Rabanal_tres_Inhalaciones_alta
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Por José Antonio Sáez Fernández

Tres inhalaciones es el título del ultimo libro de poemas de Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957). Tres inhalaciones necesarias para expandir y relajar las vías respiratorias, a fin de poder realizar esa función tan elemental, esencial y necesaria como constituye la respiración, vital para tantos seres que inspiran y espiran, mientras su corazón golpea a ritmo de sístole y diástole la sangre que circula por su organismo. Tres inhalaciones que se efectúan aspirando el inhalador y reteniendo el aire momentáneamente en los pulmones hasta expulsarlo por la misma boca y la nariz, cuando comienza a ser difícil la retención del mismo.

El libro de Luis Miguel Rabanal es bastante crudo en su conjunto, pero especialmente en su tercera parte: “Un poema de amor”, que versa sobre el maltrato femenino o sobre la violencia de género, si así se quiere. Las otras dos partes llevan por título: “Las luces largas” (la primera) y “Pequeña galería de poetas sin reloj” (la segunda). El poeta de Riello hace uso aquí del fragmento o de una poesía fragmentaria, corriente formal de la lírica española actual que cuenta con bastantes seguidores, tanto entre los poetas practicantes como en los lectores que saben apreciarla.

La primera parte del libro: “Las luces largas” está compuesta por un conjunto de poemas que constituyen a su vez, y según mi modesta intuición, un conjunto de percepciones sensitivas y cognitivas las cuales bien pudieran corresponder a las de una persona que ha sufrido un accidente de tráfico y no por ello deja de experimentar en su propio cuerpo y elaborar en su cerebro esa serie de sensaciones y percepciones a que me refiero; las cuales, en mayor o menor medida, contienen una buena dosis de carga conceptual y constituyen todos y cada uno de los textos integrados en esta gavilla inaugural del poemario:

Extendido, el cuerpo/parece menos artificial/que de costumbre./Colman la carretera/sombras reservadas/y árboles añiles. Apura/ahora el corazón sus/penúltimos latidos. Las/manos no responden,/aún no han descubierto/su teatro. Duele la/garganta de tan poca/y tan poca reticencia” (p. 12).

Pareciera como si el herido en el accidente elaborase un dictado de esas sensaciones y percepciones desde el momento en que este se produce, hasta el instante en que llega el auxilio en carretera, pasando por el dictamen de los médicos sobre su estado. Y en el transcurso de ese proceso, el poeta elabora un discurso esencial y depurado, fragmentario a veces y en ocasiones roto de cuanto procesó en su memoria sobre aquellas horas de dolor.

La segunda parte, “Pequeña galería de poetas sin reloj” está constituida, a su vez, por una serie de envíos a distintos poetas, algunos españoles y otros extranjeros, que seguramente deben haber sustentado la formación poética de Luis Miguel Rabanal o, en su caso, haberle ayudado a entender el mundo. Así: Efraín Huerta, Rosal Chacel, Jaime Gil de Biedma, Anna Ajmátova, Victoriano Crémer, Pablo Neruda, Auden, Cernuda, Álvaro Mutis, Cesare Pavese, etc. Son textos de mayor extensión que la que exigen los poemas fragmentarios, los cuales se incluyen especialmente en la tercera parte del volumen, y que poseen un lenguaje muy elaborado y depurado, con un bien marcado ritmo y de los que disfruta con mayor sosiego y claridad el lector. Y ello porque el poeta nos da esta tregua intermedia para volver a golpearnos duramente en la tercera parte del libro: la de los poemas propiamente fragmentarios, que como ya anuncié lleva por título: “Un poema de amor”. No se trata, en verdad, literalmente, de un poema de amor sino de desamor, y afronta uno de los desgarros sociales más dolorosos de nuestro tiempo: el de la violencia de género, todo un viacrucis para quien la padece o la ha padecido. El lenguaje aquí se hace áspero y arrojadizo, hiere como una piedra en el rostro y como una cuchillada en las entrañas. El verso se recorta hasta quedarse pendiente de un hilo en el abismo. Todo un aldabonazo y un redoble de conciencia.

El poeta de Riello, residente en Avilés, da muestras así de una extrema sensibilidad hacia un problema lacerante, especialmente para la mujer en la sociedad del siglo XXI, el cual termina, con demasiada frecuencia, en tragedia. Estos son los versos con que concluye el libro: “pégame duro da igual/ya no siento nada debo de estar muerta” (p. 102). Se alternan aquí, en un doble lenguaje, textos de vocabulario coloquial y realista, en los que se recogen las expresiones y situaciones que engendra la violencia de género propiamente dicha; o bien y a través de la voz femenina predominantemente dicha; o bien a través de los improperios de la voz masculina, con otros de un lenguaje “justificativo” en donde se intenta reproducir, no sin cierta ironía en ocasiones, algunas de las posibles excusas del maltratador.

Por todo ello, Tres inhalaciones es un poemario que, por su dureza y necesaria radicalidad emocional, por su hondura y sinceridad, por su desgarro y por su verdad impacta al lector; no pudiendo dejar ubicado a nadie que se acerque a él, con generosidad y amplitud de miras, en los aledaños de la indiferencia o el escepticismo.

(Luis Miguel Rabanal: Tres inhalaciones, Amargord Ediciones, Col. Helado de mamey/ Punto verde, Madrid, 2014, 108 pp.)

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Gracias, José Antonio. http://lamiradaausente.blogspot.com.es/2015/01/tres-inhalaciones-de-luis-miguel-rabanal.html

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