VII

Escrituras

El energúmeno ya no tiene manos
con que anotar paisajes,
los trozos de los cuerpos
que pasaron un día por su boca,
las esquinas agridulces de la edad
y algunos nombres imposibles.
El furibundo una noche
quemó sus libretas.
Desde entonces dice escribir
con el destrozado corazón
de los otros,
por si no fuera verdad.
Desde entonces le ocurren
cosas misteriosas
que prefiere omitir de su desgracia.

.

También aquí. Gracias, Vicente.

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