SADI

No era por azar que el tiempo
transcurría desde entonces
más despacio: nos daba tanta pena
ver llover cada domingo
y mirábamos pasar la vida
que pasaba.

A menudo era suficiente.

Pero otras tardes la soledad,
aquella perra gris y coja,
mordía nuestros brazos
con ahínco, guardaba la casa
de todo lo perverso.
Y nos hacía llorar.

.

Gracias, Francisco Javier. https://blocdejavier.wordpress.com/2016/06/27/sadi/

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