LA CASA está en silencio
y parece que va a haber sol a sus espaldas.
Nadie es testigo de su angustia
ni de sus voces prohibidas,
eso lo seduce.
Piensa en el equilibrio
que pudo darse alguna vez
en su memoria, como un látigo
para apresurar fidelidades y tormentas.
Sobre todas las cosas
piensa en que se acaba la vida
sin tiempo para nada.
La casa se llenará de bullicio
y, ahora, de manos que arden.

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