EL LOCO

Soy Lukas. No estoy loco. Soy un santo. Cruzo el precipicio levitando. Enciendo y apago las luces del claustro con solo pensar. Me escondo en los rincones y asusto a los monjes y me río. Produzco mariposas como malo de la cabeza. Juego con los niños y los hago desaparecer, y aparecen luego dormidos sobre un cisne. Me como a cucharadas la leche condensada ordeñada del sol. Vienen los proxenetas equivocados de dirección y regresan a sus lupanares más viejos y más sabios. El laurel me dice verdades mezcladas con mentiras. Es mentira. No soy un cero a la izquierda. Soy un ala izquierda. Soy un cero vengativo. No tengo ni una mácula venida de la muerte. Pero la mentira me valida ante mis seguidores. Vengo de la mentira y la confusión. El estigma del mal me enaltece ante las putas, los chaperos celestes, los traficantes de blancas, los zombies del krokodile, las mujeres golpeadas con la roca del esposo, los muchachos de nieve que se cuelgan del balcón con un cartel vacío. Simulo una diablura por hacer un bien. A quien me odia le contagio el engaño del vacío. Esa mácula es real. Es real que coma vergas como pago por mi sacrificio. Chupo a Retrocometa y me escupe un embrión y ese embrión escupe un pequeño pez del que salgo yo. Yo no estoy loco. Soy Lukas. El mago. Me escondo en la penumbra de los pasillos. Pasan los monjes. Y los asusto.

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Pedro Montealegre, vecino de Ñuñoa, Santiago de Chile.

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