1
Ella se ahoga por momentos, sobremanera por las noches, se le pone en el pecho una losa terrible y tendría que pararse. Pero ella no se para nunca. El calor y su actividad endiablada, yo le digo que conozco y que, además, tengo el remedio. Qué bruto, responde. Cualquier día su corazón se hará silencio y ya será muy tarde.

La fiebre oscura, el origen de todo el cotarro, el indeterminado origen. Mientras llega lo que tiene que llegar me ocupo de reescribir semblanzas, baratijas maravillosas del hogar, programas para nunca estropearse. Todo menos estar atento y desconfiar de la poblada barba blanca del amigo: cualquiera sabe su procedencia o el interés que le mueve para estar día y noche a mi lado.

Caja de madera basta, pronto será fuego, qué importa entonces.

2
Ayer por la noche recibió su llamada, por si fuera poco la radioterapia desde hace unos días, ahora la quimioterapia. Y a saber después. Se pregunta si el sufrimiento que va a comenzar tendrá sentido, si es que alguna vez tuvo sentido el sufrimiento. Se la imagina en la escalera, si la primera sesión no le sentó demasiado fatal y pudo volver a casa. A lo peor, nada de paseos hoy, nada de Ariegos. Más tarde hablarán si, como dijo ella ayer, puedo sujetar el teléfono.

Ellos se han ido al pueblo a buscar a la otra abuela y a estar al fresco un rato en el porche. ¿Romperá en añicos esta vez el cristal de la ventana por culpa del cañonero de turno y de su balón? ¿Tendrá siquiera balón esta tarde? O seguirá la prohibición…

Más palabras que dictar, más líneas que unir a otras anteriores que en su momento fueron reunidas por la mano boba e imposible del Liviano.

3
Truenos y centellas, montones de agua, es decir, mares bajando por la avenida como en los buenos tiempos. La diferencia es que en aquellos tiempos casi felices tú no estabas en casa solo como lo estás ahora y regresabais los tres de hacer alguna ruta en coche o de esforzado paseo. No es el caso de hoy. Llueve inmensamente, pero temes que de un momento a otro el rayo genere el corte de luz y tu ordenador diga ya.

Mientras tanto, esperas. Si aquí abajo se forma una pequeña Ría tardarán en subir a no ser que se decidan a hacerlo aun a riesgo de que el agua les llegue a las rodillas o un poco más abajo. Nunca hay bomberos en estos momentos, así y todo no es éste el único punto de la ciudad estúpido y baboso. Tú, a esperar. No en vano la tarde de hoy fue ya nefasta desde la primera hora y tu intestino persiste en comportarse de manera fastidiosa. No lo pienses más, no tiembles.

Igualmente esperas hacer la llamada a tu madre que no te cogió el teléfono antes, y dudas, y es triste.

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