QUERIDA TIERRA MÍA, dijo, y señaló
el último fulgor que abrazaba el saúco,
selló consigo mismo un pacto
de aventura, mirar atrás y sentirse
extraviado en el puente del Ariego.
Es posible contemplar una última vez
la calle arrasada de granizo,
la bella soledad de los hermanos
que hoy todavía juegan con la Sadi.
Mañana el umbral será más polvo
que el recuerdo, desabrido umbral
de la pereza, manos atadas
al amanecer como una súplica.
Mañana volverás a desearlo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s