PLAF EN LA COCINA

Claro que te vi con los enormes ojos de la noche
saber la saliva perfecta de los cuerpos,
esa certidumbre
del que vuelve a llorar las horas muertas,
y después el amor no tiene nombre,

sólo un principio que besa en tus labios los días
sin temor a nadie, como la flor que el deseo
reseca en nuestra boca
porque hace tiempo que nos ama.

Alguna vez nos faltará la sombra que alumbra
en tus brazos como promesa fiel,
y yo estaré contigo.

De “La última vez”, Ajimez libros, Gijón 2000.

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