CLAVOS

En tu frente, el sello de la casa.
Tu séptimo día, tu traje de hijo.
Tu sí.

El que obedece nunca se equivoca,
nunca acierta.

Si te rindes es mejor.
Si te niegas.
Es hermosa la espera, la caída.
El regreso.

Yo seré tu voluntad.

Te enseñaré que nada es importante,
que hay suficiente arena para el miedo,
que están muertas las lenguas de los muertos.

Una mueca de renuncia,
una prótesis para tus huesos huecos.
Desconfía de tus hembras manos,
sé dócil y tendrás tu galleta.

Es urgente que sepas lo que vales:
nada.
Es urgente que te abandones,
que te disuelvas:
serás feliz como estos muebles santos.

Y no vuelvas a quitarte el cabestrillo.
La perseverancia es hija de los clavos.

Tus alas de corral, tus letras de humo:
soberbia y tierra, saliva y soberbia.
¿No sabes que lo que escribes ya está escrito?
¿No acabo de decirte lo que vales?

Flagélate con canciones tristes,
fractúrate los hombros y la voz.
Incendia tu piel de hambre y cigarrillos.
Llora en soledad, como los hombres.

Víctima o víbora,
elige tu cojera.

Te vas.
Te crees que esas muletas te hacen libre.

Pero te llevas el polvo de la casa.

.
Ernesto Frattarola,
de su libro “Herido mármol”, próximamente en Suburbia Ediciones.

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2 comentarios en “Un poema de Ernesto Frattarola

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