.
Es un calor blanco de resina de abedul y
cataratas en tus ojos.
Tus ojos, que han sustituido el genio por un brillo de molusco
fuera de temporada.
Examino el calor de esta enfermedad
con temor a contagiar de sudor de ciprés
tus manos alzadas en un manojo de voluntades.
Todavía,
antes de girar el volante
y dirigirnos juntas al parque de cipreses.
Decorada la muerte a tu gusto con material mármol.

.
.

No despiertes la conciencia al tedio.
No despiertes la conciencia a la quietud en estos pagos;
Abre, si acaso, la boca;
deja entrar el aire y sobrevive
a la persuasión de la actividad reina.
En el mundo de los bueyes las conciencias de violación
ingresan el mandamiento de pago en cuentas corrientes.
Los lagos magníficos de Ginebra se bordean sin ganas;
preguntas en cada arcada la motivación que infunde
una buena intención.
Abona tu conciencia a la inactividad.
.

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