Nada ha cambiado desde el último día.

Nadie está conmigo, solamente el ruido del mar que
tampoco es el ruido del mar que conozco sino el de
otra quietud que embrutece escribir.
Nada sabe mi lengua de tu lengua y sin embargo hubo
alguna vez un deleite estremecedor y austero que ya
no recuerdo.

La casa se asombra entre las llamas y nadie está
conmigo, por casualidad arden mis ojos y llueve mucho
afuera y nada puede ser si tú previamente no lo
invocas.

Nada ha cambiado en aquel cuerpo que no me atañe y
requiere de una bondad similar a la tuya.

Parece embuste esta compasión.

Llegan de muy lejos los pájaros…

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