ElCuaderno_77
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EL ESPEJO Y LAS HORAS / Alberto R. Torices

El tiempo y la experiencia (es decir: el tiempo y el tiempo) dan forma y dirección a la escritura, que así deja de ser lanza que en su vuelo desgarra y se abre paso, para convertirse en romo cayado que nos soporta y acompaña. Toda escritura se perfecciona y consuma en ese recorrido, este movimiento de ida y vuelta: de la impaciencia a la calma, de la arrogancia a la humildad, del ruido al silencio; un ciclo que es el que completan el hombre y la mujer que escriben, que escribiendo se afirman y prolongan, se consuman y agotan. Arrojamos al mundo nuestra escritura y antes o después ella retorna a nosotros. Fiel más o menos, exacta más o menos: igual pero distinta, en fin, vuelve a esa mano que la lanzó y que en la espera ha aprendido a hacerse cuenco, a ser más amable y paciente y otras cosas.

«En el viejo camino de Curueña, justamente en medio de Montecorral, una mano que ahora amo y amé mucho, temblorosa aventará cenizas por la tarde».

Quien así habla —quien así habló hace años— recoge ahora las palabras que aventó y del arma hace soporte y compañía en su retorno a La casa vieja, ese lugar del que partió siendo otro y el mismo.

«Y si no, otro buen paraje podría ser a espaldas del abesedo, también allí el tiempo se consume con herrumbre y disciplina, lo mismo que este atardecer que sabe de ti porque no has llegado aún».

Estamos empeñados en creer que Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) ni ha llegado ni ha visto completado el vuelo de su obra, e igualmente sabemos que más voluminosa aún que su obra publicada es —atención, editores— su obra inédita. Pero hoy se cumplen en su trayectoria casi cuarenta años de andadura poética, y sobra el casi si contamos desde el verdadero comienzo de la escritura, desde que aquel serio adolescente estrenó El Cuaderno de sus “Anotaciones personales” apuntando:

«Nunca la luz se puso intensa como ahora
El cielo rompíase silencioso vagabundo
Las niñas salían de las escuelas y los maestros
Prorrumpían en grandes gritos […]»

Aquella luz hizo su recorrido y el poeta su vasto trabajo. Una y otro llegan hoy hasta nosotros adoptando la forma que el tiempo y la experiencia (es decir…) han querido darles. Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977) compila los veintidós poemarios que el autor y/o la fortuna quisieron dar a imprenta, títulos que van desde aquel Variaciones, Total S. E. ú O., poemario autoeditado con el que Rabanal se presentó a sus veinte años, hasta Tres inhalaciones, que cierra provisionalmente la nómina. Insistamos: provisionalmente. Y entre uno y otro, obras de culto para algunos, títulos casi míticos para unos pocos entre los pocos, ediciones en muchos casos ya inencontrables que venían haciéndonos mucha falta. Hablamos de poemarios como el copioso y azul Palabras para Obdulia (1985):

«Pero hay muchachas que tuercen el destino de los colosos.
Muchachas de pulseras atroces como una porción de nube en cada ola minúscula, niñas como tú que rompen las delicias alojándose en las venas miserables del olvido […]»

o el delicado y ocre La memoria buscando sus disfraces (1986):

«Dentro de las casas se vacía la leña, y alguien,
acaso sea un hombre muy roto, remueve en sus manos
la furia del espejo y olvida las horas»

o el irreverente y muy rosa Libro de citas (1993):

«[…] una fresa es mi sexo y has de masticarla»

o el lluvioso y gris Cáncer de invierno (1998):

«[…] uno aprende a vivir con lo que guarda
de aquello que poseyó solo una tarde»

o el carmesí, el dolorido La última vez (2000):

«Mirar el tiempo que ha anudado mis piernas a la raíz sagrada del abismo, parece que fue ayer cuando era joven y me atrevía a insultar con voz de borracho al niño que pasaba y que era yo, aterido y necio»

o el transparente, el muy sobrecogedor Fantasía del cuerpo postrado (2010):

«Vuelve a avasallar el dolor, me suplica un recodo
soleado al fondo desganado de mi carne»

o el rojo y por ahora —por ahora— último Tres inhalaciones (2014):

«Hay días que, sin
los poetas, no tendrían remedio.
Los poetas benditos, los poetas malditos,
esos sí que experimentan unas ganas de morirse
locas».

El poeta ha hecho su recorrido (…) y nos invita a acompañarle en esta hora de desandar lo andado, de retorno al punto de partida, al re-encuentro de «la que falta» y de ese niño que «se acostumbra a ponerlo todo en orden», que «anota mentalmente recados», que «colecciona cartones de cerillas», que crece y «se hace más frágil» y besa el rostro de la madre «que regresa con los calderos del agua».
Faltaría colgar las acostumbradas etiquetas, doblar bien cada tránsito y cada declinación de esta poesía inmensa y guardarlos en sus casilleros correspondientes: poesía así o asá, poesía de esto o de lo otro. Pero no; que otros hagan el trabajo sucio, si se empeñan.
Sí queremos añadir, en cambio, que Luis Miguel Rabanal es poeta hasta su último átomo y que durante cuarenta años ha escrito su poesía como ha querido y donde ha podido, básicamente en los márgenes, que es donde están la tierra más fértil y los parajes más fragantes y bellos de transitar, esos por los que no suelen dejarse ver los mandarines del asunto, que viajan en carroza y sobre asfalto. Allá ellos, también. Que durante cuarenta años esta poesía haya sido más bien escasamente atendida podría ser lamentable, quizá. Que lo sea hoy ya sería otra cosa peor. Pero nuestra especie siempre ha padecido esta confusión, esta poca lucidez de arruinar lo mejor de sí misma.
Sea como fuere, y aunque algunos todavía no lo sepan, hoy estamos todos de enhorabuena. Celebremos lo que recién empieza,

«Porque gracias a ti, a lo que representa
tu esfuerzo por volver a paisajes
que ya han sido dichos, aguardo
un sórdido mañana, un después
que nos conduzca a ataduras mejores,
quizá raíces nuevas y hondas de tu boca,
ciudades que vislumbro penetradas
de aquello que fuera instinto fugaz
en burdeles de paso y normas que uno
no alcanza a comprender, como acariciar
frente a su cuerpo la estatura interminable
del adiós,
o se hará de noche pronto.
Porque pasan tus ojos y preguntan».

*

Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977)
Luis Miguel Rabanal • Editorial Renacimento, 2015

*

Revista ELCUADERNO, Número 77, Tercera época, n.º 2, Segundo trimestre de 2016, Ediciones Trea, Gijón.

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Este cuento se portada

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