Un poema de “Última alambrada”, de José Manuel Martín Portales

XII

la casa del ser es hermosa sin duda
el aire leve que mece sus cortinajes
el aroma de la floresta del jardincito eternamente heleno
la brisa del viejo mar empaña aún
los jarrones de cristal que abrazan a las rosas

para qué construir más habitáculos
¿no basta la pregunta?

pero la pregunta no puede ser habitada
si eres la pregunta, qué pretendes saber

.

José Manuel Martín Portales, “Última alambrada”, Diputación Provincial, Soria, 2017. Premio Leonor 2016.

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En “El territorio del nómada”

El rebelde postrado / ERNESTO ESCAPA

POR RAZONES DE VECINDAD, HE SEGUIDO LA POESÍA DE LUIS MIGUEL RABANAL (RIELLO, 1957), QUE MAÑANA ALCANZA LOS 60, DESDE SU ESTRENO, CUANDO ERA UN ALIPENDE RUBIO ASIDUO DE LAS VERBENAS VERANIEGAS, QUE RONDABA RISUEÑO LOS DOMINGOS POR EL BAILE EN LA MAGDALENA.

Luego, conocidos los graves y sucesivos quebrantos de salud del poeta, he mantenido mi fidelidad al caudal de versos de sus libros, que con frecuencia desnudan, en el tumulto de su prosodia desbocada, referencias evocadoras de los tiempos juveniles compartidos, en que ambos pelábamos la pava por las eras festivas del contorno. Imposible no incurrir en nostalgia cuando el poeta rescata la liturgia gangosa y machacona de «la tómbola de Juan Pijón», en Camineros, jícaras, verdugos (2008). Antes de las sucesivas catástrofes, pero cuando ya el alipende Rabanal mostraba los primeros síntomas de dolencias, me acerqué a Riello con el recado contractual para la edición de su libro La memoria buscando sus disfraces (1986), un poemario poseído por la inminencia del anegamiento de Omaña: «En el fondo gigante de las lluvias / permanece la edad, el canto quejumbre de los carros / … en la espuma agonizan los niños como un sueño / que comienza a mancar los tejados, / los senderos, las eras».

PRIMEROS PREMIOS

Aquella Navidad yo bajaba de buscar sin fortuna a Luis Federico Martínez en La Robla, para que firmara el contrato de Tixtos de Melibea (1986), otro libro de la entonces incipiente colección Barrio de Maravillas, y la cuchipanda nebulosa del roblano, de cuyas derivas me informó resignada su madre, no me permitieron atisbar los presagios que acechaban a Luismi, entonces muy torturado por el embalse de aguas grises atestadas de lucios venenosos que amenazaba sus paisajes omañeses. Luis Miguel Rabanal ya había publicado seis libros, el más reciente de los cuales (Palabras para Obdulia) reiteraba su condición de finalista del premio Provincia de León, como ya fuera Cuaderno de junio dos años antes. Sin embargo, este primer grupo de poemarios cosecha por el tercero (Labios de la locura, 1983) el premio Ana de Valle (1900-1984), la poeta avilesina exiliada del 27, que después de la muerte de Franco volvió a su ciudad para ocultarse detrás del mostrador de un negocio de encuadernación. A Barrio de Maravillas lo acerca Gamoneda, que supo apreciar desde el principio la libre circulación de sus versos caudalosos. Después de estos primeros libros, tejidos en torno al amor y los paisajes olleirenses (Olleir / Riello) de su Omaña, amplía el abanico temático hasta alcanzar la profundidad resuelta, rabiosa y recalcitrante de Cáncer de invierno (Premio Provincia de León 1998). Entre medias, obtuvo el machadiano premio Leonor de Soria en 1989, y el gijonés Cálamo de poesía erótica en 1993, donde se muestra como «el navegante hermoso y rubio de la infancia» que tiene bajo su cuerpo «una estación distinta a aquel verano definitivamente roto por la lluvia». Cáncer de invierno es un libro sembrado de presagios de las peores vicisitudes. «Fui de súbito alguien que responde a las preguntas más brutales / con el recuerdo de los días dulces, esos que acontecen / lo mismo que un fulgor nos quemará en la boca». También: «Me debo a aquel que se me parece mucho / y escribe sin pausas el maleficio inocuo, / detrás de mí, dictándome su exasperación / de condenado».

SECUENCIA DE PRECIPICIOS

Pero el proceso no sólo no se alivia, sino que recrudece su lima hasta límites difícilmente imaginables. El dolor, la memoria inclemente de las pérdidas y la vecindad de la muerte agitan la cadencia de los versos reunidos en La última vez (2000) y La casa vieja (2002), que suceden al accidente doméstico de 1997 que lo dejó tetrapléjico y postrado en silla de ruedas. Mas como la fatalidad nos enseña que siempre todo puede empeorar, en 2003, una salmonelosis paralizó su cuerpo, recluyendo al poeta en su casa de Avilés, donde escribe con un programa de reconocimiento de voz en cuyo manejo le asiste su mujer María Jesús Romero, compañera juvenil de verbenas y paseos por el camino de Ceide.

Los libros sucesivos (Bocados de rosa, 2004; Camineros, jícaras, verdugos, 2008; Mortajas, 2009; Fantasía del cuerpo postrado, 2010; Lugares, 2011; Música para torpes, 2012; A la que falta, 2013; y Tres inhalaciones, 2014) prosiguen la sustanciosa «cantinela del insomne» que agrupa un libro canónico: Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977, impulsado por sus fieles Gamoneda, Alberto Torices y Rafael Saravia, en edición de Renacimiento con frontispicio de Gamoneda, prólogo de Tomás Sánchez Santiago y epílogo de María Jesús Romero. Más de setecientas páginas de versos irreemplazables para celebrar los cuarenta años con la poesía de Luis Miguel Rabanal, que mañana alcanza postrado pero vivaz la sesentena de su edad. Una collada desde la que concluye con melancolía que «nada es como tendría que haber sido», antes de reconocer los daños del regreso recurrente e inesquivable, porque «en Olleir la memoria se agría».

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DIARIO DE LEÓN, en el suplemento FILANDÓN, domingo 19 de marzo de 2017.
También aquí: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/rebelde-postrado_1146347.html

Este cuento se ha acabado en el blog Tecla a tecla / verso a verso

XXXI

Nadie nos lo contó.
El mar no estaba allí y nunca era nuestro,
a lo mejor nos haría llorar el humo del aguzo.

La felicidad llegaba cerca de las ocho,
una mujer vestida de negro narra los trances
sin apenas hablar y sabe de tu biografía
fuliginosos temores.

Los desnevios, las niñas añiles.
La vaca de goma y el abuelo Miguel: al azar
abrazos de quien no podría verte.
Nadie nos explicó que fuera una farsa.

Pasó la tormenta como tren encantado,
me hice más niño, me sobró
la ceniza.

de «Fantasía del cuerpo postrado» (2006-2010)
en «Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977» (Renacimiento 2015)

 

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Gracias, Mar. http://teclaateclaplacard.blogspot.com.es/2017/03/poema-xxxi-de-fantasia-del-cuerpo.html