Se han ocultado
de los demás inquilinos,
apuran su deleite
en la terraza
y son los averiguadores
que viven la indiferencia
mientras el domingo llega,
percibes su voz
y sientes sobre tu mano
sus manos, podrían ser
los que esperabas.
Quienes hundan
en tu herida la lezna
insoportable, y te lean
su diario al pasar.

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