Debes volver por si acaso, por si no fuese excesivamente tarde y se apiadara de ti el amor como de aquella lo hacía. Eras tú quien de continuo lo ordenaba, también el desvelo, también el tedio mayúsculo y la repulsión terrible que de cualquier manera te ayudaba a vivir. No volverás a recordarlo, pero no estás seguro. Se trataba de esperar a que los cuerpos terminaran contigo y con él, con vosotros que paseabais el camino de Ceide para no regresar nunca. ¿Quién era el sujeto de otra duermevela, el personaje iracundo de tanta soledad? ¿Quién se desnudó para ti y todo se volvió oscuro y dulce y escabroso? Parece que la vida se posó en tu hombro con sumo cuidado y era cierta la luz.
.

Gracias, Ángela.

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2 comentarios en “En El orden olvidado de las palabras

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