Para que el dolor te resulte
familiar y conciso
como una estratagema de tu cuerpo
que vuelve a hacerse amo,
y tan a tu costa siempre, de la noche.
Para que el deseo eternice esta pugna
y en su umbral más blanco
alguien
asomado a tu boca
se confiese amigo del delito,
antiguo confidente de tu voz
que no se sabe.
Para que obtengas tu lástima.
Recuerda
después
que estás encadenado.

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