VIENEN y se van
y escuchas sus lamentos,
te enardece su ternura y quieres
lo mismo que ellos quieren.
Dormir entre sus prisas
no es fácil, ni tampoco caminar
hacia su larga distancia: aparentas
un hombre sin fortuna.
Te rindes ante este fenómeno
desproporcionado de la vida,
la muerte forzosa.
Ves en sus rostros el tiempo
que les llevará encontrarte.
Si hasta parece que te aman.

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