SE SENTARÁ en las rodillas
descarnadas del tiempo a ver pasar
los barcos que navegan a oscuras
y se pierden allí donde tú esperas
discernir lo azul de lo admisible.
Ha tardado tanto en venir a recuperar
la zafiedad que no perdona ser por otro
usada, si no fuera entonces, la casa
vieja que medró y se destruyó contigo,
la escalera rota y la llovizna
divagando la fiesta a goterones.
Pero claro que tenías razón.
Querría embrutecerse con quien
le negaba la desnudez, el júbilo.

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