1
Cerca de mí, como una banda compacta formada de mala gana por malabaristas, juglares y payasos, se encuentran los recuerdos, los más tontos recuerdos.
Están los amarillos, con su alergia declarada y su vacuna dispuesta para cualquier desazón que sea producida por el amor que acaba con la paciencia de ella. Están, igualmente, los siempre desocupados, los que se arriman a mi boca porque saben que la buena memoria, y la no tan buena, me perjudican, los que tropiezan con otros que se van a hacer la calle a estas horas impías, esos que allanan la casa de mi amigo para arder con él en ella. También los hay que se dejan escurrir por mi costado como si les fuera la vida en este acto intrascendente, pretenden así no serme fieles, dejarme en ridículo más de una vez como otros antes lo han hecho de manera maravillosa, digna.
Y sobre todos ellos, los nefastos, los que sufren tanto como yo después de las seis de la tarde y ya han dejado de creerse impertinentes, los que no escriben poemas ni nada que se le parezca, vamos, los recuerdos que ya no beben vodka tampoco. Los más torpes, los que más necesitan.

Baste esto por ahora.

2
Al respirar se masca la tragedia, qué teatral te ha salido. Te asusta el mínimo movimiento que la más mínima tos va a producir en tu musculatura. Percibes su inminencia y no te da lo mismo, te congestionas igual que un colegial y prefieres cerrar el micrófono. Mira bien ese espasmo, o si no este otro. No recuerdas esta sensación del año pasado, por ejemplo, no sabes cómo llegó ni de dónde vino, sólo sabes que en cualquier descuido algo o alguien fantasmal puede derribarte de la silla. Y lo que eso conllevaría de fracturas y hospitalización de nuevo. Tal vez sería aconsejable pensar en otras cosas.

3
Esta lluvia caliente que tropieza en el cristal con excesiva blandura, que se posa sin posarse sobre ti lo mismo que lo haría un pardal o una palabra desalmada y bondadosa.
Nieblas que se van diseminando a lo largo de la calle y llega el momento en que unos obreros extraños han tapiado la puerta, se alarman los sueños, el niño le retira el saludo al guardia de azul que siempre está enfadado. Como él.

Ayer fue noche de hogueras.

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