Dos de “Precioso rastro de destrucción”

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GRASA PARA CARRETAS

Toda mi juventud la dediqué a romper con mi
[sonrisa la magia de los momentos
Mi padre me escupía para que estuviese fresquito
Ahora soy una máquina del vodka sin hielo
Y mis silbidos más chungos van siempre a las parejas
Mi sed es el escenario de la nada
Soy un experimento del gobierno que ha acabado muy mal
Si me paso una mano por el corazón se acaba la fiesta
Ardo en los suburbios
Y mi nombre es
Impronunciable.

.
BOWIE

Hola a todos
Vuelvo de Afganistán
Traigo fotos de mis quistes
Me vienen a la mente los pequeños detalles
El dolor acaba desapareciendo y se convierte en otra cosa
He bebido mucha cerveza y me he metido esteroides
No me esperaba volver
Le planté cara a aquellos chavales
Saludaba al sol mientras me zurcía las heridas
Ahora estoy preparado para el amor eterno
Ahora oigo ruidos en mi cabeza
Preñé a muchas
Me gusta la idea de dejar niños clavados a mí por el entorno
Eso es arte de verdad
Es difícil de describir en una sola frase potente
Soy como un tipo del espacio
Que fue allí a poner las cosas claras
Y vuelve como la imagen de un prometido
En un bar de carretera
Podrido de pasta y meando
Sangre.


Víctor Pérez, “Precioso rastro de destrucción”, Versátiles Editorial, Col. Tribal, Huelva 2016. Prólogo de Iván Rojo.

En “Palabra Luz Materia”

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Ahora vas a saber quién soy yo.
No sé si desnudarme
o empezar por lo que me conmueve, el alcohol
que no puedo digerir o la sonrisa
de aquel niño o la palma de la mano sudorosa
de alguien sollozando
entre mis manos.
Vas a saber con quién has vivido hasta hoy
sin haberte dado cuenta, sin notarlo siquiera
y sin una sola arruga en los destrozos
que quedan por ahí.

Si lo sabremos tú y yo que todo lo sabemos.
Vas a saber en este preciso instante
quién te dio la oportunidad para desvanecerte
y no volver nunca y ya ves que no.
Si por lo menos yo fuera yo y no ese muñeco vil
que ronda por la casa como un energúmeno,
con daga y caldero para el vómito.
Con sangre en las comisuras de la boca
y el corazón como si quisiera
ser destartalado.

Ese fantasma que tose.

*

Es mi autorretrato en el libro “Palabra Luz Materia”, de Amando Casado. Eolas ediciones-Universidad de León, León 2017. Prólogo de Roberto Castrillo Soto. Estudio crítico de José Enrique Martínez.

El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el libro.
— El poeta sin lentes, una de las fotografías de Amando Casado que se incluye en el volumen.

Dos poemas de “Lengua del duelo”

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GENEALOGÍAS

Bebe Caín la vieja leche negra *
del hijo por dos veces sepultado
para domesticar ira que alumbra
las brumas de la culpa y la derrota.
La madre escoge las lentejas podres,
cuenta dolores de reuma y cocina;
el padre manosea ubres de reses
con toses, sabañones y blasfemias.
Son formas de calmar las pulsaciones,
enterrar las estirpes sin consuelo
y legar huesos, tumbas y carroña.
El hijo bebe ya la leche negra
y se pregunta: «¿Quien soy?, ¿dónde estoy?».
Sabe Caín que no quedan hermanos.

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LLUVECES **

Sin letras y sin cifras esta estela
se levanta en las islas de diciembre.
Números y palabras son escritas
sobre las aguas verdes del olvido,
dirían Keats y Marisa Madieri.
No desfallecen hojas en las tumbas
de los hombres tachados, las lápidas
exigen desnudez para mostrar
los sustantivos todos, siempreausentes.
Las piedras y los árboles preparan
su venganza: la grava y la corteza
para levantar túmulos sin nombres.
¿Dónde tiene la llaga el porvenir,
su lamento y su rezo? En la oquedad.

* «Leche negra» (Schwarze milch) pertenece al primer verso de «Fuga de muerte» (Todesfuge), uno de los poemas emblemáticos, a la vez que opacos, de Paul Celan, traducido por José Luis Reina Palazón. (Poesías completas. Editorial Trotta. Madrid, 1999).

** Postal de Lluveces. Lluveces es el topónimo que recibe una pequeña isla frente a la playa de Barru, en el concejo de Llanes. aprovechando las mareas bajas cantábricas, los lugareños llevaban allí sus rebaños de cabras a pastar.

César Iglesias, “Lengua del duelo”, Ediciones Trea, Gijón 2106. Ilustraciones de Federico Granell.

Dos de “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”

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La caída es confortable, en ningún momento me veo
como una silueta de tiza en la acera.
Según desciendo, una amplia tonalidad de grises
cobra fuerza en el escenario. Los magentas del Prado
y los vivos chillones de la tierra Oz no encuentran sitio
en este nuevo comienzo.
No soy los magentas que me arrastraron al odio
ni los vivos chillones que infectaron de muerte mis manos.
Una nueva acuarela desolla las manos del opresor, las llena
de amor. Desnortado, el impacto sobre mullido me aturde.
Un paisaje gris, gris cotidiano, gris cola de autoservicio,
gris de ni un sitio donde aparcar en toda la manzana.
Gris de facturas e hipotecas. Un gris anhelado solo roto
por el arcoíris cuando las lágrimas.
El amor es un abanico de grises.

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La primera mujer en pisar la luna
se llamaba Rosalía Guijarro,
nadie la recibió con honores, no tiene su nombre en el Hall of Fame.
Tampoco es una heroína ni trabajaba para pagarse la universidad,
sus padres vinieron de México a Florida, eran espaldas mojadas.
Hablaba mal el inglés, no era guapa,
no consiguió el sueño americano.

La primera mujer en pisar la luna se llamaba Rosalía Guijarro,
cuando en los estudios de la Fox dijeron corten
entró a limpiar el decorado de polvo y piedras de cartón piedra.
Le vino la regla, fantaseó con besar a Collins, soñó
que le traía la luna envuelta en papel de celofán.

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Jorge M. Molinero, “La cuarta hija de Rosa. Perdido en Isla Mujeres”, La Penúltima Editorial, Valladolid 2016. Prólogo de Manuela Paso Rodríguez.

Dos poemas de “Bajo la sombra del árbol en llamas”

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LA MUERTE QUE NOS TRAES

La muerte que nos traes
es diminuta y cálida,
sutil y triste
como ciudad antigua,
gris como los tejados de Edimburgo,
como una calle de Coímbra.
La muerte que nos traes
la tengo yo en un puño
y es terciopelo,
y es alabastro,
la muerte que nos traes
es solo un tercio de tu aliento.

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DESVÁN

Es un hueco de arañas, un vacío, un silencio mustio que tiñe las paredes, apenas voces yermas de cal seca y cenizas. Arañando el fondo de los baúles, nada sabe. Desconoce el hastío con que amarillea y desaparece, envuelto en humedad añeja, recorriendo pasillos en ruinas, palpando las piedras. Es el frío que lapida los armarios, el hielo que ocupa el espacio entre los huesos. Antaño, solo un rumor de pies descalzos.

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Ana Martínez Castillo,” Bajo la sombra del árbol en llamas”, Ediciones de la Isla de Siltolá, Col. Tierra, Sevilla 2016

Dos poemas de “Gas”

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VECINOS

Oigo a la vecina del cuarto llorar
dios mío grita dios mío
y los tabiques de esta casa son tan finos

puedes escuchar a la gente
roncar discutir hacer el amor
días terribles en los que darías la vida
por disfrutar sólo el silencio

como si se hundiera el mundo encima
así de lenta cae la lluvia
gota a gota
la puerta del patio el ascensor el tocadiscos

todo tan cansino
y lánguido a mi alrededor.

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POESÍA

El único refugio
la única salida

el único lugar
donde acudir

cuando en tu interior
todo está ardiendo.

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Vicente Muñoz Alvarez, “Gas. Antología poética personal 1999-2016”, Lupercalia Ediciones, Alicante 2016. Prólogo de Gsús Bonilla.

Dos poemas de “Anna”

Cortesía de Gsús Bonilla
— Cortesía de Gsús Bonilla

HUÉRFANOS

La felicidad era un trozo de carne aprendiendo a gemir, una manada de pequeños lobos hincando sus hocicos negros en ella; poco antes habrías sido parida con toda la liturgia de los hospitales del primer mundo, sobre un rosal. Tu llanto eran espinas y desconcierto; qué hacer en este calvario de sábanas, qué otra cosa que unirnos a la orgía e invocar otro olor a tierra mojada, y esperar la lluvia y permanecer en silencio, abrazados y callados, mientras, llegaba nuestro turno, lento y cansado, como un viejo caracol; descorazado, desahuciado y sin ánimo de nada, arrastrando otra lucha perdida más; desnudo, exponiéndose a la burla, que nos llevó a olvidar a la madre palpándose el pecho hasta dar con el corazón y extraerlo y echarlo todo entero y que sirva de alimento para las bestias.

[Diciembre, 2010]

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Hija, hoy que te han brotado setas en la boca
háblale en pequeño del futuro al magnífico mundo

sin llegar al grito, casi susurrando,
a pesar de las molestias

como quien no sabe
ni quiere

guardar un secreto.

[Octubre, 2012]

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Gsús Bonilla, “Anna”, Ediciones del 4 de Agosto, Col. Planeta Clandestino, La Rioja 2016. Dibujos de Anna Bonilla Ferrero.

Hombres que son como lugares mal situados

Hombres que trabajan bajo la lámpara
De la muerte
Que excavan en esa luz para ver quién ilumina
La fuente de sus días

Hombres muy doblados por el pensamiento
Que vienen despacio como quien corre
Las persianas
Para ver en lo oscuro el primer manantial

Hombres que excavan día tras día el pensamiento
Que trabajan a la sombra de la copa cerebral
Que podan la piedra de la locura cuando aplastan las pupilas
Hombres todo blancos que abren la cabeza
En busca de esa piedra definida

Hombres de cabeza abierta expuesta al pensamiento
Libre. Que vienen despacio a abrir
Un lugar donde amanezca.
Hombres que se sientan para ver una mañana
Que excavan un lugar
Para la salida.

.

Daniel Faria, “Hombres que son como lugares mal situados”, Ediciones Sígueme, Salamanca 2015. Traducción de Luis María Marina.

Dos poemas de “Etapas”

portada de Manuel González

INVIERNO

El invierno no dio para más.
Ahora puedo decirlo.
Ahora puedo gritarlo.
Hay infancias con el cielo siempre cubierto
a las que no se asoma nadie.
Hechas de madera.
Sin bicicleta.
Pero algún día,
la mía,
tendrá nombre de mujer.

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ISLAS

Es uno de esos días lluviosos, grises, hermosamente tristes. Espero en la cafetería del hotel Londres. Observo a la gente caminar deprisa, como si tuvieran un sitio donde ir. Enfrente, la isla asoma su cabeza entre la bruma, esperando las primeras luces. Sabe que también llevas el corazón húmedo, y parece decir: toma, aquí tienes la lluvia. A ver qué haces con ella.

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Manuel González, “Etapas”, Editorial Renacimiento, Col. Mediodía, Sevilla 2016. Prólogo de Raquel Lanseros.

Dos poemas de “Los nombres de la herida”

el nuevo libro de Nacho González

LAS POETAS

Lo dejan todo escrito por si acaso
vinieran a buscarlas
tipos de barba rala y rostro frío
por el crimen sagrado de su oficio.

Llegan y hablan de amor lo necesario.
Cuando vuelven las nubes
/amenazan
con ponerse al servicio de la causa
del triste exilio de las olvidadas.

Son como los viajeros, cada noche
relatan ante el fuego sus desdichas.
De vez en cuando,
/el agua,
produce una incisión en su coraza
y por ella se cuelan las palabras,
se acercan a la lumbre,
/las pronuncian
con la solemnidad de los adioses.

Vienen de la otra orilla de los sueños
y dejan en ofrenda las cenizas
que guardan en el cuenco de los días.

Iluminan la costa por si llegas
en noches de tormentas y aguaceros
y te tienden la mano si agonizas
y te dan otra vida si es preciso
y te entrega la suya si la pides.

Darían lo que fuera
/—estoy seguro—
por no verte morir en una playa.

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SKYLINES

Nacieron para ser la luz del mundo
a mayor gloria de los elegidos,
para grabar a fuego
el delgado hilo rojo del poder
y acercar a los dioses
la efímera virtud de los nuevos profetas
y disputarle al cielo toda gloria.

Sobre sus azoteas se arracimaba el sol,
como un equilibrista
en la postal del tiempo de la dicha.
Entre sus cristaleras se ovillaban los hombres
como esclavos febriles de los mercaderes.

Hoy no son más que el último refugio
que anticipa los pasos del suicida.

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Juan Ignacio González, “Los nombres de la herida”, Playa de Ákaba, Poesía, Madrid 2016. Prólogo de Noemí Trujillo.

Dos poemas de “Papel Albal”

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ACEPTACIÓN

Me relamo el ego, y ya
no siento ese regusto a orquídea en el aliño.

Me sabe, sin más aderezo, a mí.

Es por ello
que ya no necesito relamerme.

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PAPEL ALBAL

Extendido el mantel sobre la hierba,
liberado de la plata, servido el alimento.

Hay productos de la tierra
y semillas de la tierra prometida.

¿Has comido con la vista o saboreaste con todos los sentidos?
¿Qué retrosabor se mantiene en las papilas de tu lengua?
¿Qué verso anidó en el espacio más oscuro de tu entraña?

Lenta digestión de la palabra,
sorbo final que acompaña a cada verbo.

Envuelve para luego la imagen que no llegó a calarte,
por si acaso,
escucha el leve crujido
del papel que guardará sus propiedades

para siempre.

.

Ángeles Fernangómez, “Papel Albal”, Huerga & Fierro/Poesía, Madrid 2016. Prólogo de Juan Carlos Mestre.

Un poema de “El verano de los cazadores de luces”

el libro de Paco moral
MADRE
mírame
ahora que ya no corro cada noche a llamarte
ahora que sé que es cierto
que el tiempo pone espacio
y que el dolor de entonces solo aparece a veces.
Ahora que vuelvo a casa y toco tus cosas
y ya no huelen a ti
como hace nada.
Ahora que no me despierto por las noches
bañado en sudor frío y recordando
esos últimos días a tu lado
inerte
hinchada
apenas resistiendo…

Ahora que sé que estás irremediablemente muerta
y he perdido la fe en que aparezcas de repente
solo para dejarme olerte
y que te bese…

Ahora es el momento de que sepas
que, desde que te fuiste,
se me han ido cargando los brazos de derrotas
y el único consuelo es hoy saber
que te he querido mucho
que te he querido tanto
que te he querido bien
y, lo mejor de todo,
que te fuiste sabiéndolo.

.

Paco Moral, “El verano de los cazadores de luces”, Lastura, Col. Alcalima, Toledo 2016

Dos poemas de “Claudicaciones”

claudicaciones Miguel

VI

ME pregunto cómo habrás sobrevivido
tantos años en este mundo enfermo,
en esta pantomima sucia y fúnebre
donde acaso ha importado siempre
mucho más la impostura que el fracaso,
mucho más el destino que el trayecto,
mucho más la fortuna que la voluntad.
Me pregunto cómo habrás sobrevivido
tantos años aquí, entre oquedades siniestras
donde el hombre aún brinda por su virtud precaria
y el amor ha huido con los desterrados.
Tanto cuerpo poseído vanamente…
Has ido sucediéndote en su daño,
en su goce sin hálito ni hondura.
Cómo habrás sobrevivido. Nunca
una palabra ingenua se posó en tus labios.

.

XVII
Tite

LA otra noche, en mitad de un sueño
todavía más quebradizo y más liviano
que la curva de un párpado, pude distinguirte
llorando amargamente, perdida en una extraña
multitud, como si de pronto el brillo
de mi sangre bajo el primer albor.

Invicta juventud la que amparaba
tu rostro, que yo reconocí pese
a haberlo visto solo en las fotografías.
Así, en ese instante, supe que no estaban
hundidas mis raíces en el mundo,
sino en la evanescente condición del sueño.
Pero ni esa certeza logró perturbarlo:
aguardé el nuevo día escuchando tus lágrimas.

Por eso ahora, sin otro empeño
que contener la música y el movimiento
ofrecidos por tu recuerdo al descolgarse
vivo en la madrugada, dejo aquí

la mano y la palabra que me tiendes
una mañana de febrero, frente a mi desaliento,
«Hoy nos quedaremos en casa, pero
que no se te ocurra decírselo a mamá»,
para enseñarme cómo el amor ha de entregarse
solo a cambio de un poco más de fe
que permita su magia y su retorno,

para que hoy por fin ya me sea posible
desentrañar bajo esta ardiente melodía
el enigma de mis predilecciones,
el capricho fugaz de la existencia.

.

Miguel Floriano, “Claudicaciones”, Editorial Renacimiento, Col. Renacimiento, Sevilla 2016

Dos poemas de “Quizás agosto”

quizás agosto Paloma

(pregúntate)

si todavía
constelación y noche
te pruebas un destino
un alfabeto
o una voz de origen
¿a quién engañas?

¿quién improvisará tu madurez
al pie de cada letra?

si todavía
y a pesar de las bóvedas
número y barro
y criatura
que se confunde
si habla o rememora

¿a quién engañas?

¿quién improvisará -con otros labios-
tus oquedades?

.
(quizás agosto)

en este mismo instante
de un verano cualquiera
en su olor
con esta languidez
que rinde lo prohibido
con estas cicatrices tan comunes
–tan de todos–
en el mismo lugar
(entre mi cuerpo
y su difunta sombra)
para que conste
como único legado
para que conste
vuelvo a ser ráfaga
y origen
y travesía.

.

Paloma Corrales, “Quizás agosto”, Ejemplar Único, Alzira 2016

Dos poemas de “El hacha de plata”

el hacha de plata
.

EL ESPEJO IMPASIBLE

Un espejo ahora se derrumba
con todo su mundo
almacenado.
Cuando regresé para vestir
mi esqueleto
lo encontré frío. Cómo nos
golpea las venas
la clarividencia de los muertos.

 
RECTIFICANDO INVENIES

Ánima como el viento rojo
de los druidas,
daimon como el viento
de la libre palabra
—el fuego prometeico
que ya rompe,
de la médula mana
como del fuego interior
que avanza
desesperada hasta el sol
y tiende el arco
de la vida por su centro,
como viento
rojo a sus raíces —la poesía.

.

Miguel Veyrat, “El hacha de plata”, Ediciones de la Isla de Siltolá, Col. Tierra, Sevilla 2016. Prólogo de Manuel Ángel Vázquez Medel.