Cuerpos que huyen
y en el fangal se aferran a otro cuerpo,
exacto escalofrío que recorre
la piel de sus muslos y los rasga.
Filos por doquier para abrir las venas.
Cuerpos perfectos de muchacha
inverosímil y rendida,
vendidos al azar.
Acaso te asuste la semejanza
que te niega la tarde
con la tierra manchada
de vómitos y aceite.
Cerca de ti el mar retumba confundido.
Afuera hay más cuerpos
dibujados de mugre
como el tuyo
que se abalanzan a los coches sin temor.
Aléjate del fuego y cierra bien los ojos.
La casa se estremece.

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