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«Desenfado, nostalgia, erotismo, incorrección política, ternura… Vamos, lo de siempre, rabanalidades». Así define su nuevo libro de relatos el poeta leonés Luis Miguel Rabanal / VERÓNICA VIÑAS

Aparte de ‘Elogio del proxeneta’, ‘La verdadera historia de Montserrat C.’ es su segunda incursión en la narrativa, no?
Elogio del proxeneta se publicó en Madrid, por Ediciones Escalera, en 2009. Un año después, en León, editado por Leteo, apareció Casicuentos para abrazar a un niño que bosteza. La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles será la tercera, y última, agresión a la narrativa, sí.
¿Quién es Montserrat C.?
—A veces la memoria nos gasta bromas muy pesadas, pasa a nuestro lado y ni nos mira. O lo que es lo mismo, Montserrat C. se convirtió en un estupendo punto de partida para empezar a preparar hace ya tiempo esta colección de relatos.
¿Un poeta siempre es poeta, incluso cuando se adentra en la narrativa? Es decir, ¿el libro está escrito en un lenguaje poético?
—Así es, o eso es lo que me achaca la poeta MJ Romero, mi compañera de piso, que escriba lo que escriba siempre termino por escribir poesía. Pero no me lo creo.
¿Qué ha sido de la banda de los petardos?
—Aquella ‘banda’ tan terrible de salteadores del camino del Ariego duró lo que duró la infancia. Demasiado poco tiempo, me temo.
¿El humor es una forma de rebelión?
—Sí en mi caso, sin él muchas veces me perdería en la escritura con inmoderada facilidad. El humor, esa negra carcajada del triste.
Se autodefine como poeta rojo. ¿En la literatura hay que tomar partido?
—Poeta rojo es un decir un tanto irónico. En la literatura, como en la vida, pues en ocasiones ambas son la misma cosa y hasta se confunden y se pelean entre ellas, tomar partido por alguna realidad social siempre viene bien. De la República, de esa utopía extraña, que es de lo que más orgulloso estoy, mejor hablar en otro momento.
En las redes sociales ‘cuelga’ sus poesías, ¿es una forma de educar al personal, en un país donde se lee poco y menos aún poesía?
—Comparto poemas míos y de otras y de otros poetas en las redes y en mi blog Más palabras para olvidar. Y más cosas, claro. No obstante pienso que la poesía no está tanto en Internet como en los libros, o es ahí donde, de poder hacerlo, a mí más me gustaría encontrármela a diario.
¿Los poetas se dirigen siempre a la inmensa minoría?
—Fue René Char quien escribió, no sé si viene mucho a cuento: “En poesía, convertirse es reconciliar. El poeta no dice la verdad, la vive; viviéndola, se vuelve mentiroso”.
¿Qué hay de autobiográfico en ‘La verdadera historia de Montserrat C.’?
—Prácticamente nada, aunque siempre se escapa alguna frase de esas por ahí.
¿Tiene alguna teoría de por qué León es tierra de tantos escritores?
—No pienso que León cuente con más escritores que Guadalajara, por poner un ejemplo. Otro tema distinto sería la visibilidad, no la cantidad, de esos escritores de León y de Guadalajara, por seguir con el ejemplo. Dicho lo cual, sí, es cierto, en León hay muchos escritores, algunos de una calidad humana y literaria más que envidiable.
¿Cree en el poder terapéutico de la palabra?
—No sé de la palabra, pero sí de la escritura. Sin ello, sin la posibilidad de escribir y escribir para que la vida no canse, tal como se dice en el primer relato del libro que nos ocupa, no estaría aquí charlando contigo. No estaría vivo, quiero decir.
Este país valora a muchos escritores cuando ya están muertos y sin embargo usted tiene hasta una calle…
—Este país, entre estos políticos y los otros y los de más allá, es una caca últimamente, en casi todos los sentidos. Lo de la calle, lo más probable que del todo inmerecida, ha quedado con el paso de los años en una anécdota feliz, muy feliz.
¿De dónde surgen los relatos de ‘La verdadera historia de Montserrat C.’?
—De la vida no vivida por olvido y de la contada por algunos calaveras y de la imaginada a solas viendo a Musina dormitar… Literatura al fin al cabo. O eso es lo que pretendía al escribirlos.
¿Los poetas tienen absolutamente prohibida la felicidad o es una cuestión de melancolía?
—Hay poetas cachondos y poetas de una tristeza exquisita. Los poetas, como los guardias civiles y las astronautas y los arzobispos, amén de otras dignas profesiones, son, somos, como cualquier hijo de vecino: tiernas florecillas desamparadas bajo la lluvia torrencial, como a Santa Jenara le prestaba tanto repetir.

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/si-no-pudiera-escribir-no-estaria-vivo_1072760.html
Entrevista Verónica

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