Que llueva siempre en Poemas de una muerta viviente

 

Luis Miguel Rabanal es un hombre atravesado por un río caudaloso, de aguas a veces turbulentas y a veces reposadas y cristalinas. El tiempo que nos envuelve al acercarnos a sus poemas no es el tiempo convencional, sino un tiempo kairótico que nos permite intuir, desde un instante multi sensorial y cuajado de símbolos, una vida rica y compleja.

Así, el título de su libro, Que llueva siempre, refleja muy bien la virtud de sus textos que, al igual que la lluvia, parecen infinitos mientras los lees. Imagino a Rabanal como a aquel fraile llamado San Virila que, sin darse cuenta, pasó una breve eternidad escuchando el canto de los pájaros en la sierra de Leyre.

Regina Salcedo Irurzun

 

 

DE LOS EXTRAÑOS

I

No es difícil advertir en el hombre recostado
un río profundo que surca su memoria y lo traslada
al tiempo sin fatigas que alguna vez sufrió en su carne,
como un estrépito.
Es el atardecer quien padece su fiereza y es la huida
que culmina en un escondite del paisaje
de su edad devastada.

Reconoce a quien tras las moreras vaticina su mal,
se dan las buenas tardes y sonríe por la incrédula
mano mugrienta del niño que hoy no puede ser
amigo suyo.
Hay vencejos dementes que gritan de contento a su lado
y se diría que es tarde y que la vida se nos simboliza
tortuosa, pero también magnánima.
Importa conocer su celebración de lo diverso
y no tanto su manía de hacerse ensordecer por los globos
añiles del poniente, y no tanto su desenvoltura
de individuo que ha sido abordado por el daño
escrupuloso, el de haber vivido muy secretamente
la soledad con el tedio aromatizado
en las noches de hierbabuena y escarcha.
No basta con nombrar su pasado de muchacho
que duerme en el duro borde del alcohol
sin apenas quererlo.

Que nos diga quién fue, como si el lamentarlo
nos transportase a otro mundo cruel y no por ello
más definitivo.

II

Se parece a los inviernos, con su voz de trapo ronca
y la paciencia indescriptible del anciano.
Al dormirse le cierran la ventana para que no sueñe
con el frío y se ovilla lo mismo que el cobarde cuando dan
la hora, la del principio de todo.
La más maravillosa y la más triste.

 

*

Gracias, Regina.
https://zombiedelasletras.blogspot.com/2020/05/luis-miguel-rabanal-es-un-hombre.html

Un poema en la revista Ítaca

 

Y NUNCA VOLVER

Bajo este cielo frío se le encoge el corazón
una última vez y es discurso apagado
el amor, al menos el cuerpo que llamaba al amor
por su cordura, y es celebrado ahora lo inevitable
del recuerdo, tantas blancas camisas de puños
devorados por algas,
tantos labios arrancados de golpe
por el extranjero que vive hoy a su amparo.
Nada es preciso cuando el adiós es alguien
que solloza permanentemente en una silla
con ruedas prestada al destino,
su misma culpa de los mismos muchachos,
y nos espía la zozobra de abandonar
el monte de la Otrera, allí
donde fuimos niños sin quererlo
un verano o a lo sumo una vida.
Bajo este cielo helado el hombre se adelanta
a partir a ningún sitio, le exige al tiempo
más usura y recoge un puñado
de tierra en los frascos con óxido.
Todo ha sido dicho.
Todo contemplado con los ojos de la angustia
como el estafador que huyese, pero hacia atrás,
hacia su propio origen y su muerte descrita.
Sin ninguna piedad, es cierto.

*

Revista Ítaca, núm. 2, Primavera 2020. Avilés.
Dirigida por Isabel Marina, el presente número cuenta con colaboraciones de Ángeles Mora, Álvaro Hernando, José Luis Piquero, Felipe Benítez Reyes, Jesús Cárdenas Sánchez, Teresa Soto, entre otros autores.

Que llueva siempre en La Ciudad Sinnombre

 

EL DESEO DE ANDAR

Fragmentos de médula arrojados al azar por un búho.
Porque escuecen los brazos y el pequeño espera
que tu amor se levante con él y camine tranquilo
por la casa.
Nada es como parece, se crea la luz como se crea
un sollozo y llegan secuaces
a sufrir la exagerada luz contigo.
Pobre diablo que tose y gesticula para que le dejen reír
los ruines ñuberos, para que el vodka abrase
la garganta con sumo gusto
y no sobrevenga más la noche.

Sueñas tu parálisis desde tantos años atrás y acuden
de improviso a tu memoria las sombras,
sombras que proporcionan curiosa compañía
si no buscas su desnudez entregada
a otra persona, y me cuentas
que te va bien y que el sudor es objeto de intercambio
para que al alba huya el niño rubio del disfraz.
Merece la pena perder un poquitín el tiempo.

Además de la lluvia se te suben al rostro tapires
y algún vestigio
de cuanto se extravió en tus cajas de atesorar
recuerdos con urgencia.

Todo está aquí, en tu corazón destartalado
que no interpreta bien
el signo de su enojo y escribe en el papel letras
de colores
para seducir a la destrucción en lo posible.
Para abrir de par en par esa diminuta pupila
que explica el deterioro de los cuerpos hurtados
al olvido,
o casi a la decrepitud.
Fragmentos de médula, sí, pero esta vez
arrojados por un mago al fuego de la noche.
Clávame tus uñas, maldito envenenador, y dime
que me quieres.

 

“Que llueva siempre”, Huerga y Fierro Editores, Col. Rayo azul, Madrid 2020

*

Gracias, MJ.
http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com/2020/04/que-llueva-siempre-luis-miguel-rabanal.html