A la que falta portada
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Páginas apesadumbradas del libro de horas / JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

Mortajas (2009) y Fantasía del cuerpo postrado (2010), de Luis Miguel Rabanal, trazaban la senda del dolor, la soledad, la tristeza y la muerte; la sombra de la muerte reaparece en su nuevo libro, A la que falta, título que remite a la madre, la que falta, la que ha muerto y propicia este libro imbuido de dolor. El poemario se organiza en tres partes, dos en prosa y la central en verso. El motivo fundamental es la ausencia de la madre. La memoria es un vacío y la ceniza es la imagen de lo que de ella ha quedado.

«No somos los mismos», dice el poeta; nada es lo mismo, ni la vida ni los días. El poeta parece querer distanciarse de los hechos para llevarlos al poema, creando frases enigmáticas cuya dificultad de penetración se observa tanto en la prologuista (Ana Martín) como en el epílogo de Javier Gil o en esta reseña, cuya ambición es aportar alguna luz que encamine la lectura. Lo que se percibe es la huella de la amargura, de la herida que nadie podrá cerrar. Anidan en estos poemas los recuerdos bullendo en la cabeza, la difícil resignación ante lo perdido y las lágrimas que se asoman al borde de los ojos del poeta; anida también la soledad de «quien no posee más que palabras y brotes esporádicos de fiebre»; las palabras son la única arma del poeta para enfrentarse al vacío.

Hay hospital, dolor y desconsuelo en la segunda parte. De modo natural se vuelca sobre el presente la aflicción de que las horas apacibles no volverán: «Quién me acaricia / con bondad el pasado / como si fuera un embuste». Los poemas semejan la confesión del que sufre ante la presencia de la madre agónica: «Ahora que estamos tú y yo / solos y nadie nos molesta». Pero la madre es ya una ausencia: «Yo sé que no me quiere ahora / porque no se acuerda». Es la hora del dolor, de dolerse por una conciencia que se pierde, por una madre que se muere.

En la parte final el protagonista es el niño que el poeta fue y que evoca ante la figura de la madre agónica. Era otro tiempo, con pueblo, con abuelos, con madre en bata estampada, con juegos y días de escuela. Caben aquí distintas figuraciones, cuando la que falta ya es vacío en el lecho de muerte y ya «no existe la infancia», otro vacío.

Recrear el tiempo pasado desde el dolor no consuela al poeta, que, acaso para no caer en lo anecdótico o en el sentimentalismo, crea nuevas frases enigmáticas para el lector de ese poeta constante y apesadumbrado que es Luis Miguel Rabanal.

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A LA QUE FALTA, Luis Miguel Rabanal. Origami, Cádiz, 2013. 82 páginas.

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2 comentarios en “A la que falta en Filandón

  1. Amigos, amigo José Enrique: Es cierto todo lo que apuntas sobre el libro de Luis Miguel. Sin embargo, entre el retrato del dolor por la ausencia, el desgarro, yo veo vida, veo tránsito, por la memoria no es la desaparición de la madre, sino aquel conjunto de nociones sentimentales, afectivas, vitales, históricas, incluso, que el poeta compondrá precisamente con la ausencia. La memoria es la existencia de otra manera. En todo caso, buen motivo para celebrar a este nuestro querido poeta en las páginas de papel de León. El mejor año para todos. Un abrazo.

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