SIEMPRE QUE llega le doy
sus pastillas.
Hay tardes en que parece entender
a posta su destino,
esta angustia con forma de navaja
muy próxima a su cuello.
Otras, no me reconoce.
Su voz es mi voz
y mía su gangrena,
y mías también sus teorías
acerca de la más dulce
de las muertes.
Morderé sus labios después
si no cesa la lluvia.

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2 comentarios en “Poema del tarambana

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