“Poemas de la bancarrota y otros poemas”, de Javier Gil Martín

 

LOS POEMAS DE LA MORGUE

I

Dedicado a lo que no se ve y será,
a las semillas o las palomitas,
caminé entre arados los días todos de mi vida.
Seminal en la tierra, quise llegar al cielo
de un salto.

Dando al hombre material de cosecha,
yo creía hacer crecer lo que estaba matando
y he venido a parar aquí,
aplastada la cara contra el suelo.

 

II

El mito de la mujer esperando
incansablemente,
sintiendo la espera como algo más que un ritual de la vida,
como la vida misma,
tiene poco que ver con roles asumidos
y sí con la naturaleza intrínseca del hombre.

El hombre hilando, tejiendo incansablemente,
acumulando puntadas,
metros de hilo y horas,
haciendo un inmenso tapiz
definiría perfectamente mi labor.

Durante años y años me dediqué
a la espera y la contemplación.
Mi afición era camuflarme,
ladrillo en la ciudad,
matorral en la selva,
para poder esperar pacientemente,
incansablemente.

Nunca supe bien qué esperaba,
de quién, cuándo, cómo, por qué,
por quién seguir siempre en mi sitio.

Solo podía esperar.

Nunca supe cuándo, cómo, por qué
aparecí de pronto en esta morgue.

A todos, hasta a los muy pacientes,
nos llega la hora,
pero los ladrillos, los matorrales
y los tapices, de alguna manera,
nunca mueren

 

III

…un cisne muerto por la gripe aviar entre
las aguas heladas del río Drava, en Maribor.
Leído en prensa

Mala temporada, ha muerto un cisne,
se ha suicidado un cisne en Maribor.
Cogí la gripe como quien coge un arma
y ya no tuve miedo de la muerte
aviar. Han puesto sus almas en manos
de doctores de la iglesia, ¡que Dios
nos coja confesados!, y se han dejado ir
miles de aves
por todo el mundo.

*

Javier Gil Martín, “Poemas de la bancarrota y otros poemas”, Ediciones Espacio Hudson, Chubut, Argentina 2018. Prólogo de Carlos Piera.

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Un poema de “Manual para suicidas”, de Salvador Negro

 

Eres el argumento de quien ya te ha olvidado
y te recuerda a su pesar, la borrosa criatura que veneran
los que no saben del suplicio.
Es esta tu mecánica: respirar muy despacio el dolor
hasta que el pensamiento cuaje en una sombra
que puedas atrapar con el silencio,
—luego te sobresalta un nombre y todo está perdido,
crece la escarcha hasta borrar de nuevo de tus ojos
el indicio de la serenidad,
la cima cálida del frío—,
amar sin que note la distancia que corrige los besos,
proferir melodías para que el tiempo adorne
su paso tan absurdo, no poner condiciones al dolor
innecesario que por algún motivo
no se va nunca en demasía.

*

Salvador Negro, “Manual para suicidas”, Monográfico de la revista ABRIL, núm. 54, Luxemburgo 2017. Frontispicio de Antonio Gamoneda.

Un poema de “Metaéxtasis”, de Óscar Ayala

 

/UN PLAN PARA MORIR DE MUERTE AZUL Y AMARGA/

Tendrá por fin un plan para morir de muerte azul y amarga.
Se cerrará sobre su propia esfera.
Destapará una música de pájaros que arpegien el tejado con sus vuelos [heridos.
Y los grávidos cúmulos arrancarán de cuajo los troncos de los árboles.
La única brisa perceptible será la vibración del alarido unánime.
Los escasos remansos de luz quedarán prisioneros entre piedras y muerte.
Los pocos cráteres que el amor practicó se sellarán con barro de ceniza y de [sangre.
El espacio y la noche.
La certeza.
La profundidad de los puntos.
El aire ahogando el aire.
La quietud acumulada durante siglos.
No habrá esta vez paloma ni brote ni grieta ni lejano goteo.
Tendrá tendrá por fin un plan para morir el mundo de muerte azul y amarga.
Se apagará y entonces un suspiro de alivio
desgarrará sus bronquios.
Será entonces.
Será en ese momento.
Será cuando se siente al defecar y descuide los ojos
cuando le clavaré mi canto en el centro de centro de la frente.
No antes.

*

Óscar Ayala, “Metaéxtasis”, Ediciones Baile del Sol, Col. Sitio de fuego, Tenerife 2018

Dos poemas de “Pan duro”, de Ana María Puigpelat

 

El hombre supo que era el hombre
cuando escuchó su nombre en las aceras.

El horizonte ya se había perdido,
escuadra de cemento y de metal
circuncidando el algodón del cielo.

Comienza la distancia, se mide en estaciones,
espacio confundiéndose con tiempo,
una escenografía de tres lunas
enmarcadas de lluvia.

El hombre había aprendido a caminar,
tuvo zapatos antes que los dientes,
pisar, luego morder,
siempre la carne.

 

 

La soledad es un concepto
que vendrá precedido de amargura.

Quizá llegue después con las ciudades
cuando la vista pierda los colores
y el calor sea una sombra artificial
dormida alrededor de la palabra.

Yo nunca he estado solo:
me rodean inventos e ilusiones
que ahora forman parte de mi mano.

Derrumbo poco a poco la constancia.

*

Ana María Puigpelat, “Pan duro. Antología poética”, Ars Poetica, Col. Beatus Ille, Oviedo 2017. Selección y prólogo de Verónica Aranda.

Dos poemas de “El abrazo contrario”, de Rafael Saravia

 

EÓN

No tenerte y celebrar hogueras.
Omitir las ganas del negro en tu lencería
e imprimir la palabra desorden
lentamente en el calor de tu apertura.

Irrumpir en tu vida.
Abrazar la castidad sin más distancia
que la apariencia de un tatuaje retocado,
uno a través de mis dedos y tus ganas,
ejemplo de aventuras y lágrimas de secano.

Reírnos… cultivar secretos
entre estos labios que se hacen verdura,
relámpago en monodosis,
trillo en época de pesca,
ese fatalismo que tanto nos gusta
en mitad de mi grito y tu cosecha.

Sentir tus ojos.
Mover mis poros a su ritmo,
inclinar lo solvente hasta aguantar el tiempo y su imparcialidad.

Verdad será lo reconocible e imperfecto.
Entonces serenos nos concederemos el baile,
radar de la emoción no perdida,
descuidados del deber y su cima,
anochados cada final de jornada en nuestro abrazo,
dejados en la posibilidad de ser felices.

.
XXIII

El poder de los que suponen el bien.
La noción de los cantos antes del desayuno.
Una mirada embebida del caldo azul de las maderas nórdicas.

Toda la fe puesta en cuarentena.
Todas las ganas puestas al servicio de una rueda
y un abismo asomado a los catálogos de enredaderas.

Luego la voluntad,
las notas prendidas a la estulticia
y las manos atropando el calor del aburrimiento.

Luego el baile de sexos.
La mansedumbre del ocio en favor de un sudor denostado.

El calambre acaparando torsiones,
dialectos de lo ajeno,
tesauros corvos y medianamente apetecibles.

Cualquier presagio que nos haga llorar
antes de cada abrazo contrario.

*

Rafael Saravia, “El abrazo contrario”, Bartleby Editores, Madrid 2017. Frontispicio de Antonio Gamoneda.

Dos de “A mi indebido tiempo”, de Luis Malo Macaya

No transijas al beso en verso último
de intimidad absorta y absoluta,
sino antes bien de labio a labio deja
un resto de temor y lejanía…

Un resto de palabra y contingencia
hacia un entorno frío que nos duele
ya desde la innegable pena donde
un verso sufre sed o da en silencio.

No duermas a renglón seguido al último
verso puro y aséptico en que asume
el sueño del poeta tu inminencia,

sino que hacia adelante y por encima
de su intimismo cúmplete con él
en toda la agonía de la Tierra.

.
NOCHE CON FIEBRE

Inútilmente escritos, ventanales
herméticos en mí se obstinan, tratan
de imponerme a su modo parpadeos…
y yo no puedo más, dormirme apenas
en las cornisas de mis balbuceos
donde fingen estatuas asomarse
a los falsos fantasmas que visitan
los términos que sufren en mi fiebre:
delirios de horas altas muy de noche
no saben distinguir si me distinguen.

*

Luis Malo Macaya, “A mi indebido tiempo”, Col. A la sombra de los días, Santander 2017.

Dos de “De Ciudad Blonde”, de MJ Romero

.

A VECES se apodera de mí el espíritu más chamánico de la tribu
y me convierto en una seta dadá de un bosque dadá

hongo paraguas para el temporal que arrecia
hongo paraguas de colores para un temporal gris

están buscando el secreto del poema
totalmente perdidos
como niños

blablá blablá

el mejor poema está en el silencio
el mejor poema es raíz
el mejor poema es rama
el mejor poema es
sin más

veo su luz
la oscuridad que ciega
desde mi posición de seta dadá.

.
BUSCO LA profundidad del pozo dijo ella
y él se dispuso a recoger lluvia

los aviones planean sobre la ciudad
sobre las cabezas de las bestias
sobre el silencio.

*

MJ Romero, “De Ciudad Blonde”, Los libros de Noctiluca, Sevilla 2017. Prólogo de Lola Crespo.

*

Información y pedidos: librosdenoctiluca@gmail.com

En “Cultura y trabajo. Artistas en Castilla y León”

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Ese cuerpo extraño que crece entre tus piernas y conoce el enojo y no conoce el temblor.

A menudo es suficiente con mirar la calle apagada y resignarse a haber sido el que fracturaba el deseo con las uñas insignificantes de firmeza de Simbad.

Ese cuerpo extraño que abulta en su desesperación y conforta al que llega con su vaso de fiebre.

*

Es el poema inédito para mi aportación al volumen “Cultura y trabajo. Artistas en Castilla y León”, editado por la Fundación Ateneo Cultural CC OO de Castilla y León, Valladolid 2017

Un poema de “Última alambrada”, de José Manuel Martín Portales

XII

la casa del ser es hermosa sin duda
el aire leve que mece sus cortinajes
el aroma de la floresta del jardincito eternamente heleno
la brisa del viejo mar empaña aún
los jarrones de cristal que abrazan a las rosas

para qué construir más habitáculos
¿no basta la pregunta?

pero la pregunta no puede ser habitada
si eres la pregunta, qué pretendes saber

.

José Manuel Martín Portales, “Última alambrada”, Diputación Provincial, Soria, 2017. Premio Leonor 2016.

Dos de “Precioso rastro de destrucción”, de Víctor Pérez

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GRASA PARA CARRETAS

Toda mi juventud la dediqué a romper con mi
[sonrisa la magia de los momentos
Mi padre me escupía para que estuviese fresquito
Ahora soy una máquina del vodka sin hielo
Y mis silbidos más chungos van siempre a las parejas
Mi sed es el escenario de la nada
Soy un experimento del gobierno que ha acabado muy mal
Si me paso una mano por el corazón se acaba la fiesta
Ardo en los suburbios
Y mi nombre es
Impronunciable.

.
BOWIE

Hola a todos
Vuelvo de Afganistán
Traigo fotos de mis quistes
Me vienen a la mente los pequeños detalles
El dolor acaba desapareciendo y se convierte en otra cosa
He bebido mucha cerveza y me he metido esteroides
No me esperaba volver
Le planté cara a aquellos chavales
Saludaba al sol mientras me zurcía las heridas
Ahora estoy preparado para el amor eterno
Ahora oigo ruidos en mi cabeza
Preñé a muchas
Me gusta la idea de dejar niños clavados a mí por el entorno
Eso es arte de verdad
Es difícil de describir en una sola frase potente
Soy como un tipo del espacio
Que fue allí a poner las cosas claras
Y vuelve como la imagen de un prometido
En un bar de carretera
Podrido de pasta y meando
Sangre.


Víctor Pérez, “Precioso rastro de destrucción”, Versátiles Editorial, Col. Tribal, Huelva 2016. Prólogo de Iván Rojo.

En “Palabra Luz Materia”

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Ahora vas a saber quién soy yo.
No sé si desnudarme
o empezar por lo que me conmueve, el alcohol
que no puedo digerir o la sonrisa
de aquel niño o la palma de la mano sudorosa
de alguien sollozando
entre mis manos.
Vas a saber con quién has vivido hasta hoy
sin haberte dado cuenta, sin notarlo siquiera
y sin una sola arruga en los destrozos
que quedan por ahí.

Si lo sabremos tú y yo que todo lo sabemos.
Vas a saber en este preciso instante
quién te dio la oportunidad para desvanecerte
y no volver nunca y ya ves que no.
Si por lo menos yo fuera yo y no ese muñeco vil
que ronda por la casa como un energúmeno,
con daga y caldero para el vómito.
Con sangre en las comisuras de la boca
y el corazón como si quisiera
ser destartalado.

Ese fantasma que tose.

*

Es mi autorretrato en el libro “Palabra Luz Materia”, de Amando Casado. Eolas ediciones-Universidad de León, León 2017. Prólogo de Roberto Castrillo Soto. Estudio crítico de José Enrique Martínez.

El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el libro.
— El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el volumen.

Dos poemas de “Lengua del duelo”, de César Iglesias

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GENEALOGÍAS

Bebe Caín la vieja leche negra *
del hijo por dos veces sepultado
para domesticar ira que alumbra
las brumas de la culpa y la derrota.
La madre escoge las lentejas podres,
cuenta dolores de reuma y cocina;
el padre manosea ubres de reses
con toses, sabañones y blasfemias.
Son formas de calmar las pulsaciones,
enterrar las estirpes sin consuelo
y legar huesos, tumbas y carroña.
El hijo bebe ya la leche negra
y se pregunta: «¿Quien soy?, ¿dónde estoy?».
Sabe Caín que no quedan hermanos.

.
LLUVECES **

Sin letras y sin cifras esta estela
se levanta en las islas de diciembre.
Números y palabras son escritas
sobre las aguas verdes del olvido,
dirían Keats y Marisa Madieri.
No desfallecen hojas en las tumbas
de los hombres tachados, las lápidas
exigen desnudez para mostrar
los sustantivos todos, siempreausentes.
Las piedras y los árboles preparan
su venganza: la grava y la corteza
para levantar túmulos sin nombres.
¿Dónde tiene la llaga el porvenir,
su lamento y su rezo? En la oquedad.

* «Leche negra» (Schwarze milch) pertenece al primer verso de «Fuga de muerte» (Todesfuge), uno de los poemas emblemáticos, a la vez que opacos, de Paul Celan, traducido por José Luis Reina Palazón. (Poesías completas. Editorial Trotta. Madrid, 1999).

** Postal de Lluveces. Lluveces es el topónimo que recibe una pequeña isla frente a la playa de Barru, en el concejo de Llanes. aprovechando las mareas bajas cantábricas, los lugareños llevaban allí sus rebaños de cabras a pastar.

César Iglesias, “Lengua del duelo”, Ediciones Trea, Gijón 2106. Ilustraciones de Federico Granell.

Dos de “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”, de Jorge M. Molinero

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La caída es confortable, en ningún momento me veo
como una silueta de tiza en la acera.
Según desciendo, una amplia tonalidad de grises
cobra fuerza en el escenario. Los magentas del Prado
y los vivos chillones de la tierra Oz no encuentran sitio
en este nuevo comienzo.
No soy los magentas que me arrastraron al odio
ni los vivos chillones que infectaron de muerte mis manos.
Una nueva acuarela desolla las manos del opresor, las llena
de amor. Desnortado, el impacto sobre mullido me aturde.
Un paisaje gris, gris cotidiano, gris cola de autoservicio,
gris de ni un sitio donde aparcar en toda la manzana.
Gris de facturas e hipotecas. Un gris anhelado solo roto
por el arcoíris cuando las lágrimas.
El amor es un abanico de grises.

.
La primera mujer en pisar la luna
se llamaba Rosalía Guijarro,
nadie la recibió con honores, no tiene su nombre en el Hall of Fame.
Tampoco es una heroína ni trabajaba para pagarse la universidad,
sus padres vinieron de México a Florida, eran espaldas mojadas.
Hablaba mal el inglés, no era guapa,
no consiguió el sueño americano.

La primera mujer en pisar la luna se llamaba Rosalía Guijarro,
cuando en los estudios de la Fox dijeron corten
entró a limpiar el decorado de polvo y piedras de cartón piedra.
Le vino la regla, fantaseó con besar a Collins, soñó
que le traía la luna envuelta en papel de celofán.

.

Jorge M. Molinero, “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”, La Penúltima Editorial, Valladolid 2016. Prólogo de Manuela Paso Rodríguez.

Dos poemas de “Bajo la sombra del árbol en llamas”, de Ana Martínez Castillo

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LA MUERTE QUE NOS TRAES

La muerte que nos traes
es diminuta y cálida,
sutil y triste
como ciudad antigua,
gris como los tejados de Edimburgo,
como una calle de Coímbra.
La muerte que nos traes
la tengo yo en un puño
y es terciopelo,
y es alabastro,
la muerte que nos traes
es solo un tercio de tu aliento.

.
DESVÁN

Es un hueco de arañas, un vacío, un silencio mustio que tiñe las paredes, apenas voces yermas de cal seca y cenizas. Arañando el fondo de los baúles, nada sabe. Desconoce el hastío con que amarillea y desaparece, envuelto en humedad añeja, recorriendo pasillos en ruinas, palpando las piedras. Es el frío que lapida los armarios, el hielo que ocupa el espacio entre los huesos. Antaño, solo un rumor de pies descalzos.

.

Ana Martínez Castillo,” Bajo la sombra del árbol en llamas”, Ediciones de la Isla de Siltolá, Col. Tierra, Sevilla 2016

Dos poemas de “Gas”, de Vicente Muñoz Alvarez

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VECINOS

Oigo a la vecina del cuarto llorar
dios mío grita dios mío
y los tabiques de esta casa son tan finos

puedes escuchar a la gente
roncar discutir hacer el amor
días terribles en los que darías la vida
por disfrutar sólo el silencio

como si se hundiera el mundo encima
así de lenta cae la lluvia
gota a gota
la puerta del patio el ascensor el tocadiscos

todo tan cansino
y lánguido a mi alrededor.

.
POESÍA

El único refugio
la única salida

el único lugar
donde acudir

cuando en tu interior
todo está ardiendo.

.

Vicente Muñoz Alvarez, “Gas. Antología poética personal 1999-2016”, Lupercalia Ediciones, Alicante 2016. Prólogo de Gsús Bonilla.