Entrevista La Nueva España

Saúl FERNÁNDEZ

El poeta Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) vuelve a la palestra. Acaba de publicar «Tres inhalaciones» (Amargord, 2014). Rabanal es avilesino de adopción y de casamiento. Contesta por correo electrónico las preguntas formuladas por este periódico. «Por teléfono no hablo desde hace bastantes años», advierte al periodista. Rabanal es un poeta de la generación de los 70, una línea paralela a los Novísimos. Su escritura le conduce soberanamente a la infancia en el pueblo de Riello, paraíso perdido y revivido en la memoria. Sus armas han sido, hasta ahora, surrealistas. De todo ello habla a continuación.
-Pudiendo haber sido otra cosa, ¿qué le condujo a la poesía?
-Algo tan alta e intensamente lírico como emular a un compañero de clase de COU, durante el curso 1974-75, en el Padre Isla de León. De todas formas lo que más me habría gustado ser es farero.
-¿Cuál fue la primera lectura, la que le decidió por los poemas?
-Lo recuerdo perfectamente: una antología de poesía argentina de mi hermana Marisa, de aquellas gordotas que editaba Bruguera. Asimismo recuerdo que Gustavito Adolfo no estaba muy lejos.
-¿Riello sigue siendo el paraíso?
-Por supuesto, eso viene siendo innegociable, desde siempre.
-¿Cómo recibió la noticia de que le ponían una calle en su pueblo?
-En algún medio lo dije y lo repito aquí: con alegría y tristeza a la vez por saber de sobra como sé que jamás la podré pisar. No obstante, entre nosotros, así, en petit comité, bien pensé que en el ayuntamiento se habían vuelto todos loquillos.
-¿Qué pasa en León que da para tantos poetas?
-Ni idea. Unos dicen que es debido al agua de tantos pantanos o mismamente por el frío tan especial de las mañanas. Pero que yo sepa en Asturias no hay precisamente pocos.
-Modos surrealistas y el poder del pasado. ¿Se siente identificado?
-Irracionalismo, sí, durante algo más de una década, y me lo pasaba estupendamente. Después, en 1989, me vine para Avilés y hubo montones de cambios, también los hubo estéticos a través de lecturas diferentes que se fueron incorporando sin grandes alaridos. Creo que mi escritura, al menos la de los últimos veinte años, se nutre (más bien se nutría) de ese pasado al que me aferro, echando mano del topicón, como a clavo ardiendo.
-Llegó a Avilés cuando sonaban los versos del grupo Hydra, en los primeros setenta. ¿A qué le sonaban?
-La revista Hydra que yo conocí, si no recuerdo mal, fue una de las primeras en publicarme poemas y teatro breve, concretamente en sus números 4 (de 1978) y 5 (de 1979), el número de su adiós. Lo que hervía en aquel grupo no iba conmigo pero sí les quedé muy agradecido. Fue después de 1977 cuando a raíz de la edición de mi primer libro trabé amistad con una de los creadores de la revista y la coordinadora por aquel tiempo. Es el día de hoy y aún sigue siendo mi dueña y señora.
-En “Tres inhalaciones” hace una pequeña historia de la literatura. ¿Lee también a sus contemporáneos?
-Pequeña, muy pequeña, de diecisiete poetas sólo. Y en cuanto a los contemporáneos de su pregunta, leo con muchísimos problemas desde hace unos cuantos años y mis lecturas casi se reducen, aun con dificultad, a Internet.
-¿Qué supone internet en su vida?
-Un invento maravilloso y un invento no tan maravilloso cuando el personal se empeña en que deje de serlo.
-¿Y las redes sociales?
-Conozco Facebook y me sirve de distracción malsana dado que le dedico unas horas que no me sobran precisamente.
-Escribe: “Sabrás de mí cuando / claree”. ¿Su poesía disipa el mal tiempo?
-Qué más quisiera yo que sirviese para algo, pero no. O sí, puede que la poesía sea una extraña manera de entenderse para seguir estando vivos, la única tal vez.
-Pongamos que ya ha clareado. ¿Qué sucede después de “Tres inhalaciones”?
-No gran cosa, me temo. Ese libro se escribió en 2011 y desde entonces no he vuelto a escribir poesía, solamente algún relato corto y poco más. Aunque quién sabe, a lo mejor me sorprendo a mí mismo con cualquier barrabasada.
-“Morir no tiene por qué / ser diferente a pasar / las aguas con cautela”. ¿Está seguro?
-¿Acaso no debería estarlo?
-“Anuncian con júbilo / que el dolor se agota”. ¿Le ha pasado esto alguna vez?
-Alguna que otra vez, claro. Y me puse muy, pero que muy contento. Dice MJ Romero en una de sus teoréticas que la voz regenera en cierto modo el cuerpo mutilado, incluso en la palabra menguada. Mejor no añadir nada más.
-“Los poetas se tornan tristes por nada”. ¿Cuándo empezó a notarlo?
-Los poemas impares de la parte central del libro están escritos con gran alborozo, incluso se llega a exponer en uno de ellos algo tan elemental como que los poetas orinan en sus manos en sueños. Quiero decir que fue relativamente grato escribir esos textos. No sucedió lo mismo con la parte última del libro.
-“¿Habrán sido los poetas alguna vez / verdaderamente felices?”
-Es una buena pregunta.

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2 comentarios en “Entrevista en La Nueva España

  1. Felicidades! Y estoy muy orgullosa de que un poeta alguna vez haya leído unas letras mías. Y, como ya he dicho, de conocer a un poeta “de los de verdad” en un siglo tan poco poético.

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