labios de la locura
.

Aquello que nunca tuvo un nombre
ni supo estremecerse
ahora nos mira complacido acaso por esas ruinas
que enfundadas en nosotros palpan de algún modo
las firmes estaturas que cayeron,
los rostros blancos de salud de ámbar, los fáciles avances
de todas nuestras bocas.

Aquello que extraviado suplimos con ginebra y fotografías mudas,
con Ben Webster y caricias y un silencio
ya nunca más abandonado, ahora entrega sus baúles
a las niñas mágicas y sin embargo torpes
que herían nuestro pecho con sus gemidos solitarios
o con sus lecciones abiertas
al hastío como una pena inerme, fantasma casi.

Pero ellas nos amaban, al menos eran promesas de una lumbre
postergada en nuestro vello al final de la niebla.
Nos luchaban en las noches cálidas y duras
pues ponían sus manos al relente y querían acercarnos
al trasluz amargo o tibio de los deslizamientos rosas.

Y ahora nuestro mar
apenas si es algo que tuvimos pero que nunca lo tuvimos,
como un juguete nuevo desierto en sus pedazos
como una flor sin su aroma preferido, sin su color distante
como una huella que viene desde atrás o nos salpica.

.
De “Labios de la locura”, Col. Jueves literarios, Avilés 1983

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2 comentarios en “Los besos / las cinturas

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