Después de ruborizarse se escuchaba mejor la tibia voz de Dulce Pontes. Transcurren las horas como si el pasado hubiera sido cosa de cobardes, chiquillos que se suben a las ramas sólo para romperse sin ton ni son los ojos. En cambio tú ignoras el pesar, como mínimo el pesar que sucumbe cuando todo ya ha sido olvidado o dicho por alguien que disfruta especialmente mirándote sangrar uno a uno los dedos. A ti te gustaría recordar otro poco más, entretener tus noches con otro frío menos reposado. Sin apenas quererlo nos atravesó el tiempo la garganta sin ninguna cordura, pero con suma exactitud. La muerte fue sencilla, mucho más sencilla de lo que pensábamos allí. Se los llevaban en silencio Cornellana abajo y el mundo seguía y seguía y seguía. Se iban a pudrir dios sabe adónde y tú no estabas para verlos padecer como dementes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s