LA CASA DESHABITADA

Entrar en esta casa deshabitada
y respirar la presencia remisa
de los antiguos moradores.

Caminar por pasillos en penumbra
y tropezar con viejas sombras olvidadas.

Percibir los espacios más nobles
ocupados por muebles invisibles.

Reconocer la presencia de objetos
inexistentes, huidos de la memoria
polvorienta de los muertos.

Sopesar el silencio
que colma los recipientes.
Y acariciar la crin del caballo de cartón
que galopa entre mis sienes.

.
Fermín López Costero, “La fatalidad”, Edit. Nazarí, Granada 2014

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