Tendría que ser él quien nos contase
la estatura real de su desgracia,
y después creeríamos
en mínimas soledades para soportar la vida.
Años de regreso,
la niñez nos acongoja
con tanta lentitud,
con su desmedido afán
por equivocarlo todo y a deshora.
El poema es tinta
de ese error.

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