RECUERDO

En la definición de tu memoria, me viene una ciruela,
ese limón en cruz que dejamos sobre la llama
como si no hubieran palabras para decir: “hermano,
ándate de aquí, que te late un cobre adentro”.
Y la memoria te afila el metal, desquitándose:
el metapío te cura las heridas del viento, más grandes
que el viento que sana entre mis párpados.
Nunca me curé del resfrío sureño: por más leche con miel
que bebí, el sonámbulo. Aún veo las cenizas de mi abuela
enterradas, con los tesoros de hojalata, en el patio.
Nuestro hermano nonato nos verá cerrar los ojos
por mucho que le diga que no quiero soñar más.
Por mucho que tu memoria se nos haga una ciruela
que espera la lluvia para verse apetitosa.
O una historia que contenga ralladura de naranja.
Pero, ¿a qué juzgar con alga una memoria de maleza?
Sólo quieres regresar a la concepción de nuestro hermano
para que ese día sepas que no debes ver mi nombre.

.

Pedro Montealegre, “El hijo de todos”, Ediciones 4 de agosto, Col. Planeta clandestino, Logroño 2006

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