Al borde del camino

Cortesía de Juan Luis García.
Cortesía de Juan Luis García.

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Gracias, gracias, Abel Aparicio, Juan Campal, Antonio Cubelos, Silvia D. Chica, Yago Ferreiro, Mar Ferreras, Ana Ibáñez Córdoba, Eloísa Otero, Toño Morala, Vicente Muñoz, Ramiro Pinto, Alfonso Xen Rabanal, Rafael Saravia. Y gracias muy especiales, Felipe J Piñeiro, José Luis Campal.

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Me siento al borde del camino y veo cómo pasa la muerte.
MJ ROMERO

 

Un poema tremendista

IX

Casi con temor me acerco
a la rara ilusión y al vacío necesario.
Vidrios de colores que romperle
en su nariz al último cobarde
que desgaja mis piernas sin ahínco.
Con acritud, el enfermo
recoge sus grises toallas
empapadas de plasma y de sudor,
o cree en su ternura como en fusiles
de cartón que fueron suyos.
Una noche más que acaba
inútilmente con mi fuego.
Escribo entonces al azar
en otra carne que escuece
tanto herir.

Un poema atribulado

VIEJAS PIEDRAS BLANCAS para sentir
el húmedo calor del tiempo.
Han pasado los años y aún te crees
la mentira de entonces, si regresas
hazlo para siempre, como los que nada
guardan para sí, a no ser la decrepitud.
Casas en penumbra y huertos quemados.
Allí la infancia lloró su paraíso.
Y vienes hoy a detenerte
ante el paisaje donde pensabas morir.
Nadie te espera todavía, pobre hombre
que sufre, nadie te ha llamado.

Poema miserable

IV

El que acecha me arroja
su aliento y es la lluvia una mancha
amarillenta a mis pies.
Sin árboles, sin pasos.
Abrazaré a quien me ofrezca
por monedas su deseo,
vomitaré en su boca
lo mismo que el entrometido.
Sin más noche que la tajadura reciente
en su muslo cortado.
Haré que se arrepienta de mí,
su fiel espejo que mira al otro extremo
por no volverse mío.

Muchachas…

Muchachas asoladas,
sentadas al borde del tiempo
y fumando a ciegas su pitillo.
De nombres imposibles
y con senos puntiagudos
hablaban de un hombre que sin tardar
vendría de mañana a poseerlas.
El ansia hirió sus labios una vez
y las caderas sobraban,
y así tampoco eran dichosas.
Desde aquel día dibujan
sobre el aciago cristal promesas.

De incierta memoria

De muchachos era conveniente
tener miedo a la enfermedad
y ruborizarse por todo.
Asustaba
la insoportable tos de los finados,
su voz en cálida penumbra
y sus hijos malditos.
Tanta congoja y tanto dolor
para enseñarnos a morir
más despacio que nadie
y sin que nadie se entere.
Para colmo allí se encontraban
los buenos amigos
y las muchachas que querían
ser viles.

Las alondras

Vienen a menudo a picotear tus ojos.
Han sabido alguna vez que caminabas Valdaldón
a solas con tu efigie de niño que despierta
y reconoce allí que hubo algo misterioso un día
que daba tanta lástima mirar.
Distinguen tu sombra de memoria
y en los tejados destruidos de las casas
aún se parapetan de los eternos inviernos.
Un niño aguarda impaciente a que lo llamen,
y debes de ser tú que atisbas
el desvanecerse de las cosas desde un rincón
desproporcionado y vil del tiempo.
Hay ocasiones en que de veras aprecian tu soledad,
se comportan igual que tú e indagan en las tenadas
juguetes viejos, camiones que han volcado
o pistolas recubiertas con almagre.
Vienen a menudo a picotear tus ojos.
No ignoran dónde duele más la infancia endeble
y quebrantada que tercamente anhelas,
como se busca a alguien que se fue sin otra señal
que la menos oportuna: un abrigo roto,
la carta a los padres que decía olvidadme ahora
con mucho amor y con certeza, el libro
de aventuras de Singleton y el compás nuevo,
el de las configuraciones imposibles.
Qué importa ahora si accedes a que te hablen
de aquellas lluvias frías y del tesoro gris
y lánguido de Carla.

A la que falta 8

*
La vida acaba mal, conforme. Si acostumbrabas a dar vueltas y más vueltas a su alrededor. Si coincidiste con ella en las fiestas de guardar y en las otras, sobremanera en las otras. Si suprimías su nombre advenedizo de las estampas con más colorines para vengarte prematuramente de alguien. Si has llegado incluso tú solo hasta aquí, ya puedes contar con los dedos las páginas apesadumbradas del libro de horas. Y llorar a raudales. Y abrirte las venas con una hoja de lata sin importancia ninguna.

*
Vistas las circunstancias, nos sobrepondremos sin pensarlo excesivamente al dolor o fingiremos que hemos sido aturdidos de igual forma por la enorme corteza del olmo. Siempre que ella nos regalaba su peor pasatiempo, el brazo en cabestrillo de las penúltimas noches, la fetidez de la carne dañada, su voz apenas audible, entendíamos que llegaría el infame intervalo. Que cobraría sentido sin la delicadeza de esa luz que se colaba en nosotros como un ingenuo temblor para no cesar nunca. Como la barbaridad que se ceba en quien menos se expone a su mellado cuchillo.

*
Adiós a cuanto se emponzoña en la última orgía, profiere el vigoroso. Han sellado su abertura los innombrables y dado el mal tiempo no hará falta llevar bocadillo a la tómbola ni partirle a nadie la cara. Tampoco cuesta tanto hacer como que no lo hemos visto. Prueba a abrazarla y sobre su rodilla derecha encontrarás las palabras insustanciales que no se pronuncian. De todos modos no sirve mirar al que aún no ha venido porque es prosaico y da mala espina no acordarse de alguien tan simple. Bueno, no la beses si la timidez se compone de jacintos ajados y luces grotescas. Para estrenar la añoranza y exprimir los sutiles desasosiegos de la locura no estaría de más acercarse al atajo que conduce a la felicidad de quienes se provocan heridas en la pierna cortada o así.

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Poema para leer después de santificar las fiestas con natillas

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QUERIDA TIERRA MÍA, dijo, y señaló
el último fulgor que abrazaba el saúco,
selló consigo mismo un pacto
de aventura, mirar atrás y sentirse
extraviado en el puente de Ariegos.
Es posible contemplar una última vez
la calle arrasada de granizo,
la bella soledad de los hermanos
que hoy todavía juegan con la Sadi.
Mañana el umbral será más polvo
que el recuerdo, desabrido umbral
de la pereza, manos atadas
al amanecer como una súplica.
Mañana volverás a desearlo.

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A la que falta 7

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PROTOCOLO 13 DD

Es la voz que flaquea y amortigua
chasquidos. La que sobrevivió
amenazando al responsable
arbitrario de los hechos.

Quien se encargaba de la dicha
nos hacía una seña.
Nos colmó de pústulas.
En el corredor era imperativo reír
con la máscara del torpe.

Ella jamás abandonaría
el cuarto, perderá para siempre
el apetito y la vergüenza
y eso que designan sin timidez
coraje. Ella jamás despertó
del sueño desatinado de los justos.

Los nuevos hermanos, la leche
del hervidor que se escapa, niños
pálidos al ver a los lobos
cruzar esa senda.

La carne que se corrompe
al amanecer, la carne
que se corrompe sin algarabía,
dulcemente
casi.

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Poema para leer despendolado en el salón

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NEFTALÍ REYES SE SANTIGUA A ESCONDIDAS

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El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
P. N.

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Para sucumbir a la pereza
se improvisaron países hermosos y labios
que disimulaban haber sido una tarde
desproporcionados, risueños.
Hoy no: a la vuelta del camino nos aguarda
un automóvil que explota y un corazón
extenuado que no se reconoce.

Aparentará que hemos sido raspados de la foto
por la sonrisa imbécil de un elfo
que recuerda haber estado allí, cuando
al amor le añadíamos admoniciones
y profundas gargantas desgastadas.
Cuando no escondía más sangre el amor
que la de la muchacha en aprietos
a quien se llamaba con infalible alboroto.

De aquella desazón, de aquella embriaguez
sin tamaño que nos abría la boca
después de discurrir que éramos nosotros
los elegidos por la vieja dama con sortijas
de papel, después de la anuencia
no vamos a perder la compostura,
digo yo.

Al cuerpo que fue nuestro aliado
el asesino lo soñó con incalculable dignidad.
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Viva la República

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Salud, mucha salud, y República.

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Dos poemas que serán leídos al mediodía en el Cementerio civil de Puente Castro (León). Es mi homenaje a la República. A lo que pudo haber sido y no fue.

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UNO

La ciudad no existe,

se llama de otra forma más sutil,

es humo espeso de noviembre

que borra de los desaparecidos

cualquier desolación.

Las calles se mojan de abandono

y el hombre presencia allí

su propia mansedumbre.

Sobre esta ciudad

un día

la esperanza tuvo camaradas,

amó nuestro costado con premura,

hasta fue memoria de tanta desmemoria.

Los bandidos esperan a que el rencor

mitigue las palabras,

han vuelto a darnos su desprecio.

La ciudad se llama cobardía

y vodka muy amargo

y compasión.

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DOS

Blanco y gris

como el excremento de los dioses.

Paredes que encubren el dolor

intenso y ruin de los vencidos,

pasillos sucios

donde mejor acribillar la puta noche.

El desahuciado atisba entre sus muslos

y bebe de su orina con cuidado.

Y recuerda otra ciudad pero sin nombre.

Bajo su negra almohada viven grillos

que agonizan.

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(Luis Miguel Rabanal)

Un poema de amor

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… bajo el disfraz de una fiereza más terrible y sombría.
ALESSANDRO MANZONI, “Los novios”.

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no me des en la cara por favor he sido buena
acataré lo que tú digas, y así hasta que la soledad
nos mire detenidamente a los ojos nos selle
los labios con una sustancia imperiosa
que nos descubre propicios, sabes bien
cómo me las gasto cuando me vienen
a la cabeza estas negras ideas me vuelvo ridículo,
he conquistado en tu cuerpo espacios
que se brindan a socorrer al que busca
en tu cuerpo otros males no son lágrimas
que amedrentan al llegar de improviso, no
me hagas llorar no me hagas
no me dejes señales estaré siempre callada,
y sucede de nuevo que caminamos deprisa
porque se acerca a nosotros
para acordarse de ti de cuando eras muy joven
había niños o luces en el aparador dos libros
de aventuras, no me veas con odio
no soy ruin como insinúan afuera
me mortifican tus ojos si miras a alguien,
será preciso contener las palabras
en bolsas de plástico rojo
días eternos y tardes sin consuelo
asimismo es posible admitir que te confían
secretos que tú no has pedido escuchar,
no me cuentes mentiras con voz cavernosa
odio la mirada que me sonsaca
con odio, el amor se esconde la noche de luna
menguante nuestro cuerpo se niega a rogar
nos pide permiso para contar las horas
que se desbordan para volver a estar juntos
el amor que tarda en decirse,
puta asquerosa, el amor que nos pasa la mano
por el cabello revuelto con mucha dulzura
igual que esos seres que no son
como nosotros que no son más leales
al acabar la semana a cada pesquisa le fluye
un reloj una frase que conteste no no no fuimos
nosotros, me dan ganas de marchar me dan
ganas de tirarme a los coches

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Por si te apetece terminar de leer, aquí.
Gracias, Víktor. También aquí.
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