SABE el viento que es noviembre y pinta de amarillo el álamo de la esquina. Yo naufrago letras en el paladar y el sol bruno mancha de alabastro el cáliz de mis huellas dactilares para contar los días de la espera. Hay un pulso que dicta a razón del mar y otro tímido y hambriento que busca tu olor a cada hora.

Si gira este planeta sin descanso me uno a la constancia.

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EL frío o la sustancia del duelo, la persistencia del ojo en la vitrina o masticar caudales.

Se adelanta el invierno en hoja verde y el cuerpo acostumbrado a mis lunares, recita el olvido.

Desde mi sangre instilo cien hogueras, sorprenderán de rabia a la escarcha que vigila la sed de los portales.

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Ana Martín Puigpelat, “El descanso del viento”, Editorial Polibea, Col. El levitador, Madrid 2013. Preliminar de Verónica Aranda.

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