EL QUE acecha me arroja
su aliento y es la lluvia una mancha
amarillenta a mis pies.
Sin árboles, sin pasos.
Abrazaré a quien me ofrezca
por monedas su deseo,
vomitaré en su boca
lo mismo que el entrometido.
Sin más noche que la tajadura reciente
en su muslo cortado
haré que se arrepienta de mí,
su fiel espejo que mira al otro extremo
por no volverse mío.

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