HAY MÁS SABIDURÍA en el oficio
de embalsamador, sumido en sus jugos
y en los hilos oxidados de la muerte,
que en tu voracidad por lo inmóvil
y lo adverso.

Acaso nos invade una vez el exantema
del orgullo, besos clavados al dorso
de la furia, se postra
ante nosotros y es cómitre sin ti.
Sucede en el precario objeto
que nos alcanza la belleza,
nuestro corazón tuvo la culpa.

Yo soy el espectador que se levanta
después de haberme visto morir
a manos de Dolly Haze, la breve,
un día sin prisas, sin rencores.

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2 comentarios en “Un poema casi enrevesado

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