ARANCEDO

Por detrás del maizal,
los muros blancos de la casa próxima
y su tejado de pizarra argenta.
Los pastos, el pinar,
el ganado casi quieto
que inclina su cerviz
sobre la tierra con hambre inconsolable.
En la higuera,
el fruto temprano que expande
su olor de almíbar.
La tarde prendiendo la escasa yesca
que no echó a perder la lluvia.
Y a medida que se enfría
la luz final del cielo,
el bullicio en el aire
de un cónclave de pájaros
que me aturden con su alegría el alma.

Así vi desde una ventana el mundo.

.

José Carlos Díaz, “Convalecencia en Remior”, Heracles y nosotros 13, Gijón 2015

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