Ha tomado un libro de la mesa
y lee en voz muy baja, pretendiendo recuperar
la costumbre de hablar consigo a solas
y de contarse mentiras, atreviéndose
a mirar en las páginas gastadas
un mundo que le arrancó una vez las manos.
Dicen que la bruma envuelve el recuerdo
con guantes de charol y vino turbio.
Lee palabras abruptas
como maldiciones, dulces
como muchas noches de deseo impostergable.
—Ese soy yo, el que ya no es yo
y sin embargo se mutila ferozmente
porque trata de asirte con su cuerpo ajado.
Afuera se oye el trepidar confuso
de la tarde y él bosteza,
y tiene miedo.

 

Es uno de Los poemas de Horacio E. Cluck, el libro que Luis Miguel Rabanal publica en Huerga & Fierro.

Uno de los poemas, en verso o prosa, en los que el poeta proyecta su intimidad en un complementario que, entre la distancia y la emoción, expresa su contención ante un pasado de pérdidas y un futuro de naufragios, “la belleza, o su reverso, la enfermedad y la muerte consiguiente, el dolor, el propio dolor de las palabras, esto es, un cuerpo y otros cuerpos”, como señala en el prólogo Andrés González.

El amor, la soledad y la palabra, si no como salvación sí como consuelo.

 

Santos Domínguez Ramos

*

Gracias, Santos. http://santosdominguez.blogspot.com.es/2017/07/poemas-de-horacio-e-cluck.html

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