Crece la bruma, no habrá lugar para ti cuando le ofrezcas tu cuerpo, no hay distancia que arrojar a quien debe indagarlo. Ella respira, se le corrige hoy de modo diferente y le cuesta soportar su agotadora alegría, ella respira, es cierto, y corta las flores necesarias para no derramar superfluamente el asma. Igual que F., con rudeza, abriendo las venas y mirando con desarreglados ojos los aviones atravesar su alborozo. A veces suple las palabras con más palabras disparatadas, tú no valdrías, le sonsaca, ya basta de pronombres que hieren más que tu silencio, no es siquiera el azar. Ella, sin embargo, respira: no nos importa su semblante adusto, aclaran, no nos vale de nada su temeridad ahora que ya no la amamos. Cuando quiera acordar inundará la lluvia su tristeza con manos extendidas robadas al pordiosero. De nuevo un golpe, son pisadas irreconocibles que suben hasta la casa, nardos nardos nardos nardos, son inseguras y a la vez acierta su amenaza con uñas afiladas. Y nadie es testigo.

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