Poema del tembloroso

De alguien que reconoce
el rito de su desesperación.
Callejas que están lejos del mundo,
vano territorio
que no se encuentra en el cuerpo maldito
ni tampoco en las palabras
rotas y extraviadas del poema.
Calles también
para no abarcar jamás la vida,
no sin antes haber sangrado mucho
en el desorden.
Como ella,
que aún no ha sido marcada por la fiebre.
Sobre esa piel se ausenta el visitante
y muy a menudo llora.

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A pesar de las cosas…

A pesar de las cosas
que nos dan su desvarío si volvemos sobre ellas
nuestros ojos,
por verlas al alcance del dolor
siquiera y de la ruina,
por tener a nuestro lado
a alguien que, como él, nos mire con espanto.
Tal vez porque si no jamás podríamos
sobrevivir como si nada
en un poema.
A pesar de todo ello
aún hay quien nos sobrecoge cada día
con su voz de obsceno tahúr y con su daño.
Cosas que hoy le dan lo mismo
al necio y al ecuánime mañana.

Poema (muy poco) quejumbroso

LA RÍA

Agua sucia para manifestar nostalgia.
A las horas precisas el barco
maniobra a nuestro lado con el vientre
repleto de basura.
Al atardecer muchachos estrenan sus condones
y el goce da lugar a un grito
de socorro o de tedio.
Está bien que así suceda,
que nos oculte sus fauces lo invisible,
incluso que el calor mucho nos sofoque.
El que todo lo mira
descubre en su corazón conflictos
y ve al Pedro Menéndez II
perderse en lontananza
cargado de cenizas, como se va su sangre.
La noche cae a golpes en su cuerpo,
y frente a él sucumbe la derrota
vestida de palabras e imponente.

Vienen y se van…

VIENEN y se van
y escuchas sus lamentos,
te enardece su ternura y quieres
lo mismo que ellos quieren.
Dormir entre sus prisas
no es fácil, ni tampoco caminar
hacia su larga distancia: aparentas
un hombre sin fortuna.
Te rindes ante este fenómeno
desproporcionado de la vida,
la muerte forzosa.
Ves en sus rostros el tiempo
que les llevará encontrarte.
Si hasta parece que te aman.

Dolores de poesía en los bares 6

doleres2015

Seis años de ronda poética por los bares y calles del León antiguo. Seis años de poesía, amistad y cariño por parte de los auténticos artífices de la celebración; todos aquellos amigos que nos acompañan en las distintas paradas, etapas, estaciones.
Seis años y lo que ha cambiado todo en León, y lo que ha cambiado el ambiente poético, y lo que nos alegramos, sin duda.
Algunos de los bares donde hemos procesionado no existen como tales, la buhardilla del CCAN fue clausurada de malas formas y peores modos por las peperas autoridades municipales, el Bardalla ha cerrado por su propia mano recientemente. Este año incorporamos un lugar con solera entre la mayoría de los actuantes El Cardo.. El Benito contempla nuestros seis años de vida desde su centenario que celebra en este 2015, el Belmondo sigue sin parar en sus acciones y movidas y El Gran Café celebra sus conciertos, presentaciones y la inigualable jam sesión de los martes.
Y ahí estamos nosotros, esos que dicen versos en la noche, entre el vaho producido por el frío (no en vano ha sido un años de nevadonas) y el vapor del alcohol, la nómina de esta año está compuesta por los siguientes versificadores:

Luis Miguel Rabanal
Patricia Furlong
Ildefonso Rodríguez
Abel Aparicio
Silvia Diaz Chica
Jorge Blanco
Toño Morala
Silvia Abad Montoliu
Vicente Muñoz Álvarez
Xen Rabanal
Charo Acera Rojo
Víctor M. Diez
Eloisa Otero
Felipe Zapico Alonso

Programa:

El Benito, 21,30 horas
El Cardo, 22,15 horas
Belmondo, 23,00 horas
El Gran Café, 23, 45 horas

Se recomienda ingerir alimentos sólidos en algún momento de la ronda.

Seis años contando con los maravillosos carteles de Julia D. Velázquez, gracias amiga.

Nos vemos en los bares.

Zapi

El poeta remite a su amada…

EL POETA REMITE A SU AMADA CORCÍSIMA UNA TREMENDA REFLEXIÓN QUE NO PUEDE SER VERDAD
(A IMITACIÓN DE ASDRÚBAL JORGE DE LAVIANA)

Más te valdría no haber divisado esa sombra.
Incautos y veloces asesinos te arañarán los ojos
rodeada de luz, descubierta de par en par a la cordura,
inerte como una réproba sentencia que se olvida
y después se desvanece en el tiempo abultado.
Ahora ya estás en lo profundo de la tarde.

El que todo lo ha visto, ese dios de ceniza
saliendo del baño en un rosa albornoz, mide tu silencio.

Grandísimo ladrón, le dices tibiamente a la cara,
una no puede quitarse los pantys sin que tú
abras la puerta y dejes marchar, espantado, al gato.
Pobre mujer que ahora tose y enloquece.
En la vieja foto la niña que aún eres juega con su tío,
tan a sus anchas el mundo que esperaba,
o no era eso lo que tendría que decirte.
No era tampoco el aliento del tahúr deforme
ante tus brazos, que te quiere, grrr, menuda melopea…

— Para la estudiosa María, cuyo mayordomo yace en el rabanal y sin abrigo.

 

Poema del cansino

HABRÍA QUE INVENTARLO otra vez,
el tiempo.
Escribirlo de golpe
en las paredes derribadas
del cariño,
infinitamente odiarlo pues se fue
sin nosotros.
Deberíamos partirle el corazón,
llorar su orgullo con recelo
para siempre.
Nos engañó el cobarde,
olvidaba las promesas que juramos
y las esparció al viento
helado de febrero,
lejos de Olleir.
Ahora quién nos abrirá la casa
cuando la melancolía,
también ella, no pueda
recordarnos.

Vivir no era otra cosa

SÓLO ES REAL lo recordado, dice
mientras tose y sus dedos tiemblan,
y después se aflige como un niño torpe
que camina el borde del mar
y es junio.
En la otra orilla hay muchachas
que desnudan su siesta
en la tarde que se viste de oscuro.
Como un ciempiés llega la lluvia
a borrar de esas bocas pintadas
el carmín del hartazgo.
Sólo la memoria
se te aparecerá en los ojos, le dice,
cuando ya nada importe y sepas, al fin,
por qué rompiste el maleficio.
Vivir no era otra cosa.

Un poema improcedente

Cuerpos que huyen
y en el fangal se aferran a otro cuerpo,
exacto escalofrío que recorre
la piel de sus muslos y los rasga.
Filos por doquier para abrir las venas.
Cuerpos perfectos de muchacha
inverosímil y rendida,
vendidos al azar.
Acaso te asuste la semejanza
que te niega la tarde
con la tierra manchada
de vómitos y aceite.
Cerca de ti el mar retumba confundido.
Afuera hay más cuerpos
dibujados de mugre
como el tuyo
que se abalanzan a los coches sin temor.
Aléjate del fuego y cierra bien los ojos.
La casa se estremece.

Poema del vagabundo

Una ciudad sin nombre alguno.
Eso es tu cuerpo ahora que lo miro
mientras duermes tibiamente
enmascarada con tu propia grandeza.
De la incertidumbre procede
este viaje que poseerá tu sueño
de niña tropezando en una plaza
con casas en derribo,
con secuelas de vida que no comprendió
nuestro amor porque era pronto
en tu vientre inacabable.
Detrás de tus ojos
otro hombre atisba la felicidad
y se esconde dulcemente de ti,
hasta que nombras la desidia.
Yo te salvaré de cuanto crees.

Poema impertérrito

VII

Escrituras

El energúmeno ya no tiene manos
con que anotar paisajes,
los trozos de los cuerpos
que pasaron un día por su boca,
las esquinas agridulces de la edad
y algunos nombres imposibles.
El furibundo una noche
quemó sus libretas.
Desde entonces dice escribir
con el destrozado corazón
de los otros,
por si no fuera verdad.
Desde entonces le ocurren
cosas misteriosas
que prefiere omitir de su desgracia.

.

También aquí. Gracias, Vicente.

Poema para chorlitos

V

Farolas

Al atardecer no está solo,
alguien garabatea junto a él palabras
en tanto las luces las dibuja
el estúpido duende del otoño.
Oscura ciudad en obras.
Bajo su balcón el mundo
corre y se estremece,
muchachas desoladas
o grandes niños temerosos.
Y de golpe la mortecina luz
clavándose en sus párpados
como traición y suspiro.
No se asoma nunca
al blando y terrible precipicio
pues teme ser despedazado por la fiera.
Él quiere, muy a solas, sucumbir.

 

Poema para ingratos

Deben de ser láminas
de otra edad,
en la era de Quinto
se escribían pecados.
Dile que es tarde
y te lo anticipan las ranas
y el aguzo se consume.
La casa que se desmoronó
como un mal sueño,
el niño
que se encontró
de sopetón con su tesoro.
Dile que te quiera,
no hay más escondite
que el de sus rodillas.