A veces se contagia de herrumbre
y atesora en su cuerpo,
al igual que el anciano,
voces enredadas que dan pereza.
A lo sumo nos dice
que basta ya de tanto terror
como clava él mismo entre sus ojos
y es ruin.
Se conoce que presume el final
que lo aguarda sentado en ese banco.
Lacónico, confía a un poema
la solemne derrota del ocioso,
o sin más agradece
a la existencia su embuste verdadero.
Palabras que tachar.
Solo palabras que borrar por si acaso.

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