobre cuchillos,
marcados por el hierro de los diez mandamientos:
dos mártires anónimos tenaces en partir,
dispuestos a golpear en las cerradas puertas del planeta
y a dejar su señal de polvo y obediencia como una huella más,
apenas descifrable entre los remolinos que barren el umbral.
Pies dueños de la tierra,
pies de horizonte que huye,
pulidos como joyas al aliento del sol y al roce del guijarro:
dos pródigos radiantes royendo mi porvenir en los huesos del presente,
dispersando al pasar los rastros de ese reino prometido
que cambia de lugar y se escurre debajo de la hierba a medida que avanzo.
¡Qué instrumentos inaptos para salir y para entrar!
Y ninguna evidencia, ningún sello de predestinación bajo mis pies,
después de tantos viajes a la misma frontera.
Nada más que este abismo entre los dos,
esta ausencia inminente que me arrebata siempre hacia adelante,
y este soplo de encuentro y desencuentro sobre cada pisada.
¡Condición prodigiosa y miserable!
He caído en la trampa de estos pies
como un rehén del cielo o del infierno que se interroga en vano por su especie,
que no entiende sus huesos ni su piel,
ni esta perseverancia de coleóptero solo,
ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno retorno.
¿Y a dónde va este ser inmenso, legendario, increíble,
que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,
aquí, todavía de pie,
sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del diluvio?

(1974)

.
De su libro “Museo salvaje”, Losada, Buenos Aires 1976

Un poema de Enrique Lihn

GALLO

Este gallo que viene de tan lejos en su canto,
iluminado por el primero de los rayos del sol;
este rey que se plasma en mi ventana
con su corona viva, odiosamente,
no pregunta ni responde, grita en la Sala del Banquete
como si no existieran sus invitados, las gárgolas
y estuviera más solo que su grito.

Grita de piedra, de antigüedad, de nada,
lucha contra mi sueño pero ignora que lucha;
sus esposas no cuentan para él ni el maíz que en la tarde
lo hará besar el polvo.
Se limita a aullar como un hereje en la hoguera
de sus plumas.
Y es el cuerno gigante
que sopla la negrura al caer al infierno.

.

Enrique Lihn, en “Poesía, situación irregular”, Visor, Madrid 2015. Prólogo de Óscar Hahn.

Pedro Montealegre Latorre

LA MUERTE

La muerte no es un fénix, su pico atragantado con cenizas de pluma. No es un barquero por el río cenagoso a cambio de un denario. La muerte no significa morirse de amor, porque Pako Latorre no me nombra ni desmiente. La muerte no es un catálogo de húmeros y tibias, cráneos amontonados en la capilla medieval. La muerte no es una sextina romántica sobre dos enamorados que mojan el amanecer. Yo paso frente a la muerte de puntillas por su altar. La muerte es blanca pero con uñas negras. La muerte, el ying y el yang entre estrellas de cartón y flores de plastilina. La muerte no es una crucifixión. Nadie resucita de la muerte. La muerte hace nido en las cicatrices de los santos. La muerte desespera ante el gemir de un becerro. La muerte es otra santa de este convento, donde el mago que soy pasa con sigilo entre un mundo y otro. La muerte no tiene dientes, y mastica eternamente un bolo sin origen, como si fuera su lengua, pero que no es su lengua. Yo no puedo verla. Ella viene de vista. “Tengo la gracia”, le dije a la muerte, “de leerte por completo”. Ella nada dijo. Siguió masticando, su mirada a los lados, inspeccionando a los fantasmas para darles sitio. Yo le regalé un ramo de peonías, de las que crecen debajo del balcón donde moro. Lo agradece esquiva, diciéndome luego que “no somos nada, no somos nada”. Al decirlo, surgen cochinillos de tierra, nenúfares blancos con el centro amarillo, mariposas de parafina y cédulas de identidad hechas de goma arábiga. La muerte es buena pero yo soy malo, santo de carbón con medias de redecilla. “A ver ardes”, dice la muerte austera, y al decirlo la vida la mira desde el espacio, y cada estrella encierra un feto y una nueva canción.

Pedro Montealegre Latorre (1975-2015)
De su libro inédito «Retrocometa».

Jacques Prévert

CET AMOUR

Cet amour
Si violent
Si fragile
Si tendre
Si désespéré
Cet amour
Beau comme le jour
Et mauvais comme le temps
Quand le temps est mauvais
Cet amour si vrai
Cet amour si beau
Si heureux
Si joyeux
Et si dérisoire
Tremblant de peur comme un enfant dans le noir
Et si sûr de lui
Comme un homme tranquille au milieu de la nuit
Cet amour qui faisait peur aux autres
Qui les faisait parler
Qui les faisait blémir
Cet amour guetté
Parce que nous le guettions
Traqué blessé piétiné achevé nié oublié
Parce que nous l’avons traqué blessé piétiné achevé nié oublié
Cet amour tout entier
Si vivant encore
Et tout ensoleillé
C’est le tien
C’est le mien
Celui qui a été
Cette chose toujours nouvelles
Et qui n’a pas changé
Aussi vraie qu’une plante
Aussi tremblante qu’un oiseau
Aussi chaude aussi vivante que l’été
Nous pouvons tous les deux
Aller et revenir
Nous pouvons oublier
Et puis nous rendormir
Nous réveiller souffrir vieillir
Nous endormir encore
Rêver à la mort
Nous éveiller sourire et rire
Et rajeunir
Notre amour reste là
Têtu comme une bourrique
Vivant comme le désir
Cruel comme la mémoire
Bête comme les regrets
Tendre comme le souvenir
Froid comme le marbre
Beau comme le jour
Fragile comme un enfant
Il nous regarde en souriant
Et il nous parle sans rien dire
Et moi j’écoute en tremblant
Et je crie
Je crie pour toi
Je crie pour moi
Je te supplie
Pour toi pour moi et pour tous ceux qui s’aiment
Et qui se sont aimés
Oui je lui crie
Pour toi pour moi et pour tous les autres
Que je ne connais pas
Reste là
Là où tu es
Là où tu étais autrefois
Reste là
Ne bouge pas
Ne t’en va pas
Nous qui sommes aimés
Nous t’avons oublié
Toi ne nous oublie pas
Nous n’avions que toi sur la terre
Ne nous laisse pas devenir froids
Beaucoup plus loin toujours
Et n’importe où
Donne-nous signe de vie
Beaucoup plus tard au coin d’un bois
Dans la forêt de la mémoire
Surgis soudain
Tends-nous la main
Et sauve-nous.

.

JACQUES PRÉVERT (1900 – 1977)
de su libro “Paroles” (1946).

Enrique Lihn

CALETA

En esta aldea blanca de oscuros pescadores
el amor vive a dos pasos del odio
y la ternura, muerta, se refugia en el sueño
que agranda la mirada del loco del villorrio.

Amanecer: el mar se duerme bajo el sol
como un gigante ebrio después de una batalla;
alguien perdió la vida, anoche, entre sus manos
enguantadas de blanco, más crueles que la nieve.
Pero los compañeros del caído volvieron
en sus valvas ahítas de sangrienta semilla
y extienden en la arena sus trofeos agónicos.

Mediodía: a la mesa se sientan los tatuados
y sus mujeres les guardan las espaldas
atentas al peligro de sus gestos que ordenan
otro vaso de vino
más loco cada vez.
Luego, la guerra a vida entre los sexos
y los gañanes bajan a la playa
como a una amante más que escarnecieran
a remar en un sueño furioso de borrachos.

Varadero del sol herido a cielo
en la línea de fuego de las olas.
Es hora de ir al mar a capturar sus pájaros
si una riña de hombres, de perros o de gallos
no retiene en la orilla la jauría de barcas.

La noche trae un poco de alma a la caleta:
un poco de agua dulce que en los ojos del loco
se enturbia el olvido de sí misma.
Alguien que no he podido olvidar se me agranda
como la ola a un mar preso de luna
y golpea mi cara por dentro hasta cegarme.

.

De su libro “La pieza oscura (1955-1962)”, Editorial Universitaria, Santiago de Chile 1963

Leopoldo María Panero

CANCIÓN DE AMOR DEL TRAFICANTE DE MARIHUANA

… y la gente buscaba las farmacias donde el amargo trópico se fija.

Federico García Lorca

 

Y para qué morir si los barrios adonde
el carmín sustituye a la sangre
nos dan por 125 ptas. algo que según dicen es un sucedáneo de la miel
aunque a veces contiene pestañas ahogadas en ella
que hay que separar cuidadosamente antes de usarla
¡una pata de pájaro por veinte duros! OCASIÓN el hueco
que tanto necesitábamos para meter en él nuestra enorme cabeza
y en el espacio de dos horas no oír más que el ruido que ella misma produce
(algo así como un río de lodo)
qué es lo que esperan, qué es lo que esperan para desenterrar
los pedazos de vidrio de colores que la arena se ha tragado
con los caramelos que al pasar por sus destinos se convierte en algo nada
[grato al tacto, al gusto y al olfato
o los perros con que jugábamos en la esquina mientras los autos
[al pasar nos llenaban de barro
todo en fin, las flechas y verbenas
y todo por tan poco precio, señores, por tan poco precio
un viejo Arlequín bailará en sus pupilas
una serpiente con muletas anidará en ellas
un viento, quizás, lo reconozco un poco cansado y con ganas de irse a su casa
tratará de limpiarle a Ud. los ceniceros
y todo por tan poco precio, señores, por tan poco precio

.

De su “Así se fundó Carnaby Street”, Llibres de Sinera, Col. Ocnos, Barcelona 1970

Félix Grande

RECUERDO DE INFANCIA

Hoy el periódico traía sangre igual que de costumbre
venía chorreando como la tráquea de un ternero sacrificado
he visto chotos cabras vacas durante su degüello
bajo el agujero del cuello una orza se va llenando de sangre
los animales se contraen en sacudidas cada vez más nimias
de pronto ya no respiran por la nariz ni por la boca
sino por la abertura que la navaja hizo en la tráquea
en la cual aparecen burbujas a cada nueva respiración
a menudo parece que están completamente muertos
y no obstante aún se agitan una o dos veces suavemente
ahora sus ojos ya no miran tienen como una niebla
un teloncillo de color indeterminado que recuerda al ceniza
entonces el carnicero se incorpora con las manos manchadas
y procede a desollar y trocear al animal cadáver
para después pesarlo venderlo en porciones hacer su negocio

hoy el periódico traía sangre lo mismo que otros días
acaso unos cuantos estertores más que de hábito
pero cómo saberlo hay países que no especifican
por ejemplo el departamento de estado no da las cifras de sus bajas
únicamente les agrega apellidos
bajas insignificantes bajas ligeras bajas moderadas

hoy el periódico traía sangre en volumen considerable
y mientras leo pacientemente civilizadamente el intento
de justificación de esos destrozos escrito de sutil manera
recuerdo vacas cabras chotos la gran orza en el suelo
y recuerdo imagino pienso que unos cuantos carniceros
continúan desollando troceando pesando en sus básculas
haciendo su negocio mediante esos pobres animales sacrificados.

Blanco Spirituals, 1966
.

De “Biografía. Poesía completa (1958-1984)”, Anthropos, Barcelona 1986

Homenaje a “Claraboya”

HABITACIÓN CON CLARABOYA AL FONDO

.

Qué poesía hace falta hoy? Qué poesía no hace falta?

En el editorial del n.º 1 de «Claraboya». León, sept.-octubre 1963

.

claraboya y

(Agustín Delgado)

Magulladuras al azar.
Creo haberlo encontrado
y se despereza,
la huella
de algo que escuece.
Frío y de improviso
su llamada, parecería ser
lo que uno más ama
en el insomnio, el reloj
que resuena con sorna
al final de la noche.
— Quiero leer sus lamentos.

(Ángel Fierro)

Se le aproxima, desnuda
el corazón con parsimonia
o el hielo sacude
su cabeza.
Alcohol y cenizas.
Se cree las palabras
le aborrecerá
volver a contarlas,
los vasos en su sitio.
A la izquierda, cómo no,
los libros de Borges.

(José Antonio Llamas)

Pensaba que las sacaveras
serían figuras de tiza,
que el futuro no existe
ni la grava que arrojar
a la cara de Toño,
de aquella hasta daba
miedo tener miedo,
vienes a mí suplicando.
Si quisieras volver
si tu boca encerrara
un misterio que no dice,
la dama que se habitúa
a llorar sobre la arena.

(Luis Mateo Díez)

La cara y la cruz con
tantas brumas, la carne
sólo es el preludio
la prédica que ha elegido
el impostor.
Retira su colcha
y ya no es de día, el rostro
no es el de quien esperas,
te ha visto sufrir.
Manos para cortar
y trocear las manos.

.
Es mi aportación en el libro “Claraboya y sus amigos”, Eolas Ediciones, León 2014

Álvaro Mutis

FIN

El pito sordo de un tren que cruza por regiones nocturnas. El humo lento de las fábricas que sube hasta el cielo color manzana. Las primeras luces que enfrían extrañamente las calles. La hora cuando se desea caminar hasta caer rendido al borde de la noche. El viajero soñoliento en busca de un hotel barato. Los golpes de las ventanas que se cierran con un ruido de cristales retenidos por la pasta oleosa del verano. Un grito que se ahoga en la garganta dejando un sabor amargo en la boca, muy semejante al de la ira o el intenso deseo. Los tableros de la clase con palabras obscenas que borrarán las sombras. Toda esta cáscara vaga del mundo ahoga la música que desde el fondo profundo de la noche parecía acercarse para sumergirnos en su poderosa materia.
Nada ocurre.

1952

.

De su SUMMA DE MAQROLL EL GAVIERO, Barral Editores, Barcelona 1973

Enrique Lihn

ESCOMBRO

Sus sueños de grandeza no concluyeron
hasta el día en que cayó no enfermo, loco
allí, en el reino de la miseria, y se estuvo
entonces acostumbrando a lo que ya nunca dejaría
de ocurrirle, arrastrándolos pesadamente
—esos sueños— como a los cadáveres el celador nocturno en la morgue.
La idiotez ulterior
y su nueva mujer con la que se conoció en una clínica
como salvada —llena de tizne— del derrumbe de un incendio en el Bronx
donde se mata a las casas con fuego
un dolor de cabeza que lo obliga a desistir en seguida
de la más mínima lectura
y a vender sus libros ilegibles al menudeo
entre amigos que con razón preferirían no verlo
sus inoportunas llamadas telefónicas a cuenta del receptor en horas del amanecer
silenciosas o como si lo fueran
todo eso y la comodidad, por fin, del escombro humano
lo han hecho echar raíces en las proximidades del Reino
cerca de la locura.

.

De su libro “A partir de Manhattan”, Ediciones Ganymedes, Valparaíso 1979