Rabanal_tres_Inhalaciones_alta

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Los cultos del mito / Javier Menéndez Llamazares

(Luis Miguel Rabanal rinde homenaje a los escritores más heterodoxos en su última entrega poética. Tres inhalaciones. Autor: Luis Miguel Rabanal. Poesía. Editorial Amargord. 106 páginas. Madrid, 2014. Precio: 12 €)

Libro a libro –y superan ya la veintena–, Luis Miguel Rabanal ha cimentado una sólida carrera literaria en la que despuntan no solamente el hallazgo de imágenes deslumbrantes, sino el uso tan propio del lenguaje, que se diría que el poeta modula a voluntad para ajustarlo a los diversos registros por los que le gusta transitar: del vitalismo al sarcasmo, de la sordidez a la exaltación de la memoria, de lo sórdido a lo festivo.

Menos habitual, sin embargo, es dar con perlas inesperadas. En un impagable poema titulado ‘Victoriano Crémer no se acuerda de mí’, más allá de la anécdota del olvido y el abundante riego de coñac con que tan adecuadamente se ambienta el poema –esa generación, la del desarraigo, resultó extraordinariamente longeva, lo que según las malas lenguas, se debió a que estaban ‘conservados en alcohol’–, Rabanal desvela un pequeño secreto de la intrahistoria literaria de su provincia. Y es que Francisco Pérez Herrero, el burlesco inventor de Genarín, no era el apacible y simpático poeta que imaginamos, sino más bien un cascarrabias. Curioso revisionismo en verso, que sirve para hacer las delicias de lectores atentos, como el resto del capítulo titulado ‘Pequeña galería de poetas sin reloj’, donde Rabanal homenajea –o parodia, en ocasiones no está tan claro– a un puñado de grandes autores, de Efraín Huerta a Marguerite Duras, incluyendo a «un tal Jaime Gil».

Antes, en ‘Las luces largas’, el poeta fabula a partir de una luctuosa noticia de prensa, creando un clima de absoluto desasosiego: «Doblas los puños del/ jersey y creas un destino/ heterogéneo…», que enlaza, unos versos más adelante, con un corolario tan inesperado como lógico: «Doblas tu vida/ como se resarce uno de/ derrumbes…».

Cierra el libro la parte más extensa, titulada ‘Un poema de amor’. Se trata de un largo texto que aparece en una disposición tipográfica caprichosa, dedicando toda una página a cada estrofa, de entre uno y diez versos. Para evitar la apariencia de poemas independientes, el poeta recurre a las comas, como señal de la continuidad del discurso; un pequeño guiño cómplice al lector que, en cualquier caso, no sufre el riesgo de extraviarse pues el poema, que en cierto sentido trasciende las fronteras del género, está dotado de un hilo argumental reconocible: una mujer, en tono sumiso, dialoga con su violento amante, y en la conversación aparecen, sin el menor recato, los más crueles fantasmas del sexo y la dominación, en una especie de paseo por el lado siniestro del hombre contemporáneo y sus más recónditas inhibiciones; por temática –que no por tratamiento formal– recuerda a una pieza del músico Sabino Méndez, ‘Canción de amor’; con el rockero le uniría, además de la cercanía generacional (Méndez es del sesenta y uno y Rabanal del cincuenta y siete), la búsqueda constante del punto de vista divergente para sus composiciones, y una cierta aureola ‘pop’ que rodea al poeta de Riello, quien en los últimos años está recibiendo, por parte de nuevas generaciones de escritores, el tratamiento de ‘autor de culto’. Su presencia constante en antologías y redes sociales acrecienta cada vez más la dimensión pública de un autor que merecería mayor reconocimiento de crítica y lectores.

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Gracias, Javier. http://blogs.eldiariomontanes.es/atodapagina/2014/06/20/los-cultos-del-mito/

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