Mira tus labios y dime
quién fue el culpable.
En este atardecer que se derrama
en ascuas sobre ti,
dime dónde está tu pereza
de hombre solitario.
Como en los días tristes
toda la vida verás a tu alrededor
fantasmas del recuerdo
frágiles como el niño que ahora
se sonríe y adustos, a veces,
como la muerte
que hace suyo cuanto toca.
Dime quién te enumeró
la dicha y la desgana.

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