eulogio escaneado

Qué decirle cuando, en la calle, me interpele por mi retrospectiva de rufián. Qué ofrecerle cuando me siga hasta el tugurio de Andrés el Temerario y allí mismo me confiese soy tuya, amor. Presumo que ya no valgo para tejer y destejer el tiempo con empeño casi casi bárbaro. Este sopor me postra como una idiota marioneta. Dondequiera vaginas a buen precio, bocas más rojas aún que el hastío, cuerpos tan bien desalentados que se asemejan a resbaladizas papeleras caídas en la noche de los sábados. Todo deseo es, en irrefutables pegajosidades, literatura…

Los actos más puros son los que acaecen desde la lejanía, cuando miramos con circunspección las piezas del puzzle y no reconocemos en ellas nuestro signo, las huellas de ese crimen que fue nuestra juventud, el episodio en que por mediación de un botarate no perdimos la vida de milagro. O lo que es lo mismo, nos fiaremos de quienes nos recuerdan sentados a la sombra de una acacia, en junio, y éramos nosotros. Pero lo verosímil es dejar hacer y deshacer al tiempo. Aunque desde aquí, desde la mesa sucia en la que escribo, la existencia se ve peor de lo que pensaba, por las calles, o eran coles, de Bruselas, con A. de mi brazo y los cigarros fétidos y el amor hecho brutalmente de pie, porque ella no quería acostarse en ningún lado y yo la amaba con locura. Ahora estoy solo y de nada me sirve el consuelo de haber vivido mucho. Son consideraciones aberrantes con las que podremos sobrevivir un día más, y el asco a veces de tal supervivencia me perjudica más que las mezclas de alcohol y mala leche y el Lioresal para tantos calambritos. Menudo apaño la casa que un día le adquirí a Carles B. para que se cobijasen las chicas. Pienso en él y me apesadumbra su muerte, dos años atrás, como si con un error todo hubiera terminado. Los amigos, qué tontería los amigos: los tienes y son titiriteros de su propia necesidad para contigo. Y si no los tienes, que se jodan.

Vino con su ropa la muchacha nueva y fui blando, por su carita hermosa y su entrepierna mansa. Una más en la familia. Se llamará a partir de ahora Betty, que es un nombre etéreo, o por lo menos de puta muy etérea. Está de acuerdo en líneas generales y me alegró un tanto la velada. Con dos de azúcar… Yo conocí Cambados de niño, le dije, y se echó a llorar.

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2 comentarios en “22 de mayo

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