El afilador picaba
a las ventanas del buen tiempo
y se cubría el rostro con saúcos.
Pasó la edad de despertar sin ropa
y sin nadie al lado a quien querer.
Hoy el quejumbroso, el inservible,
abraza a la deriva a quien lo abraza,
se sumerge en su mundo imperfecto
y vive de su paciencia
que es ventajosa y amargamente aturde.
Todo lo demás se llama de otra forma
cruel.

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3 comentarios en “El afilador

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